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Huellas N.6, Junio 2007

CULTURA - Eduardo Chillida (1924-2002)

«Se ve bien teniendo el ojo lleno de lo que se mira»

Enrique Andreo Martín

Apuntes de la vida y la obra de un hombre profundamente respetuoso hacia la realidad. «El asombro ante lo que desconozco fue mi maestro. Escuchando su inmensidad, he tratado de mirar, no sé si he visto»

Eduardo Chillida nace el 10 de enero de 1924 en la Plaza del Arenal, San Sebastián, en el seno de una familia largamente arraigada en el País Vasco, cuyo núcleo giraba en torno a su abuela, Juanatxo Eguren, dueña de los hoteles Biarritz y Niza. Hijo de militar, su padre Pedro Chillida fue una persona sensible y muy culta, inclinada al arte, con especial dedicación al dibujo y la pintura.
Estudió en el Colegio de los Marianistas, de donde fue expulsado, para seguir sus estudios en la Academia de la calle Churruca 11, junto a la única persona que Chillida reconoce como maestro en su vida, Ignacio Malaxecheverría, «hombre bonachón que fumaba en pipa..., que se salía de los libros que teníamos delante y nos hablaba de la vida, cosa para mí maravillosa».
Gran aficionado al fútbol, (fue portero de la Real Sociedad hasta que una lesión de rodilla le apartó definitivamente del deporte, jugando únicamente una temporada), a los amigos, y a realizar largos paseos en solitario por el Monte Igueldo, junto al mar, «viendo romperse a la mar a veces furiosa que amansa esas rocas que somos un poco nosotros... un poco erosionados ya pero dando la cara, defendiendo la tierra y también el alma de las cosas. Recuerdo mucho aquellas tardes enteras grises de sirimiri que me pasaba mirando a la mar desde nuestras rocas, hablando solo, pensando en cosas».

Vocación
A los dieciocho años se preparaba para estudiar arquitectura, al mismo tiempo que veía con envidia cómo su hermano Gonzalo se dedicaba a la pintura. Sin embargo, ya percibía entonces que este no «era camino para llegar a ninguna parte que valiera la pena» y dejó la preparación, no sin causar una pequeña revolución familiar. Siempre estuvo apoyado por Pili, su mujer, a quién ya conocía desde pequeños, constituyendo lo largo de toda su vida el soporte fundamental del entendimiento de la vida y de las decisiones de Chillida. Ingresa entonces en el Círculo de Bellas Artes, donde va a dibujar por libre. Con una facilidad natural extraordinaria para el dibujo, realizaba apuntes sobre desnudos reconocidos por el entorno de los estudiantes como de gran belleza. Sin embargo, a los quince días, se preguntaba: «pero, ¿esto es el arte?... me di cuenta muy pronto de que aquello, copiar, no conducía a ninguna parte, que debía haber un trabajo artístico que tuviese que ver con algo más que la habilidad sólo, que ocupase todo el proceso del conocimiento. Y para resolver este problema me di cuenta muy pronto que tenía que enfrentarme a un enemigo, mi mano, que era muy hábil. Es cuando empecé a dibujar con la mano izquierda... yo quería hacer intervenir todo el hombre».

Como una pregunta
«Bueno, y tú, ¿por qué eres escultor, en función de qué trabajas? Yo digo que trabajo en función del conocimiento, que trabajo para conocer..., es decir, para mí la escultura es el medio de conocimiento más apto que he encontrado. Cuando yo estoy trabajando en una obra estoy tratando de contestarme, es una pregunta que yo me hago a mí mismo en relación al entorno mío, a mi mundo, a mi universo, o a veces a cosas mucho más limitadas, pero siempre tratando de buscar luz y conocimiento a través de ese lenguaje que es mi obra, una obra que es como una pregunta. Comencé a tener conciencia de esto cuando empecé a dibujar con la mano izquierda».
Chillida expresa con claridad cuál es el espíritu con el que afronta su trabajo, incidiendo de forma especial en un profundo respeto hacia la materia, hacia su comportamiento y hacia su conducta, enfrentándose a ella de forma respetuosa. Los cambios de materia que realiza están en función de lo que quiere expresar en cada momento. Son una herramienta de lenguaje.
En esta manera de concebir los materiales, distingue entre el artista y el técnico: «El artista trabaja buscando, sin saber hasta qué parte del camino intuido va a llegar; a veces fracasando. En cambio, el técnico es aquel que sabe lo que tiene que hacer desde el principio, y lo hace perfectamente. El primero indaga, inventa y tropieza. El segundo repite, pero ya está inventado».

Un solo “creador”
Expresa su experiencia sobre temas fundamentales, como la creación o la muerte, con la misma concreción con la que habla de la materia. La seriedad y profundidad en sus planteamientos están dotadas de una concepción unitaria de la existencia humana. «No, yo no veo cómo el hombre puede ser capaz de crear... El hombre, lo que es capaz, sí, es de utilizar, de manipular, de ordenar, de desordenar, según su voluntad, y quizá en un cierto sentido a esto se le podría llamar creación, pero yo creo que la palabra creación es demasiado gorda para el hombre. Y me estoy refiriendo ahora a su arte, al arte de que es capaz el hombre. Yo concibo la creación a nivel de Dios». «Yo creo que Dios ha estado presente siempre, en mi obra y también en mi vida...Yo lo siento como aquello que está cerca y lejos, al final, el Todo; sí, esa Suma que es el Camino más grande que todos los pasos de un hombre y todos los hombres juntos... El Final es la Vida, claro, una Vida que es capaz de contener la Muerte».

La razón y la mano
«Me hice creyente cuando fui capaz de resolver el siguiente axioma: De la muerte, la razón me dice que es definitiva. De la razón, la razón me dice que es limitada. Luego la razón no llega a saber si la muerte es o no definitiva».
Una de las expresiones más bellas de su obra son los dibujos de sus manos, que sintetizan con luminosidad la extensión de su obra: «Esta mano expresa problemas que no son ya propiamente de la mano, porque la rebasan, y se encarnan y articulan en el mover de los dedos todas las posibilidades del espacio. En cuanto a estas esculturas grandes de madera, vienen a ser en cierta manera unas réplicas culturales de esta mano física que yo dibujo, pero proyectada, digamos, como si fuera una empuñadura gigantesca».

Procediendo por preguntas
La obra de Chillida es un reclamo continuo a las cuestiones que importan en la vida. Cuando uno se acerca a su obra, la reacción y conmoción que sentimos está totalmente alejada de una mera instintividad, para saber si nos gusta o no. Es un reclamo a conocer su densidad, en el sentido en que el propio escultor entiende este concepto. Su discurso de ingreso en la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando consistió principalmente en la formulación de preguntas y reflexiones, evidenciando en toda su profundidad la metodología cultural con la que vivió. Citamos algunas de ellas.

«¿Existen límites para el espíritu?
Gracias al espacio existen límites en el Universo Físico y yo puedo ser escultor.

¿Qué clase de espacio hace posibles los límites en el mundo del espíritu?

¿No será el arte consecuencia de una necesidad, hermosa y difícil, que nos conduce a tratar de hacer lo que no sabemos hacer?

¿Por qué la experiencia se orienta hacia el conocimiento y la percepción hacia el conocer?

Desde el espacio con su hermano el tiempo, bajo la gravedad insistente, sintiendo la materia como un espacio más lento, me pregunto con asombro lo que no sé.

¿No es tan vanguardia el crepúsculo como la aurora?

¿No es el límite el verdadero protagonista del espacio, como el presente, otro límite, es el protagonista del tiempo?

Yo no represento, pregunto».


(Las citas de Chillida están tomadas de: Martín de Ugalde Hablando con Chillida. Vida y Obra Editorial Txertoa)

Biografía
EDUARDO CHILLIDA nace el 10 de enero de 1924 en San Sebastián. Su primera exposición la realiza en París en 1950, año en que se casa con Pilar Belzunce. Su obra está presente en más de veinte museos de todo el mundo, y exposiciones retrospectivas se han celebrado en Houston y en Berlín, en Madrid y en Caracas, en Londres y en Palermo. Sus esculturas se encuentran frente al mar, como en San Sebastián, o en la montaña, como en Japón, y en ciudades como Washington, París, Lund, Munster, Madrid, Palma de Mallorca, Guernica o Berlín. Sobre su obra han escrito arquitectos, matemáticos, filósofos como Martín Heideggeer y Emile Cioran, o poetas como Octavio Paz.
1924 Nace el 10 de enero en San Sebastián.
1947 Abandona los estudios de arquitectura.
1948 Traslado a París para dedicarse a la escultura.
1950 Primera exposición en París.
1958 Recibe el Gran Premio de Escultura de la Bienal de Venecia.
1960 Recibe el Premio Kandinsky.
1966 Primera retrospectiva en el Museo de Houston. Gran Premio de Bellas Artes de Renania-Westfalia.
1971 Nombrado profesor de la Universidad de Harvard.
1975 Recibe el premio Rembrandt de la Fundación Goethe. Diseña el logotipo de la Universidad del País Vasco.
1981 Recibe la Medalla de Oro de las Bellas Artes, Madrid.
1983 Premio Europa de las Bellas Artes, Estrasburgo.
1984 Recibe el Gran Premio de las Artes de Francia.
1985 Recibe el Kaiserring de la ciudad de Gosslar. Premio Richard Wolf del Parlamento de Israel.
1987 Premio Príncipe de Asturias de las Artes recibe el premio Lorenzo il Magnifico de Florencia.
1989 Arquitecto Honorario por el Consejo Superior de Arquitectos.
1991 Recibe el Premio Imperial de Japón.
1992 Retrospectiva en San Sebastián.
1994 Nombrado Académico de Bellas Artes de Madrid.
1995 Nombrado miembro de la Academia de Boston y de Nueva York.
1997 Doctor Honoris causa por la Escuela de Ingenieros de Bilbao.
1999 Retrospectiva Museo Reina Sofía y Guggenheim Bilbao.
2000 Se instala la obra “Berlín”, encargada por el gobierno alemán para la entrada de la Residencia del Canciller en Berlín. Inauguración del Museo Chillida-Leku en Hernani. Doctor Honoris causa por la Universidad Complutense.
2002 Fallece en San Sebastián el 19 de agosto.

 
 

Créditos / © Asociación Cultural Huellas, c/ Luis de Salazar, 9, local 4. 28002 Madrid. Tel.: 915231404 / © Fraternità di Comunione e Liberazione para los textos de Luigi Giussani y Julián Carrón

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