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CUBA

Sin Presencia, no hay moralidad

19/07/2016

Tuve la oportunidad y la gracia, una vez más, de participar en los Ejercicios Espirituales de CL, que se hicieron por tercera vez en Cuba en junio de este año 2016. Allí pude conversar bastante con un joven que hace muy poco comenzó a hacer Escuela de Comunidad en la ciudad de Matanzas. Este muchacho siente mucha curiosidad por la manera que tenemos de afrontar la realidad, y así se ve desafiado a juzgar su realidad personal con el método nuevo que ha comenzado a aprender.

Siempre terminamos hablando de la educación, pues muchos de los problemas de la sociedad cubana tienen su origen en una deficiente educación, según mi opinión y la de mi joven amigo. Soy profesor universitario y tengo el privilegio de estar en contacto directo con jóvenes.
Estando en temporada de exámenes, hace poco tuve que estar presente en un aula como apoyo a otro profesor para un examen de Programación. Para mi sorpresa, allí estaba el amigo del que hablo. Estuvo unos minutos en el aula y luego entregó el examen. Al salir me dio una nota manuscrita con estas líneas:

«Vine al examen con la intención de copiar de mi celular las respuestas teóricas y apoyarme en los ejercicios resueltos que había copiado con antelación, debido a que asistí solamente a una clase del profesor y no estudié prácticamente nada. Teniendo la oportunidad de copiar decidí no hacerlo, porque recordé las palabras que me dijiste en los Ejercicios Espirituales que, en aquel momento, escuché atentamente, pero no las interpreté, ni las medité. En este momento todo ha cobrado sentido: ¿seré yo parte del talento o uno más del montón? ¿Estaré cultivando mi creatividad y generando el verdadero conocimiento que se logra con el esfuerzo del día a día? ¿Qué tan lejos podré llegar como futuro profesional con esta actitud? Y la pregunta más importante: ¿dónde queda realmente el encuentro con ese Acontecimiento que es Jesucristo, que te hace ir contracorriente cuando todo lo incorrecto parece algo tan común en estos tiempos?
Entonces opté por no irme por el camino fácil y he entregado el examen hasta donde sé, no por moralismo, sino porque esta ocasión ha sido un momento de impacto para reencontrarme con Aquel que hace la vida con mucho más sentido, y retomar las metas que me había trazado como estudiante universitario. Quiero prepararme bien para el próximo examen, quiero sacar la mejor nota, y te pido que, si puedes, me ayudes a repasar, te lo agradezco desde ahora.
Aprendí la lección, todo está más claro que nunca».

Ha sido grande el asombro al ver a este chico, que venía decidido a copiar en un examen con las respuestas en su celular, y decide no hacerlo por el recuerdo de una presencia. Una presencia que vivió en los Ejercicios Espirituales, y cuya memoria es esa misma Presencia, visible y tangible en un aula de universidad.

Este amigo ha vuelto a presentarse al examen hace poco, mientras yo estaba expectante del resultado de todo su esfuerzo. La semana siguiente al segundo examen nos vimos en la Escuela de Comunidad. Me saludó con un fuerte abrazo y me dijo: «¡ahora sí!». Obtuvo una nota estupenda. Pero lo que verdaderamente valió la pena fue la experiencia que nació de su juicio, y la moralidad que nació del Acontecimiento de una Presencia que puede estar también en un aula aplicando exámenes.
Orlenys, Cuba

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