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MUSICA

Sonido Afkham

Ángel Misut
27/06/2016
David Afkham.
David Afkham.

David Afkham (Friburgo 1983) acaba de cumplir, con un éxito extraordinario, su primera temporada como director titular de la Orquesta Nacional de España.
Sus intervenciones se han caracterizado por llenos absolutos de un público entregado que “se ha roto las manos” aplaudiendo todas y cada una de sus interpretaciones (yo me reconozco como uno más entre ellos).

Hace unos años, en uno de sus compromisos con la Nacional, tras la firma del contrato que le ligaría a ella durante varios años, le entrevistaban en el descanso del concierto que Radio Clásica estaba retransmitiendo. A la pregunta «¿Qué espera usted hacer con la Nacional?», el músico responde: «Encontrar su sonido, porque esta orquesta tiene un sonido particular que debemos recuperar». Confieso que la respuesta me pareció atrevida, y desde ese momento me hice el firme propósito de acudir a todos sus conciertos, si era posible.

La evolución desde entonces ha sido notoria y en más de una ocasión me he visto en la necesidad de escribir estas líneas, pero siempre que lo intentaba venía a mi mente una anécdota que contaba el inolvidable François Michelin. Decía el empresario que se encontraba en una ocasión cenando en un restaurante parisino que deseaba la “Tercera Estrella Michelin”. Acompañaba al inspector jefe de la Guía, el que había comenzado a hacerla con su abuelo. «Nos sirvieron el mejor paté que había degustado en toda mi vida» –reconocía el empresario– y en un momento en el que se encontraban solos, le dijo al inspector jefe: «¿Qué, le damos la tercera estrella?»; a lo que el otro respondió: «Todavía no, primero lo tenemos que dormir». Como al día siguiente los dos se levantaron con descomposición, el restaurante se quedó sin la anhelada estrella.

Este ejemplo de ejercicio de la paciencia me ha venido acompañando durante estos tres últimos años tras cada uno de los conciertos dirigidos por Afkham a los que he asistido, y en los que ha ido desgranando un rosario de magistrales interpretaciones, como por ejemplo una extraordinaria sexta de Tchaikovsky, o las intensísimas primera y cuarta sinfonías de Brahms. Cada uno de sus conciertos ha venido siendo un paso más en la evolución hacia un sonido sensible, brillante y preciso.

Este joven alemán, perteneciente a una familia de origen persa en la que todos sus miembros son músicos aunque no se dediquen a ello como profesión, como por ejemplo su padre (médico) o su madre (empleada de banca), es un caso extraordinario de madurez. A una edad en la que un director normalmente está recorriendo el primer tramo del camino, él parece estar ya de vuelta.

En el último concierto de esta temporada, nos regaló un Requiem de Brahms realmente sublime. En su dirección, Afkham exhibe un gesto amplio y elegante, e induce a todos sus músicos una pasión por lo que están haciendo en cada momento, que resulta desbordante. Prepara sus conciertos con meticulosidad, hasta tal punto que modifica con frecuencia la disposición de la orquesta para obtener lo máximo posible de ella, ofreciendo siempre lecturas fielmente frescas de la partitura.

Le preguntaron en una ocasión al gran Daniel Baremboin, tras realizar dos míticas grabaciones de los conciertos de piano de Brahms con Sergiu Celibidache (1912-1996) al frente de la Filarmónica de Múnich: «La orquesta de Múnich con el maestro Celebidache suena como si fuera una de las mejores del mundo, ¿cómo es esto posible?»; a lo que el extraordinario pianista y director respondió: «Porque el maestro no permite a sus músicos que den una sola nota sin poner todo el alma en ello».

Este es también Afkam, con él todos los músicos se exprimen al máximo y esto es algo notorio para el espectador, que percibe la ausencia total de rutina en todo lo que allí sucede. Además, en este último concierto ha contado con el Coro Nacional de España, en un momento extraordinario, y con dos grandes solistas: la soprano Dorothea Roschmann y el barítono Mattias Goerne.

Desde el inicio (Bienaventurados los que sufren), hasta el final (Bienaventurados los muertos), todo el conjunto ha sonado a un nivel extraordinario. Pero ha sido en el segundo movimiento, en el estremecedor Porque toda carne es como la hierba, donde se ha alcanzado el cénit de la interpretación. Tanto la orquesta como el coro, nos han brindado unos minutos llenos de una intensa belleza, signo evidente de la pasión que Afkhan es capaz de inducir a todos los músicos a su cargo.
Al final de la obra, con todo el auditorio entregado, el maestro Afkhan se ha prodigado en reconocimientos tanto al coro y solistas como a sus músicos, llegando a fundirse en un abrazo con el oboe solista, y es que en la madera se asienta uno de los pilares de la peregrinación que está consiguiendo realizar con toda la orquesta, hasta un territorio hasta ahora desconocido, pero extraordinariamente bello.

Este joven director alemán ha sido tocado por Dios con una grandísima dosis de genialidad. Tanto es así que a no mucho tardar lo veremos como titular al frente de alguna de las mejores orquestas del mundo (Berlín sin duda), con las que ya colabora como invitado, pero por ahora es nuestro, y a los aficionados madrileños ¡nos esperan días felices!

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