Va al contenido

Huellas N.1, Enero 2007

IGLESIA - Benedicto XVI / Catequesis sobre los Apóstoles

«La Iglesia existe en las personas concretas»
El método de la identificación, camino del conocimiento

Pigi Colognesi

Seis meses de catequesis de los miércoles dedicados a las figuras de los apóstoles. La aventura personal de cada uno de ellos permanece en la historia como un paradigma para todo creyente. En cada retrato el Papa hace emerger su preocupación de fondo: mostrar que el cristianismo no es un discurso, una doctrina abstracta, sino una Persona. «Queremos verlos uno a uno para comprender en las personas qué es vivir la Iglesia, qué es seguir a Jesús». «En nuestra relación con Jesús no debemos contentarnos sólo con palabras. Nuestro conocimiento de Jesús necesita sobre todo una experiencia viva»

Desde el 15 de marzo de 2006 Benedicto XVI está desarrollando su catequesis semanal del miércoles en torno al «misterio de la relación entre Cristo y la Iglesia, considerándolo a partir de la experiencia de los Apóstoles». La Iglesia es una «nueva familia» que «existe en las personas», comenzando por los Doce. Su aventura personal de conocimiento y relación con Cristo permanece en la historia como paradigmática para todo creyente. El Papa ha dedicado de forma específica las audiencias del 17 de mayo al 18 de octubre a cada uno de los apóstoles para «verlos uno a uno, para comprender en las personas qué es vivir la Iglesia, qué es seguir a Jesús».
Se trata de textos fácilmente recuperables con un simple click (partiendo de www.vatican.va, se accede a las enseñanzas de Benedicto XVI y se seleccionan las Audiencias). El lenguaje de estos «pequeños retratos» es sencillo y llano. Pero no carente de sorpresas; está lleno de enseñanzas y es fecundo para la meditación.
En cada intervención suya el Papa tiene interés en subrayar una preocupación de fondo: el cristianismo no es una doctrina, sino una Persona. Ser cristianos, por tanto, no puede significar asumir discursos o preceptos, sino «estar» con la persona de Jesús, compartir su vida, caminar con Él, tener la libertad de plantearle preguntas y la disponibilidad para ser corregidos, aceptar la humillación de no comprenderlo o incluso de traicionarlo y sorprenderse por la infinitud de su misericordia: «es lo que sucede entre amigos», «la amistad necesita de la cercanía». Efectivamente, «en nuestra relación con Jesús no debemos contentarnos sólo con palabras. Nuestro conocimiento de Jesús necesita sobre todo una experiencia viva».

“Estar” con Jesús
Al tratarse de un nexo vital entre persona y persona, sale a la luz la cuestión de la diversidad. Cada uno de nosotros, como cada uno de los apóstoles, es una persona irreductible a la persona de cualquier otro. Pero esto no produce ningún escándalo en la Iglesia; antes bien, es fuente de riqueza y establece para cada uno su rostro irrepetible y, por tanto, su función insustituible en la construcción común. Partiendo de las páginas del Evangelio, Benedicto XVI describe la personalidad peculiar de cada apóstol con trazos realistas e incisivos. Pedro tiene «un carácter decidido e impulsivo», que le permitirá, a través de un itinerario muy personal y sufrido, llegar a ser constituido como la roca sólida del edificio eclesial. Andrés «era un hombre que buscaba» y que por tanto no tenía miedo de «plantear preguntas a Jesús». Juan es «el silencioso que conoce el intercambio de corazones». Felipe es el hombre «realista y con sentido práctico», y al mismo tiempo «dispuesto a acoger las peticiones y súplicas, vengan de donde vengan». Tomás es una persona «franca» y Natanael, el justo prudente que aprende a fiarse. Todos distintos entre ellos. Pero «Jesús llama a sus discípulos y colaboradores de los más diversos estratos sociales y religiosos, sin exclusiones. A él le interesan las personas, no las categorías sociales o las etiquetas». «El grupo de los Doce es la prefiguración de la Iglesia, en la que deben encontrar espacio todos los carismas, pueblos y razas, así como todas las cualidades humanas, que encuentran su armonía y su unidad en la comunión con Jesús».

El cambio
Cada detalle de la historia de los apóstoles es utilizado por el Papa para obtener una «enseñanza para nosotros». El método, sin embargo, no es el de la deducción mecánica de principios morales, sino el de la identificación. Se trata por tanto de reconocer en la historia única de la relación entre Cristo y sus apóstoles los rasgos de una amistad que podemos y debemos encontrar en nuestra historia personal. Benedicto XVI los explicita cuando habla de Tomás, que pregunta a Jesús durante la última cena, proporcionándole así la «ocasión para pronunciar la célebre definición: “Yo soy el camino, la verdad y la vida”». Comenta el Papa: «Por tanto, es en primer lugar a Tomás a quien se hace esta revelación, pero vale para todos nosotros y para todos los tiempos. Cada vez que escuchamos o leemos estas palabras, podemos ponernos con el pensamiento junto a Tomás e imaginar que el Señor también habla con nosotros como habló con él».
Partiendo de la identificación, la enseñanza de Cristo a los apóstoles –y por tanto a nosotros– se vuelve más clara y tierna incluso en sus exigencias más radicales. Benedicto XVI pone de manifiesto que para los apóstoles (y cada uno según su personalidad particular, su situación existencial, su bagaje cultural) seguir a Cristo significa encaminarse hacia el cambio. Pedro debe corregir su visión de un «Mesías que realice las expectativas de la gente imponiendo a todos su poder»; y justamente él mismo, «el jactancioso, aprende, a costa suya, la humildad». Santiago el Mayor, «que al principio había pedido sentarse junto al Maestro en su reino, fue precisamente el primero en beber el cáliz de la pasión» en el martirio. Mateo comprende que «no se puede admitir el apego a lo que es incompatible con el seguimiento de Jesús» y Simón, de «celo ardiente por la identidad judía», es capaz de superarlo en nombre de la universalidad de la amistad de Cristo, hasta el punto de convertirse en amigo de Mateo, con respecto al cual se encontraba política y culturalmente «en las antípodas»; «Jesús mismo es el motivo de cohesión».

El misterio de la elección
Solo hubo uno entre los apóstoles que no aceptó el cambio requerido por la amistad que por su parte Cristo nunca redujo, ni siquiera en el momento mismo de la traición: Judas Iscariote. También su historia tiene mucho que enseñarnos. Sobre todo que «es un misterio su elección», porque «las posibilidades de perversión del corazón humano son realmente muchas». Pero Dios no se detiene ante nuestros límites: «En su misterioso plan de salvación, Dios asume el gesto injustificable de Judas como ocasión de la entrega total del Hijo por la redención del mundo». Redención en la que nosotros también participamos: «aunque en la Iglesia no faltan cristianos indignos y traidores, a cada uno de nosotros nos corresponde contrarrestar el mal que ellos realizan con nuestro testimonio fiel a Jesucristo».
Terminados los «pequeños retratos» de los doce apóstoles, las catequesis de Benedicto XVI continúan con «otros personajes importantes para la vida de la Iglesia primitiva», en primer lugar san Pablo. Pero nosotros nos detenemos aquí. Nos basta con haber ofrecido una pequeña muestra y haber animado a la lectura de estos textos.

 
 

Créditos / © Asociación Cultural Huellas, c/ Luis de Salazar, 9, local 4. 28002 Madrid. Tel.: 915231404 / © Fraternità di Comunione e Liberazione para los textos de Luigi Giussani y Julián Carrón

Vuelve al inicio de página