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Huellas N.3, Marzo 2001

CONGRESO

No todo lo nuevo en Módena es mejor

Gabriela Kelm

Una mesa redonda sobre la educación reúne a padres, profesores y empresarios en torno a una responsabilidad común. Entre otras, la intervención de un político excepcional


Entre los días 1 y 2 de diciembre, tuvo lugar en Módena el congreso sobre educación promovido por la Asociación Módena para la Educación. Más de trescientas personas, políticos, empresarios, profesores y padres, se reunieron para preguntarse acerca de una responsabilidad común: la empresa educativa.
En la apertura, el profesor Onorato Grassi, sin limitarse a analizar los cambios que se están produciendo en la escuela, entró de lleno en la visión cultural que los origina. Son muchas las posibilidades de que se convierta en hegemónico un modelo de enseñanza que reduce la tarea de los profesores a la aplicación de metodologías, instrumentos, modelos y técnicas para lograr en los alumnos el aprendizaje, entendido sólo como construcción y reconstrucción del conocimiento individual. Con ello, el conocimiento deja de estar en relación con la realidad, lo que provoca que la tradición tenga cada vez menos importancia. Este modelo está muy cerca del que los americanos han definido como ‘The three C’s model’ (child-centered, constructivist and critical thinking), cuyos objetivos ya han fracasado en Estados Unidos. La parcialidad de su propuesta se hace patente en que se limita a resolver los problemas puntuales e inmediatos que el individuo encuentra en su relación con el ambiente, sin tener un punto de fuga que abra al horizonte en el que cada fragmento cobra forma y significado y, por tanto, valor.
El profesor Grassi señaló tres tareas urgentes que centran la responsabilidad educativa:

1) La centralidad de la relación educativa: la relación entre profesor y alumno es uno de los puntos más importantes y delicados a la hora de verificar la consistencia misma de la sociedad adulta.

2) La formación conceptual de los jóvenes: una formación no aplicada, abstracta - si se quiere emplear ese término -, que lleva a la resolución de los nuevos problemas que se plantean, con mayor éxito que una formación en función de determinados objetivos y fines. En este sentido, la tradición cultural a la que se pertenece y las disciplinas, o saberes, entendidos como “puntos de vista sobre la realidad”, asumen una gran importancia y un valor altamente educativo.

3) La “creación” de una conciencia crítica como principal finalidad de todo sistema educativo.
La estructura del recorrido escolar debe favorecer el camino que lleva al joven a una “síntesis personal” que lo capacite para actuar en la sociedad y valorar sus propias opciones y las de los demás. Para ello, es fundamental evitar repeticiones banales y superposiciones nocivas, pero también huir de las aproximaciones y las generalidades, estableciendo cadencias y pasos conforme al desarrollo intelectual y humano de la persona.

Actitud pasiva
El profesor Lucio Russo habló de determinadas orientaciones de la enseñanza secundaria que renuncian a transmitir una cultura compleja, privilegiando el módulo sobre las disciplinas. Estas orientaciones se identifican con algunas tendencias de nuestra sociedad, pero no tienen por ello carácter de necesidad ni son la única actitud posible frente a los problemas, como hoy se concluye fácilmente. Por ejemplo, dado que Italia ha renunciado a una producción propia en el campo informático, la enseñanza - sin una razón aparente - parece tener interés en favorecer una actitud pasiva frente a la tecnología, por lo que forma consumidores, posiblemente vendedores, pero no productores. La enseñanza científica se está volviendo cada vez más difícil a causa de la creciente complejidad de las diversas disciplinas, y las primeras teorías, las más elementales, se consideran ya obsoletas. Por ello, se acepta la alternativa más fácil, que es la de enseñar la física sin las matemáticas, e incluso se renuncia a enseñar física limitándose a visualizar fenomenologías.
Considerar la escuela como una empresa que produce diplomas para sus clientes nos introduce en un mecanismo que mengua el nivel cultural. Dado que la calidad viene garantizada por el valor legal del título de estudios, el único tipo de competencia posible hoy entre los colegios es malvender el producto, lo que significa exigir un menor compromiso con el estudio. Además, “los clientes” (por las razones que ya hemos apuntado) llegan a considerar como conocimientos sólo aquellos que tienen una utilidad inmediata.
Visto que sólo existen conocimientos útiles de modo mediato, la tarea de la enseñanza se ha de centrar en formar la exigencia de cultura. En la relación enseñanza-empresa, la escuela debería aportar ideas porque no se sabe de qué tendremos necesidad cuando los chicos salgan del colegio.

Tradición y modernidad
Ante estas intervenciones, el senador Andreotti respondió ofreciendo algunos apuntes útiles a quienes viven una época de reformas. «Ya que la reforma no es necesariamente para mejor, es bueno proceder con prudencia, sin prisa. El punto de referencia de la realidad política debería ser la Constitución de la República, que tiene el mérito de no ser la Constitución de una escuela o de una tendencia, sino que nace del esfuerzo común en la búsqueda de soluciones entre tres grandes posiciones, la socialista-comunista, la liberal y la católica. El mismo espíritu de conciliación que movió a los padres constituyentes debería animar ahora a quienes trabajan en las reformas, para poder encontrar soluciones que no menosprecien ni el valor de la tradición ni el impulso hacia la verdadera modernidad. En este sentido, es importante comprender que la internacionalización, que afecta a sectores neurálgicos del país, es estupenda si tiene compensaciones y supone nuestra participación, pero no es buena si significa dejar hacer a otros. Es triste ver que, para profundizar en los estudios, muchos estudiantes se vean obligados a ir al extranjero». «Que no todo lo que es nuevo es mejor que lo pasado - concluyó el senador - lo demuestra el hecho de que hoy es raro encontrar reuniones como este congreso, en las que la familia se reconoce como institución responsable de la educación».
El ingeniero Marco Montagna expuso su experiencia respecto a la adquisición de las cualidades requeridas en un empresario, como son la fiabilidad, la capacidad de colaborar, resolver con rapidez los problemas, tomar decisiones - habilidades que dependen muchísimo de la educación -. Él las pudo recuperar con gran retraso y sacrificio atravesando una prueba dramática durante sus primeros años de trabajo. De este modo, se dio cuenta de lo que es la verdadera enseñanza: un lugar de confrontación con los contenidos (lo que su padre sabía, los libros de texto), pero sobre todo con la actitud que tiene quien enseña respecto a lo que enseña y a la vida.
La profesora Elena Ugolini, directora del Liceo Malpigli de Bolonia, aludió al orígen del verdadero cambio de su colegio: la posibilidad que ofrecían todos las ocasiones de encuentro entre profesores y entre padres y profesores, para discutir y medirse con los problemas que iban surgiendo, sin cejar hasta haber identificado un punto sintético. No basta con compartir reglas formales o externas, que terminan siendo la garantía de una indiferencia sustancial del propio trabajo respecto al de los demás. Es preciso compartir un horizonte común que se encuentra sólo cuando alguien empieza a ser verdadero, auténtico, a decir “para mí es así”, y dialoga con sus colegas de sin formalismos. Si los chicos tienen ante sí personas motivadas y, en consecuencia, apasionadas, se vuelven responsables y exigentes, desarrollando iniciativa y creatividad. Así, también el mundo exterior, empresarios y políticos, se implicará, poniendo a disposición del joven el orígen de lo que hace; ya que «se educa mucho con lo que se dice, aún más con lo que se hace, y todavía más con lo que se es», como decía san Ignacio de Antioquía.

 
 

Créditos / © Asociación Cultural Huellas, c/ Luis de Salazar, 9, local 4. 28002 Madrid. Tel.: 915231404 / © Fraternità di Comunione e Liberazione para los textos de Luigi Giussani y Julián Carrón

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