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Huellas N.9, Octubre 2001

PUERTO RICO

Vida puertorriqueña

Crónica del Conservatorio "Por qué ser cristiano dos mil años después", celebrado el pasado septiembre en el Salón Gran Atrio del Museo de Arte, con motivo de la presentación de Los orígenes de la pretensión cristiana. La intervención del Arzobispo de la Archidiócesis de San Juan

Albert Einstein decía que hay dos maneras de vivir la vida: vivirla como si nada de lo que nos ocurriera fuese un milagro o vivirla como si todo lo que nos ocurriera lo fuese.
Hace dos años, en una reunión que tuvimos en San Juan, a la que asistieron Mons. Lorenzo Albacete, el Prof. Giuseppe Zaffaroni, Raffaello Benetti, Daniel Aguilar, la Prof. Lottie Irizarry, el Prof. José I. Irizarry y S.E.R. Mons. Roberto O. González, Arzobispo de la Archidiócesis de San Juan, hablamos sobre la posibilidad de presentar el libro de don Giussani Los orígenes de la pretensión cristiana.
Nuestro Arzobispo había asumido recientemente la responsabilidad de dirigir la Archidiócesis y teníamos todos un especial interés en que participara en la actividad. Para ese entonces él era también Administrador Apostólico de la Diócesis de Corpus Christi, Tejas, EEUU. Esto lo obligaba a estar atendiendo constantemente los asuntos de Puerto Rico y Tejas, lo cual le dejaba muy poco tiempo libre para otros menesteres. Esta circunstancia lo llevó a pedirnos que pospusiéramos un año la celebración del acto. Y así se hizo.

Manos a la obra
Cuando se estableció la fecha, nos dimos a la tarea de realizar todo lo adicional que faltaba y que no era poco. Teníamos que elegir dos ponentes y también el lugar donde se celebraría la actividad, que debería ser un ambiente de acuerdo con la naturaleza de lo que nos proponíamos. Obviamente, para que la iniciativa resultara exitosa, necesitábamos realizar unas gestiones efectivas de promoción.
Para acompañar al señor arzobispo, seleccionamos al licenciado en Derecho, Rafael Hernández Colón, ex gobernador de Puerto Rico durante tres términos, con unos méritos intelectuales y culturales fuera de lo común. También invitamos a la doctora Carmen Dolores Hernández, una distinguida crítica literaria. Ambas personas aceptaron la invitación y dijeron sentirse muy honrados por la invitación.

La promoción
El Club Rotario de Moncillos se ofreció como coauspiciador. Para el lugar pensamos en las recién inauguradas instalaciones del Museo de Arte, que albergan uno de los más importantes museos del país, y cuyo salón tiene un aforo de 400 personas. Al hablar con la Directora Ejecutiva del museo sobre la actividad, se interesó mucho en la misma y nos propuso coauspiciarla. Siendo el museo coauspiciador, no cobró por le uso de los salones.
Realizamos unas gestiones de promoción con los 176 párrocos y las 75 escuelas católicas de la Archidiócesis de San Juan. Además, el periódico, las dos radioemisoras y la televisora de la Archidiócesis anunciaron la actividad. También acudimos a otros medios de comunicación. El resultado fue llamativo: el bello Salón Gran Atrio estuvo repleto de personas. La radio católica de la diócesis transmitió en directo todo el diálogo.

Más que simple tertulia
Un acto que lleva por título "Por qué ser cristianos dos mil años después", llama mucho la atención, especialmente cuando se celebra ocho días después de la tragedia de Nueva York y Washington.
Después de los mensajes de bienvenida y la presentación de los ponentes, el Prof. Zaffaroni, quien ejerció como moderador, destacó en su introducción que esta iniciativa respondía al deseo de buscar una respuesta al interrogante planteado. Citando el libro presentado, señaló que «en dicha pregunta se juega hoy la cuestión religiosa: en cualquier caso, para cualquier individuo a quien alcance esta noticia, el simple hecho de que haya incluso sólo un hombre que afirme que "Dios se ha hecho hombre" plantea un problema radical e ineliminable para la vida religiosa de la humanidad» (p.44). Siendo así, alegó el moderador, «la actividad de esta noche no puede ser una simple tertulia. Por esa razón, están con nosotros tres puertorriqueños empelados con la realidad y los problemas de Puerto Rico».

Las ponencias
S.E.R. Mons. González ofreció un testimonio extremadamente vigoroso (que publicamos en estas páginas). Igualmente impactante fue el inteligente análisis del libro llevado a cabo por el Lic. Rafael Hernández, más aún sorprendente cuando quien lo ofrece es un curtido político, luchador de mil batallas, con muchos triunfos y derrotas, gobernador por tres términos.
Él enfatizó sobre todo el hecho que después de la Encarnación, el planteamiento religioso deja de ser un esfuerzo humano para entrar en contacto con lo sagrado y cambia a una presencia de Dios ante la humanidad. Dios ha venido a ser hombre y la religiosidad ya no depende de lo que pueda pensar o imaginar el ser humano, sino de la voluntad de éste de aceptar a Cristo como la revelación de Dios en la historia. Si es cierto que Dios se hizo hombre, entonces el camino de Cristo es el camino verdadero hacia Dios.
Carmen Dolores Hernández intervino a continuación. Comenzó con una reflexión acerca de los efectos sobre la humanidad de la catástrofe del 11 de septiembre en los Estados Unidos. Señaló que, ante una situación como esa, las respuestas del ser humano se muestran insuficientes.
Afirmando que Giussani en este libro parte del punto cero, es decir, de la relación del hombre con Dios, hizo un paréntesis para examinar la palabra "Dios", terminando con la equiparación de Dios con la experiencia de una trascendencia, cuya realidad es inaprehensible en su infinita variedad y riqueza y continuidad.

El hecho central
Citando Los orígenes de la pretensión cristiana, dijo que el cristianismo no es tanto una doctrina, sino un encuentro con un Dios que es trascendente, pero también histórico: con la segunda persona de la Santísima Trinidad. Continuó diciéndonos que ese es el hecho central del catolicismo ante el cual tenemos que tomar una posición. Afirmó que no se trata de un mito, ni de un símbolo, sino de una realidad histórica que no deja dudas - por los recuentos - de la pretensión divina de la persona que se llamó Jesús. Lo importante es aceptar la validez de la noticia o plantearse qué hacer con ella.

Interludio musical y ecos
Después de esta intervención tuvimos un interludio a cargo del Coro Sinfónico de Puerto Rico, que interpretó magistralmente cuatro espléndidas piezas de la tradición polifónica cristiana. La velada se cerró con una sesión de preguntas. Zaffaroni concluyó con una frase puesta casi al final del libro: el Destino no ha dejado solo al hombre. ¿Qué más deseamos que esta certeza?
La Iglesia existe para que acontezca de nuevo la fascinación no por un Cristo que existió, sino por un Cristo que acontece y está presente hoy.
¿Qué repercusión tuvo en la audiencia este encuentro? Baste con el comentario del P. Mario Mesa, OFM, amigo entrañable, pero con una gran capacidad de juicio imparcial: «Una respuesta [a los sucesos del día 11 de septiembre] desde la fe a esta hora del destino humano puede ser otro acontecimiento lúcido, vitalizador, abierto a una indecible esperanza, como es el que tuvo lugar en el atrio del Museo de Arte de Puerto Rico... La noche trascendió a una altura mental, teológica y estética de tal finura que no sé si en toda la historia de la Iglesia puertorriqueña se habrá fletado una velada de esta calidad que honra a la Iglesia de Cristo y a la mejor inteligencia del pueblo de Puerto Rico».


El imprevisto
Los primeros pasos de un Centro Cultural en la Universidad de Ponce

Anne Marie Salichs Ghigliotti

Al sur de Puerto Rico se encuentra la ciudad de Ponce, donde está localizada la Pontificia Universidad Católica. Semanalmente, un grupo de jóvenes universitarios asistimos a la Escuela de comunidad, donde se puede experimentar la presencia de Alguien que es más que nosotros. Discutimos temas tan profundos que anhelamos que todos los jóvenes universitarios escuchen y participen en nuestras conversaciones. De ahí surgió la idea de crear en el campus de nuestra universidad un centro cultural que lleva el nombre del beato puertorriqueño Carlos Manuel Rodríguez. De este modo conmemoramos la figura de alguien que en vida tenía una gran preocupación por la cultura cristiana. Este centro cultural «se propone contribuir a la formación integral del estudiante universitario, educándolo en el sentido del amor a la verdad y a la libertad. Pretende ser un lugar de encuentro, diálogo y comunión el cual ayude a descubrir la dignidad cultural de la fe católica y su capacidad de comprender, juzgar y valorar todos los aspectos de la vida y todas las expresiones de lo humano» (tomado del estatuto del Centro Cultural).
Este semestre, precisamente el 5 de septiembre, lo inauguramos con una charla sobre el beato Carlos Manuel Rodríguez ofrecida por S.E.R. Mons. Ricardo Suriñach, obispo de Ponce, y el Padre Mario Mesa, capuchino, postulador de la causa del beato y buen amigo nuestro. Wadi, un estudiante de matemáticas, abrió el encuentro, delante de más de cien personas entre estudiantes y profesores, expresando el deseo de conocer a Carlos Manuel no como otro mito más de los que está llena la historia de Puerto Rico ("ya no son quienes fueron, sino quienes nosotros queremos que sean"), sino como hombre real «que vivió la relación con Cristo en la universidad» y cuya vida fue cambiada por esta relación.
El P. Mario asumió el reto principal del encuentro, y nos habló de este joven, Carlos Manuel, gravemente afectado por una enfermedad durante casi toda su vida y que, sin embargo, vivió una intensa actividad de apostolado, llena de pasión por un Cristo que le hacía desear conocer y amar todo. Fue particularmente significativo escuchar que él hacía un uso de la razón como apertura apasionada a toda la realidad. Nada quedaba fuera de sus intereses: libros, teatro, cine y música. Y la gente, sobre todo los estudiantes, encontraban en él (que nunca pudo terminar su carrera universitaria) una ayuda para juzgar los contenidos fuertemente antirreligiosos y anticristianos que algunos profesores comunicaban en sus clases.
Mons. Suriñach aportó un testimonio sobre el clima cultural de aquellos años (finales de los años cincuenta y principio de la década de los sesenta). Luego recordó a todos que la santidad no es privilegio de unos pocos canonizados, sino una experiencia de humanidad verdadera que es posible en todos los tiempos y en todos los lugares, y que muchos santos caminan entre nosotros aunque no nos demos cuenta.

Hoy como hace 2000 años
La intervención de S.E.R. Monseñor Roberto O. González, Arzobispo de la Archidiócesis de San Juan, en la presentación de Los orígenes de la pretensión cristiana en San Juan de Puerto Rico

Este verano, apenas unas semanas, tuve la gran experiencia de participar en el famoso e impresionante "Meeting para la Amistad entre los Pueblos" celebrado anualmente en Rímini, Italia por Comunión y Liberación, y palpar personalmente la fuerza, la apertura, el entusiasmo, y la atracción de este movimiento fundado por Monseñor Giussani que, gracias a Dios, está presente aquí en Puerto Rico.
Saludo y abrazo cordialmente a los miembros del movimiento que están aquí hoy patrocinando este encuentro. Quisiera en particular agradecer la labor apostólica y el testimonio ofrecido por los miembros de los Memores Domini, que han venido como misioneros desde Italia y México abriendo una casa en la Pontificia Universidad Católica de Puerto Rico en Ponce, y que, Dios quiera, se preparan para abrir próximamente otra en la Archidiócesis de San Juan. A los que no están familiarizados con Comunión y Liberación, debo decirles que no pierdan esta oportunidad para conocer mejor este movimiento que, en mi opinión, es como una perfecta realización de la Nueva Evangelización a la cual nos llama la Iglesia hoy. Considero su presencia en Puerto Rico absolutamente importante para ayudarnos a responder a esta llamada del Santo Padre y los obispos. ¿Acaso la pregunta clave de la Nueva Evangelización no es precisamente la que sirve de tema a este encuentro hoy, a saber, por qué ser cristianos hoy, más de dos mil años después de Cristo?
Yo diría inmediatamente: se es Cristiano hoy por la misma razón que lo fue hace dos mil años, al principio de la propuesta cristiana. Y por eso la importancia del libro de don Giussani, porque nos lleva al principio, al origen de la propuesta cristiana, mostrándonos que sucedió realmente cuando de pronto un grupo de pescadores judíos dejaron absolutamente todo para estar junto a un rabino itinerante.
Don Giussani distingue claramente el sentido religioso de la fe cristiana. Los orígenes de la Pretensión Cristiana, subraya que la fe cristiana no es resultado del sentido religioso. La religión es una actividad humana, una búsqueda humana, mientras que la fe cristiana es otra cosa. La fe cristiana tiene su expresión religioso, es una manera de vivir el sentido religioso humano, de buscar la satisfacción del deseo en cada corazón humano por la felicidad absoluta. Pero, a pesar de expresarse como un fenómeno religioso y aparecer ser una religión más entre las religiones del mundo, la fe cristiana es otra cosa. Su veracidad y su valor no dependen de experiencias religiosas. Como nos demuestra don Giussani, muchas de las personas que siguieron a Cristo - los apóstoles, la Samaritana, Zaqueo, María Magdalena, el ciego de nacimiento - no eran personas profundamente religiosas. Al contrario, muchos eran pecadores o de otras maneras alienados de la religión oficial.
Se puede ser profundamente religioso y no ser cristiano. El cristiano puede expresar su fe a través de un lenguaje y de prácticas religiosas, pero estas no son la razón por las cuales el cristiano sigue a Cristo.
¿Porqué ser cristiano dos mil años después? Sea cual sea la verdadera respuesta a esta pregunta no se puede, ni se debe, ser cristiano simplemente porque consideramos la religión algo valioso individualmente o socialmente. Puerto Rico ha sido un país profundamente religioso. Nuestro pueblo ha tenido una gran sensibilidad religiosa. Hoy la situación ha cambiado, y la apertura al mundo espiritual cada día va desapareciendo más y más, especialmente entre nuestra juventud.
La perdida del sentido religioso es una tragedia para un pueblo. Como resultado de la perdida del sentido religioso, los pueblos pierden su identidad, ya que la experiencia de tener una identidad única es una experiencia religiosa, una experiencia de una vocación al infinito. La sociedad que pierde el sentido religioso se convierte en una sociedad fría, pierde el calor humano y la experiencia del bien común. La pérdida del sentido religioso también pone en peligro la libertad ya que abre las puertas a la manipulación por poderes económicos y políticos que prometen la felicidad que busca el corazón humano.
Triunfan así también las ideologías que identifican una realidad terrestre con el Misterio Infinito que busca el corazón humano, tal como un sistema político, una raza, una nacionalidad, o un Estado. Aquí en Puerto Rico, por ejemplo, el status político muchas veces se le trata como si fuera lo único que importa y se crean así enemistades y odios. Todo esto es consecuencia de la pérdida del sentido religioso. Pero absolutamente nada de esto constituye la razón para ser cristiano. Esta no fue la razón hace dos mil años, ni la es dos mil años después.
Otras veces pensamos que ser cristiano es necesario para vivir una vida moralmente justa y humana, pero esto también es otro error. En cierto modo es hasta un insulto a muchos que no son cristianos y que muchas veces se portan mejor que los que lo somos. La pérdida del sentido moral, que es otra plaga que afecta nuestro pueblo, tampoco es razón suficiente para ser cristiano. Vuelvo a recordarles, como nos recuerda don Giussani, que los que siguieron a Cristo no lo siguieron porque eran personas de grandes virtudes morales - si acaso muchas de estas rechazaron a Cristo escandalizados porque Él se asociaba a conocidos pecadores públicos. Zaqueo, por ejemplo, no siguió a Cristo porque se había arrepentido de sus pecados. Zaqueo se arrepintió de sus pecados porque se sintió amado por Cristo. La moral no conduce a la fe, sino que es la fe en Cristo la que nos da la fuerza para cambiar nuestras vidas.
Dicen que Fidel Castro pensaba que Juan Pablo II en Cuba podría revivir el sentido de dedicación al sacrificio por la patria y al trabajo de los jóvenes cubanos que habían perdido estas cualidades después de más de cuarenta años de una revolución inútil que no había cumplido sus promesas. Castro veía al Papa como una gran fuerza moral que podría ayudar a la Cuba que se entregaba cada vez más al cinismo, al consumismo, y al desespero.
Pero el Santo Padre una y otra vez insistió que la labor de la Iglesia no era revivir la moral de los pueblos, sino predicar a Cristo muerto y resucitado, para que crean en Él, y creyendo, tengan vida en abundancia. Sólo si esto ocurre primero, se puede esperar un cambio de vida.
¿En qué se basa, pues, la fe en Cristo? Cristo no se presentó como un líder religioso, ni una autoridad moral, ni un filósofo de la vida humana, ni un político, ni un evolutivo. Cristo se presentó como algo inaudito, inesperado y tremendo. Se presentó como el rostro humano del Misterio Infinito que crea la identidad y el destino de cada ser humano y que por lo tanto el único capaz de satisfacer plenamente los deseos más fundamentales del corazón humano.
La fe cristiana, insiste don Giussani, fue y lo será siempre, la afirmación y la respuesta a una Presencia, a alguien que aparece inesperadamente, que irrumpe en nuestras vidas sorprendiéndonos y que empieza a cautivarnos con una atracción irresistible que penetra dentro del corazón y comienza a cambiar nuestra manera de pensar, juzgar, amar, reír, llorar, luchas, trabajar, vivir y morir. Es una Presencia tan totalizante - se apodera de todo - que nos lleva a concluir que en el hombre Jesús el Misterio que llamamos Dios se ha hecho carne, se ha hecho un niño hijo de una madre humana, un joven trabajador, un amigo de los pobres y los pecadores, una cíctima del poder religioso y civil, un hombre muerto y sepultado, y un hombre que ha triunfado sobre la muerte y vive hoy como el resucitado que nos llama a compartir su victoria, una victoria debida a que el, siendo plenamente humano como nosotros, habiendo experimentado la miseria que es consecuencia de nuestros pecados y nuestros odios y nuestra violencia, es, a la misma vez, la Encarnación del Misterio que busca el corazón humano y que no encuentra a pesar de sus más nobles esfuerzos intelectuales, morales o religiosos. La humanidad de Cristo es la humanidad de ese Misterio que llamamos Dios. La fe cristiana es la afirmación de que este tremendo acontecimiento ha sucedido en la historia humana por pura gracia y misericordia de Dios, y de que esto que sucedió hace dos mil años, sucede y continúa sucediendo en nuestros días.
Pero, ¿cómo encontrar a Cristo hoy? ¿Cómo ver con nuestros propios ojos ese rostro humano del Misterio Infinito? ¿Cómo sentir su atracción irresistible? Este es el tema del tercer volumen del Curso básico de cristianismo de don Giussani, ¿Por qué la Iglesia? Que sin duda se presentará en público próximamente. Basta decir aquí que al igual que hace dos mil años, encontramos a Cristo hoy a través de encuentros humanos. Lo encontramos con el rostro y en la amistad de otros seres humanos. La forma del Cuerpo resucitado de Cristo es la humanidad de los que viven unidos a Él por el Espíritu Santo. El Espíritu Santo, que lo hizo carne en María, lo hace carne en una amistad, en encuentros humanos hoy.


El saludo de S.E.R. Mons. Ricardo Suriñach Carreras, Obispo de Ponce y Gran Canciller de la P.U.C.P.R., a los asistentes al diálogo acerca del Beato Carlos Manuel Rodríguez
El campus universitario fue el ambiente donde nuestro beato Carlos Manuel Rodríguez realizó su vocación a la santidad; tarea que hoy como ayer está inseparablemente unida a la difusión del Evangelio. Podemos afirmar sin recelos que Carlos Manuel alcanzó la plenitud de la vida cristiana y la perfección de la caridad dedicando sus días a la evangelización de la cultura universitaria. Me llena de alegría este primer encuentro público sobre la vida y el mensaje de Carlos Manuel, nuestro primer beato puertorriqueño. Espero que esta sea como "la señal de salida" de un maratón peculiar cuya meta sea la formación cabal de todos los participantes en la responsabilidad apostólica de los universitarios. El hombre de hoy, asombrado por los logros de una técnica cuyo desarrollo parece no tener límites, necesita urgentemente testigos de la verdad y del sentido de la existencia. Porque vivir sin sentido, caminar sin conocer hacia dónde se va, lleva siempre como compañeros de camino el desasosiego y la ansiedad. Solamente quien logra saber la verdad, que no escapa porque habita en el mismo corazón humano, alcanza la auténtica sabiduría y con ella la gozosa serenidad. El beato Carlos Manuel alcanzó de modo eminente esa sabiduría; con los hechos sencillos de su diario vivir, demostró la eficacia de unas palabras que años más tarde del Concilio Vaticano II dejó esculpidas para siempre, al afirmar que en realidad, el misterio del hombre sólo se esclarece en el misterio del Verbo encarnado (GS 22). Maravilloso secreto cuya fecundidad está al alcance de todos. Los santos son testigos admirables de esa fecundidad; pero son a la vez compañeros cercanos en el camino de la vida, que nos estimulan con su ejemplo y nos ayudan con su intercesión.

 
 

Créditos / © Asociación Cultural Huellas, c/ Luis de Salazar, 9, local 4. 28002 Madrid. Tel.: 915231404 / © Fraternità di Comunione e Liberazione para los textos de Luigi Giussani y Julián Carrón

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