Va al contenido

Huellas N.9, Octubre 2008

PRIMER PLANO - Para profundizar

Bolsa y valor real

Giorgio Vittadini

No se trata sólo de una crisis económica, sino antropológica. Se pone en tela de juicio una idea de racionalidad humana reducida, que tiende a sobrevalorar el beneficio a corto plazo, mientras desatiende los presupuestos necesarios para crear una riqueza real y duradera

Hace algunos años, ilustres comentaristas alababan el modelo financiero capitalista puro como el remedio para todos los males, como si no hubiesen sucedido ya escándalos como los de Enron, Parmalat y los fondos argentinos, en los que resultaba evidente la responsabilidad de este mismo mundo financiero. Por eso se atacaba a los sistemas financieros europeos, considerándolos más atrasados que el estadounidense, del cual habrían tenido que convertirse en una especie de sucursal. Pero hoy nos encontramos con que, mientras los mismos comentaristas alababan el frustrado salvamento de Lehman Brothers, el mismo gobierno de EEUU desconfía del liberalismo sin reglas para poner remedio a la situación, y ha tenido que intervenir para salvar Bear Stearns, Fannie Mae, Freddie Mac y AIG.
EEUU, y en particular la presidencia de Bush, tradicionalmente considerada defensora del “mercadismo”, han decretado el fin de la idea de que el libre mercado es capaz por sí solo de poner remedio a los absurdos que él mismo produce.
Así como en Italia se conceden los préstamos a aquellas personas que ofrecen garantías y se niegan a quienes tienen un proyecto empresarial válido, en el sistema norteamericano, en vez de preguntarse acerca de lo que tiene valor para la economía real, la tendencia es proponer indiscriminadamente productos estandarizados, mirando sólo los resultados trimestrales y con el único objetivo de recibir comisiones. El resultado de esta lógica es que millones de personas se hicieran la ilusión de poderse permitir adquirir casas con préstamos que no podrían pagar, y esto ha dado lugar después a la fragmentación de los títulos, cada vez más separados de la realidad, con la intención de evitar y disminuir (o mejor, de trasladar a otros) el riesgo de insolvencia.
La consecuencia de todo esto es que el sistema ha sucumbido ante una crisis que es de liquidez, como en el caso de Lehman Brothers: Lehman Brothers ha perdido el 90% de su valor, lo que significa que el valor convenido en base a la oferta-demanda es un valor artificial, y que los intercambios de bolsa no son capaces de ofrecer al mercado informaciones adecuadas sobre el valor real de lo que maneja.
Y además, como demuestra la polémica destapada sobre la posible liquidación de acciones de los grandes directivos de AIG, de enorme envergadura y completamente separada del valor de la empresa, hay que añadir que las retribuciones de tipo flexible, como las “stock options” para los altos directivos, no tienen nexo alguno con la producción de riqueza real de sus empresas.
En este panorama lo importante no es poner en discusión el mercado, ni el mercado como estructura capitalista que contiene en sí mismo un valor que hay que salvaguardar. Tampoco es deseable ninguna vuelta a un régimen estatalista, hijo de una cultura extremista de signo contrario (garantismo, endeudamiento público, etc.).
Es crucial admitir que no se trata sólo de una crisis económica: es una crisis antropológica que pone en discusión una idea de racionalidad humana reducida, que tiende a sobrevalorar el beneficio a corto plazo, mientras desatiende los presupuestos necesarios para crear una riqueza real y duradera, y que por tanto está destinada a abstraerse de la realidad y a construir un mundo virtual destinado a caer. Para mirar lejos hace falta una racionalidad que ponga de manifiesto que incluso el homo oeconomicus tiene otros móviles en su actuación más allá del simple beneficio trimestral separado de su contexto. Necesitamos un sano realismo que conecte de forma estable las finanzas a la economía real, de la que debe ser únicamente un instrumento. Desde este punto de vista, después de haber demonizado muchos aspectos del sistema económico europeo, hace falta tal vez revalorizar algunos de ellos, como el arraigo en zonas determinadas, con una atención a la economía real que constituye la riqueza de dichas zonas y que no se ha extinguido del todo. Hablar de micro y macrocosmos, de realismo y de nueva racionalidad resulta indispensable para cualquier desarrollo futuro.

 
 

Créditos / © Asociación Cultural Huellas, c/ Luis de Salazar, 9, local 4. 28002 Madrid. Tel.: 915231404 / © Fraternità di Comunione e Liberazione para los textos de Luigi Giussani y Julián Carrón

Vuelve al inicio de página