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Huellas N.6, Junio 2000

JUBILEO

Por las calles de Roma

Cristina Terzaghi

Algunos itinerarios para los que se acercan, aunque sólo sea por un día, a la Ciudad Santa en peregrinación. Punto de partida: la exposiciónPedro y Pablo. La historia, el culto, la memoria


«Veo la majestad del Coliseo, veo la santidad de la gran Cúpula y estoy más vivo y soy mejor...». Toscas quizás, pero extrañamente verdaderas suenan las palabras de la canción conocida por los numerosos peregrinos que en este tiempo recorren las calles de Roma. Espléndida como nunca, como consecuencia de las numerosas restauraciones que la han llevado a la cita jubilar, la ciudad parece ofrecer a cada paso la posibilidad de no distraerse de la gracia y de la belleza mendigada a través de las Puertas Santas o en los encuentros con el Papa. Esta sensación tiene, por otra parte, algunas razones históricas más precisas, si pensamos que a finales del s. XVI Sixto V decidió la reorganización urbanística de la urbe (que es en parte la actual) en función del flujo de peregrinos durante el Año Santo. Estos debían tener la posibilidad de realizar cómodamente el recorrido de las siete basílicas en un solo día. La ciudad, pensada y repensada en función de los Años Santos, no se sustrae hoy a la tradición, garantizando la apertura de numerosos centros de interés histórico y artístico inaccesibles hasta hace pocos meses y ofreciendo una extraordinaria serie de exposiciones y eventos. Merece la pena no dejar pasar la ocasión: se vuelve a casa feliz.

Dos horas
¿Llegáis a Roma para el Jubileo y tenéis sólo dos horas antes de coger el avión, el tren o el coche? Son suficientes para un rápido tentempié y una visita a la extraordinaria exposición Pedro y Pablo. La historia, el culto, la memoria (Palacio de la Cancillería, 30 de junio - 10 de diciembre), organizada por el Consejo Pontificio para los Laicos y por el Meeting de Rímini. La exposición es verdaderamente excepcional, pues recoge raros hallazgos históricos y arqueológicos que documentan con claridad la historia de los dos apóstoles, la formación de las primeras comunidades de origen judío en Roma y la difusión del culto y de la iconografía de los santos Pedro y Pablo en el arte occidental. Hallazgos únicos, como las inscripciones del s. II que invocan la intercesión de los Apóstoles, constituyen un signo inequívoco de la tradición que liga sin solución de continuidad la historia de Jesús de Nazaret y de sus amigos con la nuestra.

Medio día (o más)
Si podéis permanecer por lo menos una tarde en la ciudad, las posibilidades son infinitas. Aquí tenéis algunas ideas, teniendo en cuenta que los Museos Vaticanos, la Capilla Sixtina (terminada ya la restauración de los frescos del s. XV: una recuperación extraordinaria) y las Estancias de Rafael cierran en torno a las 16.00 h.

San Clemente
Monumento que se encuentra entre los más excepcionales de todo el arte occidental, la antigua basílica de San Clemente se articula en tres niveles, cada uno de los cuales representa una verdadera obra de arte artística y humana. En la planta que se encuentra a nivel del suelo, el edificio alberga uno de los más extraordinarios ciclos de mosaicos medievales, que enriquece el ábside deslumbrante de oro y de colores. En la primera capilla a la izquierda se puede admirar un importante conjunto de frescos cuatrocentistas de Masolino da Panicale, maestro y colaborador de Masaccio. Desde la sacristía se accede, después, al primer nivel subterráneo, en donde han sido excavados los restos de la antigua basílica paleocristiana. En ella se hallan algunos de los más antiguos ciclos de frescos que narran historias de santos de la cristiandad. Bajo la basílica se sitúa el mitreo, el antiguo edificio de época romana dedicado en su día a los cultos de Mitra. La iglesia se presenta así como un singular y sugestivo documento de una espiritualidad que durante siglos se ha expresado, aunque de modo tan diverso, reutilizando los mismos muros.

Santa María la mayor
Esta basílica es una de las más suntuosas (y una de las que contiene una Puerta Santa), como se corresponde al estilo de la gran Roma que querían los Papas, y es la más grande y, muy probablemente, también la más antigua iglesia romana dedicada a la Virgen. Fue fundada por el papa Liberio quien quiso así honrar un extraordinario milagro de la Virgen: el 5 de agosto del 356 Roma fue cubierta por una reluciente capa de nieve. Documento de la antigüedad del edificio es el prodigioso mosaico absidal, firmado por Pietro Cavallini, que lo realizó por voluntad del papa Nicolás IV (el mismo que se encargó de la decoración de la iglesia superior de San Francisco en Asís), cuyo retrato se halla a la derecha y representa uno de los más antiguos ejemplos de retrato medieval. Los frescos brillan luminosos, restaurados con ocasión del Jubileo por uno de los más acreditados talleres del país.

Villa Borghese (Parque y galería)
Desde 1608, año de su concepción, Villa Borghese acoge a los acalorados visitantes en un ordenado oasis de verdor. Árboles de todas las especies (sobre todo costeras), palmeras, flores y aromas se extienden por una vastísima zona. Este bellísimo parque es todo lo contrario de un espacio tortuoso, está atravesado por amplios paseos y sembrado de estatuas y monumentos. Da la sensación de estar descansando en la cuidada finca de algún noble señor, de estar en casa de alguien más que en un parque público. Y, en efecto, en la cima de la colina se alza la casa señorial. Se trata de una pequeña edificación construida por Escipión, sobrino de Pío V, para albergar sus colecciones de arte y hoy destinada a la misma función. La Galería ha vuelto a abrir sus puertas hace algo más de un año. En el extraordinario marco del palacio totalmente renovado se encuentran algunas de las mayores obras de arte de Gian Lorenzo Bernini (David lanzando la honda, Apolo y Dafne, El rapto de Proserpina) y de Caravaggio, dos artistas queridísimos por el Cardenal, junto a otras obras de excepcional belleza entre las que se encuentra el Retrato de Paolina Borghese vestida de Elena, obra en la que Canova rindió homenaje a la bella mujer de Camillo Borghese, hermana de Napoleón.

La idea de la belleza
¿Existe la belleza ideal? Giovan Pietro Bellori, uno de los teóricos y escritores más celebrados y acreditados en la Roma de mediados del s. XVII, respondería que sí. Y con él los artistas cuya vida y obra narró con paciencia, todos ilustremente documentados en la exposición que hasta finales de junio se muestra en el Palacio de Exposiciones. Han sido necesarios cuatro años de trabajo para recoger los 750 objetos, entre los que hay cuadros, esculturas, manuscritos, hallazgos arqueológicos y todo lo que pueda imaginarse (sí, porque hay también gemas preciosas, camafeos, dibujos, láminas, grabados...), que forman el excepcional contenido de esta exposición. Siguiendo las palabras de Bellori, ésta quiere documentar la insaciable búsqueda de una belleza eterna que animó a los artistas del s. XVII preferidos por el teórico, a la cabeza de los cuales se encuentra Annibale Carracci. Así, junto a pinturas de los favoritos de Bellori (entre los que están Guido Reni, Domenichino, Lanfranco, Poussin, Rubens, Van Dyck y sorprendentemente también el “clásico” Caravaggio, al que está dedicada una sala que merece la pena visitar), los organizadores han expuesto las esculturas romanas que ellos trataron de copiar en el ansia de alcanzar la esencia misma de la belleza.
(La idea de lo bello. Viaje por la Roma del s. XVII con Giovan Pietro Bellori. Hasta el 26 de junio. Todos los días de 10 a 21 horas, cerrado el martes)

Los fotógrafos de la AGENCIA Magnum
La emoción está garantizada. Visitar la exposición realizada por los fotógrafos de la Magnum, una de las principales agencias fotográficas del mundo, ofrece más que una visión distinta sobre nuestro planeta y su historia. Se trata de las fotografías sacadas en los últimos diez años por los principales fotógrafos del estudio. El propósito declarado, en un mundo en el que la cámara de vídeo transmite imágenes en continuo movimiento, es el de llamar la atención sobre la importancia de un punto de vista sobre la realidad. Lo que cuenta en definitiva - parecen decirnos estas instantáneas, a veces exóticas y poéticas, más a menudo crudas y despiadadas - no es sólo registrar y archivar informaciones, sino tener experiencia de los hechos y de los acontecimientos. Esta es la secreta esperanza de todo “clic”, un deseo que puede llegar a ser también el nuestro.
Magnum, testigos y visionarios. 1989-1999: el mundo en diez años de fotografía (Palacio de Exposiciones. Hasta el 10 de julio. Todos los días de 10 a 21, cerrado el martes)

En casa de Caravaggio
Cuando se establece una relación con alguien, se suele después conocer a la familia de la persona en cuestión. Lo que sucede normalmente en estos casos se resume en la frase banalísima pero cierta: «Ahora comprendo muchas cosas». Esta es la sensación que se tiene doblando la esquina de Piazza Navona y llegando a San Luis de los Franceses. Es allí, en la capilla que Matthieu Cointrel quiso dedicar a su santo protector, en donde Caravaggio mostró por primera vez en público su idea del hecho histórico, con una fuerza y un realismo desconocidos entonces. Antes de aquel fatídico 1599 el artista se había manejado entre cuadros de músicos de medio cuerpo, flores, frutas y poco más. Con la pintura de las Historias de San Mateo empezó el camino para llegar a ser él mismo. Por lo demás, en este barrio residía más o menos establemente Caravaggio; y la bella Lena, la Lena de Caravaggio, como la llamaba toda Roma, no vivía muy lejos; y en estas callejas permaneció para siempre, inmortalizada en la dulcísima figura de la Virgen de los peregrinos que adorna el primer altar a la izquierda de la iglesia de San Agustín, muy cerca de San Luis. Ianua Coeli, la Virgen con su hijo ya grande en brazos (el hijo de Lena debía tener más o menos seis años) acoge en el umbral a los peregrinos que arrodillados imploran su misericordia. Más adelante, recorriendo la vía del Corso, se llega a Santa María del Popolo. Aquí dejó Caravaggio dos de sus obras maestras: la Conversión de San Pablo y el Martirio de San Pedro. Pintadas con su acostumbrada y asombrosa velocidad, los lienzos fueron al principio rechazados y pintados de nuevo por el artista tal como los admiramos hoy.

 
 

Créditos / © Asociación Cultural Huellas, c/ Luis de Salazar, 9, local 4. 28002 Madrid. Tel.: 915231404 / © Fraternità di Comunione e Liberazione para los textos de Luigi Giussani y Julián Carrón

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