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Huellas N.8, Septiembre 2000

PALABRA ENTRE NOSOTROS

La política para qué, para quién

Giampaolo Cerri

El líder de la oposición, huésped del festival riminés. Un alto concepto de política


La carrera llega a su fin, una vez arrebatados otros tres minutos al vicedirector de las Noticias de la primera cadena italiana, Roberto Fontolan, que le entrevista. Se seca el sudor que le baña la frente y le empapa su traje oscuro y dirige a la platea - a las 12.000 personas que llenan el auditorio - su llamada «a crear una clase dirigente». Es el momento culminante de la intervención de Silvio Berlusconi en la XXI edición del Meeting de Rímini, el jueves 24 de agosto: una larga y apasionada intervención que, partiendo de las preguntas del periodista, añadía conceptos a conceptos, ideas a ideas: la invitación a los jóvenes a bajar al terreno de juego, la petición a los “mejores de entre vosotros” de gobernar el país en caso de victoria - pronosticada además por los adversarios - en las próximas elecciones. Una clara invitación, igual de clara que toda su intervención. «Se ha hablado de política a un alto nivel - observa Giorgio Vittadini en las conclusiones -, gente que no conocía su posición ha tenido la oportunidad de profundizar en ella, que no estaba hecha de fórmulas vagas, sino de contenidos. Hay que admitir que esto sucede raras veces en la farándula de la política italiana». El presidente de la Compañía de las Obras no deja caer en el vacío la apelación del Cavaliere. Vittadini destaca los contenidos más interesantes del discurso del presidente de Forza Italia - de la subsidiariedad al federalismo, de la educación a la sanidad, de la economía a un juicio histórico sobre la actuación de la magistratura en los años 90 -, y luego, responde con la misma claridad: «Nuestra tarea es y será siempre la de un movimiento que educa en el deseo de lo humano, construye obras y plantea preguntas a los políticos a partir de unos contenidos; jamás será la de ser una corriente política o un partido». Pero nada de “opción religiosa”; es más: «A diferencia de otros - dijo - nosotros no demonizamos la política; más aún, nos interesa muchísimo. Y cuando vemos gente que responde a estas necesidades... no somos y no seremos nunca neutrales. Dentro de nuestro movimiento, a título personal y según la libertad de cada uno, podrán nacer - como ya han nacido - vocaciones específicas a la política».
Razonamiento cristalino, que se volvería a afirmar de nuevo durante los días sucesivos, cuando algunos periódicos empezaban a aventurarse en futuros escenarios electorales, imaginando listas y colegios, y diseñando escenarios de poder.
La acogida explícita del auditorio al discurso del jefe de la oposición podía alimentar esta tesis preparada adrede por la prensa. Su estilo directo y el lenguaje sencillo hicieron completamente inútil que hileras de adeptos de rostro sonriente regalaran previamente miles de copias del libro que contenía sus principales discursos de los últimos años. El Cavaliere desmenuza todo su pensamiento hasta el fondo, respondiendo a las preguntas de Fontolan y yendo más allá.
Berlusconi insiste en el tema de la libertad, recordando los méritos históricos de los “cielinos” que, en los años setenta, «daban, con valor, testimonio de su credo en las escuelas, en las universidades y en las fábricas». Después ataca duro la concepción de Estado predominante: «Un modelo decimonónico, de impronta francesa, hipercentralista». Aferrada a esta idea del Estado-dueño, una clase política despótica «que gobierna sin mandato». Un grupo de poder que, según Berlusconi, de hecho, no ha abandonado la ideología comunista y ha conquistado el poder «mediante una revolución judicial». Lo que hace a nuestra democracia «defectuosa» y a la sociedad menos libre. Fuerzas políticas que, después de abandonar los ideales, se plantean sólo cómo gestionar el poder: «Mercenarios a los que no les importa el ideal por el que combatir, sólo les importa hacer la guerra».
«Pero, en definitiva - prueba a rebatir Fontolan -, ¿por qué admitir que la derecha ha cambiado [ndr, Alianza Nacional] y no conceder lo mismo a la izquierda?». El líder azul no tiene dudas: «La cultura de esa izquierda no ha desaparecido», responde claro y empieza a hacer una lista de las libertades conculcadas (escuela, sanidad, trabajo, seguridad, libertad religiosa y económica). «Estos señores piensan en el Estado como única fuente de derecho, olvidando que existen unos derechos inalienables de la persona», afirma el líder de Forza Italia.
Y para gobernar Italia promete «autonomía para las Regiones y subsidiariedad» además de una política económica «social de mercado» y de una fiscalidad más justa («no más del 30%»). Y abrir las puertas sólo a aquellos inmigrantes «a los que se les pueda ofrecer casa y trabajo», porque los clandestinos «se ven obligados a delinquir». Todo en 10-12 grandes reformas examinadas por una agenda gubernamental de verificación (100 días, seis meses, un año). «Pero no puedo hacer esta revolución sólo con los partidos políticos - destaca el Cavaliere bajo las grandes insignias del Meeting -. Construyamos juntos esta nueva Italia». Y para reforzar su apelación recuerda que la Iglesia ha considerado siempre la política como «la más alta forma de caridad».

 
 

Créditos / © Asociación Cultural Huellas, c/ Luis de Salazar, 9, local 4. 28002 Madrid. Tel.: 915231404 / © Fraternità di Comunione e Liberazione para los textos de Luigi Giussani y Julián Carrón

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