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Huellas N.7, Julio/Agosto 2015

PRIMER PLANO

Una ausencia que habla desde dentro

a cargo de P. Bergamini, L. Fiore, P. Perego, P. Ronconi, A. Stoppa

El Meeting de Rímini lo apuesta todo por un verso de Mario Luzi. Hemos pedido a algunas personalidades que lo comenten. He aquí sus respuestas

EZIO MAURO
director de La Repubblica
Todos tendemos al infinito y, tal vez, en esta búsqueda sintamos la plenitud de nuestro ser, comprendamos que estamos hechos para él o, al menos, nos demos cuenta de que es nuestro posible horizonte. Y todos también hacemos cuentas con nuestra finitud. En realidad, en ella reside lo grandioso de nuestra naturaleza. No vivimos, creamos y soñamos, para acumular cosas, sino para vivir con los demás y entre los demás, sabiendo que nuestro recorrido es transitorio. Y acabará.
La dimensión infinita del hombre se puede reconocer en el marco de nuestra experiencia humana común. Lo que es humano es inmenso en su finitud. En este sentido, le daría la vuelta al Fausto: y bien, ¿quién eres? Una parte de esa fuerza que quiere constantemente el mal y obra constantemente el bien.

PADRE GEORGIJ ORECHANOV
sacerdote ortodoxo
A menudo, la vida del hombre se parece a un desierto. Podemos tenerlo todo –familia, éxito, carrera, un trabajo interesante–, pero falta lo más importante. Sin embargo, en medio de este desierto, hay momentos en los cuales aparece ante nosotros lo que verdaderamente importa.
Pensemos en el Evangelio. Es el relato de una larga serie de encuentros. Las personas se encuentran con Jesús y sus ojos se abren. Lo que falta en nuestra vida son estos encuentros evangélicos.
Recientemente estuve en Italia y Franco Nembrini me llevó a conocer a un antiguo alumno suyo que abrió una quesería en un pueblecito de un valle de Bérgamo. La idea de Franco era que mi hijo, que pasa por un momento difícil, pudiera ir a trabajar allí durante un tiempo. Este chico, que tiene 29 años, me dijo algo de una gran profundidad. Impresionado por él y por algunos de sus gestos, le pedí que le enseñara a mi hijo la belleza del cristianismo. Franco me corrigió. Me dijo que, cuando nosotros pretendemos decidir cómo el otro conocerá el cristianismo, normalmente, obtenemos el resultado contrario. Señaló una rodaja de chorizo que había en la mesa y dijo: «Tu hijo empezará a cambiar cuando entienda que esta rodaja de chorizo es fruto del amor al propio trabajo. Solo la fascinación por un modo distinto de hacer las cosas normales, de todos los días, puede despertar la pregunta sobre su origen».
Para mí, ese fue un “encuentro evangélico”. Lo que entiendo cada vez más es que el encuentro con lo que llena esta ausencia, es decir, con el significado de las cosas, sucede en la realidad. Muchas veces, el encuentro con lo que llena nuestro desierto existencial no se produce porque el hombre no tiene una mirada auténtica hacia sí mismo y hacia lo que le rodea. Estamos concentrados en nuestros problemas, en nosotros mismos y no prestamos atención a la realidad. En cambio, si estamos disponibles y abiertos, la vida se llena de un amor inesperado.

SILVIO CATTARINA
fundador de la comunidad terapéutica El Imprevisto
Susana: «Creo que consumí drogas durante tanto tiempo a causa de una gran e incomprensible nostalgia que me consumía». Alejandro: «Esperé siempre que el dolor que siento en el corazón se me pudiera pasar. Pero he caído en la cuenta de que este dolor es bueno, es mi riqueza, mi don para el mundo». Y luego Enrico, Eugenio, Marigona, Benedetta… Son los chicos del Imprevisto y creo que los largos años de convivencia con ellos me permiten comprender el alcance del lema de este Meeting.
Sus palabras hablan de una honda espera y de una fuerte, inaudita certeza. Cada uno de estos chicos va descubriendo que, antes y a través del mal, antes y a través del dolor, del error, de la derrota, hay algo (¿Alguien?) verdaderamente grande que siempre nos ha querido, que ha estado siempre ahí esperándonos, que no quiere otra cosa que llevarme hacia un bien, una belleza y una grandeza inimaginables. Eso sí, si yo así lo quiero y si me dejo ayudar. Algo que está desde siempre y que estará para siempre.
Estos jóvenes ven que el pasado no es la última palabra. La cuestión crucial es el presente. Si en el presente echamos en falta una presencia, es porque la necesitamos. La ausencia que siente nuestro corazón es señal de que necesitamos una presencia, la Presencia que hace todas las cosas. Alguien y algo inesperado, sorprendente, que grita que la vida no es una fatalidad, un sinsentido, una inseguridad inexorable, una cruda inutilidad. No, la vida de cada persona, especialmente de las que han sufrido mucho, grita, invoca un encuentro, el conocimiento de una medida distinta, nueva. Un “imprevisto”, en definitiva.
No espera “cosas”, estrategias, técnicas, sino un viento impetuoso. Mi deseo, cada vez más hondo, anhela un viento impetuoso. Le digo a los chicos: «No me miréis a mí, mirad hacia donde yo miro, mirad ese viento impetuoso, esa llama que enardece nuestra vida».

ALESSANDRO BERGONZONI
actor
Para Alessandro Bergonzoni, actor, escritor y artista boloñés, las palabras son muy importantes. Las usa como un malabarista, pero dice: «Son las palabras las que juegan conmigo». Se mire como se mire, se trata de un juego serio. Cuando lee el verso de Luzi, se entusiasma: «Es poderosísimo». Y reacciona a su manera: «¿La ausencia? Nosotros tenemos una tercera mano. No es la derecha, ni la izquierda. Es una mano que puede matar: la man-canza (juego de palabras en italiano: mano que falta, ndt). La densa oscuridad. El alma vacíada. La falta de comunicación. Es lo que falla. Estamos llenos de “vacío”, no de transcendencia». Es como un flujo de asonancias, referencias, dobles sentidos.
¿Pero usted se siente alguna vez colmado de esta ausencia? «Yo la siento por todas partes, así que también la sufro. Yo siento las “faltas”. En cambio, la ausencia de la que habla Luzi es la gran ausencia. Es justamente una falta de luz, una falta de trascendencia. En mi opinión, Luzi se refiere a una hondura y a un infinito que a nosotros nos da miedo». ¿Cómo no tener miedo? «Habitando la grandeza. Utilizando otras artes. Y digo la palabra artes en su sentido estricto, pero también existencial, como brazos, piernas y artes invisibles. Buscando otros medios de transmisión. Si no das ese salto a lo distinto, ese salto a lo alto, ese salto más allá…». Hace unos años, en un espectáculo suyo, decía: «He hecho voto de vastedad». ¿Tiene algo que ver con el verso de Luzi? «¡Claro! ¿Qué nos falta? Nos falta el nexo con los demás. Nos falta el cosmos, el universo. Nos falta el infinito».

GIOVANNI CHIARAMONTE
fotógrafo
«¿Una fotografía que asocie a este verso? La de Ugo Mulas que retrata a Man Ray señalando un gran marco vacío donde pone: “Este será mi último cuadro”». Giovanni Chiaramonte, una de las voces más originales de la fotografía de autor, hace un original paralelismo. «El hombre es un marco vacío. Somos seres finitos dentro de los cuales se ha introducido una dimensión que no se puede medir. En el fondo, el marco también es un encuadre».
Chiaramonte cuenta que a veces acompaña a gente que va a ver la famosa colección de arte americano en Villa Panza, Varese. «Cuando enseño una de las primeras obras de Robert Irwin, pregunto: “¿Habéis visto qué hay en la habitación?”. Me responden: “Nada”. Yo les digo: “¿Nada? ¡Hay una ventana!”. Irwin plantea ahí la cuestión del encuadre. ¿En qué sentido? Estamos repletos de falsas imágenes y ya no vemos nada realmente. Luego alguien nos pone un límite, un encuadre. El límite, que es otra forma de llamar a la ausencia, es necesario para ver qué es el mundo. Hay un verso de Iosif Brodskij que dice: «Yo era simplemente ciego. / Tú, apareciendo y escondiéndote, / me diste la facultad de ver».
Por tanto, por un lado el límite, por otro el infinito. «Cuando mi padre puso en mis manos por primera vez una cámara fotográfica, me dijo: “Usa un diafragma 8 ó 11, así el enfoque puede llegar al infinito”. Yo le dije: “Papá, ¿cómo se enfoca al infinito?”. La fotografía es una imagen especular del mundo que puede tener una profundidad infinita. Yo enfoco el mundo y el deseo del mundo».

MICHELA MARZANO
filósofa
«Luego también pasa esto», puede leerse en una entrada de su blog: «Otra vez a hacer las cuentas con el vacío. Ese que se abre dentro de repente cuando nos detenemos. Y las cosas que hacer dejan paso a la insatisfacción. Como un antiguo anhelo. Siempre hay algo que no basta. Como el amor. Que nunca es suficiente, incluso cuando está».
Para Michela Marzano, profesora de Filosofía moral en la Universidad Descartes de París, la ausencia es una presencia muy concreta en la vida. «En la de cada uno, estoy segura. Porque la ausencia es la aspiración “a algo” propia de la condición humana». Una condición suspendida entre el límite y la belleza: «Esta ausencia existe, por desgracia y por suerte».
«Por desgracia, porque estamos insertos en una limitación que no queremos aceptar. Y enfrentarnos a esto es doloroso». Una de las frases que más le gustan se encuentra en una carta de Camille Claudel a su hermano: «Hay siempre algo ausente que me atormenta». «Estas palabras me definen, a mí y a todos nosotros. El tormento que vivimos. Siempre nos falta algo». Pero añade: «Por suerte». Precisamente por ser así «nace nuestro deseo: el motor por el que vamos hacia los demás, amamos, proyectamos. Si no estuviéramos llenos de él, no necesitaríamos al otro. Ni nada. Ninguno de nosotros lo tiene todo ni lo es todo: ese es Dios».
Dice que nada puede colmar el vacío que «todos tocamos con nuestras manos», pero con el que, según ella, «hay que reconciliarse»: «Tengo que recordar todos los días que esta ausencia habla de una sed de absoluto. Una sed que nos llevaría a querer poseerlo todo, pero es el otro quien me salva de esto. Acude a mi memoria Lévinas: “El rostro del otro es un límite a nuestra voluntad de poseer”. El otro está ahí para decirnos: stop, tú no me poseerás».
No ha tenido hijos y para ella es una falta muy grande. «Ha sucedido así, no lo he elegido». No los ha buscado a toda costa, ¿por qué? «Creo que hay un designio para cada uno de nosotros y que hay que aceptar los límites. No se pueden arrebatar las cosas». Cuando ve a una madre con su hijo, se le encoge el corazón: «Me pregunto: ¿por qué yo no? Dios es mi horizonte de esperanza. También me enfado. Luego le pido perdón, porque Él me escucha y solo después comprendo que los “no” de la vida tienen una razón».

 
 

Créditos / © Asociación Cultural Huellas, c/ Luis de Salazar, 9, local 4. 28002 Madrid. Tel.: 915231404 / © Fraternità di Comunione e Liberazione para los textos de Luigi Giussani y Julián Carrón

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