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RESEÑAS

Boko Haram se alimenta de la pobreza de una Nigeria que aún reivindica la vida

22/11/2016

El periodista Fernando de Haro ofrece en su último libro, En tierras de Boko Haram, un doble retrato. Por un lado, un «retrato impresionista» sobre el pueblo nigeriano para que el lector complete lo que lee, y por otro, el del grupo terrorista Boko Haram, activo en Nigeria, Camerún, Chad, Níger y Mali.
El periodista propone al lector viajar a Nigeria a través de este libro que incluye «connotaciones» de road-movie y que está concebido no como una «tesis» sino como una «especie de rompecabezas».

«Es importante recorrer la tierra, ver de qué color es, a qué huele», expresa De Haro, que también incide en la importancia de lo que se oye o lo que se ve. Precisamente el escritor, que viajó hasta el país pese a las dificultades y al riesgo al que se exponía, defiende que para comprender Nigeria, «no se puede dejar de sentir, por ejemplo, la fecundidad de su tierra, la emoción de su baile o su involucración en cómo se vive el sufrimiento, el duelo».

Esto último, a su juicio, es lo que mejor define al pueblo nigeriano. «Es un pueblo que sufre», resume. Para el autor, esta «fidelidad y dignidad» hacia la vida de los nigerianos, sea cual sea su condición religiosa y a pesar del sufrimiento, es lo que más le sorprendió.

De hecho, De Haro concluye su libro con el testimonio de Hanatu, una profesora de un campo de refugiados. «Saber deletrear, saber el alfabeto, es afirmar la vida –reivindica–. Ese es el retrato que sale, y yo creo que es más imponente que el retrato del terror, al final es la persona contra el poder, la educación frente la violencia, y eso es lo que encontrará el lector en este libro».

Retrato del mal
En cuanto al retrato de Boko Haram, De Haro señala que se trata de un retrato «sencillísimo» pero a la vez «complejo» de una «tragedia» que se produce «en buena parte del mundo». El veterano periodista atribuye el «éxito pasmoso» de este grupo terrorista –al que denomina «mayor monstruo de África»– a la pérdida de la identidad del pueblo de Nigeria, en cierta parte provocada por la «inseguridad de la globalización», pero también a la incertidumbre, la crisis económica y la crisis medioambiental.

Pero también atribuye el ascenso de Boko Haram a la falta de una estructura de sociedad civil y a la pobreza que reina en el país, elemento que se convierte en «caldo de cultivo», a pesar de que Nigeria sea «estadísticamente el país más rico de África. El dinero mal usado empeora la situación», menciona.
En cambio, no es tan influyente la religión. «El islam es un factor que pesa poco», comenta el periodista, que por el contrario considera «decisivo» en la constitución y expansión de Boko Haram el uso de las nuevas tecnologías y las redes sociales, es decir, la «virtualidad».

A pesar de guardar ciertas similitudes con el Isis, la situación por la que pasa Nigeria es distinta a la de otros conflictos que ha cubierto el periodista, por ejemplo en Oriente Próximo, «donde la queja por los errores occidentales es permanente. En esta parte de Nigeria este no es el discurso dominante», subraya.

Por otro lado, De Haro reivindica la importancia del oficio de los corresponsales de prensa en zonas de conflicto. El periodista, que ha criticado que algunos medios de comunicación no cubran este tipo de noticias, como es el caso de lo que está sucediendo en Mosul, defiende que este «periodismo en el sitio, artesano», cuenta con una ventaja: «contar la historia permanentemente».

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