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Huellas N.11, Diciembre 2001

DIOS Y LA GUERRA

God bless America!

Jerry Mahon

Hoy a los estadounidenses les urge preguntarse a qué Dios siguen. Para no seguir el ejemplo de los fariseos, sino invocar a Dios como el publicano. La misericordia acoge a los pecadores y se muestra severa con quien cree ser cumplidor y respetable


La tragedia del 11 de septiembre ha impulsado a las comunidades esparcidas por todos EEUU a reunirse para cantar, rezar y desear profundamente llegar a una unidad que refleje un genuino patriotismo. Hace poco, algunas personas con talento de mi parroquia de Rochester, Minnesota, han organizado con la ayuda de muchos una velada de cantos patrióticos y música para recoger fondos destinados a las familias de los bomberos y policías que perdieron la vida en la tragedia de Nueva York. Fue un momento intenso, a partir de intenciones y deseos justos, pero a pesar de todo se me han planteado determinadas preguntas respecto a quién es este Dios. Los estadounidenses nos ponemos en pie para cantar “Dios bendiga América” del mismo modo que declaramos «Promesa solemne de fidelidad a la bandera de los Estados Unidos de América y a la República por ella representada, una nación sometida a Dios, indivisible, con libertad y justicia para todos». Todos los días, antes de empezar su actividad diaria, también Osama Bin Laden reza, durante dos horas. ¿Y quién es “su” Dios?

En mi corazón resuena la pregunta que don Giussani planteó a sus jóvenes estudiantes. Al comentar con ellos el drama teatral El diablo y el buen Dios que se acababa de estrenar en Milán, les preguntaba si el dios representado en la obra no sería acaso el dios particular de Sartre, “su” dios. A los estadounidenses les urge hoy preguntarse a qué Dios siguen. Muchos de los padres fundadores de EEUU se consideraban deístas; reconocían a Dios como Creador, pero llegaban a la conclusión de que Dios no estaba implicado en las acciones presentes ni en la existencia de una nación. Thomas Jefferson, segundo presidente de EEUU y autor de la Declaración de Independencia, escribía: «Consideramos estas verdades como auto-evidentes: que todos los hombres son creados iguales, que están dotados por su Creador de algunos derechos inalienables, y que entre éstos están la vida, la libertad y la búsqueda de la felicidad». El mismo Jefferson escribió su versión de la Biblia. Después de haber eliminado todo el Antiguo Testamento y las cartas de Pablo, modificó el Evangelio, de modo que no incluyera los relatos de los milagros, sino sólo un Cristo que fuera un buen modelo de moralismo. Esta Biblia todavía se publica y la tradición de los unitarianos* la considera loable. ¿Cuánta influencia ha tenido sobre EEUU esta aproximación a Dios? En la Biblia de Jefferson no hay metafísica, no hay milagros, no hay misterio. Nuestros padres crearon una ideología en la que fueron educados los corazones y las mentes de las personas en nombre de la libertad. Hoy nos preguntamos sobre esta libertad; no quiero ser simplista, pero es preciso preguntarnos: ¿quién es este Dios al que le pedimos que bendiga EEUU?

Según nuestros padres fundadores deístas, Dios no se hizo carne. Para nosotros sigue siendo un gran orgullo la separación entre Estado e Iglesia. Como pueblo de EEUU tenemos la ocasión de meditar y de interrogarnos sobre el modo de seguir a Cristo. Los católicos, junto a otros que siguen a Cristo, debemos plantearnos por qué hemos llegado a ser insensibles frente a la larga lista de personas que hablan y escriben Biblias sobre un Dios que no se hizo carne.

Inmediatamente después del 11 de septiembre, y en estos días, mi oración e imploración es que EEUU pueda ser vulnerable. Si fuéramos capaces de seguir a un Dios hecho carne en Jesucristo, reconoceríamos mejor ciertos errores y permitiríamos que este momento nos tocara más profundamente, con mayor misericordia y compasión frente a nuestras acciones. No pretendo con esto poner en entredicho nuestra defensa y la necesidad de que los líderes de las naciones se reúnan para afrontar la oscuridad de estos días.

Me parece que EEUU sigue demasiado rápido los pasos del fariseo, que estando en primera fila rezaba una oración que se volvía contra sí mismo: «¡Oh, Dios!, te doy gracias porque no soy como los demás hombres, rapaces, injustos, adúlteros, ni como este publicano». ¡Cómo cambiarían las cosas para la nación más potente del mundo, puesta a prueba con el atroz sufrimiento del 11 de septiembre si, como el recaudador de impuestos, dijera: «¡Oh, Dios!, ten piedad de mí, pecador!». Dios bendiga EEUU y perdone toda nuestra fragilidad, equivocaciones y heridas, acepte nuestro deseo de un mundo en paz, ya que reconocemos que somos responsables de parte del dolor que nos alcanza en estos tiempos.

El editorial de Huellas “América” nos ha hecho reflexionar y ha llevado a cada uno a preguntarse: «¿Quién es este Dios? ¿Cuál es nuestra defensa frente al mal?». Si respondiéramos que de nuestro lado hay un Dios sin misterio, milagros ni metafísica, pondríamos el mundo en una posición muy peligrosa.

Amo mi nación y el renovado sentido de patriotismo tiene muchos aspectos positivos, pero hay que ir más al fondo. Corremos el riesgo de ser como el fariseo que dice: «Ayuno dos veces por semana, pago el diezmo de todo cuanto poseo». Los estadounidenses tenemos la costumbre de justificar nuestros comportamientos y posiciones proclamando lo buenos que somos.

Dios misericordioso, EEUU está atravesando un sufrimiento y un sentido de pérdida que le paraliza y que afecta a todos. Te imploramos que nuestra humanidad se deje tocar por Ti. Que nuestra respuesta sea la del recaudador de impuestos, para que creamos que la justicia de Dios perdona a los injustos y a los que no tienen Dios y es severa con quien cumple las obligaciones y se cree “respetable”. Esta parábola nos incita a una oración amorosa y confiada en la misericordia de Dios, nos libra de tener que decirle a Dios quién es pecador y quién no.

En la tierra de la libertad deseamos honrar el “noble intento” de cada uno para establecer su relación con Dios. Pero los católicos, y todos los cristianos, ¡sabemos lo que ha acontecido! Dios se hizo carne en Jesucristo.



* Se trata de una secta protestante nacida en el siglo XVI en Polonia. El fundador, un tal Fausto Socinus (1539-1604), tras la muerte en la hoguera de Miguel Servet se radicalizó en sus tesis anti-trinitarias. Fue rechazado por Calvino. El nombre “unitarianos” se remonta a 1600 y el movimiento se extendió por Holanda, Inglaterra y América del Norte.

 
 

Créditos / © Asociación Cultural Huellas, c/ Luis de Salazar, 9, local 4. 28002 Madrid. Tel.: 915231404 / © Fraternità di Comunione e Liberazione para los textos de Luigi Giussani y Julián Carrón

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