IMPRIME [-] CERRAR [x]

Huellas N.6, Junio 2006

CL EEUU

Del Atlántico al Pacífico. Encuentros que cambian la vida

Anna Leonardi, Damian Bacich y Michelle Riconoscente

¿Qué ha pasado en nuestras comunidades de EEUU durante estos últimos años?
Un recorrido por el país norteamericano: los rasgos más recientes de algunas comunidades y el relato de los acontecimientos que manifiestan la riqueza de la vida cristiana


Realizamos un viaje por EEUU de costa a costa, siguiendo un recorrido original y atípico: desde la Luisiana profunda, iremos a Georgia y las Carolinas, luego atravesaremos Colorado y alcanzaremos la costa del Pacífico, desde San Diego hasta Seattle. Un largo periplo de más de 8.000 kilómetros, una distancia enorme siguiendo las huellas de la vida del movimiento: nombres, hechos y experiencias que queremos descubrir a lo largo del camino.

Luisiana [LA]
Félix Cepeda, de veinticinco años, vive y trabaja en Nueva Orleáns pero nació y creció en la República Dominicana, allí conoció en la escuela a un profesor, Pablo García, un mejicano que también trabajaba para AVSI en ese país. Recordando aquel encuentro dice: «nos hicimos amigos inmediatamente, pero tardé un año en decidirme a acudir a un acto de CL. Estaba siempre con un pie dentro y otro fuera, con miedo a implicarme demasiado. Constantemente me decía: “¡No se trata de una organización, sino de una amistad!”. Pero yo sabía que si iba me iba a gustar». Y así fue. Hoy, cinco años más tarde, Félix se ha trasladado a Luisiana, donde está trabajando para una organización humanitaria, ayudando a las víctimas del huracán Katrina. Su actividad se concentra en las escuelas: desarrolla proyectos para los niños y obras de reconstrucción. «Al ver todas estas cosas extraordinarias, como la construcción de un parque de juegos –comenta Félix– te das cuenta de que todavía faltan muchas otras. Las personas que trabajan conmigo a menudo se lamentan, porque siempre parece que la situación se les escapa de las manos. En esos momentos yo recuerdo lo que decía don Giussani: “Siempre hay algo que no puedes hacer tu solo. Es necesario que suceda algo más grande, tienes que pedirlo”». Esto fue lo que sucedió durante la Cuaresma, cuando Félix propuso a sus amigos organizar el Via Crucis por las calles de la ciudad: «Muchos de ellos –nos dice Félix– aun siendo católicos, no sabían ni lo que era. Tuve que explicarles que se trata de un gesto de la tradición de la Iglesia. “Entonces sí que voy, pero ¿puedo llevar yo la cruz?” me respondió al instante uno de ellos».

Georgia [GA]
Aquí la experiencia del movimiento es realmente joven. Literalmente recién nacida. Se podría incluso indicar una fecha, octubre de 2005, momento en el que las trayectorias de algunas personas convergieron en un punto: una cena en el corazón de Atlanta. En torno a aquella mesa estaban: Jim Cork, que había conocido el movimiento en 1999 en Hiroshima, aventura que olvidó nada mas volver a casa, hasta que se enteró de la noticia de la muerte de don Giussani, en febrero de 2005, entonces Jim buscó a alguien en las cercanías con el que volver a empezar; Jim Swing, ese “alguien” al que encontró Jim Cork; Kate Maloney, que se había trasladado desde Boston ese mismo otoño y una estudiante italiana, Benedetta, que había ido a EEUU para estudiar en el Georgia Institute of Technology. Inesperadamente se constituyó una nueva familia. A la que enseguida se unió Kathy, ávida lectora de la revista Traces, y Noah, que vive en Alabama pero que cada quince días cruza la frontera del Estado y conduce durante dos horas para ir a la Escuela de comunidad con ellos.

Carolina del Norte [NC]
En este estado sólo el 4% de la población es católica. Paul Kotlowski es uno de ellos. Es un laico responsable de la pastoral juvenil de la diócesis de Charlotte. En su opinión Carolina del Norte es una tierra con gran potencial, en los umbrales de una nueva era del catolicismo. De hecho, mientras que en otros estados se están cerrando iglesias, aquí no consiguen construirlas con suficiente rapidez. Según Paul, este crecimiento está provocado por «la presencia de un catolicismo auténtico, que representa un desafío para todo el Sur».
La historia de Paul en el movimiento comenzó en los años noventa cuando conoció a Mike Eppler, que también era responsable de pastoral juvenil, pero en Evansville, Indiana. «Siempre confiábamos el uno en el otro en cuestiones de la profesión –nos dice Paul–. Y un día Mike me dijo: «¡He encontrado a una gente a la que tienes que conocer!, se refería, por supuesto, a su encuentro con CL, que yo también quise secundar». Este año Paul se ha metido de lleno en la vida de su diócesis con dos iniciativas importantes: para la inminente XXIX Annual Diocesan Youth Conference, ha invitado al periodista Marco Bardazzi, para hablar de la figura del Papa Benedicto XVI, y a nuestro amigo de Nueva York, Mauricio Maniscalco, para presentar El sentido religioso de don Giussani.
La vida de Carolina del Norte se ve también enriquecida por la historia de Joshua, que comenzó hace tres años cuando, desde la cárcel en la que estaba preso, pidió recibir información y materiales sobre don Giussani. Varios libros y números de la revista Traces abrieron una brecha en los muros de la penitenciaría, entregados en mano directamente por algunos amigos. Desde aquel día, cada dos semanas, se produce un goteo de visitas para Joshua. Familias, sacerdotes, memores domini, procedentes sobre todo del área de Washington DC, viajan durante siete horas (¡más la vuelta!) para estar con él durante hora y media. Es el propio Joshua el que interpreta la hazaña: «No puedo negar que Cristo me ha alcanzado a través de esta gente, su pueblo, que es su victoria sobre la nada». La transformación de Joshua tuvo en seguida su reflejo en sus compañeros de prisión. Uno de ellos se llama Shawn Rispoli: «en Joshua había algo inexplicable. Estaba relajado, siempre absorto en la lectura –es Shawn quien habla–. Un día le eche un ojo a la primera página del libro que tenía en las manos y mi mirada se detuvo en la cita de Alexis Carrel. Ese libro era El sentido religioso y obviamente quise leerlo todo. A través de su lectura las cosas que vivía me parecían diferentes de cómo las había visto siempre, quizá porque empecé a mirarlas como las miraba don Giussani». Shawn ha salido ya de la cárcel, dirige una Waffle House (una cafetería) en Raleigh y da vida a un grupito de Escuela de Comunidad en la ciudad con su amigo Rob Jones: «Yo director y católico practicante –dice riéndose–, ¡imposible si no fuera por don Giussani!».

Carolina del Sur [SC]
Las vicisitudes del movimiento en este Estado tienen raíces lejanas, extracontinentales. Billy y Therese de Mars, católicos, habían tenido contactos esporádicos con el movimiento en EEUU, pero tuvieron que ir a África para adherirse de manera definitiva. Se habían trasladado a Egipto por motivos de trabajo y allí encontraron por casualidad a un sacerdote italiano en una iglesia para extranjeros. «Su homilía nos hizo “sospechar” que procedía de la experiencia de CL» –dice Bill–. Cuando el matrimonio de Mars se dio cuenta de que sus sospechas eran fundadas, el sacerdote estaba ya en su casa haciendo Escuela de comunidad con ellos. «En ese momento intuí que para vivir necesitaba continuar aquella experiencia». Cuatro años más tarde propusieron a los de Mars un nuevo trabajo en el Wofford College de Charleston; cerraron su casa y volvieron a Carolina del Sur. «Confiábamos en que allí comenzaría una Escuela de comunidad –nos dice Therese–. Pasados dos años, le dije a mi marido que quizá era el momento de ponerse a rezar para que sucediera, en lugar de seguir esperando en vano. Es increíble pero dos semanas más tarde nos llamó una pareja que acababa de volver de una estancia en Austria por estudios. De nuevo se nos ofrecía la posibilidad de continuar». Lo sucedido en los años siguientes ha superado con creces cualquier posible previsión: en 2004 Bill presentó el pensamiento de don Giussani en un acto público en su universidad. Esto permitió que otras dos familias les conocieran y quisieran sumarse a la experiencia de CL. Esta nueva trama de relaciones incluye también al director de la escuela a la que acude el hijo de los de Mars, de forma que allí también GS está dando sus primeros pasos.

Colorado [CO]
Procedentes directamente de Milán, Tommaso y Valeria se instalaron en el corazón del país, en Boulder. Para seguir los retiros de la Fraternidad tienen que ir en avión hasta California. Estos traslados periódicos despertaron cierto interés en sus vecinos y en sus compañeros de trabajo. Algunos estaban tan desconcertados que quisieron ir en persona para ver qué es lo que pasaba en Califronia. Dos de ellos, Matt y Theresa, volviendo de uno de los retiros confesaron que les había llamado la atención una frase en particular: «Tenemos necesidad de una fe adulta». «Para ellos –nos cuenta Valeria– la amistad con nosotros se está convirtiendo en el lugar de su educación y de su crecimiento en la fe». Una conciencia que se ha ido reafirmando con el tiempo, hasta llevarles a revisar su decisión, programada desde hacía tiempo, de mudarse a otro Estado.
En la ciudad de Denver la situación es diferente. Aquí el epicentro es Joel, profesor en el seminario diocesano de la ciudad. Joel organizó algunas presentaciones de la Liturgia de las horas, utilizando como guía el libro de don Giussani The Psalms (Los Salmos). Poco después se formó un grupo de estudiosos de la Liturgia y de las Escrituras, que se reúne los viernes por la noche, para difundir la Liturgia de las horas y animar a las parroquias a que lo hagan.

Arizona [AZ]
En los grandes desiertos del sudoeste descubrimos la historia de Paolo, que ciertamente sería un buen argumento para una película. También él llegó de Italia hace muchos años, un chico de CL al que se le había encomendado un proyecto para documentar la vida en las reservas de los indios americanos. Lo que debería haber sido una aventura fugaz, se transformó en una estancia permanente cuando Paolo conoció a Pamela, su futura mujer, en la reserva apache de Arizona. Dos décadas y cuatro hijos más tarde, ambos se han convertido en el alma de la comunidad de CL de Phoenix. En febrero organizaron la presentación de Educar es un riesgo con el apoyo de la diócesis. «La comunidad está creciendo –nos dice Paolo–. Se han unido a nosotros nuevos amigos: profesores de teología de las escuelas, investigadores universitarios y profesores, artistas, sacerdotes de la universidad, responsables de grupos juveniles y responsables parroquiales de formación. Una de nuestras amigas dirige casas para madres solteras niñas. Durante dieciocho años no fuimos más que cuatro gatos, literalmente cuatro. Hoy, cuando recibo un e.mail pidiendo información sobre la presencia local de CL, al contestarlo vuelvo a sorprenderme al reconocer lo que continuamente se me está dando en la vida».

California [CA]
San Diego es el punto más meridional de la Costa Oeste. Aquí la historia de la comunidad toma forma de crónica. Viernes Santo, Kent, que dirige una cadena de televisión local, ha perdido el tren para ir de la periferia al centro de la ciudad: se le ha hecho tardísimo y debe llegar a la Catedral para asistir a los Oficios. Mientras espera impaciente el siguiente tren, su mirada se detiene en un grupito de personas que siguen en procesión a una Cruz. Decide unirse al Via Crucis; sólo al final se entera de que está organizado por un grupo llamado Comunion and Liberation. «Me di cuenta –dice Kent– de que quería descubrir más de ese movimiento. Alguien me dijo que se reunían los viernes por la noche en una parroquia de la localidad, pero no me quedé con el nombre». La semana siguiente Kent y su mujer van de parroquia en parroquia. Cuando están a punto de renunciar, descubren en el atrio de la última parroquia una puerta entreabierta. «Miré dentro –sigue Kent– y ví a la gente que había conocido en el Via Crucis». Ante él estaban BJ, Lance y Martin: un trio inseparable de amigos. «En aquellos jóvenes y en sus familias –comenta el periodista– comencé a ver un tipo de pertenencia a Cristo que me fascinaba y que quería también para mí».

Oregón [OR]
Al pie de las majestuosas Cascade Mountains de Oregón (que para los europeos se reducen a la imagen estereotipada de la montaña de la Paramount), Segio, otro italiano al que la profesión le ha llevado al otro lado del Atlántico, ha visto nacer con los años la comunidad de CL. El lugar en el que todo comenzó es la ciudad de Pórtland. Allí se encuentra el padre Juan, un párroco cuya fe y vocación se vieron robustecidas al conocer, a través de Sergio, el movimiento. A él le ha correspondido este último año abrir las puertas de la comunidad a Elizabeth y Catherine, dos hermanas que habían oído hablar de CL a su hermana Martgareth, que vive en California. Elizabeth es enfermera, tiene ocho hijos, de los cuales muchos se han ido ya de casa para ir a la universidad. «También ellos, aún estando lejos, han contribuido de manera misteriosa a mi conversión. La esperanza con la que vivo ahora impregna toda mi vida y la de toda mi familia».

Washington [WA]
Seattle, patria de Microsoft, de Starbucks y de la moda grunge de finales de los noventa. También aquí hay noticias frescas. Pero quizá sea mejor contar una historia que sucedió hace años y que ha conferido a la pequeña comunidad de Seattle su fisonomía particular. En efecto, por aquí todo se mueve en torno a Gregory Wolfe, profesor de escritura en la Seattle Pacific University, editor y director de la revista Image, dedicada a la relación entre fe y arte. Greg conoció el movimiento cuando cayó en sus manos un libro de don Giussani: Moralidad, memoria y deseo. «Lo que me llamó la atención fue la segunda parte del título –escribe Greg en un artículo publicado en su revista con ocasión de la muerte de don Giussani– es decir, la intuición, nunca antes imaginada, de que esos dos términos pudieran dar sentido a un tema que se había reducido a banalidad». Años después participó en un encuentro organizado por CL. «Tras una jornada dedicada a Ejercicios espirituales –prosigue Greg en el artículo– hubo una fiesta por la noche. Esa noche había muchos italianos. El aire estaba lleno de humo y había vino en abundancia. Creo que el grupo de gente con la que estaba comentaba la película de Tarkovsky. Luego uno de los más mayores del grupo se levantó y anunció que era hora de irse a dormir. En unos segundos todo el grupo entonó el Salve Regina. Para un americano como yo, acostumbrado a pensar que la religión conllevaba dividir la propia vida en compartimentos sagrados y profanos, fue una experiencia impresionante y, claro está, liberadora. Yo pensaba que el carácter nacional tenía algo que ver con ello, pero había algo más: un espíritu de libertad que nunca antes había experimentado». Una afirmación que suena a desafío en boca de uno que ha nacido y vivido en la Land of freedom.

A la vista de todos estos hechos resulta evidente que una mano misteriosa los guía, haciendo uso de toda la fantasía y sabiduría de que dispone, intercalando miles de senderos hasta hacer de ellos un camino.