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Huellas N.6, Junio 2004

CARTAS

Ciudad de México, Buenos Aires, Madrid...

a cargo de María Rosa de Cárdenas

Una relación filial
Querido don Giussani: Me ha impresionado sobremanera la humanidad de tu carta al Santo Padre. La relación filial que se percibe en tus palabras enciende en mí el deseo de una relación así, donde la intensidad de la mirada y la sencillez del corazón agradecido a Cristo descansan por la correspondencia de una mirada y un corazón también agradecido a Cristo. ¡Cuán bella y grande es la relación que surge del encuentro con Cristo! Pertenecer a un Padre, saber de una presencia buena que vela sobre la verdad de nuestra vida, es lo que yo he comenzado a vivir en CL, la experiencia que ha abrazado a tantos por todo el mundo, pero que puedo decir que me pertenece a mí como a hijo único. La fundación del seminario de la Fraternidad de San Carlos Borromeo para América Latina que don Massimo tanto deseaba, culmina mi amistad con el P. Fabio, el P. Franco, el P. Julián y el P. Roberto. Don Gius, no nos conocemos pero te pertenezco como hijo, porque la historia que ha nacido de tu “sí” ha llegado a aferrar mi “sí”. Ahora, tu “sí” actúa en mí con una fuerza paterna como el “sí” del Santo Padre actúa con fuerza paterna sobre el tuyo. Esto sólo puede ser providencia de la bondad de Cristo, que me ha regalado en un instante toda una historia, pertenecer a Cristo, el acontecimiento que sostiene la esperanza de los hombres.
Christian, México DF

A alguien le importa nuestro destino
He participado como psicóloga en los distintos dispositivos de ayuda que organizó el Colegio de Psicólogos con motivo de los atentados del 11 de marzo. Tras confirmar ese día que mi familia y mis amigos estaban bien, surgió en mí una necesidad imperiosa de ofrecer mi ayuda a aquellas personas que habían sido víctimas del brutal atentado. Llamé al Colegio de Psicólogos y me acerqué al SAMUR, en Madrid, pero todavía estaba organizándose todo. La noche del jueves al viernes medio dormí, poniendo la radio a ratos para cualquier necesidad y esperando escuchar el juicio que el Papa hacía sobre los dramáticos acontecimientos. Al día siguiente, me llamaron para atender, primero telefónicamente en el 112 y durante el fin de semana en IFEMA a las personas que solicitaran nuestra ayuda. Rafa, mi novio, me llevó en coche hasta allí y yo no podía hacer nada más que rezar con él el Rosario durante el trayecto y ofrecerme al Señor para acompañar a quienes tanto sufrían. Al lunes siguiente, gracias a nuestro manifiesto Una esperanza cierta, comprendí mi experiencia frente a las víctimas del atentado: «Ni siquiera la ayuda psicológica es suficiente». ¡Claro que no! Ningún psicólogo, por el hecho de serlo, lleva en sí el significado de la vida que, de manera evidente, necesitaban esas personas. Sólo gracias a la compañía que el Señor me puso aquellos días con más fuerza le pude decir a un hombre que acudió al IFEMA a recoger la documentación de su mujer, ingresada en el hospital muy grave, con dos hijos de 9 y 11 años, ante la grata sorpresa que manifestaba por el apoyo recibido por sus amigos y familiares: “el corazón del hombre está hecho para el bien, incluso el de los terroristas”, a lo que él me respondió llorando que era verdad. Gracias a Aquel que a través de vosotros porta el significado de la vida. Pido, por intercesión de la Virgen, seguir ayudando a los enfermos oncológicos y a sus familias, con los que trabajo en Oncomadrid, a encontrar el significado de su enfermedad y de su vida: «Sí, hay Alguien que ama el destino de nuestras vidas».
María, Móstoles

Bailar en los slums
Querido don Giussani: Tengo 25 años y trabajo para AVSI. Ahora me han trasladado a Uganda, para trabajar en el sector de la educación. El miércoles por la mañana, fui al poblado de chabolas de Kireka, un lugar donde Rose trabaja con enfermos de SIDA. Rose, que es como un huracán, me acompañaba y me mostraba a “sus” enfermos. Yo les saludaba, les acariciaba la mano, les abrazaba; intentaba, al menos, hacer lo que ella hacía. No quiero negar que sentía un poco de temor y de miedo.
Me impresionó mucho un muchacho que me saludó y al que la enfermedad lentamente está destruyendo. Me impresionó cómo estaban con Rose: cantan, bailan, ríen y se divierten; y todo lo hacen a sabiendas de que se están muriendo. Cuando veo vivir, y aquí vivir lo empleo en el sentido pleno de la palabra, me parece increíble, son las personas más felices del mundo. Rose me dijo: «Yo no estoy aquí solamente para aliviarles el dolor; para esto es suficiente con darles pastillas calmantes. Yo estoy aquí para hacerles comprender su enfermedad y su vida; para dar un significado a su sufrimiento. ¡Esto es el Meeting Point!». Después bailé con ellos el Raka-Raka, una de las danzas de amor tradicionales de la tribu de los Acholis (mi tribu, porque yo soy hijo de emigrantes que vinieron a Uganda en 1977 y nací en 1978, en Kitgum). Y todos se pusieron a gritar y a tocar los tambores como locos cuando dije que me llamaba Otim (que significa fuera de la patria). Se divertían muchísimo al ver un blanco (yo) de cultura distinta y tradiciones distintas que estaba con ellos y que bailaba con ellos. Todo el slum estaba allí reunido. Al final, uno de ellos me preguntó: «¿Cuando volverás?». Todos enfermos, al borde de la muerte, y todos con un deseo inmenso de vivir: ya no hacen distinción entre una tribu u otra, y esto es un milagro para un africano. En este camino están juntos, unidos y guiados por Rose. Son testigos, son un reclamo que nos enseña aquello para lo que hemos sido hechos. Después me vino a la cabeza una idea: en Holanda se lucha por el derecho a morir, por la eutanasia, mientras aquí se lucha por el derecho a vivir. ¡Qué paradoja! En Kireka tuve entre mis brazos un niño (una adopción a distancia promovida por AVSI); estaba bautizado con tu nombre: Luigi Giussani. Esto me hizo sonreír; pero el significado es mucho más profundo de lo que pueda parecer. Es un signo sencillo de pertenencia.
Samuel, Uganda

Laudate Domini
El milagro del que hemos sido no sólo testigos, sino protagonistas estos días a través del Coro, no deja de conmocionarme. No tanto porque “las cosas hayan salido bien”, sino por la experiencia de tocar la compañía amorosa del Misterio que acoge nuestro “sí” y convierte nuestro trabajo en signo de su presencia. Gracias a todos, porque sin vuestra compañía ni siquiera habría podido decir «sí».
Isa, Directora del Coro de CL de Madrid

Pegado a la fuente
Te escribo para darte las gracias, conmovido, por los cantos de estos Ejercicios de la Fraternidad en Madrid. Tengo mil justificaciones para no colaborar con los cantos (niños, falta de tiempo, timidez...) pero ninguna de ellas puede con la evidencia de lo que ha sucedido este fin de semana. Los cantos han sido para mí un signo evidente de la potencia de Cristo vivo, hasta el punto de conmover el alma y hacerme llorar. Es la oración perfecta (ahora, por las mañanas, cuando voy a trabajar en el coche, no rezo el Regina Coeli, sino que lo canto). Sabes que soy bastante limitado con la voz, tengo poca iniciativa, soy tímido y me cuesta cantar en público. Además tengo poco tiempo, etc, etc, pero no quiero partir de esto; os ofrezco lo que tengo con sencillez, porque quiero estar pegado a la fuente de la que nace esta potencia. Me pongo a vuestro servicio, en la modalidad que queráis.
David, Coslada

Viene a nosotros
Para mi marido y yo fue más conveniente quedarnos en la Ciudad de México durante la Semana Santa que ir de vacaciones a Tuxtla Gutierrez, la capital del Estado de Chiapas, donde vive nuestra familia. Unos días antes, mi hermana me había comentado que quería quedarse en el D.F. y no irse de vacaciones a Chiapas porque quería vivir bien la Pascua. Ése era también mi deseo y también una promesa: si pides, puedes vivir la Semana Santa como un periodo de gracia que da luz sobre el camino que estás recorriendo, es decir, tu propia vida. Además, existe una forma concreta de hacerlo. Los rostros de los amigos, nuestra responsabilidad en el coro y sobre todo la certeza de estar ante la única Belleza que no se desvanece, la piedra angular de la vida, que es Jesús resucitado, hace que hoy, después de una intensa jornada de trabajo, mi humanidad comprenda que «el camino mismo ha venido a ti y te ha despertado del sueño».
Nuria, Ciudad de México

Sigue siendo real
En Semana Santa participé en unos días de vacaciones con los universitarios de Ciudad de México. Allí una pregunta empezó a pasearse por mi mente; los veía a todos tan contentos, como si disfrutaran de una humanidad tan natural, que los hacía verdaderos hermanos. Y lo extraño del caso es que ellos sin conocerme me trataban con una verdadera amistad. Sin darme cuenta, los lazos de fraternidad que entre ellos había se extendieron hacia mí. Paseaba peligrosamente mi tenedor por la pasta, pero ella no me interesaba (perdón Franco); la verdad es que no podía entender que los muchachos de la Ciudad de México, con una sola semana de vacaciones (en Chihuahua tenemos dos) gastaban su tiempo con nosotros. Y no sólo eso, sino que me llamaban “amigo”. Abrieron las puertas de su casa para que nosotros pudiéramos estar bien. Este compartir me hizo comprender más el gesto que vivimos el Jueves Santo: el don que Jesús hizo de sí. Esto sigue siendo real.
Chesco, Chihuahua (México)

¡Nadie nos habla así!
El tema no era nuevo: la educación. Desde siempre es un tema que preocupa a todos y son muchos los especialistas que reflexionan con gran profesionalidad. La presentación del libro de Giussani, Educar es un riesgo, a cargo de Giancarlo Cesana, en el Aula Magna de la Facultad de Medicina y el Seminario que organizamos conjuntamente con el diario La Nación, nos brindaron la posibilidad de verificar una vez más que la forma en que se nos ayuda a vivir y tomar en serio todos los aspectos de la vida es una “novedad” justamente porque nos corresponde. No pudimos dejar de decir: «¡Es verdad!». Y tener el valor de gritarlo al mundo, que no repara en lo más importante o que da por supuesto lo que se vuelve decisivo, me parece un signo más de una audacia que sólo puede tener quien está seguro de lo que sigue. «Mi abuela –dijo Cesana– quizás no terminó la primaria, pero era una gran educadora; el problema de la educación es el problema de la cultura; no es la psicología la que nos guía sino la búsqueda del sentido de las cosas; la educación no se dirige a un mecanismo cerebral sino al aspecto más misterioso de la experiencia humana: la libertad». De otro mundo. ¿Quién nos habla así? ¡Cuánto tiempo y cuántas energías se gastan pensando que las cosas pasan por otro lado! En cambio, todo es mucho más simple, aunque verdaderamente dramático. «Para encontrar a Dios es necesario encontrar a los hombres que lo siguen». ¿Quién nos recuerda hoy el misterio de la Encarnación y nos ofrece una experiencia que podemos comprobar?
Mónica, Buenos Aires

Tanto como lo necesite
Querido don Gius: Mi nombre es Carla y pertenezco al movimiento desde hace algo más de cuatro años; y sucedió como tenía que suceder, de improviso, un día que estando en la Biblioteca de mi Universidad, encontré unos papelitos de 10 por 10 cm que invitaban a un encuentro sobre el origen del Universo. Sólo después de conocer el movimiento he podido preguntarme verdaderamente: ¿qué sentido tiene todo? Ante esta pregunta, ahora sé a ciencia cierta que Dios tiene una preferencia hacia mi persona. Recuerdo el día de mi primera comunión, cuando, al estar todas las niñas rodeando el altar, el sacerdote –el mismo que me había bautizado– se acercó a mí y llamándome por mi nombre me dijo: «Carla, ¿quién te bautizó? Y ahora, ¿quién te da tu Primera Comunión? Yo le respondí: tú. A través de este sacerdote y del movimiento, este Tú es el que ha permanecido fiel a mí toda mi vida. Aun en los momentos más terribles, de los cuales he podido salir adelante sólo por un milagro, este Tú me sale al encuentro siempre rescatándome de la nada. Aunque a veces me pierda por el camino puedo confiar, puedo tener esperanza porque sé que este Tú, presente a lo largo de mi vida, viene siempre a rescatarme una y otra vez, y tantas como lo necesite, porque me ama y es fiel a su amor.
Carla, Lima

Partir del presente
Este año me ha tocado ser la presidenta de la comunidad de vecinos. Había que arreglar el portal y he emprendido yo como responsable la obra; lo cual ha conllevado un trabajo intenso con el administrador, Tomás. En las conversaciones con él siempre ha manifestado sus inquietudes y decidí invitarlo a la presentación del libro Por qué la Iglesia. Sin embargo, ahora, cuando me pregunto por qué le invité, sin pretensión alguna de que entendiese o aceptase mi oferta, estoy convencida de que le invité sólo porque Dios quiso. Al llegar al salón con él, lo primero que comprendí es que aquello él no lo conocía. Y eso me reveló que estábamos viviendo algo en absoluto presente. Yo no iba al acto a llevar a Tomás, hubiese ido sin él, y eso significa que aunque yo hubiera entrado en contacto con Comunión y Liberación hace más de 10 años, seguía siendo también algo nuevo para mí. De hecho, cuando salimos y me preguntó qué había aportado el movimiento a mi vida, le contesté que solamente podía responder respecto a lo que me aportaba en el presente. De camino a casa, me comentaba muy preocupado que no sabía si encontraría lo que andaba buscando como unvagabundo. Yo le decía con sinceridad que todos los hombres buscan a Dios: saber que están en el mundo por algo y que son queridos tal y como son. Me contaba que todo le aburre ya, que hasta su pasión por el fútbol se había agotado. Por otra parte, insistía en que su trabajo le obliga a tratar a diario con mucha gente y que yo era diferente, y muy diferente; que lo había percibido en mi forma de actuar al arreglar el portal. Cuando se refirió a la diferencia que percibía en mí, reconocí un signo de algo que me supera por completo. Sé muy bien que yo no soy distinta de los demás ni hay en mi vida nada nuevo que no sea la intervención del Misterio. Así que le contesté: «Mira, a ti te aburre todo, pero cuando ves algo diferente dices: esto es diferente. Luego tu enfermedad no es mortal. Y sólo un hombre en la historia no ha necesitado que un ciego viera para devolverle la vista, sólo un hombre cura al ciego, hace andar al cojo y hablar al mudo. Si necesitas un milagro, tienes que conocer a Cristo. Y poco importa lo que te digan sobre él; lo único que necesitas es conocerle». Me emocionó lo que estaba ocurriendo. Aquel hombre, Tomás, dispuesto a hacer lo que yo hiciera, a ir donde yo fuese, tenía los mismos “síntomas” que yo cuando conocí a José Miguel García. Y jamás había imaginado que iba a reproducirse en mí el método que yo había visto. Una cosa es hacer lo que otro hace e ir donde él vaya, y otra muy distinta es que se reproduzca el método en ti. Yo diría que es como estar llamando a una casa y encontrarse de repente dentro porque te han abierto la puerta. Una cosa no se deduce de la otra.
Cati, Madrid

Con mil preguntas
Yo era una niña de 14 años, buena, responsable, que creía en Dios: rezaba e iba a misa; pero todo comenzó a cambiar súbitamente cuando conocí al nuevo párroco de mi barrio: Joaquín. Él me propuso ir a Escuela de comunidad, pero no empecé a acudir hasta después de una salida de apertura de curso en Fasnia. El empujón para ir me lo dio una compañera de clase, Celeste, que ya conocía CL, y a partir de ahí, nuestra relación pegó un gran cambio. En esta salida conocí a gente que vivía de un modo de diferente y, además, trabajadores y universitarios que trabajaban gratuitamente, mejor dicho, pagando. Empecé a ir a Escuela y a volver loco a Joaquín con mil preguntas, y sus respuestas descolocaban cada vez más mis cuatro ideas preconcebidas del cristianismo. Sabía que había algo diferente y me pegué como una lapa. Los Ejercicios de Semana Santa supusieron un gran cambio: me di cuenta de que la Presencia de Cristo era lo que hacía todo diferente. Marga dijo una frase que siempre he recordado: «Tendrás cien veces más en el futuro», por aquella envidia sana que sientes por las personas que ves que viven mucho mejor que tú, que son más felices. Seguí apegándome, y empezaron a surgir unos rostros concretos que para mí eran presencia de Otro: Joaquín, Marga, Jony, Amala, Jonás y Agalác. No faltaba a nada de lo que se me proponía, y con cada Escuela todo resurgía. Después de las vacaciones de verano en El Hierro, se dio otro cambio: tras ocho horas caminando con el cansancio que conlleva, y con una amiga quejica al lado, ante la belleza de una puesta de sol me di cuenta de lo grande que es el Misterio y la compañía que llevaba, de lo bella que es mi vida. No cabía en mí. La diferencia de cuando empecé a ahora es enorme; puedo estudiar contenta, y mirar en ocasiones a compañeras de clase que me caen fatal de la misma manera que miro a estos amigos. Amigos que quizás te dan la patada, pero está claro que, como dice Joaquín, «o miras tu sensibilidad herida o miras tu experiencia y si estos amigos te han ayudado o no».
Ana, Tenerife

Saber lo que vale
Yo sé que valgo más que unas simples notas, pero muchas veces el problema del estudio me hace enclenque y me derrota. Parece que no puedo ser más grande que mis problemas, aunque quiero vencerlos y que alguien me ayude a derrotarlos. En esos momentos soy esclava de mis circunstancias, porque me dejo llevar por mis sentimientos. Me he sentido como una poca cosa que se lleva el viento, porque no voy al fondo de las cosas. En esos momentos no sé cómo hay que amar la vida, porque voy a lo cómodo y a soportar lo que me toca vivir todos los días. La vida así no es una aventura, porque en mi persona hay muchas dudas y eso me hace ser indecisa y dejarme llevar como una veleta, sin rumbo. En los Ejercicios en Chueca he aprendido que mirar a los demás me ha hecho crecer en la certeza que muchas veces pierdo, y he podido ver que yo tengo más valor que los resultados en mis estudios. Estos días he tenido exámenes y he ido con una tranquilidad excepcional, sin miedo a nada y con ganas de afrontar los resultados, tanto los buenos como los malos. Los Ejercicios me han servido para recargar las pilas, pero creo que lo que he reconocido es verdad para toda la vida. Ahora mismo puedo decir que tengo mi rumbo, que amo la vida, pues Cristo dio la vida por nosotros.
M. Carmen, Alcobendas

 
 

Créditos / © Asociación Cultural Huellas, c/ Luis de Salazar, 9, local 4. 28002 Madrid. Tel.: 915231404 / © Fraternità di Comunione e Liberazione para los textos de Luigi Giussani y Julián Carrón

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