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Huellas N.2, Febrero 1999

SIERRA LEONA

Señor, Tú has sido para nosotros un refugio...

Mirella Pierotti y Giuseppe Berton

El testimonio del padre Giuseppe Berton - uno de los misioneros secuestrados en Freetown - recibido por teléfono inmediatamente después de su liberación


El viernes por la tarde, a las 23.30, suena el teléfono. Es Bepi, el padre Giuseppe Berton que nos llama por el teléfono móvil de monseñor Biguzzi, el obispo de Makeni; es la única posibilidad de comunicación con Sierra Leona, y quiere decirnos personalmente que le han liberado y que está bien. Nos manda enseguida saludos para los amigos de CL y especialmente para don Giussani. En cuanto pueda, volverá a llamar. Pero nosotros no queremos colgar tan rápido y le apremiamos con nuestras preguntas: cómo están su corazón y su pierna y cómo ha sido liberado. Él trata de respondernos con una voz profundamente probada por el sufrimiento y que refleja todo el drama vivido en los días de secuestro. Ha visto la muerte de cerca muchas veces y ha conseguido no hundirse - en medio de las barbaridades y de la crueldad de las que no ha querido o podido hablar, pero que su voz delataba claramente - gracias a que repetía el salmo 90: «Señor, tú has sido para nosotros un refugio de generación en generación. Antes que los montes fuesen engendrados, antes que naciesen tierra y orbe, desde siempre hasta siempre tú eres Dios... Enséñanos a contar nuestros días, para que adquiramos un corazón sensato. Vuélvete Señor ¿hasta cuándo? Ten piedad de tus siervos». Vio caer todo el tejido de la convivencia civil; todo era posible. Estaba, en efecto, muy preocupado por los dos padres y las monjas que todavía quedaban en manos de los secuestradores. Nos contó que habían estado huyendo durante dos días, escondiendo el rostro y las manos para ocultar que eran blancos y que su último escondite fue un cuarto de baño hasta que les encontraron los soldados «kamajores» y les llevaron al Cuartel general de Freetown. La otra noticia, para él más importante, es que en Lakka, la casa de acogida donde se habían quedado todos sus chicos ex soldados, todo estaba en orden. Los chicos estaban bien, únicamente un poco afectados por la tensión y por la falta de alimentos, pero todos vivos. Eso era lo importante. Se despidió de nosotros diciéndonos que cuando todos los chicos estuvieran a salvo, volvería para contarnos la masacre premeditada y sin sentido que soporta la población de Sierra Leona. l

Tras ser liberado el padre Giuseppe Berton decidió permanecer en Sierra Leona junto a los chicos y a sus familias. Así nos lo escribe desde Freetown
Queridos amigos os escribo desde Lungi, desde la paz de nuestra casa. Desde aquí vemos Freetown todavía atormentada por las bandas de rebeldes. Los diez días de terror pasados junto con las seis hermanas de la Madre Teresa, el hermano Guri (que ahora ha sido liberado; ndr.) y un grupo de indios que aún permanecen en mano de los rebeldes, siguen ocupando mi mente y mis preocupaciones. Le pido a Dios para que continúe protegiendo a los que aún viven en la cárcel bajo el terror. Mientras intentábamos inútilmente dormirnos, el padre Guri me decía: «Si pasara lo peor lo que más me atormentaría es el sufrimiento de los míos. Yo no espero la muerte, quiero vivir, pero me siento tranquilo y preparado. Sólo me angustia el sufrimiento de los míos».
Espero de Dios el milagro que ya ha obrado con nosotros. Sin embargo, para una de las hermanas recién llegada aquí, tenía un designio distinto: la sepultamos ayer envuelta en un plástico.
¡Cuántas veces he rezado el salmo 90 que nos pone al amparo de las alas de Dios! Nuestra impotencia a la hora de buscar una salida o de adivinar qué pasará es total.
Ayer mismo asistí a una escena de éxodo bíblico. Hay un lugar desde donde se puede ver el doble camino que sube a Freetown. Hasta donde alcanzaba ver, se extendía una marea de cabezas que empujaba para poder entrar en la ciudad, una avalancha de gente que huía de la furia de los rebeldes. No podemos evitar la angustia de hacer previsiones para el futuro de nuestra gente, sobre todo los jóvenes. No estoy pensando tanto en la reconstrucción material, sino en la moral. Pienso en el tremendo esfuerzo necesario para que jóvenes que han roto cualquier clase de regla moral, sin ningún freno y diría con gusto satánico, recuperen la conciencia del bien y del mal. Es satánico tirar a un niño al fuego, disfrutar viendo el sufrimiento y el terror de quien está amenazado de muerte, romper con una barra de hierro la cabeza de un hombre indefenso, el deseo enloquecido de quemar todo y a todos. Incluso niños han cometido estas atrocidades, niños trasformados por la corrupción y el mal en verdaderos demonios. En estos días al ver a niños ex rebeldes o ex soldados a quienes había salvado de las garras de militares o de la policía criminal, cometer semejantes maldades me preguntaba apesadumbrado cómo sería posible su recuperación. Este es un país que ha perdido a sus hijos.
Me desconcierta que se haya dejado de buscar el diálogo, no el diplomático, sino el diálogo entre padres e hijos. En una nación pequeña, donde todos son más o menos familia, reanudar una posibilidad de diálogo, antes o después llevará a una posible salida.
Padre Giuseppe Berton, 25 de enero de 1999

 
 

Créditos / © Asociación Cultural Huellas, c/ Luis de Salazar, 9, local 4. 28002 Madrid. Tel.: 915231404 / © Fraternità di Comunione e Liberazione para los textos de Luigi Giussani y Julián Carrón

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