Con todos mis respetos a Platón y a todos sus seguidores, que siguen siendo hoy numerosos, la belleza no es la idea de lo bello. El objeto de la estética es la percepción, no un concepto, y no hay nada más concreto que la belleza, cuya contemplación no tiene lugar en la estratosfera, sino aquí y ahora, en el mundo, a través de los sentidos. Por esta razón en esta antología, inspirada en la frase «el sentimiento de las cosas, la contemplación de la belleza», no encontraréis casi nunca citas de filósofos profesionales, sino más bien de poetas, artistas o escritores. Personas para quienes la belleza no es materia teórica, sino el estímulo, la sacudida o la caricia que la realidad concede a menudo a quien no desvía la mirada de las cosas y de los rostros. Pero la potencia de la belleza es tal que con frecuencia asume las características de una auténtica epifanía, de una aparición repentina que puede suceder incluso en medio de la rutina cotidiana. Una auténtica impresión que nos provoca suscitando en nosotros ese anhelo de un más allá, sofocado por el cacareo ensordecedor que nos rodea. Es lo que sucede, por ejemplo, en la poesía A una transeúnte de Baudelaire: «La calle ensordecedora me rodeaba con su estrépito. /Una mujer alta, sutil, de luto, en un dolor inmenso, / pasó alzando y agitando/ con mano fastuosa el extremo y el borde de su falda/ (...) un destello... ¡después la noche! - belleza fugitiva/ de mirada que me ha hecho en el acto renacer./ ¿te volveré a ver sólo en la eternidad?». La sacudida de la belleza vuelve a despertar también esa promesa de felicidad, ese deseo de infinito que se alberga en cada hombre. Y, una vez más, es un poeta, Rainer María Rilke, quien nos regala las palabras más intensas para describir esa emoción que nos embarga y cuya intensidad es tal que a menudo no logramos expresarla con palabras, un poeta que no capta esa felicidad y esa belleza en un platónico "mundo de las Ideas", sino en la tierra, nuestra tierra: «Y nosotros que pensamos la felicidad/como un ascenso, tendremos la emoción/casi desconcertante/ de que cuando algo es feliz, cae».
«Lo que yo entiendo por belleza, y es la única que me interesa, me toca y me conmueve, es una emanación interior armonizada con la forma externa»
(Mario Luzi, Entrevista a Doriano Fasoli, Radio Tres)
«Tanto amor hay en el corazón/ que decimos: todo es bello, / hasta el hombre y su mal, /hasta lo que de mí me duele».
(Umberto Sala, Canzoniere)
«Si no reconoces la joya en la piedra rodeada de hilos de oro, puede suceder que te laves las manos tan a menudo que destiñas los pensamientos que se te han confiado»
(Emily Dickinson, Poemas)
«He visto cosas muy hermosas gracias a la perspectiva diferente que me sugiere mi perenne insatisfacción, y lo que me consuela es que no renuncio a observar»
(Edgar Degas, Escritos)
«El color de cada cosa nos conmueve como una armonía; nos dan ganas de llorar viendo que las rosas son rosas o, si es invierno, distinguiendo en el tronco de las plantas los diversos tonos de verde casi reflectantes; y si un haz de luz ilumina esos colores, como, por ejemplo, al atardecer, cuando el lila blanco hace resaltar la misma blancura, nos sentimos inundados por la belleza».
(Marcel Proust, En busca del tiempo perdido)
«No hay duda de que en otra parte existen los atardeceres. Pero incluso desde este cuarto piso sobre la ciudad se puede pensar en el infinito. Un infinito con almacenes debajo, es verdad, pero con estrellas en el horizonte»
(Fernando Pessoa, El libro)
«El abandono ante las cosas y la apertura al misterio se pertenecen el uno al otro».
(Martín Heidegger, El abandono)
«La verdad, manifestada por la belleza, es enigmática; no puede ser ni descifrada ni explicada con palabras, pero cuando un ser humano, una persona, se halla junto a esta belleza, se topa con esta belleza, está delante de esta belleza, la verdad hace sentir su presencia, al menos con los escalofríos que recorren nuestra espalda. La belleza es como un milagro del cual el hombre se convierte involuntariamente en testigo. Todo está ahí».
(Andrei Tarkovskij, Entrevista en Poiesis)
«Una vez, al asomarme a la ventana, la revelación de la poesía se personificó para mí en un gran almendro en flor, inmaculado bajo el deslumbrante resplandor de la luna llena».
(Sergio Solmi, Meditazioni e ricordi)
«Sino porque estar aquí es mucho, y porque parece que nos necesita todo lo de aquí, esto que es efímero, que nos concierne extrañamente. A nosotros, los más efímeros».
(Rainer María Rilke, Elegías de Duino, IX)
«Sólo soy un hombre, necesito los signos sensibles, construir escaleras de abstracciones me cansa enseguida. Despierta, pues, oh Dios, un hombre en cualquier lugar de la tierra y permite que mirándole yo pueda admirarte a Ti».
(Czeslaw Milosz, El pensamiento cautivo)
«Agradecía a Dios el haberme creado artista para amar todas las formas en que Él se manifiesta, y llorar exultante y jubiloso ante ellas».
(Boris Pasternak, Mi hermana la vida)
«La belleza es la apariencia manifiesta de la realidad»
(Simone Weil, Cuadernos)
«El hombre no puede prescindir de la belleza, y nuestra época finge querer ignorarlo. No ve lo bello porque se endurece para alcanzar el absoluto y el dominio, quiere transfigurar el mundo antes de haberlo agotado, ordenarlo antes de haberlo entendido. En todo lo que dice, deserta de este mundo».
(Alberto Camus, El extranjero)
«La belleza se esconde en cada pliegue del mundo, aun en los lugares más inimaginables. Captarla significa abrirse a las riquezas de la vida.
Y también comprender la responsabilidad».
(Elaine Scarry, Acerca de la belleza)
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