Unas doscientas personas, la mayoría de ellas estudiantes esperaban curiosas la llegada de François Michelin al Salón de Actos de la Facultad de Económicas de la Universidad Autónoma de Madrid. Apuntes de clase
«Tengo 75 años, estoy casado y mi mujer y yo tenemos seis hijos. Hace 50 años que estoy en la fábrica. Pero todo empezó mucho antes, cuando sólo tenía cinco, y mi padre me llevó a una fábrica. Todavía recuerdo el olor a caucho».
De esta forma comenzó su intervención François Michelin, que volvía tras su primera visita a España con ocasión del Happening universitario celebrado en octubre en la Universidad Complutense. No podía empezar de otro modo el que demostró ser un maestro de experiencia.
Una apelación continua
Tres rasgos le califican: realismo, amor a las personas concretas y veneración por la experiencia. Obedecer a la vida de la empresa y abordarla con extrema seriedad ha llevado a este hombre, gerente de una de las más importantes empresas de neumáticos del mundo, a vivir una pasión indómita por la experiencia.
«Sois estudiantes, pero lo más importante es vuestro nombre. No hay que detenerse en la apariencia, hay que ir al fondo de lo que se ve. Cada uno de vosotros es una persona única. En toda la historia no habrá ninguna otra que sea como tú». Las referencias a la singularidad de cada uno de los que allí estábamos, fueron constantes; sus palabras, una apelación continua al valor único del sujeto.
Hasta el nombre
Antes de invitarnos a plantearle las preguntas, señaló algunas de las lecciones recibidas en la fábrica a raíz de la convivencia con sus trabajadores: «El origen social de las personas no define su valor humano». Las numerosas ocasiones en las que tuvo que tratar con políticos le enseñaron a superar cualquier clase de etiqueta: «Si vais al nombre de la persona descubrís que es única. Entonces el dialogo se hace mucho más profundo y eficaz».
Acerca de nuestra formación y educación nos dijo; «La finalidad de vuestra formación es discernir qué es lo fundamentalmente bueno o malo. Sois libres de elegir lo que más os conviene. La educación y la formación han de tomar en consideración las múltiples capacidades de razonar que tienen las personas. La educación está hecha para el corazón y el cerebro del individuo, y no al revés».
Hay que leerse el libro
En su obra Empresa y responsabilidad, Michelin señala que «su actuación más verdadera ha consistido en proporcionar a cada uno de los hombres y mujeres de la fábrica los medios para liberar su energía personal, y realizar así una aportación única y responsable». Esto le ha permitido no quedarse en el cargo que el trabajador desempeña en la fábrica, sino «conocer a la persona en su más profundo valor», que siempre excede lo que ya conocemos. «Detrás de un diploma, ¿qué valor tiene esa persona?», un valor insondable. Su filosofía de la empresa se hizo evidente a lo largo de la intervención: «El diamante que es cada una de estas personas puede emerger y ser cada vez más brillante. Nuestra fábrica no está rígidamente estructurada, lo cual permite una flexibilidad para que las personas realicen distintas experiencias. De esta forma el trabajador puede hallar su puesto más adecuado, su responsabilidad más específica».
La verdad necesita veneración
La experiencia humana ha de ir acompañada de un juicio: «Nos es necesario "rumiar" lo que reconocemos como verdadero. Si a lo largo del día no reservamos un tiempo para hacer silencio y "rumiar" lo que hemos aprendido, no podemos avanzar. la verdad necesita veneración».
Monsieur Michelin resumía de esta forma tan significativa su trayectoria empresarial: «Lo único que queda al final de la vida industrial son las personas que has ayudado a crecer. No es que yo les haya hecho crecer sino que les ha ayudado a conseguirlo. Es un deber fundamental mirar cada día a los que os rodean para ayudarles y permitirles que crezcan».
No es fácil encontrar un empresario de este talante. El trato con los trabajadores, sus juicios sobre la política y la educación, y las continuas referencias al valor de la persona hacen de él un maestro especial. Valgan como apuntes para no olvidar, las palabras con las que cerró la conferencia: «Cada uno de vosotros es único, pero todos somos iguales ante la verdad».
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