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Huellas N.6, Junio 2002

EEUU

Una nueva afectividad

Filippo Santoro

Proponemos un artículo del obispo auxiliar de Río de Janeiro acerca del celibato eclesiástico, publicado en el diario brasileño O Globo el 4 de mayo

«La vida del hombre consiste en el afecto que principalmente le sostiene, en el cual encuentra su más grande satisfacción» (Sto. Tomás de Aquino). Lo que buscamos en la vida es la completa satisfacción del deseo del corazón y de los interrogantes de nuestra razón. En cada cosa buscamos una felicidad plena y verdadera. Cuando sucede un encuentro que nos ofrece los indicios de una respuesta real y plena, nosotros, especialmente en los años de la juventud, entregamos nuestra vida a este encuentro. El factor que mueve la vida es llamado por San Agustín "pasión dominante" y "placer vencedor" (delectatio victrix). El celibato, que normalmente se plantea en un sentido negativo como "no casarse", está ligado a una pasión dominante suscitada por un encuentro excepcional y fascinante. Se trata de la experiencia que hicieron los apóstoles cuando encontraron a la persona de Jesús por los caminos de Palestina y que nosotros podemos hacer hoy encontrando su anuncio y a sus testigos. La Iglesia llama a esta experiencia de entrega total a Cristo, que prevé la forma concreta de no contraer matrimonio, "virginidad". Esta experiencia - la realidad más radical y anticonformista que se pueda pensar - entra en el mundo no por razones éticas y sociales, sino como fascinación por la persona de Cristo y como deseo de seguirle plenamente en su amor apasionado hacia todos.
Él llama a algunos para que den testimonio al mundo de su misma modalidad de amar: un amor gratuito y no posesivo y, al mismo tiempo, lleno de pasión por el verdadero bien del otro. Esto ha supuesto el sacrificio y la cruz. Así la virginidad no es una experiencia de frustración, de miedo, o de renuncia a amar; es, por el contrario, la relación con las personas y la posesión de las cosas según el modo y la sensibilidad de Cristo. La virginidad supone una distancia y un sacrificio, pero en su raíz es una posesión nueva de las cosas; es el modo de amar propio de Cristo, que Él ofrece gratuitamente a aquellos que llama.
El celibato de los curas se fundamenta en esta experiencia de vocación y de don de sí y es una profunda elección de la libertad, de respuesta al don que Cristo hace a través de su llamada.
La Iglesia confía el sacerdocio ministerial a las personas que libremente eligen dedicarse a Cristo y a la felicidad de los hermanos con toda su vida. Así, en el transcurrir del tiempo la Iglesia se ha orientado a elegir a los "candidatos" al sacerdocio entre aquellos que libremente han decidido una consagración total a Cristo. Celibato y ministerio está profundamente unidos en la persona de Cristo. La relación entre el ministerio sacerdotal y el celibato por tanto no es simplemente una disposición eclesiástica, sino una profunda "convivencia" de orden sustancial y teológico, que, a la vez, ha dado origen a la "decisión" eclesiástica como una verdadera conquista asumida en el tiempo. Quienes piden revisar esta "decisión" están sencillamente dando un paso atrás en el tiempo, pagando una inadmisible "deuda" al exasperado permisivismo sexual de nuestra sociedad secularizada.
En este contexto se hace claramente necesaria una formación adecuada que eduque la afectividad y la sexualidad como elementos esenciales de la persona y valore la capacidad de darse de un modo total y gratuito. Los innumerables ejemplos de amor desinteresado y heroico al servicio de los pobres, de los enfermos, de la educación de los jóvenes a lo largo del tiempo, no son empañados en lo más mínimo por un limitadísimo porcentaje de casos deplorables presentados ampliamente por los medios de comunicación actuales.
Con relación a los escándalos por abusos sexuales del clero hacia menores, nos sirve la clara posición del Papa, al señalar que siempre es necesaria una atenta verificación de los casos y el respeto del derecho a la defensa de las personas implicadas. Lo más importante es una posición que una al indispensable sentimiento de paternidad de los pastores una total claridad de juicio, sin ocultar los hechos.
En el campo de la pedofilia es justo observar que las indagaciones más objetivas niegan cualquier relación directa con el celibato; la mayor parte de los casos se dan en personas casadas y tras las paredes de la propia casa.
Por tanto, frente a las "opiniones" sobre el celibato sacerdotal del cardenal Arns y de don Angélico Sándalo (que no representan la voz de la conferencia episcopal brasileña) y las orientaciones de Juan Pablo II, prefiero, por razones sustanciales, estar con el sucesor de Pedro.

 
 

Créditos / © Asociación Cultural Huellas, c/ Luis de Salazar, 9, local 4. 28002 Madrid. Tel.: 915231404 / © Fraternità di Comunione e Liberazione para los textos de Luigi Giussani y Julián Carrón

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