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Huellas N.6, Junio 2004

SOCIEDAD Elecciones Europeas

Por una Europa unida más allá de las ideologías

a cargo de la CdO

Primero fue el 11 de septiembre. Luego el 11 de marzo. Zona Cero y Madrid. Frente a esto tenemos una Europa desorientada y confusa a la que se le pide que vote. La situación actual exige que asumamos nuestra responsabilidad, confiando en la tradición que ha ido construyendo nuestro pueblo. La razón nos dice que esta responsabilidad dura toda la vida y que, además, es mayor cuanto más dramáticas son las circunstancias. Este texto quiere ser una contribución para ejercer esta responsabilidad común.
Nacimiento de Europa. 1945. La posguerra. Algunos estadistas –Schuman, De Gasperi, Adenauer– se reconocen en torno a un programa común que consta de cuatro palabras: “Nunca más la guerra”. El primer resultado es la Comunidad Económica del Carbón y del Acero. Uno de los elementos de la contienda que desembocó en la guerra –el carbón, las cuencas del Ruhr– se convierte en programa e interés común para el nuevo sujeto político. El punto de partida es modesto pero pragmático. En realidad, es revolucionario. Un gesto de gran arrojo, de confianza en el patrimonio de la tradición europea y de esperanza en el futuro.
La nueva Europa nace así: como tutela de la libertad de la persona, de la paz, del desarrollo; como alianza atlántica con EEUU, que ha pagado un gran tributo de sangre y ayuda a la reconstrucción; como compromiso común frente a la aparición de viejos y nuevos totalitarismos. Los mismos temas de hoy ocupaban la agenda europea de entonces. Si la nueva Europa quiere llevar a cumplimiento la extraordinaria intuición de los padres fundadores, debe partir de ahí. El “cansancio de Occidente”, el olvido de la tradición y la confusión frente al terrorismo hablan, en cambio, de que se está produciendo un abandono.
Final de los años 90: Europa en crisis. Después de la moneda única, el vacío. Cuando se trata de llevar al máximo nivel de unidad política un proceso de reconstrucción que los estudiosos consideran único en el panorama mundial, Europa entra en crisis.

Crece el estatalismo. No se favorecen los sujetos populares que contribuyeron a crear una extraordinaria riqueza de iniciativas; se reduce la colaboración entre la administración pública y la iniciativa social y privada; aparece en escena una superburocracia europea; se debilita la política común de desarrollo internacional y ocupan su lugar los intentos de algunos Estados por afirmar sus propias áreas de influencia; entra en crisis la sociedad del bienestar y Europa no consigue mantener el nivel de crecimiento económico de EEUU.

La fractura con la historia es aún más neta en la política internacional. Europa se divide entre americanismo y antiamericanismo, se ahoga en la confusión frente al problema del terrorismo, no tiene una propuesta de solución para la tragedia de los Balcanes, está dividida ante Iraq, abandona la política de cooperación con los Países del Mediterráneo y reduce la cooperación con el Tercer Mundo. No consigue ser un sujeto político protagonista.

La Constitución europea. Se llega a negar cualquier referencia a la tradición judeo-cristiana, prefiriendo hacerse eco de consideraciones jacobino-masónicas. Se delega la afirmación de la unidad en puras técnicas de representación. Pero la unidad es posible sólo ante la verdad que nos alcanza hoy a través de la tradición. El extravío es grave, hasta el punto de que el terrorismo parece incluso capaz de influir en resultados electorales y compromisos internacionales.
El camino hacia el futuro de Europa debe buscarse y encontrarse en su intuición original:
1 Defensa de la persona y de su libertad, también a través del incremento de su bienestar social, sin que ningún estado u organismo administrativo sustituya el protagonismo de las personas.
2 Una política para Europa que atenúe las diferencias entre las áreas desigualmente desarrolladas, prestando especial atención a los países de la última ampliación.
3 Una política económica común que apoye decididamente a la pequeña y mediana empresa e impulse las iniciativas que generan empleo.
4 Una apuesta decidida por la educación, la instrucción y la formación, respetando la pluralidad de la sociedad y luchando contra la tendencia monopolizadora del Estado en estos campos.
5 El desarrollo de políticas en favor de la familia y del valor de la vida humana.
6 El fomento de la cooperación con los países menos desarrollados.
7 El establecimiento de alianzas estables con América Latina y con los países de la cuenca mediterránea.
8 El incremento de la cooperación cultural y económica con los países musulmanes moderados –comenzando a colaborar con los sistemas universitarios y educativos– como forma más eficaz de combatir el terrorismo.Compañía de las Obras

 
 

Créditos / © Asociación Cultural Huellas, c/ Luis de Salazar, 9, local 4. 28002 Madrid. Tel.: 915231404 / © Fraternità di Comunione e Liberazione para los textos de Luigi Giussani y Julián Carrón

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