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Huellas N.6, Junio 2007

IGLESIA - Brasil / Benedicto XVI

La Iglesia crece por “atracción”

Francisco Borba

Durante su viaje a Brasil con ocasión de la V Conferencia del Episcopado Latinoamericano el Papa ha sido objeto de continuas muestras de afecto, también por parte de la prensa, que le consideraba conservador y distante pero se ha rendido ante su presencia. Benedicto XVI ha demostrado que la verdad siempre constituye una provocación para todos. En estas páginas, algunos testimonios del encuentro y un extracto de la conferencia de monseñor Filippo Santoro en los trabajos del CELAM. La intervención del Papa sienta las bases para una renovación de la Iglesia en América Latina

«Los discípulos se alegraron al ver a Jesús». Con su misma presencia Benedicto XVI ha mostrado que el encuentro con la realidad viva de Cristo responde a la espera del corazón humano y otorga un sentido a la realidad que, con el tiempo, conforma también la vida del pueblo. En nuestra situación social, tan marcada por la crisis de la figura del padre, el Papa ha sabido despertar la conmoción y la alegría de ser hijos.
En la homilía del funeral de don Giussani, el entonces cardenal Ratzinger habló de la realidad de Brasil: «Pensemos en el año 68 y los siguientes, cuando un primer grupo de los suyos marchó a Brasil y allí se encontró con la pobreza extrema, con la miseria. ¿Qué hacer? ¿Cómo responder? La mayor tentación era decir: ahora, por el momento, debemos prescindir de Cristo, debemos prescindir de Dios, porque hay cosas mucho más urgentes; hemos de comenzar por cambiar las estructuras, las cosas externas; debemos primero mejorar la tierra, después podremos recuperar también el cielo. Era la gran tentación del momento: transformar el cristianismo en un moralismo, el moralismo en una política, sustituir el creer por el hacer. (...) Monseñor Giussani, con su fe impertérrita e indefectible, supo que, incluso en esta situación, Cristo, el encuentro con Él, sigue siendo central, porque quien no da a Dios da demasiado poco, y quien no da a Dios, quien no hace encontrar a Dios en el rostro de Cristo, no construye, sino que destruye, porque hace que la acción humana se pierda en dogmatismos ideológicos y falsos. Don Giussani conservó la centralidad de Cristo y justamente así ayudó a la humanidad con obras sociales, con el servicio necesario, en este mundo difícil en el que la responsabilidad de los cristianos hacia los pobres del mundo es inmensa y urgente».
Estas palabras resuenan ahora como un eco del mensaje de Benedicto XVI a la América Latina reunida en Aparecida: quien no da a Dios da demasiado poco, y quien no da a Dios no construye, sino que destruye. Pero quien permanece en Cristo puede crear obras mediante las cuales el amor va transformando a la sociedad.

 
 

Créditos / © Asociación Cultural Huellas, c/ Luis de Salazar, 9, local 4. 28002 Madrid. Tel.: 915231404 / © Fraternità di Comunione e Liberazione para los textos de Luigi Giussani y Julián Carrón

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