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RESEÑAS

Pieper y el mundo frenético: “Sólo oye el que calla”

Flora Crescini
31/01/2011

“Gracias a mi esfuerzo, he conseguido lo que tengo”. Es una frase que está en boca de todos, el “esfuerzo” se convierte en el eje central de todo conocimiento y de cualquier actividad humana. Sin darnos cuenta, somos tristes discípulos de Kant, para quien filosofar es verdadero cuando se trata de un “trabajo” hercúleo. Lo que vale es la actividad subjetiva, y nada más.
Con una mirada clarividente, Josef Pieper capta en este libro el rasgo fundamental de nosotros los modernos, con jornadas llenas de “programada agitación activista” y con unos ojos que cada vez se abren menos a la realidad que nos rodea. “La caracterización del conocer y del filosofar como trabajo no sólo no es exhaustiva, sino que no llega al núcleo del asunto, pues se deja algo esencial”. Esclavos de sus agendas, hombres reducidos a funcionarios, son las características del trabajador, incluso del trabajador intelectual. Es la fosilización del corazón, que no quiere que suceda nada. Entonces, la agenda y la realidad toman caminos diferentes.
Este tipo de actitud nace de la falta de otium (ocio), de la acidia (pereza) que provoca la actividad sin respiro del trabajar por trabajar. El hombre inmerso en una actividad volcánica porque no está a gusto consigo mismo, no sabe quién es, es incapaz de esa “silenciosa contemplación, que es un presupuesto necesario para la percepción de la realidad; sólo oye el que calla”.

Josef Pieper
El ocio y la vida intelectual
RIALP

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