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Huellas N.1, Enero 2000

INDONESIA

5 días en Yakarta

Emanuele Boffi, Luca Frigerio, Luca De Simoni

El diario de un grupo de universitarios de Milán que fueron a la península asiática para visitar a sus colegas indonesios. La respuesta a una invitación vía e-mail. Un viaje para comprender la situación después de los dramáticos sucesos de Timor Oriental


Descubrimos dónde estaba Timor Oriental buscándolo en un atlas. Las noticias de los periódicos y de los telediarios nos informaron sobre las vicisitudes de la isla. Poco a poco se fue sabiendo que es un país católico y que desde hace algunos años atraviesa una situación difícil. Para saber algo más organizamos un acto en la Universidad Católica bajo el título de “Timor Oriental, un desafío para Occidente”. Mil quinientas personas escucharon durante hora y media a Luigi Amicone, director del semanario Tempi, a Rata Abecassis, periodista portuguesa de radio Renacença y a dos periodistas que estuvieron en el archipiélago indonesio: Annabella Gois, enviada especial de la radio portuguesa a Dili (capital de Timor); y Johannes Von Dohnany, enviado de Tempi e Il Giornale a Yakarta (capital de Indonesia). Mientras Annabella relataba las dificultades del pueblo timorés y las masacres que las milicias filoindonesias estaban realizando en las cercanías de Dili, Johannes hablaba como testigo ocular de otra situación menos difícil, pero no por eso menos dramática. Yakarta está sumida en el caos. La población, guiada por los estudiantes, sale a las calles para protestar contra un gobierno invasor y violento. Precisamente algunos de estos estudiantes con los que contactó el periodista alemán, nos habían enviado un correo electrónico explicándonos los motivos de su lucha: «Nosotros combatimos por la democracia y la libertad. Exigimos que se abra un proceso contra Suharto, Habibi y Wiranto. No tenemos miedo a morir. Rezad por nosotros».
A raíz del encuentro, empezó una correspondencia por correo electrónico con ellos, hasta que nos invitaron a ir a verles. El trece de noviembre iba a haber una manifestación en conmemoración de tres amigos suyos muertos el año anterior durante los primeros enfrentamientos con las milicias del gobierno. Nos escribieron que les gustaría que asistiéramos a la manifestación. «Pero, ¿dónde? ¿En Indonesia? ¿Y el dinero? ¿Y los exámenes? ¿Es seguro?». «El dinero lo encontramos; por ahora es un lugar seguro, y los exámenes... estudiaremos más a la vuelta». Una vez tranquilizadas madres y novias, partimos.
El obispo y los reductores de cabezas
Después de veinte horas de avión aterrizamos en Yakarta. Nos recibió Paolo Tognini, un italiano que ha acabado al otro lado del mundo buscando petróleo. «Soy geólogo y mi compañía inglesa me envió aquí porque es una zona muy rica en recursos naturales». ¿Esto no está considerado un país del tercer mundo? «Sí, toda la riqueza que se encuentra llega de Occidente y allí vuelve». La misma ciudad refleja esta lógica. Al lado de los altísimos edificios de las diferentes compañías internacionales se instalan los pequeños puestos ambulantes indonesios. Se puede encontrar de todo, desde periódicos a tabaco, comida o juguetes. «Hasta hace dos años Indonesia vivió el llamado boom de los países del sudeste asiático. Todo Occidente corría aquí para hacer negocios. Después, la crisis de la bolsa y un estrepitoso empobrecimiento pusieron de rodillas a la nación». En cada cruce, familias enteras piden limosna y los niños se acercan a la ventanilla del taxi extendiendo la mano. Al salir del automóvil teníamos treinta grados y una humedad del 90%. «Es la estación de los monzones - nos avisó Paolo - ya os daréis cuenta. Todos los días llueve». Paolo nos acompañó a nuestro alojamiento, que nos había buscado monseñor Renzo Fratini, el nuncio apostólico de Indonesia, con el cual habíamos contactado desde Italia. Habitaciones modestas, en las que cada noche tenía lugar nuestra lucha contra los mosquitos, que son un poco más pequeños que los nuestros, pero que pican igual de bien. Nos recibió monseñor Giulio Meguccini, actual obispo de Borneo. «Llevo veinticinco años aquí y los he pasado en la selva junto a los reductores de cabezas». ¿Y cuándo vuelve a Italia? «Esta ya es mi patria. Creo que me quedaré en la selva para siempre».

La manifestación y la libertad
Nuestros amigos estudian en la Universidad Católica de Atma Jaya. Era sábado, pero aquello parecía un mercado: un millar de jóvenes se movía por los pasillos esquivando gente que dormitaba en el suelo o jugaba al ajedrez; otros estaban montando un palco y otros afinando las guitarras. «Esta noche habrá también un concierto - nos explica Squall, el líder del movimiento estudiantil que nos había escrito - y algún baile típico de nuestra tradición. Llevamos una semana preparándolo. Le pedimos al gobierno que abra una investigación sobre las tres víctimas de la primera “Semanggi Tragedy”». ¿Qué significa “Semanggi”? «Es el nombre de la desviación que se encuentra en el trayecto de nuestra universidad al Parlamento. Hace dos años en todas las universidades de la ciudad estallaron focos de contestación contra el gobierno. Después todos los estudiantes nos unimos a la contestación, echándonos a la calle. Desde todos los ateneos llegaban los diferentes cortejos; los de la Atma Jaya éramos los últimos en incorporarnos antes de dirigirnos al edificio del parlamento. Hace un año los militares nos detuvieron en esa desviación. Con los tanques se acercaron hasta las puertas de la universidad». ¿Y qué hicisteis? «Combatimos con nuestros palos, pero podíamos hacer bien poco contra sus proyectiles». Disparaban al cuerpo; los tres jóvenes asesinados tenían 20 años. «Otros desaparecieron y aún hoy sus familias no saben dónde están», concluyó Squall, enseñándonos la foto de uno de los tres jóvenes. «Este era amigo mío». Nos llevaron a ver una exposición fotográfica que habían instalado en el atrio de la universidad. Unas 50 fotos documentaban los enfrentamientos de aquellos días: jóvenes que se protegen de los proyectiles detrás de las cátedras, el chorro de las mangueras para dispersar a la multitud y un hospital. «Venían a por nosotros hasta allí; no sabíamos dónde meternos». Después la imagen de una inmensa muchedumbre ante los soldados formados. «Toda la población nos apoyó saliendo a la calle con nosotros primero, y buscándonos escondites después. Desgraciadamente a menudo en medio de la multitud se escondían provocadores pagados por el gobierno que daban a los militares un pretexto para disparar».
Se hizo de noche y después del concierto salimos a la calle. Centenares de jóvenes bloqueando un tráfico extrañamente silencioso avanzaban con antorchas en la mano y tres féretros en los hombros en recuerdo de las víctimas. Entre los manifestantes se encontraban también los padres de los estudiantes asesinados. Gritaban: «¡Libertad, libertad!». Pero, ¿qué es la libertad?, le preguntamos a Squall. «Hacer lo que uno quiere», respondió. Y si alguien te hace creer que lo que tú quieres es lo que él te permite hacer, ¿eres libre? Squall frunció el ceño y contestó secamente: «No. Pero, ¿por qué me preguntáis eso? ¿No vivís vosotros en un país libre y democrático?». Si, aunque a veces parece que a nadie le interesa, dijimos. A Squall le resultó difícil creernos. Mientras volvíamos a la residencia, el grito de «¡libertad!» retumbaba todavía en nuestros oídos.

Católicos y musulmanes
En la Nunciatura trabaja monseñor Renzo Fratini. Una vida, una aventura. Ha vivido en América Central, América del Sur, Africa y Pakistán durante cuatro años. «Conozco la experiencia de vuestro movimiento porque soy de Macerata y hace años conocí a tres chicas que peregrinaron a Loreto. Recibo la edición italiana de Huellas y me impresionaron vivamente las palabras de don Giussani ante el Papa el 30 de mayo de 1998». Mientras comíamos comentamos nuestras impresiones sobre el día anterior. Son jóvenes valientes; sin embargo, parece que no tienen quién les guíe. «Precisamente por eso en cada universidad hay un capellán que se ocupa de la pastoral juvenil - nos dijo -. Es una tarea muy difícil porque los jóvenes desconfían de los adultos que asumen funciones en cierta medida institucionales. Sería interesante que un movimiento como el vuestro se hiciera presente aquí. Sé que cuidáis mucho el ámbito universitario». Después el nuncio prosiguió: «Nuestra situación religiosa es muy diferente a la italiana. La mayor parte de la población es musulmana, aunque tolerante. Este es e mayor estado musulmán del mundo; los cristianos representan un 10%, otro 10% son hindúes. Es una sociedad multiétnica y, según las zonas, son más o menos tolerantes. Timor Oriental y ahora Aceh son un ejemplo de situaciones difíciles. La Iglesia se mueve con cautela, pero se puede decir que la convivencia entre católicos y musulmanes, por lo menos entre los jóvenes, es pacífica; sobre todo ahora que el gobierno está en manos de un musulmán moderado llamado Gus Dur. Es verdad que también suceden cosas extrañas: yo he tenido que hacerme el carnet de identidad tres veces». ¿Por qué? «Los islámicos dan mucha importancia a las estadísticas y aunque declares que eres católico ellos te hacen aparecer como “muslim”». Antes de despedirnos nos advirtió que era necesario crear relaciones oficiales tanto con la embajada como con la universidad. Esto favorecería una relación duradera y sobre bases más estables, «para que este viaje no se reduzca a una aventura pasajera, sino que pueda nacer algo bueno para vuestro movimiento y para la Iglesia Indonesia».

El embajador y Capaneo
Gracias al nuncio conseguimos que nos recibiera el embajador italiano, Carlo Marsili. Oyéndole, pudimos hacernos una idea de la historia y de la situación del país. «Indonesia es un estado formado por miles de islas; desde los tiempos de Sukarno, liberador y primer dictador del país, la mayor preocupación del gobierno ha sido la de no dejar demasiada libertad a las islas. En Occidente se conoce sólo la situación de Timor, pero aquí las revueltas están a la orden del día. En Java la concentración de habitantes por kilómetro cuadrado es la más alta del mundo y el suelo es pobre en recursos. El Estado realiza traslados de familias enteras a otras islas, prometiendo una casa y un trozo de tierra para trabajar. Naturalmente una política de este tipo no agrada a los indígenas del lugar que se sienten expoliados. Este factor, ligado a otras causas más complejas de orden étnico y cultural, desencadena una serie de conflictos que hacen de Indonesia un polvorín». ¿Y qué pasa en Aceh? «Aceh es la zona norte de la isla de Sumatra, rica en petróleo y desde siempre en conflicto con el gobierno central. La revuelta está encabezada por un grupo de fundamentalistas islámicos que persiguen a la exigua minoría católica. Estos últimos son expulsados o asesinados».
Por la tarde volvimos a la universidad para ver a Squall y a sus amigos. Al oírles hablar sin cesar sobre la libertad, decidimos leerles el párrafo de El Sentido Religioso que describe la actitud humana de Capaneo y la del hombre auténticamente religioso. Tardamos un rato en explicarles quién era Dante y qué escribió, pero al final Squall nos pidió que le dejáramos una copia del libro.

Baloncesto y mosquitos
Al día siguiente fuimos a la universidad. Jugamos al baloncesto. Italia ganó a Indonesia por tantos puntos como centímetros de diferencia en altura había entre los dos equipos. Nos llevaron a una de sus aulas donde se encuentra la redacción de su periódico, Viaduct. Hablamos un poco de todo y notamos que, respecto a los primeros días, se mostraban menos desconfiados con nosotros. «Así es: no habéis pasado desapercibidos; algunos pensaban que erais espías». Nos contaron que el gobierno con frecuencia utiliza el factor religioso para dividir el movimiento estudiantil. Lo confirmó Faby: «A menudo tratan de enfrentarnos entre nosotros. No queremos esto. Una mañana mi padre me preguntó: “¿Sabes por qué puedes ir a la universidad?”. Yo le dije: “Porque tengo piernas, papá”. “¿Sabes por qué puedes vivir?”. “Porque puedo comer y respirar”. De repente, cogió mosquito y me preguntó: “¿Serías capaz de hacer uno igual?”. Entonces entendí que existe algo más grande que yo. Yo soy musulmán, pero siempre he frecuentado escuelas católicas porque son mejores. Soy musulmán y tengo amigos católicos: ¿qué hay de malo?».
Estábamos en un local público y no podíamos seguir hablando de política. «Los espías - nos explicó Dimas - están por todas partes. Hay muchos también entre los estudiantes». Pasamos la noche hablando de fútbol y de whisky. Llevamos una botella y apreciaron el regalo. Alguno volvió a casa cantando.
Al despedirnos, nos llenaron de adhesivos, fotos de la manifestación y nos entregaron un proyectil que recogieron por la calle durante los enfrentamientos. «Tenemos que volver a vernos ahora que somos amigos», nos dijo Squall. «Estoy leyendo el libro que me habéis dado. Es interesante, aunque algunos párrafos me resultan difíciles. ¿Os puedo mandar mis dudas por correo electrónico?».

 
 

Créditos / © Asociación Cultural Huellas, c/ Luis de Salazar, 9, local 4. 28002 Madrid. Tel.: 915231404 / © Fraternità di Comunione e Liberazione para los textos de Luigi Giussani y Julián Carrón

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