HUID DEL ESCEPTICISMO
Christopher Derrick
Ed. Encuentro - Madrid, 1982
Christopher Derrick, discípulo de C. S. Lewis (el autor de un sin fin de obras como las "Cartas del diablo a su sobrino"), es un conocido crítico literario y polemista inglés. Sus artículos y recensiones aparecen en gran número de periódicos ingleses y norteamericanos.
Al igual que su maestro, Derrick es un gran conocedor de la literatura, la filosofía y la teología, a lo cual une una profunda religiosidad cristina, actualísima, "de vuelta" de todas las tentaciones contemporáneas. A esto hay que añadir una fecunda amistad con E. F. Schumacher autor de "Lo pequeño es hermoso", libro que ya presentamos en estas páginas.
"Huid del escepticismo" se inserta en el debate cultural entre el sentido común, el sentido religioso y las ideologías. El autor se basa en el insólito caso de un college norteamericano, donde profesores y estudiantes no viven inmersos en el relativismo sino que, a partir de una experiencia de vida cristiana, constituyen un lugar efectivo de educación para la libertad.
¿Es un sueño la realidad? La "verdad" ¿es verdadera? Si la realidad existe ¿podemos captarla, o estamos condenados a una vida de radical escepticismo y de perpetua incertidumbre? Gran parte de las corrientes actuales de pensamiento están respondiendo escépticamente a estas preguntas. No podemos conocer nada de lo que nos rodea, luego todo es relativo. Además ¿a quién le preocupa conocer la realidad? Si consideramos la misma Universidad como un mero medio de promoción personal y como modo de conseguir un trabajo mejor pagado, entonces, ¿qué hacen los estudiantes de este "college" estudiando Filosofía y Teología. ¿Van a ser curas o monjas? Entonces, ¿para qué sirve? ¿están locos?
Derrick va a mostrar cómo no están locos. Va a plantear cómo una educación en esa línea es una educación para la libertad. Hace en todo el libro un meditado examen de lo que debiera ser y significar una "educación liberal". Liberal en este caso no tiene ningún género de parentesco con la ideología política o económica que recibe este nombre. Más bien todo lo contrario. Una verdadera educación liberal debe estimular a desarrollarse como persona de la manera más completa posible. La educación liberal, y los estudios que conlleva, se emprenden por sí mismos, porque valen la pena, no por ningún tipo de conveniencia o ventaja social o económica.
Lo contrario a una educación servil sería una educación que produce una mentalidad servil, que evalúa cada cosa en términos de ventaja económica práctica inmediata. Personas con esta mentalidad son las que siempre responden "pero ¿para qué sirve? Por el contrario, la educación liberal nos enseña cómo hacer las cosas que, no son "necesarias", que no están dictadas por consideraciones de tipo práctico o económico, sino que vale la pena hacerlas por sí mismas.
Educar para la libertad. Y ¿cuál es el camino? Actualmente muchos piensan que dejando totalmente que el alumno haga lo que le apetezca. Derrick piensa que no siempre la libertad lleva a la verdad; en cambio recuerda que alguien dijo: "La verdad os hará libres". Lo contrario es la tiranía del permisivismo. Cuentan de un niño que tuvo que cambiarse de escuela. En la primera realmente le enseñaban las cosas (necesariamente con cierta intervención afectuosa de la disciplina); en la nueva con métodos cien por cien "liberadores". Pasados unos días el niño acudió a su madre desesperado: "Mamá, ¿debo hacer siempre lo que quiera en esta horrible escuela? En la Universidad pasan cosas parecidas. Con frecuencia parece un supermercado en el que hay todo tipo de vistosas mercancías, pero al salir nos encontramos con el carrito lleno de cosas entre las que no hay la más mínima conexión.
En todo este embrollo que es la educación, los profesores tienen parte muy importante. ¿Qué podemos esperar cuando con frecuencia se utiliza el ámbito universitario como trampolín a la fama y al poder? La educación de los jóvenes pasa consecuentemente a segundo término.
Ahora bien, recordemos que para muchos la verdad no se puede conocer. Entonces es normal que cada uno diga lo que quiera y que a lo sumo nos dediquemos a estudiar lo que otros hombres han dicho sobre la verdad, aunque si la verdad es incognoscible incluso esto sería una pérdida de tiempo. Si por el contrario pudiéramos ir conociendo poco a poco la realidad, entonces ya no podría decir cada uno lo que le viene en gana. Pero coincidiremos en que esto que aparentemente parece un recorte de la libertad es todo lo contrario.
Así, por ejemplo, el autor cuenta cómo ante la afirmación dogmática de Chesterton de que "Un cerdo es un cerdo", dos estudiantes hospedados en su casa se escandalizaron sobremanera de tamaño atrevimiento. Para ellos la mente no podía conocer nada fuera de sí misma. Sin embargo, estos estudiantes comenzaron a angustiarse ante la posibilidad de perder el tren el día de su partida. Derrick les hizo notar que si no existía un mundo cognoscible en cuyo ámbito el tren pudiera tener una existencia real, su ansiedad estaba fuera de lugar. Esto evidentemente enfadó muchísimo a los muchachos. Entonces ¿no creían realmente en su filosofía escéptica hasta el punto de que rigiera sus vidas? Entonces, o se es esquizofrénico y se lleva una vida doble (no se piensa corno se vi ve) o todos los escépticos están tomándonos el pelo desde sus cátedras.
Superado el escepticismo ¿en qué creer? Derrick encuentra sólo dos cuerpos importantes que ofrezcan algo más que una opinión: el marxismo y el cristianismo. El marxismo exige un precio muy alto: la inexistencia de libertad política e intelectual. Carece pues de toda credibilidad. Hay que rechazar el marxismo, no porque sea dogmático, sino porque es dogmático equivocadamente. Este pues, va a ser el "segundo dogma de Derrick"
(el primero sería que "la realidad es cognoscible"). La fe cristiana de la Iglesia católica es verdadera y ofrece la única liberación verdadera. La Iglesia afirma que hay algunas cosas que son de un modo determinado, que algunas proposiciones doctrinales y morales son verdaderas y que negarlo sería cometer una falsedad. La fe no termina ahí, pero es ahí donde empieza. Y todo esto, no en virtud de ninguna sabiduría especial, sino del hecho de que ha sido un mensaje confiado a la Iglesia por el mismo Cristo. Derrick se atreve ahora a pronunciar un tercer dogma: Una verdadera educación liberal sería aconsejable que se basara en la fe católica, tal y como ha sido sistematizada en la filosofía y en la teología de Santo Tomás de Aquino.
Por otra parte, una buena educación liberal deberá enseñar algo sobre el catolicismo, algo sobre el islamismo, algo sobre el marxismo, etc. lo cual es muy diferente a enseñarnos marxismo, islamismo, etc. En una buena educación católica esto es importante, pero será siempre un subproducto de su educación en la fe, en el camino, en la verdad y en la vida de Cristo, por parte de una comunidad académica dedicada totalmente a esa fe, a ese camino, esa verdad y esa vida. Y además la teología será piedra de toque para todo el resto de las materias.
Una cosa que habrá que evitar a todo trance es compartimentar la mente del estudiante. Tratar la fe como una especie de extra, como algo añadido a una educación que es exactamente igual a la ofrecida en los "colleges" laicos. Esto llevará a pensar que la "verdad religiosa" y la "verdad científica" no tienen relación alguna. La fe, si es algo, debe ser lo central y lo más importante de la vida: no se puede reducir a una especie de hobby para el tiempo libre, a un interés o actividad especializada para el domingo por la mañana. La educación misma deberá ser una actividad fundamentalmente religiosa, incluso cuando sus contenidos no son expresamente religiosos. El "college" católico debe ser lugar de "compañía" de comunidad cristiana vivida, de amor .
Quizá á esta al tura convenga recordar que todos estos "consejos" que expone el libro de lo que deberá ser una buena educación, no se refiere sólo a unos supuestos estudiantes de filosofía, ni siquiera de letras en general, sino a todo aquel que quiera ser hombre, persona, a todo aquel que quiera pensar. Concretando, el autor plantea una vuelta al Trivium (Gramática, Retórica, Lógica) y al Cuatrivium (Aritmética, Geometría, Música, Astronomía). Todo bajo la supervisión de la fe católica y ayudándose de los grandes libros (Platón, Marx, Freud, Maritain). Pero el principio básico está claro: La verdad. En fin, que os leáis todos este libro que evidentemente está mucho mejor escrito que esta recensión y, sobre todo, tened en cuenta que los planteamientos de este libro son un verdadero reto a padres, estudiantes y futuros profesores y una llamada a ponerse a trabajar. Por último me permito acabar con un párrafo del mismo Derrick: "Si Cristo es realmente el gran y único Libertador, si efectivamente el mundo es sin Él una prisión y una esclavitud, consecuentemente cualquier verdadera educación deberá estar orientada hacia Él en todos los puntos, y dirigida a todos los puntos por la fe de su Iglesia. Necesariamente, entonces, lanzará un reto explícito al mundo en todas sus versiones y particularmente al mundo académico e intelectual".
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