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Huellas N.2, Febrero 2009

LA ENTREVISTA - Rodney Stark

Fe y razón: más allá de la leyenda negra

Letizia Bardazzi

¿El conflicto entre religión y progreso? En gran parte, propaganda. ¿La Iglesia enemiga de la cultura? El catolicismo fue el verdadero promotor del progreso en Occidente, debido a «su confianza fundamental en la razón»

En 2005, cuando aparecía en las librerías su Victory of Reason, el mundo de la cultura norteamericano reaccionó dividiéndose entre gemidos de indignación y gritos de entusiasmo. Son sentimientos que acompañan a las obras destinadas a dejar huella. Los sectores críticos pertenecían en buena parte al mundo de esa mentalidad dominante cuyos pilares minaba Rodney Stark, sociólogo de la religión. Esos pilares que ven la historia de Occidente como una lucha que libra la cultura secular e “iluminada” para liberarse del yugo oscurantista del catolicismo. Para ellos, es un dogma laico la idea de que Europa empezó a nacer y respirar realmente sólo desde el Renacimiento y la Reforma, que la habrían vuelto intelectualmente “libre” de la autoridad eclesiástica y capaz, por tanto, de dar vida al capitalismo y los progresos científicos.
Con argumentaciones basadas en investigaciones rigurosas y en un uso adecuado de la razón, Stark (profesor de la Baylor University de Waco, Texas) sostenía que esa idea no resiste a la prueba de los hechos. Fue la Edad Media la que sentó las bases para cada sucesiva innovación. Y el catolicismo, lejos de poner freno a las ideas científicas o al desarrollo económico, fue, en cambio, su verdadero promotor.
Entre los entusiastas de los trabajos de Stark, está Maria Teresa Landi, investigadora del National Institute of Health (corazón del mundo de la investigación científica americana), quien hace tiempo, junto a otros amigos, decidió invitarlo a una presentación del ¿Se puede vivir así?, el libro de don Giussani. Stark respondió a esa invitación para discutir sobre la «fe como la flor que nace en el culmen extremo de la razón» con gran disponibilidad. No sólo participó en la presentación, sino que pasó algunas horas en Washington debatiendo con la investigadora italiana y sus amigos («fue una de las tardes más agradables que he pasado en estos últimos tiempos», dijo). Lo que sigue son apuntes tomados de esa conversación.

Su investigación histórico-sociológica muestra a la Iglesia como protagonista de la historia y del progreso humano. ¿Por qué motivos sucedió así? ¿Qué aspectos de la visión cristiana han favorecido en mayor medida este protagonismo?
Partamos de un dato. En sus inicios, los cristianos eran un par de centenares, dispersos aquí y allá. Pero muy pronto, apenas tres siglos después, se habían convertido en unos millones, y terminaron por identificarse con el Imperio romano: ¿qué otra cosa podía ser protagonista de la historia, si no esta inmensa fuerza cultural? Después, con la caída del Imperio, la Iglesia quedó sustancialmente convertida en la única fuerza unificadora en Europa. Se puede decir que los monjes en los monasterios representaron el verdadero cauce de transmisión de la civilización occidental. No se limitaron a mantener viva la cultura clásica; dieron un nuevo impulso a toda clase de cultura, tecnología e innovación. Sobre todo esto, por una razón o por otra, la filosofía iluminista extendió un manto de silencio: tras la caída de Roma, la cultura y la tecnología habrían dormido varios siglos hasta el advenimiento repentino de la Ilustración. Pero la pregunta es: ¿cómo llegaron hasta ahí? De hecho, gracias a los monasterios. La verdad es que la Iglesia favoreció un tipo de cultura muy abierta a los cambios. Por ejemplo, desde el punto de vista de los cambios culturales, el cristianismo fue la primera civilización en la historia que abolió la esclavitud (la esclavitud desapareció entre finales del siglo ix y principios del x). De hecho, durante siglos no hubo diferencia sustancial entre Iglesia y civilización occidental. Eran lo mismo.

De acuerdo, ¿pero qué aspecto de la visión cristiana favoreció este papel?
Creo que fue la confianza fundamental del cristianismo en la razón. Tome por ejemplo las distintas creencias paganas: no se basaban en la razón, sino en fantasías. Se basaban en los sacrificios. Sus dioses no eran seres dignos de admiración, no se preocupaban de los hombres; para tratar con ellos era suficiente saber lo que había que hacer para “corromperles”, sin que fuera necesaria teología alguna. Sólo los judíos tenían una teología. El cristianismo empezó en el mundo herbreo y, casi desde el primer momento, los cristianos se vieron implicados en una disputa con los judíos sobre el hecho de si el cristianismo realizaba o no las profecías. Tal discusión sólo puede llevarse a cabo desde un punto de vista intelectual. Enseguida la Iglesia subrayó que lo que es verdaderamente cristiano debe por fuerza ser razonable, que Dios nos ha dado la capacidad de razonar, y así sucesivamente. Son asuntos extremadamente importantes. Si se exalta verdaderamente la razón y el razonamiento, todo cambia.

¿Qué relación había entre la razón y la fe para los primeros cristianos?
Desde el primer instante, la justificación de la fe no podía prescindir de la razón. No se podía ir por ahí diciéndole a la gente: «Creed en Jesús, creed en Jesús». Hacía falta decir más: «Creed en Jesús por esta razón o por esta otra». Sólo entonces se empieza a entender por qué el cristianismo de los orígenes no sólo era la religión de los pobres, los miserables, los esclavos, sino una religión que recogía seguidores también entre las clases elevadas, entre los intelectuales. Lo cual es significativo. Fijaos, a menudo cometemos un terrible error en lo que respecta a Jesús...

¿Cuál?
El de asustarnos de su humanidad. Hay toda una serie de herejías en las no se cree verdaderamente en la realidad de Jesús, en el hecho de que haya dejado sus propias huellas físicas. Pero si aceptamos realmente su humanidad, como la Sagrada Escritura dice que hagamos, entonces tenemos que darnos cuenta de que Él debió de aprender a andar, debió de aprender a leer, tuvo que descubrir por primera vez quién era en realidad y cuál era su misión. Es muy probable que eso sucediese en su bautismo. No lo sé. Pero no se puede negar que recibiera una educación.

Don Giussani volvía a menudo sobre la humanidad de Cristo, insistía en el valor de la razón, en el nexo entre lo que es razonable y el propio corazón...
Se trata de lo humano. Hay una tendencia entre los cristianos a pensar, casi a escondidas: «Él puede hacer lo que sea y puede hablar todos los idiomas, ¿por qué vamos a preocuparnos de si predicaba en hebreo o en arameo? Podría haber hablado en rumano...». Es un error. Mirad, la frase que revuelve a muchísimos cristianos inteligentes es cuando Él está en la cruz y dice: «Padre, ¿por qué me has abandonado?». Es porque es plenamente humano. Muchos entran en crisis por este pasaje. Parece demasiado humano. Un comportamiento demasiado poco apropiado para Cristo. Él sabe que está destinado a morir en la cruz, entonces, ¿dónde esta el problema? El problema es que tiene los clavos clavados en las manos. El problema es que es un hombre. Todavía no ha muerto y no ha resucitado. Eso todavía no ha sucedido: todavía es un hombre que sufre. Pero, por uno u otro motivo, las Iglesias no han puesto de relieve su humanidad. Muchos cristianos se sienten a disgusto con ella.

Su énfasis en la humanidad de Cristo se relaciona con el énfasis que ha puesto sobre la razonabilidad de la religión: si el medio para nuestra salvación es algo verdaderamente humano, es como consecuencia necesariamente razonable. ¿Qué opina del hecho de que se perciba más el conflicto que el acuerdo entre la religión y el progreso, es decir, entre la religión y la razón?
En gran parte se trata de propaganda. Hay que recordar que el marxismo fue un factor relevante durante el siglo XX y que se gastaron miles de millones para promover el ateísmo.

¿Con qué fin? ¿Por qué motivo?
En parte porque los marxistas pensaban que el cristianismo había tenido a la gente sometida y cosas por el estilo. Una enorme estupidez. En parte porque veían el cristianismo como un enemigo, como si fuese la competencia. Querían que los corazones y las almas pertenecieran al Estado. Y jamás lo consiguieron.

Don Giussani habla del sentido religioso como de una exigencia estructural de verdad, y de la fe como el descubrimiento, en la experiencia del encuentro con Cristo y los que le siguen, de lo que corresponde a esta exigencia propia del corazón del hombre...
Esencialmente, fe y razón no son palabras sinónimas. La razón te puede llevar hasta un cierto punto, pero después tiene que haber un acto de fe, porque no hay forma de probar que la resurrección haya sucedido.

Por tanto, ¿cuál es su idea de la relación entre fe y razón?
Creo que se llega a un punto en que uno o se compromete con la fe o no lo hace.

¿En base a qué?
No estoy seguro. La razón te lleva hasta el umbral de una elección. Para muchas personas esta elección es consecuencia de la educación que han recibido. He oído a mucha gente decir que, al final, le parecía incluso la elección más razonable. Para mí, que he sido un agnóstico durante casi cincuenta años, el hecho de que hay un Creador Inteligente es sencillamente innegable. Es con mucho la explicación más económica y más clara entre todas las explicaciones. Y una vez que la razón te lleva hasta aquí, la puerta de la fe se abre de par en par. Nos dice: mira, hasta aquí has llegado. He aquí otro aspecto de la realidad que debes conocer de una manera distinta.

Don Giussani habla de la fe como una flor de gracia que se abre en el culmen del camino de la razón: antes es necesaria la razón.
La razón está siempre implicada. Se puede razonar sobre detalles de la historia de Cristo, pero no se les puede aceptar como verdaderos en virtud de un simple razonamiento. Creo que tenéis muchos testimonios de personas que han tenido experiencias de salvación. Yo no las he tenido, pero muchas personas sí. Estas experiencias se acercan muchísimo a una especie de ampliación de la razón. Lo que cuenta verdaderamente en la religión es la experiencia. Lo sabemos por la literatura y por todas esas personas célebres. Y también por la relevancia que tiene la fe en la vida cotidiana.

¿Qué opina sobre la historiografía que tiende a remover el papel de la Iglesia? En ella, de hecho, a la Iglesia se le considera como algo totalmente negativo…
La historia que se enseña en EEUU está directamente influida por la historiografía inglesa, por la historia protestante. Le pongo un ejemplo. Estoy escribiendo un capítulo entero sobre la Inquisición. Las autoridades eclesiásticas de España han permitido a un grupo de historiadores el libre acceso a todos los archivos de la Inquisición española: son casi 41.000 documentos y muchos de ellos se extienden unas doscientas o trescientas páginas. Estos estudiosos han documentado que la Inquisición se trataba como mucho de una institución dirigida a la moderación, a la sanidad mental, a la decencia, y que sus funcionarios no se dedicaban a quemar brujas. Fue la mayor organización contra los procesos de brujería de toda Europa. Pocas personas murieron a causa de la brujería, y ¿sabe quienes fueron?
La Inquisición hizo ahorcar a algunos individuos porque habían quemado brujas. Mandaban sus emisarios allí donde había cazas de brujas. Los cuales regresaban a los dieciocho meses diciendo que no habían conseguido encontrar una sola bruja en toda la región. No decían que no hubiese, sino que no se podían encontrar. Había algunos que sostenían haberlas encontrado y fueron ahorcados. Otros fueron condenados a cumplir veinte años de presidio. Algunos libros, en efecto, se quemaron. Pero no eran textos científicos; algunos eran libros de teología luterana, la mayoría de ellos eran libros pornográficos. Lo que no se quiere entender es que bien pronto, después de haber obtenido el imprimatur para la edición de textos de argumento religioso, los primeros impresores descubrieron que los libros pornográficos se vendían bien, y así empezaron a imprimirlos. Y la Inquisición afirmaba: «Estos libros son indecentes, quemémoslos». Había una fuerte corriente anticatólica que se insertaba en el panorama de la rivalidad inglesa en lo relacionado con España. Así se empezaron a contar esas historias horribles sobre la Iglesia católica y todas las demás mentiras a las que los historiadores ingleses –y después los norteamericanos– han vuelto acríticamente y que por lo general, eran mentiras. Sencillamente, jamás han sucedido. Toda la teoría según la cual la Iglesia se oponía denodadamente a la ciencia y era tan represiva, en sustancia, no es verdadera. La Iglesia era a menudo tolerante y en la mayoría de las ocasiones dejaba correr las cosas. Todo el asunto de Galileo es una historia totalmente tergiversada.

¿Puedo hacerle una pregunta personal? ¿Cuáles son sus creencias personales, sus convicciones?
Hay muchas cosas de las que no estoy seguro. Siempre he sido un ferviente “cristiano cultural”, por decirlo de alguna forma; en mi mente nunca ha entrado la duda de que el cristianismo fuese una parte esencial de lo que yo llamo cristiandad, o civilización occidental. Quienquiera que piense de otra forma es sencillamente un ingenuo. Durante siglos la Iglesia ha sido el único foro intelectual que hemos tenido. Todas las universidades eran católicas. Dentro de ellas he encontrado algunos eminentes estudiosos. Cuando decidí que era un creyente fue a partir de Dios. Y creo poder definirme como cristiano plenamente legítimo. Algunos detalles de aquello en lo que efectivamente creo son confusos a menudo, simplemente porque no sé mucho de ellos, sólo las líneas esenciales...

 
 

Créditos / © Asociación Cultural Huellas, c/ Luis de Salazar, 9, local 4. 28002 Madrid. Tel.: 915231404 / © Fraternità di Comunione e Liberazione para los textos de Luigi Giussani y Julián Carrón

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