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Huellas N.8, Septiembre 2000

MEETING DE RÍMINI

Después de Giulia, Giacomo

Luca Doninelli

Giulia y Giacomo son este año mis dos acompañantes y, por consiguiente, son dos los modos de aproximación a los pabellones feriales: el “trabajo” de ella y las “peticiones” de él


Ir al Meeting con los hijos es una bonita forma de ir, incluso si estás allí por trabajo, como me sucedió este año. Los hijos nos ayudan a ir más al fondo de un evento como este, a mirarlo con ojos más agudos, y esto contribuye no poco a la búsqueda de las palabras justas con que redactar los artículos del periódico.
Yo estaba allí como enviado adjunto de Il Giornale, precisamente en una edición del Meeting como la de este año, tan acosada por los ataques de tantos “maestros de pensamiento” que parecen haberse puesto de acuerdo para desencadenar la batalla. La presencia de un hijo ayuda a comprender, porque un hijo alcanza rincones del Meeting - en sentido topográfico pero también en sentido humano - desconocidos para nosotros.
Este año me han acompañado al Meeting dos de mis hijos. A Giulia, ya conocida por los lectores de Huellas, que tiene trece años, se ha unido este año Giacomo, jovencísimo estudiante de 5 de primaria.
Es difícil imaginar dos tipos más distintos que Giulia y Giacomo. Sin voluntad de profundizar, diré que Giulia congenia con las masas, que viviría toda su vida en el Meeting y que su acercamiento a las cosas es tan afectivo como racional, individualista y reflexivo es el de su hermano. Sinceramente, tenía mis dudas de que Giacomo se encontrara a gusto en Rímini.
Tonterías. Falsos temores. Preocupaciones sin fundamento.
Llegamos a la Feria el lunes por la tarde. Giulia (también este año acompañada por su gran amiga Lucía) no veía la hora de despegarse de mí para reunirse con sus amigas, con las que ella y Lucía habían quedado junto al stand de Tempi. Consigo gritarle la hora a la que iré a buscarla para cenar (la ya tradicional pizza en la Taverna degli Artisti), y ya ha desaparecido en un mar de caras. Pero es un mar que conozco. Me quedo con Giacomo, que no veía el momento de separarse de su hermana (sentimiento compartido por ella).
«¿Qué hacemos?».
«Tengo que ir a la sala de prensa».
«Voy contigo».



Pase-hijo

Voy a conseguir un pase para poder acceder a la sala de prensa, y también Giacomo lo quiere. “Giacomo Doninelli -Hijo”, pone en su pase. En la sala de prensa está Lorenzo, hijo de mi amigo Paolo Biondi, y Giacomo no tarda en hacer lo que poco antes había hecho su hermana: despegarse de mí. Volverá después de dos horas cargado de folletos (sobre todo abanicos, dado que tenemos una temperatura de 35 ) y completamente entusiasmado con el Meeting. Su entusiasmo es bastante especial y se expresa en peticiones: un bocadillo, una coca-cola, el concierto de la cantante Syria, la entrada para el partido de baloncesto Italia-Yugoslavia, programado para el día siguiente. A cada petición, un extenuante trato.
Mientras, Giulia se ha instalado en el stand de la revista Tempi.
«Este año trabajamos aquí», me dice ante mi sorpresa, cuando paso a buscarlas para ir a cenar.
Sus amigas mayores - Maria, Gloria (llamada Bubu, o también Olga) y Virginia - la han invitado a vender Tempi con ellas.
«¿Por qué quieres trabajar?».
«Porque es más bonito».
En un encuentro interconfesional dedicado a las grandes Religiones del Libro, el judío Claudio Morpurgo dice con fuerza que el problema no es hacer a cristianos, musulmanes y judíos más parecidos entre ellos, sino establecer una amistad capaz de trabajar en los grandes temas - el primero de los cuales es la libertad - que interesan a los tres.
Amistad operativa. ¿Qué tipo de amistad sería, si no fuese operativa? Una amistad es tal si obra. Giulia y sus amigas lo hacen de forma espontánea. Quizá no son conscientes del todo de lo que hacen, pero me parece que han elegido el mejor modo para llegar a serlo: acciones, no discursos. Adhiriéndonos a una acción nos adherimos a las razones de esa acción. Haciendo discursos, nos adherimos sólo a nuestros discursos.



Entre exposiciones y baloncesto

Giacomo, mientras, se ha encontrado con muchos amigos: Massimo, Gigio, Stefano. Con su habitual seriedad y acompasamiento pasa revista al Meeting, visita algunas exposiciones y se aprende a la perfección la planimetría de la Feria, hasta el punto de conducirme, al día siguiente, a un bar que había descubierto entre los stands, que estaba menos masificado que los demás.
Una ex alumna mía, Emanuela, le acompaña amablemente al partido de baloncesto. Italia gana. «El Meeting es algo bellísimo», dice. Y lo repite también la noche siguiente, cuando asiste, a través de una gran pantalla, a la derrota del Inter, su equipo del alma (y el mío también). ¡Y pensar que se había ido a Inglaterra llevándose como recuerdo... una camiseta del Inter!
Giulia y Lucía adoptan la siguiente táctica para vender Tempi: se ponen delante de las puertas y no dejan pasar a las personas hasta que no han comprado un ejemplar del semanario.
La primera tarde vendieron sesenta y tres. Al final serán doscientos treinta. Informo de esto al director, Luigi Amicone.
«¡Menudas chicas!».
Hermosa fuerza.
Entretanto, también las otras amigas de Giulia, que al principio no querían vender Tempi, han cedido y se han puesto a trabajar. Es ya un pueblo en el pueblo. Irene, sin embargo, tiene que volver a Milán con su hermano Massimo porque ha muerto su abuelo.
Es medianoche pasada.
«Concédeles, Señor, el descanso eterno...».
«Concédele a él, papá», me corrige Giacomo.
La última tarde de nuestra estancia también Giacomo vende Tempi, con sus amigos del Inter, del Milán y de la Juve.
Les digo: «Paso a buscaros a las diez y media». «No, ven un poco más tarde. Esta noche tenemos el turno de las nueve a las doce».
Al día siguiente, jueves, mientras esperamos el tren que nos llevará de nuevo a Milán, Giulia y Giacomo me dicen: «Oye, papá, no te ofendas, pero el año que viene vendremos al Meeting para nuestros asuntos, sin ti».
«¿Por qué?», pregunto, un poco resentido.
«Porque queremos estar toda la semana. Yo vendré con Lucía», dice Giulia.
«Y yo con mis amigos», dice Giacomo.
«¿A trabajar?».
«A trabajar».
«Ya veremos», respondo.
Creo que por el momento no se librarán tan fácilmente de mí.

 
 

Créditos / © Asociación Cultural Huellas, c/ Luis de Salazar, 9, local 4. 28002 Madrid. Tel.: 915231404 / © Fraternità di Comunione e Liberazione para los textos de Luigi Giussani y Julián Carrón

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