Va al contenido

Huellas N.8, Septiembre 2004

CULTURA Meeting 2004

El sujeto protagonista

Eugenio Nasarre

No había tenido la oportunidad hasta este año de vivir de cerca, o, lo que es lo mismo, de participar en el mitin de Rímini. Pero sus ecos me habían llegado ya con fuerza desde hacía tiempo. Porque, a lo largo de sus ya 25 años de existencia, el mitin de Rímini se ha conquistado un lugar al sol en la vida pública y social italiana (y también, en cierto modo, en la europea). ¿A qué obedece el éxito del mitin? Perdónenme que utilice la palabra éxito. Lo sé, es una palabra ambigua, que tiene un inevitable regusto comercial: éxito de ventas, éxito de público. No se trata tanto de esto, sino de reconocer que una idea nacida para provocar una presencia fuerte en una sociedad dominada por las creencias débiles ha dado lugar a una realidad, que, vivida, resulta sorprendente.

Un pueblo original en la historia de todos
Este año se celebraba, precisamente, el veinticinco aniversario del nacimiento de la experiencia. La idea con que nació era cabalmente una provocación. Rímini, uno de los lugares emblemáticos del veraneo italiano, a orillas del mediterráneo, y puerta también del veraneo centroeuropeo que busca el sol en el Adriático, se convertía, en plena temporada estival, en un lugar de encuentro de mucha gente venida de cerca y de lejos con el fin de expresar la presencia de un “pueblo” en la historia que entre todos estamos construyendo. Este año, entre las numerosas ofertas del mitin, había una excelente exposición sobre Manzoni. Me pareció que tenía un gran sentido. Porque el mitin responde a la idea manzoniana de la historia. La historia no la construyen los poderosos, los prepotentes, los que poseen los instrumentos de dominio en cada época. Hay otra historia verdadera, que es la del pueblo (la de los humildes, decía Manzoni), la de las personas con carne y hueso que viven los avatares de sus tiempos, construyen sus vidas y hacen historia. Y este pueblo necesita hacerse presente y, para ello, es imprescindible encontrarse. Encontrarse en la plaza pública, en el ágora, en medio también de los poderosos y de los indiferentes, no para proporcionar un espectáculo sino para mostrar el otro rostro de la historia.

Una idea sencilla y mucho trabajo
Una mujer enjuta, de rostro fuerte, alma del mitin de Rímini desde su origen, nos contaba con sencillez cómo surgió aquella intuición y cómo se ha ido llevando a la práctica durante todos estos años. Sin duda, hay mucho trabajo detrás de cada edición. Los dos mil quinientos voluntarios –que se dice pronto– son el pilar de la fortaleza del mitin. Y, seguramente, el de este 2004 no puede ser el mismo que los de los años 80, en aquella Europa todavía dividida en bloques, en la que la propuesta marxista, aunque ya en declive, conservaba amplias corrientes de seguidores, en la que los rescoldos del 68 agitaban la vida universitaria, y en la que la fascinación de la violencia hacía mella en círculos juveniles europeos. Pero, a pesar (o acaso no) de la caída del muro de Berlín, hay constantes en esta época que dan vigencia a debates que no pueden arrojarse por la borda: la cultura dominante está ahí; los poderes de los mass media, convertidos en grandes compañías sin responsabilidad ante nadie, son mayores que nunca; el nihilismo forma parte substancial de nuestro paisaje. Europa avanza en su construcción, qué duda cabe. Pero es incapaz de responderse a interrogantes esenciales y no muestra señales de reconocer (y de buscar) su identidad.

Un rostro propio y reconocible
Tengo la impresión que en los mítines de Rímini de todos estos años se pueden reconstruir vitalmente y fehacientemente los avatares de este cuarto de siglo de nuestra historia. Porque detrás de cada mitin no sólo hay mucho trabajo sino que hay un sujeto social que, a la manera manzoniana, participa en la historia de nuestra época, que no reniega de ella, ni quiere estar al margen de ella. Sencillamente porque nadie puede vivir al margen de la historia y pretender hacerlo es una tentación que conduce al suicidio. Vivir en la historia no es someterse a la cultura dominante, no es plegarse porque sí a los poderosos, no es aceptar resignadamente lo que se nos da; es también tener la capacidad de transformarla, para lo cual cada acontecimiento nos interpela y nos obliga a tomar posición. El pueblo cristiano, como tal, también tiene que vivir pegado a la historia, descubriendo sus signos y en medio de ellos haciendo sus propuestas liberadoras del hombre, lo que constituye la oferta de su salvación. Si no lo hace, no puede fortalecerse y no puede llevar a cabo su presencia entre los hombres. No puede, en suma, aparecer con un rostro propio y reconocible. No sé si me equivoco, pero me parece que ésta es una intuición central en la experiencia de los mítines de Rímini. Y es la clave de lo que antes me he permitido llamar su “éxito”.

Cómo se debate en Rímini
Por eso, el mitin, aunque no se agota en la actualidad (no habría entendido nada quien se llevara la idea de que no es más que una gran plataforma para debatir temas de actualidad), aborda las cuestiones que configuran los sufrimientos, las esperanzas y los conflictos de nuestro presente. Iraq no podía quedar ausente en el agosto de 2004. En los debates a los que asistí sobre el tema pude percibir los elementos clave del espíritu con que se debate en Rímini. Los resumiría en tres: libertad, incapacidad de manipulación y búsqueda de una verdad que nos comprometa. Así es como se debate en Rímini. Primero, libertad de expresión. Decenas depersonajes, de muy distintas procedencias y líneas de pensamiento, pasan por las tribunas del mitin. Y todo el mundo percibe que hablan con libertad, aunque sea provocadora. El clima de libertad del mitin es muy vivo, es el paisaje que uno encuentra. Y los que participan –que son decenas de miles– ejercen esa libertad como algo natural.

Conmigo ven a buscar la verdad
Pero ese pueblo, sujeto protagonista del mitin, no se presta a la manipulación. El riesgo mayor de los debates en nuestra época es la manipulación. Los hombres de nuestro tiempo somos expertos en las más refinadas técnicas manipuladoras. Y dar gato por liebre es el pan nuestro de cada día. Vi en Rímini como si existiese una vacuna “antimanipulación”. Y esa vacuna tiene dos ingredientes: por una parte, no hay posibilidad de disfraces; cada cual se presenta con su propia identidad, y quien vaya a Rímini intentando desdibujarla pierde el tiempo. Y, por otra parte, al sujeto protagonista del mitin, ese pueblo que ha venido a encontrarse a lo largo de la semana, le interesa la verdad, cree que detrás de cada acontecimiento hay una verdad, que hay que descubrirla, mejor a la manera machadiana: «conmigo ven a buscarla».

La voz autorizada del obispo de Bagdad
Sobre Iraq me impresionó la intervención del obispo auxiliar de Bagdad. Era una autorizada voz de quien vive y padece la dramática situación del pueblo iraquí. No había desesperación en sus palabras. Pero nos describió un escenario que a mí me acercó más a los sufrimientos de la gente, especialmente de la que es su pastor, que son los humildes de nuestro presente. Han aumentado los odios en Iraq, los odios religiosos, los odios contra las comunidades cristianas instaladas desde tiempos inmemoriales en las tierras caldeas. La espiral infernal de la guerra está creando unas víctimas, tan inocentes como las demás víctimas, pero acaso más víctimas que otras. Es uno de los puntos oscuros, subterráneos, de la tragedia, que no emergen a la luz. No podemos olvidar a los perdedores de los perdedores.

La clave del mitin
He pasado tres días enteros en el mitin de Rímini, como tantos miles de personas que, por la mañana, con sus mochilas a la espalda, atraviesan las puertas de la Feria para abandonarla a veces cuando se pone el sol, y otras de noche cerrada, si también asiste a las ofertas musicales y artísticas del programa. Cada jornada se pasa intensamente eligiendo entre las múltiples ofertas de debates, exposiciones, coloquios que se desarrollan, y participando en ellos. Pero a lo largo del día todo es una actividad: la del encuentro. La gente viene a encontrarse. Insisto en ello, porque creo que la clave del mitin es, si se me permite decirlo así, que es un privilegiado lugar de encuentro para un pueblo que quiere vivir como protagonista su experiencia histórica.

Pueblo cristiano y creación de un sujeto europeo
Probablemente en la Europa de nuestros días esta experiencia no es comparable a ninguna otra. El cristianismo europeo de hoy no tiene este tipo de lugares de encuentro. Cuando concluía mi estancia, me preguntaba si esta experiencia sería exportable. No soy capaz de dar una respuesta. A lo mejor, en la Europa que estamos construyendo los “ámbitos nacionales” ya no resultan los marcos idóneos para este tipo de encuentros. Pero también es difícil de hablar todavía de un “sujeto europeo”. Esta también es una de las debilidades en que se mueve el pueblo cristiano en medio de esta fase de la historia de Europa.

 
 

Créditos / © Asociación Cultural Huellas, c/ Luis de Salazar, 9, local 4. 28002 Madrid. Tel.: 915231404 / © Fraternità di Comunione e Liberazione para los textos de Luigi Giussani y Julián Carrón

Vuelve al inicio de página