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Huellas N.1, Enero 2001

VOCACIONES

Al corazón del mundo

A cargo de Carmen Giussani

Es verdad que el Acontecimiento sólo se puede describir. El de la Profesión de Rafa como monje benedictino en el Monasterio de los Santos Pedro y Pablo en Buccinasco (Milán) comienza con su familia en Madrid y luego con los años de estudio en la Universidad. Allí conoce a unas personas de CL. De ellas le llama la atención la vida, y la humanidad, que enseguida desea para sí. Nace una amistad de las que no se acaban y que llevan el sello de la pasión por el mundo. Habiendo conocido en el monasterio del Parral de Segovia a un maestro y padre, reconoce la vocación monástica como suya. El designio de Dios, que siempre nos excede, lo conduce inesperadamente a dejar su querida tierra y llamar a la puerta de la Cascinazza como el primer hermano español. Con la llegada de Rafa desde tan lejos, al monasterio ha llegado una conciencia deseosa de la finalidad: dejar que Cristo tome nuestra vida para el bien del mundo. Ese mundo que empieza entre nosotros.

La morada
La experiencia que ha dado lugar a la Cascinazza es precisamente el acontecimiento en el mundo de una unidad de hombres que en virtud de la visión y del amor a Cristo arden por el mundo. Arden por edificar la Iglesia: en lugar de edificarla construyendo una catedral, como fuera en la Edad Media, reconstruyen la Iglesia edificando la persona.
don Giussani

Nuestra alegría
Algunos pasajes de la homilía del P. Sergio durante la Misa de la Profesión monástica temporal de Rafael González.

Monasterio de los Santos Pedro y Pablo
17 de diciembre de 2000,
V Semana del Adviento Ambrosiano


Cuanto más nos acercamos al objeto de nuestro deseo, más aumenta el gozo. Es precisamente ésta la apremiante invitación que nos dirige hoy la Liturgia, casi sorprendiéndonos. «Alegraos en el Señor, siempre; os lo repito, alegraos», nos exhorta Pablo. No se trata de un temperamento ni de una momentánea satisfacción. Se trata de estar alegres "siempre" porque "el Señor está cerca", está aquí. La fuente de la alegría es nuestra relación con Él. Por ello, estamos juntos [...]. Si Cristo es nuestra alegría, no tenemos miedo de tomar conciencia de la vida, de todos los factores de la vida, porque Él mismo es nuestro Hacedor, el factor supremo de nosotros mismos, el que es capaz de transformar el presente, de darle incluso alegría. No tenemos que dejar fuera nada, ni siquiera nuestra nada y nuestro pecado. [...] Estamos en las manos de Alguien que nos ama así, y que nos lo muestra cada día en las circunstancias felices o tristes que sean.
¿Dónde radica todo esto? ¿Por qué el Señor obra así? Es un "porqué" que se nos escapa; no porque no exista, sino porque es demasiado grande, es infinito. El profeta Sofonías que acabamos de leer dice: «El Señor exultará de gozo por ti». El Señor exulta de gozo por ti, por mí: es una afirmación que nos desconcierta. ¿Qué hay en nosotros que pueda llenar de alegría al Señor? Nosotros tenderíamos más bien a encontrar motivos para la desilusión y el disgusto. Dios en cambio nos mira y se alegra porque es Padre, el Padre que ve siempre al hijo, antes que las traiciones del hijo [...].
Sin embargo, hay una condición para que todo esto sea mío y se convierta en estructura del yo. Tenemos que ser como los que al escuchar la voz de Juan el Bautista - es decir, nada más ver el signo - enseguida secundaron la indicación que él daba. [...] Es una apertura del corazón y una sencillez del intelecto lo que permite que las palabras adquieran carne, las promesas se conviertan en hechos, y la vida, obedeciendo a estos hechos, se encuentre definitivamente liberada. Hoy, Rafael, con su Profesión temporal, testimonio justamente la libertad que nace de la obediencia a Cristo. Profesar y revestirse del hábito monástico es manifestar conscientemente que «Ya no soy yo el que vive, es Cristo quien vive en mí». [...] La realidad concreta que el Señor nos prepara día a día es Su abrazo al cual adherirnos con alegría y paz, ya que sabemos que Aquel a quien hemos confiado la vida es un Dios fiel y nos ama más que nosotros mismos. Ahora su designio, querido Rafael, que Le has seguido por un itinerario tortuoso y sorprendente, se cumple para ti en este lugar, en este monasterio de la Bassa milanesa, que sin saberlo te esperaba desde siempre.
Aquí, entre los surcos abiertos de esta tierra, entre estos hermanos que te han sido dados, el Señor planta la semilla que es tu vida, la cuida hasta el final, hasta la muerte, cierto de su fruto. [...]
Tu Profesión es la prenda de Su presencia y signo de Su gloria presente. Por ello, tú eres la alegría de Cristo entre nosotros: eres nuestra alegría.

 
 

Créditos / © Asociación Cultural Huellas, c/ Luis de Salazar, 9, local 4. 28002 Madrid. Tel.: 915231404 / © Fraternità di Comunione e Liberazione para los textos de Luigi Giussani y Julián Carrón

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