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El Papa convoca un Año Santo de la Misericordia

Adriana Masotti
16/03/2015 - Radio Vaticano

Un Jubileo extraordinario, un Año Santo de la Misericordia: lo anunció el Papa Francisco el pasado viernes en la Basílica vaticana durante la homilía de la celebración penitencial con la que inauguró la iniciativa “24 horas para el Señor”. Un anuncio que fue acogido por el aplauso de los presentes. Durante la homilía, Francisco destacó la riqueza de la misericordia de Dios, destacando «con cuánto amor nos mira Jesús, con cuánto amor sana nuestro corazón pecador».

«He decidido declarar un Jubileo extraordinario que tenga como centro la misericordia de Dios. Será un Año Santo de la Misericordia. Queremos vivirlo a la luz de la palabra del Señor: “Sed misericordiosos como el Padre. (…) Este Año Santo comenzará la próxima solemnidad de la Inmaculada Concepción y concluirá el 20 de noviembre de 2016, Domingo de Nuestro Señor Cristo Rey del Universo y rostro vivo de la misericordia del Padre».

Con este anuncio el Papa Francisco terminó su homilía durante la liturgia penitencial celebrada el pasado viernes 13 de marzo, un Jubileo extraordinario que Francisco ve como una oportunidad mediante la cual «la Iglesia podrá hacer más evidente su misión de ser testigo de la misericordia».
«Confío la organización de este Jubileo al Pontificio Consejo para la Promoción de la Nueva Evangelización, para que pueda animarlo como una nueva etapa en el camino de la Iglesia en su misión de llevar a todos el Evangelio de la misericordia. Estoy convencido de que toda la Iglesia podrá encontrar en este Jubileo la alegría necesaria para redescubrir y hacer fecunda la misericordia de Dios, con la que todos estamos llamados a dar consuelo a todos los hombres y mujeres de nuestro tiempo».
Al tema de la misericordia dedicó Francisco toda su homilía. Citando al apóstol Pablo, refiriéndose a la primera lectura, dijo que «Dios nunca deja de mostrar la riqueza de su misericordia a lo largo de los siglos». El Evangelio, siguió diciendo, «nos abre un camino de esperanza y de consuelo». Del pasaje que narra el episodio de la mujer pecadora que lava los pies de Jesús y los enjuga con sus cabellos, los besa y los unge de óleo perfumado mientras Simón, el dueño de la casa que había invitado al Maestro a su mesa, la juzga como una pecadora, Francisco subrayó dos palabras que resonaron con insistencia: amor y juicio.
«Está el amor de la mujer pecadora que se humilla delante del Señor, pero antes aún está el amor misericordioso de Jesús hacia ella, que la anima a acercarse. (…) Cada uno de los gestos de esta mujer habla de amor y expresa su deseo de tener una certeza inquebrantable en su vida: la de ser perdonada. Esta certeza es preciosa. Y Jesús le da esta certeza. Al acogerla, le muestra el amor de Dios hacia ella, ¡precisamente a ella! Dios le perdona mucho, porque “ha amado mucho”. Esta mujer ha encontrado de verdad al Señor. (…) Para ella no habrá ningún juicio más que el que viene de Dios, y este juicio es el de la misericordia. El protagonista de este encuentro es sin duda el amor, la misericordia, que va más allá de la justicia».

Al contrario, Simón, el fariseo, afirma el Papa, «no consigue encontrar el camino del amor. (…) En sus pensamientos solo invoca la justicia, y así se equivoca. Su juicio sobre la mujer le aleja de la verdad y no le permite ni siquiera comprender quién es su invitado. Se queda en la superficie, no es capaz de mirar el corazón».
«El reclamo de Jesús nos anima a cada uno de nosotros a no quedarnos nunca en la superficie de las cosas, sobre todo cuando estamos delante de una persona. Somos llamados a mirar más allá, a apuntar al corazón para ver de cuánta generosidad es capaz cada uno. Nadie puede quedar excluido de la misericordia de Dios. Todos conocen el camino de acceso y la Iglesia es la casa que a todos acoge y a nadie rechaza. Sus puertas permanecen abiertas de par en par –concluyó el Papa– para que todos los que hayan sido tocados por la gracia puedan encontrar la certeza del perdón».
Una acogida que encuentra una imagen simbólica en el rito inicial de este Jubileo extraordinario nada más anunciarlo: la apertura de la Puerta Santa de la Basílica de San Pedro, el próximo 8 de diciembre.

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