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Mario Delpini, nuevo arzobispo de Milán

Paolo Perego
11/07/2017
Mario Delpini con Angelo Scola.
Mario Delpini con Angelo Scola.

Todo empezó con el Ángelus guiado por el cardenal Angelo Scola. Confiándose a la Virgen. La misma que desde hace siglos vela por la ciudad. Luego llegó el anuncio oficial: monseñor Mario Delpini, exvicario general de la diócesis ambrosiana, ha sido llamado por el Papa Francisco para guiar a la iglesia de Milán. Nacido en Gallarate, en la provincia de Varese, el 29 de julio de 1951, fue ordenado sacerdote en 1975 y obispo en 2007.

El nuevo arzobispo hará su entrada solemne el 24 de septiembre, pocos días después de la despedida (8 de septiembre) del cardenal Scola a la ciudad que le ha tenido como pastor en los últimos seis años. «Es un gran don para la Iglesia de Milán», ha dicho Scola al presentar a su sucesor, al que conoce muy bien y con el que ha compartido cotidianamente su mandato. «Demos gracias a Dios y al Santo Padre. Acoged al nuevo arzobispo con espíritu de fe y comunión».

«En este momento toda mi atención se centra en mi inadecuación», dijo inmediatamente "don Mario", conocido en la ciudad por su sencillez y humildad. «Creo que de mí se puede decir que soy un buen hombre, pero "¿obispo de Milán?, ¿estará a la altura?". Los obispos de Milán tienen grandes nombres: Angelo, Dionisio, Ambrosio, ¿pero Mario? Fue el que eligieron mi madre y mi padre...». No se retrae, pero pide ayuda, pide sobre todo oraciones, y una mano que le acompañe para conocer y comprender un mundo que cambia tan deprisa, «ese mundo en el que estamos llamados a vivir», entre lenguas y culturas distintas. «Nadie debe sentirse aquí extranjero», añadió el nuevo pastor, que ha hablado de continuidad con el camino emprendido por sus predecesores, insistiendo en la centralidad del «testimonio de la santidad del pueblo» que nace de la «pertenencia a una fe compartida».

Esta fe popular es justamente uno de los dones que se lleva el cardenal Scola: «Las raíces de un cristianismo popular siguen vivas en nuestra diócesis. No debemos perderlas nunca, sino remover la tierra que nos rodea para que sigan floreciendo», pues esta es la única posibilidad de encontrarse con todos «en este cambio de época».

«Yo soy un cura», terminó diciendo Delpini, «y el primer mensaje que puedo dar a esta ciudad es por tanto que se acuerde de Dios». Milán es una ciudad moderna, respetuosa de la laicidad, secularizada, invadida por un gran progreso, «pero sin Dios no hay esperanza. En las Casas Blancas, durante su visita a Milán, el Papa dijo: "Vengo a hablaros como sacerdote". Para vivir necesitamos a Dios, sea cual sea nuestra sensibilidad y nuestra cultura».


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