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Huellas N.2, Febrero 1999

SACRAMENTOS

Protagonista nuevo

Pino y Saveria Proserpio

Una joven familia implicada por el párroco en la preparación al Bautismo de algunos niños. El encuentro con los padres y el comienzo de una familiaridad nueva. En busca del rostro humano


Hace algunos meses el párroco de Arosio, pequeño pueblo de Brianza en el que vivimos desde hace aproximadamente dos años, conociendo nuestra pertenencia al movimiento nos pidió que acompañáramos a algunas parejas jóvenes que esperaban su primer hijo en un recorrido de catequesis como preparación al futuro bautismo. Casi al mismo tiempo supimos que esperábamos un niño, nuestro segundo hijo. Aceptamos con un poco de temor la invitación del párroco también como ocasión especial para recorrer las razones de nuestra decisión de bautizar a nuestros hijos (pues de ahí a algunos meses tendríamos también nosotros que pedir el sacramento para nuestro hijo).
En noviembre empezamos una serie de encuentros. Y podemos hablar justamente de encuentros, de encuentro. Se presentaron en casa dos parejas que enseguida declararon su lejanía de la práctica religiosa o, al menos, su indiferencia frente a las palabras que escuchaban en la misa los domingos. Para ellos pedir el bautismo para el hijo que esperaban no era sino repetir un rito tradicional al que estaban habituados. En el curso de la conversación hablaron también del curso de preparación al matrimonio religioso. En ese momento el discurso se trasladó desde el significado del bautismo a la fe personal de cada uno.
Junto a ellos recorrimos, en las pocas tardes que teníamos libres, la trayectoria del sentido religioso, partiendo de las mil preguntas que nacían en nuestros huéspedes, preguntas que nos impresionaron por su autenticidad y dramaticidad, preguntas de personas vivas y curiosas que nos estimulaban a responder.
Que la fe nace de un encuentro fue para todos el punto central, el punto sobre el que más nos detuvimos, el punto que impresionó más a las familias implicadas. Contamos la vida de Jesús, leímos el episodio de Juan y Andrés, narramos el relato de los dientes del perro putrefacto tomado de los evangelios apócrifos. Se veía, mientras hablábamos, que aquellas personas no habían escuchado jamás estas cosas. Al final describimos cómo Cristo se hace encontrable hoy, con el mismo método y la misma modalidad del principio, en la humanidad cambiada por Su presencia. Contamos a Sabrina, Edoardo, Katia y Michele así, con sencillez, la experiencia que vivíamos repitiendo lo que en estos años habíamos aprendido de la paternidad de don Giussani. Pedimos ayuda, consejo y oración a nuestro grupo de Fraternidad.
Terminamos la serie de encuentros con un vídeo sobre el rito del bautismo. La semilla del sacramento, que renueva la naturaleza humana, decía el vídeo, florece en el tiempo dentro de la comunidad cristiana: la elección de los padrinos tiene como horizonte esto. Dialogar sobre la fe de los adultos, hacerles ver la belleza que ésta tiene para ellos es el primer y fundamental modo de pedir el bautismo para un hijo, conscientes de que no se puede dar lo que no se tiene. Esto ha supuesto volver a descubrir, para nosotros y para ellos, una responsabilidad que no es fruto de una conciencia del deber, sino una experiencia cargada de razones y de afecto.
Nos despedimos de nuestros nuevos amigos quedando en vernos en el hospital, para conocer a nuestros respectivos hijos. Les regalamos El sentido religioso, invitándoles a comentarlo juntos después de leerlo.
Estamos agradecidos al Señor que nos ha puesto en el camino guiado por don Giussani, al que estamos también agradecidos porque nos enseña a amar a Cristo y a su Iglesia presente. Y, de esto estamos cada vez más convencidos, este es el camino para todos los hombres con los que nos encontramos. l

El Bautismo del Papa
El pasado 10 de enero, fiesta del Bautismo del Señor, Juan Pablo II bautizó a un grupo de niños en la Capilla Sixtina. Estas fueron sus palabras:
La liturgia nos hace revivir la sugestiva escena evangélica: entre la muchedumbre penitente que avanza hacia Juan el Bautista para recibir el bautismo también está Jesús. Así, la promesa está a punto de realizarse y una era nueva se abre para toda la humanidad. Este hombre, que en apariencia no es distinto de los demás, es en realidad Dios que ha venido entre nosotros para dar a los que le acogen el «poder de hacerse hijos de Dios, a los que creen en su nombre, el cual no nació de sangre, ni de deseo de hombre, sino que nació de Dios» (Jn 1, 12-13). (...)
Hoy, este anuncio y esta invitación, ricos de esperanza para la humanidad, resuenan particularmente para los niños que dentro de poco, mediante el sacramento del bautismo se convertirán en nuevas criaturas. Hechos partícipes del misterio de muerte y resurrección de Cristo, serán enriquecidos con el don de la fe y serán incorporados en el pueblo de la Nueva y definitiva Alianza, que es la Iglesia. El Padre les hará en Cristo hijos adoptivos suyos, desvelando para ellos un proyecto de vida singular: escuchar como discípulos a su Hijo, para ser llamados a ser realmente sus hijos.
Sobre cada uno de ellos descenderá el Espíritu Santo y, como nos sucedió a nosotros en el día de nuestro bautismo, también ellos gozarán de la vida que el Padre dona a los creyentes a través de Jesús, el Redentor del hombre. De esta inmensa riqueza de dones brotará para ellos, como para todo bautizado, una única tarea, que el apóstol Pablo no se cansa de indicar a los primeros cristianos con estas palabras: «Caminad según el Espíritu» (Gal 5,16), es decir, vivid y actuad constantemente en el amor de Dios.
Deseo que el bautismo recibido hoy por estos pequeños pueda hacerles, en el curso de toda su vida, valientes testigos del Evangelio. Esto será posible gracias a su compromiso. Sin embargo, será necesaria también vuestra obra educativa, queridos padres, que hoy dais gracias a Dios por los dones extraordinarios que concede a estos hijos vuestros, del mismo modo que será necesario el apoyo de los padrinos y de las madrinas.
Recoged, queridísimos hermanos y hermanas, la invitación que la Iglesia os dirige: sed sus “educadores en la fe”, para que se desarrolle en ellos el germen de la vida nueva y pueda llegar a su plena madurez. Ayudadles con vuestras palabras y sobre todo con vuestro ejemplo. De vosotros aprenderán enseguida a amar a Cristo, a rezarle sin descanso, a imitarle con adhesión constante a su llamada. Habéis recibido en su nombre, en el símbolo del cirio, la llama de la fe: cuidadla y alimentadla continuamente, para que cada uno de ellos, en el conocimiento y en el amor a Jesús, actúen siempre según la sabiduría evangélica. Llegarán así a ser verdaderos discípulos del Señor y apóstoles gozosos de su Evangelio.
(L’Osservatore Romano, 11-12 de enero de 1999)

 
 

Créditos / © Asociación Cultural Huellas, c/ Luis de Salazar, 9, local 4. 28002 Madrid. Tel.: 915231404 / © Fraternità di Comunione e Liberazione para los textos de Luigi Giussani y Julián Carrón

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