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Huellas N.6, Junio 2002

VIDA DE CL

Comiendo en Kentucky

Giorgio Vittadini

Viaje por Evansville y la provincia americana de Indiana para visitar al obispo, presentar el libro Educar es un riesgo y asistir a la diaconía de los responsables de CL de EEUU. «La respuesta al drama de la pedofilia es una fe profunda y popular»


Evansville es una ciudad del extremo sur de Indiana, en la frontera con Kentucky e Illinois, mayoritariamente católica y fundada por inmigrantes bávaros. Es la típica ciudad de provincia con bares (que venden indistintamente cerveza, pollo frito, armas y municiones), locales con karaoke, casas todas iguales, iglesias de confesiones diversas, un aeropuerto de medianas dimensiones, una pequeña universidad, el habitual gran río americano (en este caso el Ohio) y larguísimas carreteras rectilíneas que cortan la llanura infinita y llevan quién sabe adónde.

En esta América profunda, tan lejana de Europa, aunque también de Nueva York, nació hace un año una comunidad de CL. Mientras en el Vía Crucis de Nueva York Cristo resurge allí donde nadie espera, en Evansville el carisma del movimiento se encarna en lo profundo de la provincia americana.

Fuimos a Evansville con todos los responsables del movimiento de Norteamérica. «¿Por qué habéis venido?», preguntaba Philips, brazo derecho de Mike Eppler, el fundador y responsable de la comunidad que nos contó su experiencia en las últimas vacaciones internacionales (ver Huellas, septiembre 2001). Después de tres días de convivencia, esta fue la pregunta que nos planteó, asombrado y contento, pero deseoso de no dar nada por descontado. La crónica de todo lo que sucedió es la respuesta a esta pregunta.

Chicos normales
Al llegar al aeropuerto, el jueves por la tarde, nos recibieron Mike y sus amigos. Son gente “normal”, vendedores de maquinaria industrial, empleados, enfermeras, estudiantes, que han tomado vacaciones para estar con nosotros; personas de rostro sencillo, limpio, profundo, abierto.

Como “abierto” nos pareció el obispo de Evansville, que nos recibió el viernes por la mañana. Este hijo de agricultores (lo afirma él mismo con orgullo) ve con muy buenos ojos el crecimiento de CL en su diócesis. Ha leído las obras de don Giussani, y nos comentó: «La respuesta al drama de la pedofilia es retomar la experiencia de una fe profunda y popular como la que se vive en CL». Parecía hacerse eco de lo que nos dijo en Nueva York el padre Cameron, editor de Magnificat, una publicación mensual con una tirada de 120.000 números que se difunde en las iglesias para acompañar a los fieles en la liturgia cotidiana.

Fried chicken
En los sobrios locales del arzobispado - que comprende salones para encuentros y la indispensable pista de baloncesto -, mientras comíamos pollo al estilo Kentucky escuchamos la presentación del libro de Giussani Educar es un riesgo a cargo de monseñor Albacete, a quien acompañaban Mike Eppler, responsable de la pastoral juvenil y la profesora Phillis Bussing, responsable de las escuelas católicas de la diócesis.

El encuentro se había anunciado ampliamente con un artículo en la primera página del periódico local y con numerosas octavillas. Antes de empezar, Albacete fue largamente entrevistado para la radio y la televisión junto al obispo y a Chris Bacich acerca del tema de la pedofilia. A la estupenda presentación de Albacete siguió la interesantísima intervención de Bussing: «Después de los primeros dos capítulos pensaba que se trataba de un libro excepcional. Cuando leí el tercero comprendí que yo, educadora desde hace treinta años, tenía que aprender de nuevo la esencia de lo que es educar».

Pero las sorpresas no habían terminado: tras las intervenciones surgió un debate de gran vivacidad con el público, que tenía un gran deseo de comprender. Personas jóvenes y no tan jóvenes, que no se dejan afectar por los escándalos; gente movida por su confianza incondicional en la fe y en la Iglesia, que buscaba algo de forma distinta y al mismo tiempo igual que los 3000 participantes en el Vía Crucis de Nueva York. Con una alusión conocida para nosotros, Philips terminó diciendo: «Para comprender mejor, venid a educar con nosotros. El Movimiento es algo que esperábamos desde siempre sin saberlo».

En la buhardilla
Visitamos después la sede de CL, situada en el último piso de un asilo, un ático lleno de viejos sofás. De las paredes penden imágenes del Vía Crucis, los manifiestos de CL en inglés, la bandera americana y las fotos que recuerdan los acontecimientos más importantes de la comunidad. Sobre una mesa se apilan los libros de don Giussani y Traces. En este local se desarrollan las Escuelas de comunidad de bachilleres y adultos, con discusiones épicas y diálogos que continúan vía e-mail. Se discute acerca del significado de CL dentro de la Iglesia más que del deseo humano despertado por el encuentro.

El movimiento ha dado verdaderamente nueva forma a las relaciones de este grupo de jóvenes, antes habituados a juntarse sólo en retiros espirituales organizados por un movimiento difundido en la diócesis llamado “Tec”.

Están descubriendo que el movimiento tiene que ver con toda la vida. Han empezado a cantar juntos (en vez de dedicarse al karaoke), a juzgar lo que sucede, a ayudarse en las necesidades.

Por un letrero
Mike, que nos acompaña en todo momento, es la mejor fuente de noticias. Su secreto es su mujer Mariah, que es profesora de apoyo de niños discapacitados. Como toda gran mujer le apoya en su tarea con su sacrificio. Pero a medida que la visita avanza aprendemos a conocerla y a amarla. Los Eppler tienen tres niños preciosos, protagonistas de estos días, y quieren adoptar otros más. Otra persona que impresiona es Sarah, una chica de 21 años, que trabaja diez horas al día haciendo “piercing” en una peluquería. «¿Qué es el movimiento? No se puede decir con palabras. Es un hecho que está injertado en lo profundo del corazón». Ella es de Jasper, una ciudad cercana a Evansville. Sus vecinos no entienden esta extraña amistad con los de Evansville. Mike, los amigos de Evansville, y después Riro y Stella, han sabido descubrir y acoger su humanidad, su deseo de bien y de construir aceptándola como es, con su “piercing” en la lengua y su forma de vestirse como una chica que “ama la vida”.

También han comenzado en esta ciudad los gestos públicos: en Semana Santa hicieron un Vía Crucis durante el que rompieron sin querer con la cruz el letrero de una tienda de tatuajes. Al salir de la tienda para ver el daño realizado, el propietario vio que Mike era católico y se mostró muy interesado en conocer el movimiento.

David, Rob y los demás
El viernes por la tarde llegaron los responsables de varias comunidades de EEUU, rostros conocidos y rostros nuevos: David Jones, el capitán de Missouri y su padre, un ingeniero jubilado de Saint Louis, el nuevo grupo de Indianápolis, Rob Jones y todos los demás. Nos trasladamos a New Harmony, un lugar simbólico. Este pequeño pueblo, hoy meta turística, representa aquello que tradicionalmente el movimiento combate: la utopía de una ciudad de “iguales”, haciendo referencia primero a una secta protestante y después al socialismo utópico de Owen. Un intento rápidamente abortado de igualdad “comunista”, en el que había un cementerio en cuyas no se escribían los nombres para evitar cualquier personalización (¡sic!). Allí y en la universidad de Evansville tiene lugar la diaconía nacional. Surgen las preguntas: «¿Qué respuesta constructiva se puede dar a la pedofilia en la Iglesia?». «¿Qué significado tiene y de dónde parte la pertenencia a un carisma para mí, que vivo ya dentro de la Iglesia?». «¿Cómo no encerrarse en esta pertenencia como si fuese un compartimento, visto que EEUU está poblado de sectas, grupos, enclaves, etnias cerradas?».

La discusión es de una gran vivacidad. El padre Jerry describe cómo el movimiento ha dado un nuevo significado a su vida como sacerdote y párroco de Rochester (ver el nacimiento del Studium Chirsti en Minnesota).

Monseñor Albacete muestra de qué forma la tensión entre carisma e institución es amor de Cristo, que en una experiencia viva hace amar a toda la Iglesia incluso en sus aspectos institucionales. A partir del bellísimo discurso del Papa uno se da cuenta de que detrás de la pedofilia se encuentra el profundo vacío dejado por la pérdida de conciencia de Cristo vivo, verdadero, cotidianamente vivo.

Camiones y contenedores
Se pone de manifiesto que el movimiento es a veces como un truck, un camión que retira los escombros de nuestra cerrazón ante la realidad.

Emerge el significado más profundo de este encuentro. No estamos contentos por la “capacidad” de hablar de Jesús. Estamos alegres sobre todo porque está sucediendo de nuevo también en ellos lo que se lee en las camisetas verdes que llevan: «El objetivo de CL es proponer la presencia de Cristo como la única respuesta verdadera a las necesidades más profundas de la vida humana en cualquier momento de la historia».

Esta conciencia se hace más evidente cuando, casi casualmente, la diversidad de procedencia de los “americanos” de las “provincias” y de Nueva York (polacos, brasileños, españoles, alemanes, irlandeses, ecuatorianos, portorriqueños) genera un espectáculo “extraño”. «¿Acaso no hay entre nosotros partos, medos, elamitas o habitantes de Mesopotamia, de Judea, de Capadocia, del Ponto y de Asia, de Frigia y de Panfilia, de Egipto, y de la zona de Libia que limita con Cirene, extranjeros de Roma, judíos y prosélitos, cretenses y árabes...?» (Hch 2,10-11).

También nosotros, después de dos mil años, podemos preguntarnos, asombrados, algo así.

 
 

Créditos / © Asociación Cultural Huellas, c/ Luis de Salazar, 9, local 4. 28002 Madrid. Tel.: 915231404 / © Fraternità di Comunione e Liberazione para los textos de Luigi Giussani y Julián Carrón

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