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Huellas N.8, Septiembre 2002

BREVES

Cartas

EEUU
Espiritualmente judíos

He tenido el honor de recibir por medio mi alumno y amigo, Andrea Pin, la entrevista de don Giussani sobre el fin de las divisiones entre judíos y cristianos, recientemente publicada en Libero (en este número de Huellas, pp. 54-57; ndr). Comparto con entusiasmo la opinión de mons. Giussani, según la cual dentro de 60 o 70 años, o tal vez menos, estas divisiones pertenecerán al pasado. Sin embargo, me permito añadir que el fin de las "divisiones" entre nosotros no ha de entenderse como un poner fin a las "distinciones" e incluso a las "separaciones formales" basadas en una conciencia de perspectivas o expectativas escatológicas diferentes.
Existen, y persisten, diferencias religiosas y espirituales fundamentales entre los cristianos, toda clase de cristianos, y los judíos, toda clase de judíos. En mi opinión, cada uno de estos y aquellos elabora un "proceso de pensamiento" distinto en la gran economía del pensamiento humano, teniendo siempre como objetivo el pleno cumplimiento de la Verdad, que es la gran promesa de la era mesiánica. Con todo, hasta aquel Santo Día no debemos ni mucho menos permitir a nuestras diferencias y separaciones, aunque avaladas por la tradición, se consideren una división, en sentido ontológico, entre los judíos, los cristianos u otras religiones, incluidos los musulmanes y los hindúes, o los ateos. A través de nuestras tomas de posición, no debemos abrir una grieta en la humanidad que Dios mismo no ha querido, al crear a todos los seres humanos como un solo Adán, judío, para una sola "humanidad". ¡Gracias CL por vuestra claridad! Vosotros para mí sois "espiritualmente judíos", aún cuando, por gracia de Dios, mantengo mi distinción.
Michael Shevack
Rabino de Nueva York


ISRAEL
Este amor por el mundo

Os llevamos en el corazón aquí, con nosotros. Es como si estuvierais presentes en Israel, porque una experiencia como la que hemos vivido juntos en el Meeting ¡es algo que nos acompañará para siempre! Mientras dejábamos el mar de Rímini y luego el verdor de Umbría, mientras con la mirada nos despedíamos de Roma, que desde lo alto se hacía cada vez más pequeña y lejana, mientras aterrizábamos en Tel Aviv con miles de pensamientos y ansiedades antiguas que volvían al alma, seguíais estando en nuestros ojos, nos acompañabais en silencio con miles de imágenes inolvidables. Y ahora en casa, en Galilea, todavía os guardamos en nuestra memoria intensamente vivos. Llevamos en la mirada vuestros rostros que nos parecía conocer desde siempre, custodiamos ciertos ojos lúcidos, la mirada cristalina colmada de un interés profundo y sincero de tantos de vuestros maravillosos hijos, que se nos acercaban para preguntar con entusiasmo y escuchar atentos. Todavía nos parece sentir en la piel el calor de vuestro afecto, guardado en el alma como una caricia o un fuerte abrazo, y escuchar las palabras de ánimo, solidaridad y comprensión que habéis querido expresarnos. Gracias amigos, gracias pueblo de CL por haberos dado cuenta de que somos verdaderamente hermanos. Gracias al Santo Padre, vuestra noble Guía, que os ha ayudado a reconocernos. Gracias a vuestro incomparable don Gius que os ha abierto miles de puertas hacia el amor, que llena de luz vuestros espíritus. Gracias por habernos permitido compartir un evento admirable: la atmósfera de amistad y de empatía que infundís a vuestro alrededor, las muestras extraordinarias y conmovedoras, perfectas en su mensaje y en la estética, los voluntarios, las azafatas, los farolillos, los colores, las veladas de conversación, vuestras sonrisas sinceras que dan esperanza. Gracias por habernos llenado de energía y positividad. Estar con vosotros era como estar en una isla protegida de los males del mundo, como estar en casa: la estrella de David que llevo siempre al cuello y que me había quitado al llegar a Italia reapareció serenamente en mí, después de algún tiempo junto a vosotros. Que Dios os bendiga y acompañe siempre, que siga susurrando en vuestros corazones este amor por el mundo: este sentimiento sencillo y puro por todas las cosas, a fin de que la humanidad pueda continuar gozando de su belleza y contemplarla con alegría.
Angelica y YehudaCalò Livnè,
Kibbutz Sasa, Alta Galilea


CHILE
Trabajo y solidaridad

Un hombre sin trabajo es un espectáculo muy desolador, no sólo porque no cuenta con los medios materiales para cubrir sus necesidades, sino más bien porque es como si de improviso su relación con la realidad se cerrase, casi insinuándole que no se merece participar en ella. Porque cuando se pierde el trabajo, surge un sentimiento de frustración e injusticia. Al principio, uno se defiende culpando a los otros de incomprensión y falta de valoración de su esfuerzo, pero poco a poco ese sentimiento deja espacio a una percepción de sí mismo negativa y disminuida, que produce desidia y apatía. En consecuencia, la cesantía es un grave atentado a la dignidad humana, que en definitiva se cimienta sobre un valor último que no viene de nuestras capacidades y aptitudes, pero que se hace evidente cuando las expresamos. Trabajo desde hace cuatro años como secretaria en un colegio de la comuna de San Bernardo. He podido conocer a muchas personas en esta situación, y en todas hay huellas de esta violencia de nuestros tiempos que es la cesantía. Por otra parte, no basta organizarse para ubicar laboralmente a estas personas. Es necesario involucrarse con cada uno y sus circunstancias. Es muy frecuente que cuando recomiendo a una persona para un trabajo sin haberla contactado personalmente, no se quede mucho tiempo en el puesto o no responda a lo que se le pide. Esto sucede porque si no existe una mínima relación con alguien a quien responder, aunque sea negativamente, todo esfuerzo se diluye en nuestras propias impresiones de las cosas. Puedo decir que esta modesta bolsa de trabajo puede llamarse Centro de Solidaridad, pues además de buscar trabajo trata de acompañar en este difícil proceso de reinserción laboral.
Paula, Santiago

ARGENTINA
Ese porte

He tenido la oportunidad de ver una grabación de los ensayos e interpretación de El Moldava de B. Smetana, a cargo de Ferenc Fricsay. La belleza que hay en este video me incita cada vez más a mostrarlo, a "enseñarlo". El destino trágico que signa a Fricsay -afectado por una enfermedad terminal - despierta su pasión por el tiempo fugitivo, por la realidad inabarcable, por el río Moldava que, como la vida, pasa. A medida que el video transcurre, a medida que los ensayos se suceden, la belleza no está solo en la música. Veo los ojos asombrados de Fricsay, abiertos como los de un niño que descubre la vida en un santiamén. Posee la postura que otorga la enfermedad, esa actitud que aúna grandeza y humildad. Ese porte es el que reconozco en mi padre desde que enfermó: es una postura bella, atractiva, porque es la del hombre verdadero. El hombre reacciona a su debilidad, entiende que de él nada depende y es allí donde la libertad llega como el aire fresco que con cortesía acaricia la vida. Entonces el talante cambia, la seguridad de ser nada reafirma la conciencia de ser hecho. De allí que la belleza de la vida no sea nostalgia para aquel que de ella se aleja, sino la certeza de que todo lo que vivimos no está abocado a la nada y que existe un misterio apasionante. Existe alguien que ama mi destino y que, increíblemente, lo ama a pesar de mi nada. La enfermedad, el dolor, despiertan nuestro yo, existimos. Espero que para todos aquellos que tengan la oportunidad de ver esta filmación signifique un nuevo impulso para vivir con pasión, con esta mirada sorprendida de quien descubre que la vida no es algo que se da por descontado. Cada uno estamos llamados a, uno por uno, para reconocer el misterio que su belleza evoca.
Luis María, Buenos Aires


ESPAÑA
Nos da la vida

El día 21 de Julio falleció mi padre. Fue una dura pero significativa experiencia para mí y también para mi marido, que le quería mucho. Estaba ya muy enfermo, tanto que habíamos ido con los niños el fin de semana anterior para poder verle aún con vida.
Tres días antes de su muerte, que ocurrió en domingo (día de la Resurrección) me llamaron de Asturias con urgencia. Esa misma noche estaba allí, y junto a mis seis hermanos y mi madre estuvimos en torno a su cama, día y noche, los tres días. He reconocido de nuevo que el tiempo es de Dios y que su designio sobre nosotros es misterioso pero bueno. No resulta fácil comprenderlo cuando estás viendo agonizar a tu padre, porque el dolor es tremendo y uno se llena de pretensiones sobre cómo deberían ser las cosas. Pero la petición que brota ininterrumpidamente consigue finalmente la gracia de aceptar todo tal como sucede, como un misterio permitido por Alguien que quiere a mi padre infinitamente más que yo. Tuvimos además el regalo de poder estar con Bernabé, un amigo sacerdote que se recorrió 1000Km en un día para concelebrar en el funeral y recibirle en el cementerio. Verle allí en el altar era recordar a Quién pertenecemos, sentirse verdaderamente, carnalmente abrazados por una compañía que nos da la vida.
Belén, Madrid

Un destino bueno
Querido don Giussani: Mi padre, ya viudo de 76 años, llevaba unos meses sufriendo una grave herida diabética en proceso necrótico, que implicaba la inminente amputación de su pie derecho en una operación de alto riesgo y sin buen pronóstico. Ante este dolor, lo primero que surgía en mí era tu rostro paternal diciéndome a mí y a mi padre: «Hombre, no llores... existe una mirada que os penetra hasta los tuétanos... nada puede impedir la seguridad de un destino misterioso y bueno». Las entrañas de la Virgen, en las que se encarna Cristo, eran para nosotros estas circunstancias. De inmediato me sorprendí a mí mismo pidiendo con un ímpetu que nunca imaginé: «Veni, Sancte Spiritus, veni per Mariam..., Señor, ayúdame a reconocer la positividad de esta prueba». Y vino también a mi memoria el rostro bueno, lleno de esperanza, de mis amigos, de la compañía que Cristo que me ha donado a través de ti. Como de la Gracia nace la audacia, le propuse a mi padre que se confesase y comulgase después de más de quince años. El domingo 11 de agosto a las 18:20 horas fui testigo de un milagro: mi padre y el padre Antonio hablaron durante casi una hora y, por si fuera poco, Antonio nos invitó a todos los que estábamos en casa a participar en familia de la comunión de mi padre. Mientras él lloraba como un niño, mi sobrina y yo respondíamos las palabras de la liturgia, intentando disimular el olvido de mi padre. Antonio, en cambio, le pidió que respondiera; como no sabía hacerlo, él le enseñaba: «Señor, no soy digno...», palabra por palabra. En el momento mismo de la comunión, lloró nuevamente; su mirada era la más hermosa que nunca había visto en él. En ese momento dijo; «Tengo derecho o no?»; Antonio le respondió: «A lo único que no tienes derecho es a preguntar si tienes derecho»... entonces comulgó. Yo contemplaba lleno de estupor la presencia de Cristo Eucarístico, victorioso en las manos de Antonio, en el corazón de mi padre y de cada uno de nosotros. Al terminar, quiso levantarse para despedirse, pero ante la negativa de Antonio, mi padre le dijo: «Quiero abrazarlo». Se puso en pie, abrazando al sacerdote, a Cristo mismo. Es cierto: todas las circunstancias son positivas y «el Verbo habita entre nosotros». Lo único que atino a decir después de esta maravilla es: «Tus hijos nos quedamos en esta compañía». Finalmente te pido perdón. Cristo vence y aquí me tiene dando testimonio de Su presencia. Tu hijo.
Hugo, Santiago de Chile

Fútbol Oportuno
Todavía no sé muy bien qué es lo que me mueve a escribir, tal vez sean las ganas de dejar un testimonio que pueda servir a otros. Formo parte de un programa de voluntariado en la Casa de Rehabilitación de Chicos "Virgen de Caacupé", donde una vez al mes suplimos a los responsables de la Casa, Pedro y Pepito, ayudándolos en la tarea de acompañar, cuidar y educar a los muchachos que viven allá. Nuestra labor comienza el sábado a las 14:30. Y nos retiramos el domingo hacia el medio día, pasando la noche en la casa. Cuando Pepito me invitó a formar parte del programa, mi reacción fue decir que no tendría tiempo, que no podría dejar mi casa, etc. Pero, pensándolo un momento pude contener esos pensamientos egoístas y cómodos, pude dar un "sí", ¡un poco tímido pero "sí" al fin! Luego fui tomando conciencia de la decisión que acababa de tomar y empecé a entusiasmarme; siempre había visto como un espectador los gestos del Movimiento y esta era la oportunidad de involucrarme, de ser protagonista de mi vida, de mancharme las manos. Mis primeras "guardias" fueron un poco difíciles, sobre todo con algunos compañeros que me asignaron (podría haber elegido mi grupo, mis amigos, pero quise que mi disponibilidad fuera completa). Con el paso del tiempo, se me iba haciendo más fácil ir a la Casa, siempre luchando contra mí mismo y mi dificultad para abrirme a nuevas amistades. El momento crítico llegó el día del debut de mi equipo en el mundial: ocurre solo cada cuatro años (¡eso si clasificamos!) y, bueno coincidía con mi turno; fanático como soy de la albirroja, tuve que pensarlo mucho antes de decidir si ir ese día o no. Había muchos planes para ver ese partido. Me dije que podría conseguir un sustituto, alguien que no "respirase fútbol". Pero al fin me decidí y opté por seguir el camino que había empezado. En el momento me costó, pero luego experimente el céntuplo. Quedó grabada en mi memoria la experiencia de vibrar con esos muchachos el primer partido de la selección en el mundial. Soy yo el que gana yendo a la caritativa, venciendo mi propia comodidad; soy yo el que crece, el que mirando hacia atrás, puede ver el camino recorrido. Como dice don Gius: «A medida que vamos madurando, nos convertimos un espectáculo para nosotros mismos y, Dios lo quiera, también para los demás».
D., Itaugua, Paraguay

Notas de Ionesco
En 1997 pasé unos meses en Italia. Una amiga mía trabajaba en su tesis sobre Ionesco, el padre del teatro del absurdo. Ya anciano se convirtió al cristianismo. En un diccionario italiano leí cómo acusaban a esta conversión de ser el resultado de una demencia senil. Era la única explicación que su grupo de admiradores y colegas podía dar sobre esta decisión. Traduzco aquí algunas notas tomadas del material que me facilitó esta amiga. «No logré jamás habituarme completamente a la existencia, ni a la del mundo, ni a la de los otros, ni siquiera a la mía. Me pasa que siento de repente que las formas se vacían de contenido, la realidad se vuelve irreal, las palabras no son más que rumores privados de sentido; las casas, el cielo, nada más que una forma de la nada; las personas parecen moverse de modo automático, sin razón; todo parece volatilizarse, todo es amenazado -incluso yo mismo- por el precipitarse inminente, silencioso, yo no sé en qué abismo, del día o de la noche. Le digo a mi mujer que no poder caminar, tener encima tantos males, me hace la vida repugnante, que ya no entiendo la necesidad ni el sentido. ¿por qué razón puedo vivir? Rodica me responde: "para amarme". Una sola palabra y todo el ánimo cambia, voy a descubrir el sentido de la vida: el amor. De improviso entiendo lo que había olvidado: la vida está hecha para amar, este es su verdadero significado. Y de repente amo a Jesús, vuelvo a ser creyente y todo se torna luz. ¡Cómo había podido olvidar a Dios!, desde el momento que se ama a un ser, se ama todo el Ser. »
Luis M., Buenos Aires

Un mar de bien
Querido don Giussani: Mi madre ha muerto hace poco. Una amiga me dijo que a través de nosotros pasa un mar de bien para los hombres. Y así lo es para mí. Con gran tristeza estuve ordenando algunas cosas suyas y recordando los momentos en que estuvo sola y desorientada. Me dije que no podemos dejar a nadie en la soledad y la confusión. ¡Por una sola persona valdría la pena hacer todo! En los últimos minutos le dije a mi madre que lo que venía era precioso y que por eso no tenía que tener miedo, y que íbamos a ser amigos para siempre. Es impresionante que se me haya comunicado esta certeza. En mi vida pasa lo que usted dice: «El que camina junto a ti te dice con certeza aquello para lo que estás hecho, ¿y sabes lo que te dice?: "Soy yo, pero no yo como me ves aquí, sino yo que en este momento estoy dando la vida al universo" y por lo tanto, con Su ayuda lo alcanzaremos, sorprendiéndolo mientras está haciendo nacer todas las flores del mundo y haciendo surgir todas las montañas del mundo, extendiendo todos los lagos, todos los lagos del mundo y distribuyendo todas las estrellas, todas las estrellas del cielo». Por eso siento una gratitud inmensa por la compañía a través de la cual está presente la gran Presencia, que es la única capaz de otorgar esta certeza.
Alfredo, Santiago de Chile

Al regresar de Picos
En la asamblea que tuvimos en las vacaciones de los bachilleres en Picos de Europa sentí la necesidad de contar lo que me ha sucedido y el cambio que experimento, pero no lo hice. Al llegar a casa, pensé: de la manera más sencilla, sin apenas darme cuenta, Cristo me ha cambiado la vida por completo. Hace ya casi cuatro años conocí unos amigos majísimos; hoy, profundizando en mi relación con ellos y comprendiendo qué es lo que nos une, puedo decir que son mis amigos con mayúsculas. Aparecieron ante mí vidas, increíbles de personas concretas, y cada día mi vida es un nuevo reto para mí, una nueva ocasión de ir al fondo de todo lo que me sucede. Me doy cuenta de que mi vida sirve para algo, que se puede ser feliz todos los días suceda lo que suceda. También he pasado momentos duros y difíciles, de grandes dudas sobre el camino que tomaba, pero haciendo un juicio sobre aquellas situaciones, compruebo que me han enseñado mucho. Con mis padres y el estudio también ha sucedido algo que solo de Él puede venir; ahora no cambio por nada el pasar tiempo con ellos y hasta a veces disfruto estudiando. Además, no siento ningún miedo a lo que me pueda suceder dentro de uno o dos meses. Puedo decir que tengo la certeza de que es Cristo quien me ha cambiado, así que nunca me voy a ir de aquí.
Tamara, Coslada

Mirco y los amigos
Hace dieciséis años, uno después de haber conocido el movimiento en Madrid, me casé con un militar francés y me fui a vivir a Francia. Durante este tiempo han ocurrido cosas bellas (los hijos, la vida en pareja, los amigos) y otras menos agradables (la enfermedad, la soledad). Peor gracias a la amistad antigua y a la que nació con los amigos de los países francófonos vuelvo a mi país con mi familia con una esperanza y una alegría que vienen de lago más grande que yo. Hasta hace siete años no pude empezar a hacer Escuela de comunidad de una manera periódica. Allí Mirco, un italiano asentado en Francia desde hace diez años, me guió aceptándome como soy. Durante este tiempo ha venido a verme a los distintos sitios donde residí con mi familia (viajando cada vez 1000 km entre ida y vuelta). La amistad con Mirco y las personas de la Diaconía francesa me hizo ver que Dios me ama y que me quería donde estaba en los numerosos cambios de ciudad. Esos cambios me han dado la posibilidad de conocer otras "caras" de la Iglesia y ver la paternidad de algunos obispos. He conocido al obispo de Verdún, en donde vivo ahora, y me dijo que leía siempre Trace (la edición de Huellas en lengua francesa) que yo le llevaba, y que apreciaba hacer conocido el Movimiento.
Silvia, Madrid

Un nuevo inicio
A las vacaciones de Segovia no fui con mis amigos más próximos. Cuando la primer noche Rafa me hablaba de su incomodidad por el hecho de no conocer casi a nadie de entre 300 personas, le respondía que yo venía a las vacaciones porque eran un lugar donde se me recordaba lo verdadero. Aclarar desde el principio este punto fue decisivo porque nos unió. Ya no estábamos pendientes del estado de ánimo, ni de estar a la altura de las circunstancias. Éramos gente sin prejuicios y resultaba muy sencillo serlo en un lugar que nos decía la verdad. Loli lo expresó muy bien cuando preparábamos la asamblea. Había descubierto que lo teníamos todo. ¡Qué mirada tan limpia tuvo Loli en ese momento! Asistíamos a la caída de un prejuicio por adhesión a la verdad, y le dije que eso nos serviría para toda la vida: cuando tenemos una imagen de lo que queremos y reconocemos que lo que existe nos corresponde mucho más que la imagen que nos habíamos forjado. Porque el dato era indiscutible: estaba contenta. Todos lo estábamos. De hecho, si algo voy a recordar de estas vacaciones, son las risas, alegres como una cascada. Una noche, durante la cena, de repente caí en la cuenta y dije: «¿Es que no lo veis? En este lugar todo es para ayudarnos, para favorecer el encuentro con cristo. El encuentro personal, el de cada uno, allí donde nadie puede entrar y manipular a su gusto». No me esperaba que estas vacaciones fuesen "para mí". Tengo serias dudas de que a alguien tan insignificante como yo pueda pasarle nunca nada. Estar juntos es la posibilidad permanente de una reconciliación.
Caty, Madrid

 
 

Créditos / © Asociación Cultural Huellas, c/ Luis de Salazar, 9, local 4. 28002 Madrid. Tel.: 915231404 / © Fraternità di Comunione e Liberazione para los textos de Luigi Giussani y Julián Carrón

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