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La “plegaria” de Zapatero: en el Estado confiamos

Ignacio Santa María
08/02/2010 - ESPAÑA

Una invocación a la justicia social apoyada en el relativismo resulta hueca, mientras la “caridad en la verdad” alcanza a la sociedad, tocando a las personas concretas

No es un detalle secundario que Zapatero eliminara la referencia a Dios en el pasaje bíblico que leyó durante su intervención en el Desayuno Nacional de Oración la pasada semana en Washington. El protocolo de dicho acto obliga a los oradores a citar un pasaje de la Biblia y, con esa mutilación, el presidente español lograba cambiar por completo el sentido de la frase del Deuteronomio, que, en lugar de ser un canto a la misericordia del Señor, se convertía en una invocación a la justicia social.

“Hoy mi plegaria quiere reivindicar el derecho de cada persona, en cualquier lugar del mundo, a su autonomía moral, a su propia búsqueda de bien”, dijo Zapatero muy ufano. Nunca se había visto una plegaria que no se dirigiera a divinidad alguna y que ignorara cualquier sentido de trascendencia y, menos aún, un gesto de oración que tuviera como fin “reivindicar” la autosuficiencia del hombre frente a cualquier vínculo moral o religioso. Así de innovador es nuestro presidente.

Su “plegaria” al fin resultó toda una declaración a favor del relativismo, principio que sustenta la ilusión buenista de la convivencia multicultural (la Alianza de Civilizaciones). “La verdad os hará libres” es la frase de Jesús que recoge el Evangelio de San Juan. Zapatero invierte la frase: “La libertad nos hace verdaderos”. Lo que equivale a decir que no hay una verdad, sino que cada individuo busca o fabrica su propia verdad desde una total autonomía. Pero, si esto fuera así y se llevara a sus últimas consecuencias, la civilización degeneraría en una jungla donde los hombres se devorarían unos a los otros. Por eso, el cuadro se completa con una “verdad común”, una “verdad cívica”, superior a todas las demás creencias particulares y que prevalece y domina sobre todas ellas. ¿A qué se refiere el presidente español cuando dice “verdad cívica”? No hay duda, al Estado y todo el pensamiento que emana de él. El Estado pasa de ser un sistema con el que los hombres organizan su convivencia terrenal a ser el ente supremo, la nueva divinidad.

“In God We Trust” reza el lema de la democracia americana. Nuestro presidente sólo confía en el Estado como garante de la justicia social y elimina de su discurso la palabra “Dios” y la palabra “amor”. Pero, como dice el Papa en la introducción a la encíclica Caritas in Veritate, el desarrollo, el bienestar social y la solución a los problemas socieoeconómicos que afligen a la Humanidad necesitan de la verdad de Cristo. La justicia social de Zapatero se queda muy corta ante la caridad de Aquel que nos genera y nos rescata. ¡La caridad! esa fuerza amorosa que nos alcanza a todos. También a Zapatero, aunque lo ignore con contumacia.

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