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Una maravilhosa plenitud de vida

Elizabeth Sucupira e Isabella Alberto
03/02/2017

Tres días llenos de sorpresas. Así ha sido Rio Encronos 2017, un fin de semana que ha contado con la participación de más de quinientas personas, del 27 al 29 de enero, en la cidade maravilhosa, como llaman en Brasil a Río de Janeiro. Compuesto por dos exposiciones, tres mesas redondas y dos espectáculos musicales, este evento –gratuito en todas sus propuestas– se ha podido realizar gracias a las donaciones de mucha gente y el trabajo infatigable de 50 voluntarios.

El lema de este año –“Dinheiro, Filhos, Trabalho, Saúde. Tudo é sério. E a vida?” (Dinero, hijos, salud. Todo es serio. ¿Y la vida?)– está tomado de un texto de don Giussani e invitaba a dialogar sobre un hecho: ni siquiera cuando resolvemos los problemas que más nos preocupan, como la salud, la familia, la política, esto basta para resolver el problema de la vida.

El viernes por la noche se inauguró el evento con el grupo Codex Sanctissima, que presentó un concierto de música sacra medieval y renacentista. Un repertorio insólito para la mayoría de los presentes, pero que poco a poco se fue ganando la atención del público, finalmente conquistado por la belleza del espectáculo.

Luego se habló de los trescientos años de la aparición de la imagen de Nossa Senhora de Aparecida, patrona de Brasil, y del Santuario a ella dedicado. Cristina Langer, profesora de Arte, habló de algo que va más allá de la estética: «Dios se revela mediante la imponencia de la belleza». Contó su experiencia ante las obras de Claudio Pastro en la Basílica de Aparecida. En el encuentro también participó Paula Vermeersch, profesora de Historia del Arte en la Unesp de Presidente Prudente (Sao Paulo), que explicó la parte arquitectónica de la basílica y la devoción popular. Una exposición sobre esta basílica, con visitas guiadas, ayudaba a profundizar en el tema.

El sábado, el público quedó conmovido por el testimonio de un expreso. Roberto Donizetti de Carvalho, más conocido como Beto, habló de sus primeros delitos, de su llegada a una cárcel degradante, de las humillaciones que sufrió. Y de cómo consiguió recuperarse después de entrar en un módulo de Apac (Associação de Proteção e Assistência e Condenados).

Beto contó que cuando una persona entra en prisión, «se vuelve invisible para la sociedad». Para mucha gente, un preso no tiene ningún valor. Recordó el sufrimiento de su madre cuando iba a visitarlo. Pasó siete años en una cárcel común, con sobreocupación. Luego fue trasladado a un módulo de Apac, donde estuvo otros siete años. Allí tenía una celda limpia, una cama, sábanas, un empleo; y algo que hacer desde que se levantaba, a las seis de la mañana, hasta que se iba a la cama, a las 22h. Ahora Beto está casado, tiene tres hijos y trabaja para la Fbac (Fraternidade Brasileira de Assistência aos Condenados, Federación Brasileña de Asistencia a los Condenados). En el encuentro con él participaron también Luiz Carlos Rezende e Santos, juez de Belo Horizonte, y Valdeci Antônio Ferreira, director ejecutivo de Fbac.

La exposición sobre el trabajo en Apac fue muy visitada y suscitó un gran interés. Zaira, de Londrina, fue expresamente a verla movida por el deseo de conocer mejor esta experiencia, y afirmó: «Es realmente impactante pensar que alguien que ha matado a una persona pueda estar en libertad. ¿Qué grandeza de espíritu es esta? He venido hasta aquí para conocer esta experiencia porque me siento a años luz de esta posición». También Enrique, de Río de Janeiro, acudió a Rio Encontros para saber algo más de este modelo carcelario. El viernes vio movimiento en la entrada del local y preguntó qué pasaba allí. Le dieron un programa y vio que había una mesa redonda y una exposición sobre el tema de las Apac, así que entró. Es oficial de policía y se quedó muy impactado por esta experiencia de una relación humana con los presos, algo que hasta entonces no conocía. Después se puso en contacto con los miembros de la Fbac para continuar la relación iniciada.

La exposición contó con la implicación de muchos voluntarios, entre ellos un grupo llegado específicamente desde Belo Horizonte para ayudar, porque en ese estado es donde este método ha sido adoptado y desarrollado, contribuyendo actualmente a la reinserción de más de tres mil presos. Para Carolina, esta ha sido la ocasión de conocer mejor esta experiencia, que el hombre puede cambiar: «Ya la conocía, pero quería verla de nuevo. No quiero perder el contacto con esto».

Al final de la jornada, un nuevo encuentro, esta vez con niños. Arthur, de diez años, Clara y Marina, de once, intervinieron a propósito del libro Querido Papa Francisco, que recoge cartas de niños de todo el mundo dirigidas al Santo Padre. Hablaron de las cartas con las que se sienten más identificados, y destacaron preguntas sobre el dolor, el infierno, la salvación. Los niños son extraordinarios en su sencillez. Muchos salieron del encuentro deseosos de tener la misma apertura que ellos al escuchar al Papa.

La mañana del domingo se abrió con un encuentro sobre “Obras de solidaridad: un desafío a la incertidumbre e inseguridad de las relaciones humanas”, donde tres responsables de obras sociales compartieron sus experiencias. Patricia Almeida, de Brasilia, destacó su último descubrimiento. Durante 18 años ha trabajado en la misma guardería. A causa de un fuerte temporal, al final del año pasado se cayó un muro del edificio. Está situada en la periferia, por lo que quedó muy expuesta a posibles saqueos. En cambio, los habitantes se movilizaron para vigilar la guardería hasta que se reconstruyó el muro y muchos colaboraron para conseguir el dinero necesario. «He visto que el bien habita en las personas, y que todos queremos construir algo». La italiana Rosetta Brambilla, que llegó a Brasil en 1967 y siempre se ha dedicado a los pobres, relató conmovida su historia. Comenzó con una pequeña escuela improvisada en el espacio de una favela, donde una lona amarilla servía de techo, debajo del cual había unos cuantos pupitres para unos pocos niños. Hoy hay cuatro guarderías y otros institutos educativos que se hacen cargo de 1.200 niños entre 10 y 18 años de edad. «Lo que me sostiene es la certeza de que mi nada ha sido abrazada. El resto pasa».

La tercera persona que intervino fue la africana Rose Busingye, una invitada especial muy esperada. Vive en Uganda, donde dirige el Meeting Point International, un centro dedicado a mujeres enfermas de Sida, niños y jóvenes huérfanos y necesitados. Comenzó su presentación con un video que mostraba a estas mujeres cantando alegremente y picando piedra, que es la actividad de la que viven. Rose destacó que el método de su trabajo ha tomado forma a partir del descubrimiento de su valor como persona, algo que aprendió del modo en que Luigi Giussani la miraba. «Mi deseo es que salga a la luz la grandeza de cada uno, y ofrecer una compañía». Contó muchas historias, ejemplos de cómo, a partir del descubrimiento del propio valor, una persona renace y se vuelve protagonista de su propia vida. Un ejemplo que conmovió a todos fue el relato de cuando, estando ante una mujer que había sufrido la violencia de grupos rebeldes, Rose le dijo: «Tú no eres el horror que te ha sucedido. Tú tienes un valor infinito, que te da Aquel que en este instante te hace y te llama». Esta conciencia hizo que la mujer se sintiera libre de nuevo, a pesar del dolor y de todo lo que había sufrido. «Es por una plenitud que vivo por lo que puedo entrar en una relación libre y gratuita con todo. Mi trabajo se ha convertido en gritar a todos el sentido, el significado de la vida. Mi vida no se agota en lo que veo, porque lo que veo es solo una apariencia. Y en ese nivel, tampoco se agota para los demás», dijo Rose.

El domingo por la tarde, Alexandre y Viviane Varela firmaron ejemplares de su libro As Grandes Mentiras sobre a Igreja Católica (Las grandes mentiras sobre la Iglesia Católica). Después, la última mesa redonda trató de profundizar sobre el lema del encuentro: «Dinero, hijos, trabajo, salud. Todo es importante. ¿Y la vida?». Junto a Rose Busingye, que intervino nuevamente, otro invitado internacional, el italiano Francesco Berardi, un ingeniero que vive en Malasia y que contó los desafíos que afronta en su familia y qué significa para él vivir toda circunstancia a partir de una oración y una pregunta. Tiene siete hijos y ya ha vivido en cinco lugares distintos de Asia. Contó cómo en todas estas situaciones su apoyo ha sido la oración, que tal vez no resolvía sus preguntas de la manera que él imaginaba, pero daba a su corazón la paz que necesitaba. Habló de su relación con sus compañeros de trabajo y destacó su experiencia vivida en Corea. Cuando llegó allí, todos tenían grandes expectativas en su trabajo, y después de unos meses la presión para que trabajara al máximo de la perfección lo empezó a sofocar. Le había dicho a su mujer que se marcharía de allí después del primer año de trabajo. Cierto día recibió la visita de un amigo que, después de escuchar sus lamentaciones, no se quedó allí a consolarlo sino que le ayudó a entender que era posible respirar incluso en aquella circunstancia, porque el fundamento de su vida era Aquel que le hacía en ese preciso momento. Aquel encuentro le hizo comprender que la perfección que los coreanos exigían no se la podía proporcionar ninguna estructura, y esa consideración hizo nacer en él una ternura nueva hacia ellos. Lleno de alegría, empezó a implicarse en las relaciones personales y así nació una compañía de amigos. «Puedo decir que mi mujer y yo nos marchamos al final con lágrimas en los ojos por la amistad que había nacido con aquellas dieciséis personas, y todavía hoy seguimos en contacto».

En la última intervención del encuentro final, el diputado del estado de Sao Paulo, Marcos Zerbini, contó su historia y la de la Asociación de Trabajadores Sin Tierra. Desde que nació este grupo, cuando se encontró por la calle con una mujer que lloraba temblando de frío porque no tenía casa, Marcos se dedica a ayudar a la gente a organizarse para comprar un terreno y construir una casa. La historia creció y hasta hoy ha atendido a más de veinte mil familias. Entró en la política movido por el deseo de servir a las personas, pero «puedo irme en cualquier momento, no estoy aferrado a ningún cargo. La política es solo un instrumento para construir el bien común».

En el espectáculo de clausura se vivió una explosión de alegría por los días pasados. Muchos, en su mayoría jóvenes, bailaron y cantaron escuchando samba y música popular brasileña interpretada por la banda Groove. Los músicos estaban asombrados por esa manera de estar juntos, por cómo participaba la gente, y miraban con estupor al público que tenían delante.

Y después de la clausura, el desmontaje hasta las once de la noche, y la recogida del material al día siguiente. Como decía Fabiana, estudiante universitaria de Río de Janeiro, «ahora que ha terminado el encuentro, me doy cuenta de que he salido ganando trabajando como voluntaria». De la misma manera, dominaba la gratitud en todos los que habían colaborado, trabajado, intervenido y asistido a alguno de los muchos testimonios de que la vida es más hermosa cuando se vive realmente en serio.

 
 

Créditos / © Asociación Cultural Huellas, c/ Luis de Salazar, 9, local 4. 28002 Madrid. Tel.: 915231404 / © Fraternità di Comunione e Liberazione para los textos de Luigi Giussani y Julián Carrón

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