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Huellas N.8, Septiembre 2015

PRIMER PLANO / Meeting de Rímini

Cuando salta la chispa

Davide Perillo

El Meeting de la necesidad de infinito y del método de Dios. Encuentro tras encuentro, el espectáculo de una humanidad que se enciende y genera unidad y «un tipo distinto de vida». Los voluntarios, los testigos, los huéspedes más “alejados” que se sienten como en su casa… En estas páginas recorremos los hechos más significativos de la semana riminesa

«¡Desde aquí se vuelve a empezar!». Sigue vibrando en el aire el eco del violín que ha tocado una pieza de Bach. Joseph Weiler acaba de respirar hondo y de decir sonriendo: «Hace falta un minuto para recuperarse». Julián Carrón, en el estrado con Weiler y Mónica Maggioni para conversar sobre “Abrahán y los retos del presente”, interviene de golpe: «¡Desde aquí! Desde el instante en que uno se queda otra vez suspendido. Hay algo en la realidad que nos atrae y prevalece sobre todas las faltas y los límites. Delante de algo así, el yo resurge de nuevo. Y no hace falta hacer nada. Solo hace falta que ocurra».
En este momento se condensa todo el Meeting 2015 y los siete mil asistentes en la sala se dan cuenta. Siete días, 78 encuentros, 220 huéspedes, 15 exposiciones, 800.000 visitas, una belleza continua, pero todo se puede recoger, en el fondo, en este breve intercambio de locuciones recibido con un agradecido aplauso multitudinario.
Era el Meeting de Mario Luzi y la nostalgia de infinito, expresada en unos versos que nos han brindado un título entre los mejores («¿De qué es ausencia esta ausencia, corazón, que de repente te llena?»; véase p. 14) y, andando por el camino, se ha convertido en el Meeting de Abrahán. No solo por el diálogo entre el conocido jurista judío y la guía de CL, moderado por la nueva presidenta de la RAI (encontraréis el texto integral en las páginas centrales de la revista). Tampoco solo por la exposición a cargo del biblista Ignacio Carbajosa y del profesor Giorgio Buccellati (véase p. 37), sino por lo que ha sucedido en los pabellones de la feria. Ha acontecido en vivo el método de Dios, ese momento imprevisto en el que el Misterio se revela al hombre para que este pueda decirle “Tú” y, a través de uno, se comunique al mundo entero. Lo hemos visto acontecer, repetidamente.
Aconteció en primer lugar ante el mensaje del Papa Francisco. Un elogio del corazón humano que busca, de la ausencia que nos aguijonea por dentro («no es el signo de que hemos nacido “tarados”, sino de que nuestra naturaleza está hecha para cosas grandes»), y junto a eso el anuncio de que «el Misterio infinito, se ha inclinado sobre nuestra nada sedienta de Él ofreciendo así la respuesta que todos esperan sin ni siquiera darse cuenta. Solo la iniciativa de Dios creador podía colmar la medida del corazón; Él nos ha salido al encuentro para dejarse encontrar por nosotros como se encuentra a un amigo».
Un amigo. Un aliado, diría Joseph Weiler. En muchas ocasiones se ha puesto de manifiesto lo que esta alianza con Dios puede generar: una amistad entre los hombres y los pueblos. El jueves, un día insólito para la apertura, en el auditórium se reunían un cardenal, monseñor Jean-Louis Tauran, un rabino, Haïm Korsia, y un imán, Azzedine Gaci. Cristianos, judíos y musulmanes. Las religiones “abramíticas”, ¿son parte del problema o una ayuda para la solución? El Meeting acababa de escuchar el saludo de Ban Ki Moon, secretario de Naciones Unidas, y las profundas palabras del presidente de la República italiana, Sergio Mattarella, acerca de los «gérmenes de la Tercera Guerra Mundial» y de nuestra responsabilidad para luchar contra ella («a nosotros nos toca sanar el odio, acrecentar la confianza, mostrar las ventajas de la paz»). En acto, ahí en la sala, vimos acrecentarse la confianza, en el diálogo que Su Eminencia cerraba con estas palabras: «Gracias a vosotros que abrís vuestra puerta para decirle al viandante: “Venid a mirad, ¡Dios no está muerto!”».

La primera dama y Gaudí. A esa puerta se han asomado muchos. Huéspedes de rango internacional, como Rula Ghani, primera dama cristiana del martirizado Afganistán, que entabló un coloquio inédito con la gente en la sala («porque mi trabajo es escuchar a las personas») y demostró tener las ideas claras sobre lo que es el diálogo: «¿Cómo se puede llevar a cabo? Simplemente viviéndolo». O como José Manuel Almuzara, presidente de la Asociación para la beatificación de Antoni Gaudí, que acudió a Rímini para presentar la exposición que cuenta la amistad entre Etsuro Sotoo, escultor de la Sagrada Familia, y Alessandro Rondena, arquitecto recientemente fallecido, que dedicó su vida a la restauración de la abadía de Morimondo: «Es realmente conmovedor cómo uno se siente en casa con todos vosotros». Pietro Modiano, presidente de la sociedad aeroportuaria SEA, dice sentirse en el umbral de esta casa. Al final de un diálogo a corazón abierto en el que contó cómo está descubriendo a don Giussani, él que proviene de un mundo muy lejano de CL, dijo: «Nada hacía suponer que el destino me reservara este encuentro con vosotros. Ha sido un imprevisto». Y entre él y este imprevisto salta la chispa.
La misma que ha encendido los corazones de los que han conocido en estos días a otro Abrahán, el padre Alsabagh, párroco en Alepo, Siria. Su nombre: Ibrahim. Después de las palabras duras y sufridas del padre Douglas Bazi, sacerdote de Erbil, su relato ha marcado el Meeting (véase p. 34) y su rostro, si cabe, más aún. Un rostro con una alegría impensable en un hombre que vive y sufre con su pueblo, literalmente bajo el fuego y el horror del Isis. Le habrán preguntado cientos de veces por los pasillos: «¿Cómo podemos ayudaros?». Y ha contestado siempre de la misma manera: «Con vuestra fe. Rezad y vividla». Añadiendo a menudo una invitación que nos dejaba atónitos: «¡Ánimo!, seguid así. Seguimos así, unidos». Nos daba ánimo él, a nosotros.
Algo tendrá que ver esto con la Tierra que el Señor prometió a Abrahán y de la que habló Weiler: «No es solo un territorio; es otro tipo de vida, de relaciones entre los hombres, de relación entre Dios y el hombre». En muchos momentos hemos tenido delante este modo distinto de vivir. ¿Por ejemplo? En la cena que reunió a los huéspedes en mitad del Meeting para que se conocieran. Una mezcla original entre un obispo ortodoxo y un jurista egipcio, filósofos y periodistas, directivos de multinacionales y monjas misioneras. En un momento dado, tuvimos claro que el corazón de la velada estaba en la mesa donde había un hombre semitendido en una silla de ruedas. Es Ugo Rossi, enfermo de esclerosis múltiple, acompañado por la mirada y los cuidados de su mujer, Silvia. Ugo no puede decir nada, no puede hacer nada. Solo puede amar y ser amado. Lo único que basta.
Miras a tu alrededor y comprendes un poco más la frase estupefacta de Lyndon Neri, designer chino: «Es la primera vez que participo en un evento donde está todo». No se refiere solo a la variedad de los argumentos, al hecho de que en el Meeting se ha hablado de Europa y de exploración del espacio, de Derecho y de Lingüística (con una intervención por videoconferencia de Noam Chomsky, uno de los máximos expertos en la materia). Se refería a lo humano. Todo está aquí, no falta nada. Pupi Avati, director de cine, al ser preguntado por el Meeting, contestó: «Ya no hay nadie en Italia que proponga un proyecto común, algo capaz de implicar y atraer. Aquí, en cambio, sucede. Es un milagro. Quien pensó en el Meeting, pensó en lo imposible».
Imposible. Es lo que dijo Sara, la mujer de Abrahán, delante de Dios que le anunciaba la llegada de un hijo en tarda edad. Es lo que pensamos continuamente todos en el intento obstinado de medir y poseer una realidad que no es nuestra. La realidad es el lugar de lo imprevisible, del revelarse del Misterio cuando y como quiere. En el rostro feliz de Shodo Habukawa al final del momento de oraciones shomyo y cantos de la tradición cristiana. En la amistad con personajes que, hasta hace solo unos años, hubiera sido impensable tener con nosotros y que, en cambio, estaban ahí gracias a relaciones maduradas a lo largo del tiempo: Luigi Berlinguer, Luciano Violante y Piero Sansonetti, que habló con Alberto Savorana en uno de los diálogos más bonitos del Meeting.

En el aparcamiento. Ha visitado los pabellones también otro histórico hombre de la izquierda italiana, Fausto Bertinotti, antiguo líder de Refundación Comunista. Habló de su experiencia en un encuentro, asistió al acto sobre Abrahán («Entré con muchas preguntas, salí con más»). Vio, preguntó, dialogó. Y se conmovió viendo la exposición sobre el metropolita Antoni, delante de Aleksandr Filonenko, que no sabía quién era este hombre tan impactado por la frase: «Dios cree en el hombre». Bertinotti dio las gracias y salió en silencio. Pero, al cabo de unos minutos, volvió: «No tengo palabras para expresarle mi agradecimiento».
La muestra había nacido de un grupo de trabajo sui generis, que reunía a rusos, ucranianos, bielorrusos e italianos. La presentación fue un momento histórico: en el estrado, tres ortodoxos (los ucranianos Filonenko y Constantin Sigov, y el bielorruso Dima Strotsev) y un solo católico (el padre Francesco Braschi) que se limitó a introducir. Filonenko había empezado citando a Antoni: «Es Dios quien nos ha permitido encontrarnos hoy». Otra buena síntesis del Meeting.
Podrían suscribirla todos. Por ejemplo, los que han trabajado en las demás exposiciones, donde se han citado otros mundos: la Ópera del Duomo de Florencia, los Minnelials americanos, los científicos que han indagado sobre la maravilla del agua, los siete artistas contemporáneos de “Tener vivo el fuego” (véase p. 39). Entre todos, suscitaba un gran interés el vídeo de Marina Abramovic (es decir, “hija de Abrahán…”).
También podrían suscribirla los casi 3.000 voluntarios. Turnos largos, trabajo fatigoso, pregunta continua sobre «por qué estoy aquí». Cuando el Quotidiano Meeting publica un artículo sobre la dura tarea de los que se ocupan de los aparcamientos, bajo un sol de justicia y sin poder ver casi nada del evento, un sacerdote de la Brianza empieza a visitarles a diario, llevándoles bebidas y algún capricho de comer. Margarita estudia en la Universidad Católica. Después de tres días ofreciendo un billete de lotería a un policía, empieza el diálogo. Él pregunta y ella responde. En un momento dado, él admite haberse quedado desplazado por el encuentro de Weiler y Carrón, porque «de alguna manera, leía lo que es mi vida». De nuevo, Abrahán. De nuevo, el método de Dios: un imprevisto.
Entre los últimos encuentros, el testimonio de Gregoire Ahongbonon. Vive en Cuesta de Marfil y ha levantado una obra de caridad a raíz del encuentro con un enfermo mental («Empecé a mirarle con ojos nuevos, porque entendí que era el mismo Jesús el que se me presentaba delante…»). Gregoire transmite una certeza humilde: «Yo no soy nada. Es Dios el que hace. Es su obra. Él busca y llama a quien quiere…». «Sorprende que para cambiar el mundo Dios elija a Abrahán, a un yo», comenta Marco Bértoli, psiquiatra, amigo de Greogoire: «Este método o es una locura o es el más realista. Nosotros sabemos todo lo que nació de Abrahán».

Vida tras vida. La iniciativa de Dios en la historia despierta al yo. Y así toma vida un pueblo. El padre Charly Olivero, hablando de su Villa 21-24, en Buenos Aires, y de la comunidad que ahí ha nacido, encuentro tras encuentro, vida tras vida, apostando por «confiar en que cada persona tiene algo que ofrecer y compartir» y que «Dios quiere entregarnos algo valioso a través de cada persona». Casi un anticipo del próximo Meeting: “Tú eres un bien para mí”.
Quizás sea esto lo que hace que Brunello Cucinelli, empresario de la moda, diga que «este lugar tiene una visión». O que el cardenal George Pell, “ministro de finanzas” vaticano y autor de una estupenda relación sobre “Iglesia y dinero”, diga haber vuelto aquí también «para escuchar y aprender». Quizás sea esto lo que ha llevado también a Matteo Renzi, muy esperado en la feria, a decir haber ido a Rímini «con gran alegría», como le escribió Graziano Grazzini, consejero provincial de Florencia, fallecido en 2006, de CL, «adversario político pero amigo entrañable» en cuanto que testigo de «un modo distinto de vivir». De otro tipo de vida. La vida que Dios prometió a Abrahán.

 
 

Créditos / © Asociación Cultural Huellas, c/ Luis de Salazar, 9, local 4. 28002 Madrid. Tel.: 915231404 / © Fraternità di Comunione e Liberazione para los textos de Luigi Giussani y Julián Carrón

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