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Huellas N.09, Octubre 2024

RUTAS

¡Dime que quieres vivir!

Betta Pellegatta

Crónica del Punt Barcelona 2024, contado por algunos de sus protagonistas. «Yo quiero vivir así»

El primer fin de semana de julio en el campus universitario de la Salle Bonanova de Barcelona tuvo lugar la octava edición del PuntBcn. El tema de este año –la regeneración de lo humano– nació de una provocación del cardenal Pierbattista Pizzaballa que escuchamos en una entrevista de octubre de 2023: ¿dónde está el hombre? ¿qué hemos hecho con nuestra humanidad?
Como lema tomamos prestada una afirmación de la escena de un manga, One piece, en la que el protagonista, capitán de una tripulación de piratas, quiere rescatar a otro personaje, miembro de su tripulación, una arqueóloga que, al parecer, en la encrucijada entre el ser y la nada, la vida y la muerte, escoge la segunda opción. El capitán se da cuenta de que no puede rescatarla si ella ha decidido que no quiere vivir. De ahí la intuición del protagonista que, lejos de abandonar a sus amigos, apela a lo más original del otro: el deseo.
Desde los primeros meses de preparación, por el contenido y la cantidad de propuestas recibidas, nos dimos cuenta de que el lema de la edición de este año expresaba de forma auténtica y cercana una necesidad de vida. A lo largo del fin de semana, pudimos ver cómo el contenido de los actos y de las exposiciones consiguió dar voz a esa necesidad.
A mis ojos ha sido especialmente significativo lo que ha sucedido con los ponentes que intervinieron. Cada uno, con (o sin) su moderador o los demás que habían preparado el encuentro, al finalizar su acto se quedó en el Punt: unos atendiendo a las preguntas de la gente después de su ponencia, otros conversando con los que hacían cola para comprar la comida, visitando las exposiciones o hasta apuntándose como oyentes a otro acto. Querían ver lo que había allí: un pueblo de familias, niños, jóvenes y adultos que constituía un lugar pensado para que fuera posible la convivencia y el encuentro con otros sobre el tema propuesto en los distintos ámbitos de la vida; además, todo sostenido por su trabajo voluntario.
Gracias a ellos pude detenerme y mirar yo también el don extraordinario e inmerecido que supone el carisma de Giussani. De la mano de algunos de los protagonistas de esta edición, nos adentramos en ese lugar de encuentro que, de nuevo, ha sido el Punt.

La primera es Inés, recién licenciada en cinematografía, que nos cuenta su experiencia con el Punt. Primero “de lejos” y este curso desde el montaje hasta el final.
«A pesar de llevar tres años viviendo en Barcelona, nunca había podido estar en el Punt por diferentes circunstancias. Pero, curiosamente, siempre he estado ligada a lo que ocurría esos días. Algunos amigos me hacían partícipe de lo que veían o vivían durante un intensísimo fin de semana, a través de vídeos, experiencias o la propuesta de colaborar en la preparación del encuentro. Recuerdo en concreto participar el año pasado en la creación de cartelería. Disfruté muchísimo de poder cuidar la belleza de cada gesto del Punt, aun sin poder estar físicamente. También algunos me contaban cómo había sido estar en el equipo de limpieza: hablaban de limpiar váteres como algo apasionante. ¿Cómo puede ser que uno esté contento limpiando la suciedad de otro?
Este año he tenido el privilegio de estar y ver lo que los amigos me habían testimoniado. Me invitó una queridísima amiga a montar una exposición sobre la amistad. El sí fue inmediato por la relación con ella y con algunos más, aunque el tema en un inicio tampoco me atraía especialmente. Sin embargo, a lo largo del fin de semana cada panel se iba haciendo verdad entre nosotros.
Destaco en concreto dos cosas. La primera fue, sin duda, el no tener miedo a la corrección. Durante los tres días, hubo constantemente amigos atentos a que se construyera todo de la mejor forma posible. Y muchas veces la forma en la que uno actúa no es para el otro, sino para uno mismo. Recuerdo el primer día con especial cariño. Empecé a colocar paneles en la sala que se nos había asignado. Estaba bastante bloqueada porque las cosas salían mal, nos faltaban manos en el montaje y no sucedía lo que yo tenía en mi cabeza. A pesar de no saber si acabaríamos de montar a tiempo para exponer y de pensar que no seríamos suficientes para hacer los pases, todo acabó bien. En palabras de otro gran amigo: nosotros damos el sí, el resto es providencia. Y fue así. ¡Qué raro es ser libre de decirle al otro lo que no te cuadra, lo que no ves, lo que cambiarías!… y más aún, ¡que el otro no responda tirándote una zapatilla a la boca, sino que incluso te lo agradezca!
La segunda cosa que me impactó fue lo que se decía, lo que escuché ese fin de semana. En esta extraña compañía se habla de realidades que yo nunca habría alcanzado a mirar. Como cuando te enamoras, todo lo que tenga que ver con el otro te parece lo más interesante del mundo: por ejemplo, una serie de anime con dibujos verdaderamente extraños, los libros de Laura Gallego, o el gran poeta Alfonso Brezmes.
Siempre es el amigo el que te introduce en la realidad, te ayuda a mirar lo que hay delante de tus ojos y quizás no estabas viendo. El amigo es el que te invita a vivir, como indicaba precisamente el lema de esta edición».

Puntet. Existe una comisión de trabajo para los más pequeños que llamamos Puntet. Se trata de un espacio dedicado a los niños para que ellos también puedan recibir una propuesta que comunique un ideal. Es una labor preciosa que algunas amigas preparan durante meses. Sam, profesora de secundaria, es una de ellas. «Trabajar siempre ayuda a ponerse en juego, pero en este caso sucede que cada una puede ser ella misma, sin miedo a mirar su humanidad. Sin tener que censurar limitaciones, dificultades ni esconder necesidades: al contrario, compartirlas es una ayuda para todos.
Pongo un ejemplo. Una amiga, maestra de primaria, justo al acabar una reunión de preparación del Puntet que había sido muy bonita – todas íbamos de prisa y corriendo– nos dice que le gustaría estar a la altura y dedicar más tiempo, pero no puede. Entonces, otra amiga se para y cuenta que le había pasado lo mismo en el cole preparando una formación, y añade lo que descubrió: que la correspondencia no venía del número de horas que tenía pensado dedicarle. Estaba agradecida, aunque no fuera como lo había imaginado. Nos fuimos y, después de un rato, otra amiga que había participado en la reunión me escribe que a ella también le daba miedo no estar a la altura en nuestro turno.
La labor que llevamos a cabo en el Puntet es muy parecida a nuestro trabajo diario, y además nos reclama a una manera más verdadera de trabajar: atreverse a compartir una dificultad permite a otras hacer lo mismo. Y me parece espectacular que esto se dé ya en las reuniones de preparación. Vivir así el Puntet nos hace más fácil confrontar cosas de nuestro propio trabajo cotidiano». Oriol, de primero de ESO, aun no teniendo edad para poder apuntarse al trabajo voluntario, ha querido echar una mano y, al parecer, ha sido de los más currantes. Impactados por su dedicación, le preguntamos por el Punt. «Yo fui porque cada año mi madre me lo propone y, como me lo paso bien, siempre voy. Este año he colaborado en lo que he podido y me ha gustado mucho porque desde pequeño veía que la gente servía y ayudaba porque quería trabajar allí aunque no les pagaran. ¡Encima pagaban ellos para trabajar como voluntarios! Por eso me gusta el Punt, porque la gente sirve gratuitamente, y ese es el motivo por el que este año quería ayudar».

Laia, nada más acabar primero de Bachillerato, con unos cuantos compañeros suyos, se apuntó de voluntaria. Viendo su cara se intuía que algo le estaba pasando. «En este PuntBcn he descubierto que sirviendo en barra o en la cocina (incluso cuando no era mi turno), ayudando a desmontar, repartiendo helados, me he sentido llena, aunque no pudiera ir a todas las charlas y actos. Servir y ayudar gratuitamente es una experiencia muy buena porque te ayuda a ver más a los demás; también te ayuda a estar sola con tus pensamientos cuando no hay nadie a quien servir.
El “dime que quieres vivir” de Luffy a Robin (que ha sido el lema de este año) me tocó mucho porque ¿cómo le dices algo así a una persona que durante los últimos años de su vida quería morir? Y lo más fuerte es que ella le responde ¡que sí, que quiere vivir! Hubo un acto en el que explicaban el recorrido de Nico Robin, personaje de la serie One Piece, protagonista de la escena que inspiró el lema, que me ayudó mucho a entender por qué tener a alguien que te dirija una invitación así es tan importante.
“Yo quiero amigos así”, es lo que pensé; quiero amigos que me ayuden a superar las mentiras que se han ido colando por las heridas de mi corazón, amigos por los que pasa Dios».

Lluis es arquitecto y urbanista, padre de familia y gran apasionado de la obra de Eiichiro Oda, creador de One Piece. En enero, cuando los del Punt lanzamos el lema a todos los amigos de la comunidad para que empezaran a pensar propuestas, nos escribió un mail felicitándonos por el origen del lema y preguntando si habría algo sobre el manga japonés. Con un mes de retraso, le contesto que si quiere echar una mano, genial. Esto sucedió en febrero. A finales de junio, hicimos una asamblea de final de curso con toda la comunidad y Lluis contó lo que sucedió a raíz de ese banalísimo intercambio de mails. En el comunicado final del Punt quisimos recoger el juicio que quien guiaba aquella asamblea puso delante de todos al escuchar a Lluis. «Lo que mueve la vida no es un pensamiento, sino decir sí a un bien presente». Doy la palabra a Lluis. «Mi experiencia en este Punt se divide en dos partes. La primera es todo lo ocurrido en torno a la preparación del acto sobre One Piece, y la segunda es el evento del PuntBcn como tal, con actos y exposiciones de un gran calibre humano.
En cuanto a lo primero, ha sido toda una aventura por donde nos ha hecho navegar el Señor para rescatar y poner de relieve una intuición que algunos teníamos sobre esta obra, en la que afirmamos la exaltación del deseo humano. Además, hemos podido ver cómo la compañía de amigos nos hemos ido sosteniendo cuando todo parecía caer y de repente se exaltaba nuestro deseo para
adentrarnos con más intensidad en la preparación del acto y en la búsqueda de ponentes. Luego, el encuentro con Carlos Díaz, profesor en La Salle Campus Bcn, fue para nosotros una revelación: un filósofo de arte que nos ayudó a muchos a comprender qué son la cultura, la belleza y la libertad y cómo se expresan en la serie. Hasta los errores cometidos en el proceso sirvieron para descubrir aspectos de la condición humana.
En cuanto al evento en sí, ha sido una maravilla. Si ya en One Piece veíamos una obra que habla del deseo humano, de cómo se sustenta en una compañía y que cuanto más verdadero es el deseo –que coincide con aquello que lo cumple–, más verdadera se vuelve esa amistad, en los siguientes actos vimos casos concretos de cómo se expresa ese ideal de vivir intensamente. Por ejemplo, en el acto sobre el trabajo, una realidad que nos toca a todos cada día. O en la presentación del lema, que mostraba el lugar concreto donde mora ese deseo de vivir a través del ejemplo de Ayuda a la Iglesia Necesitada, nuestros hermanos cristianos que viven su fe en países con circunstancias extremadamente difíciles. Su conciencia de lo que implica el Señor en su vida los lleva a vivir hasta el extremo de dar la vida. Podrían irse, podrían huir, podrían mentir, podrían cambiar de fe, podrían hacer tantas cosas para no morir, pero su encuentro con el Señor les hace libres para vivir exactamente como quieren vivir, aunque se jueguen la vida en ello. Algo así no te deja indiferente.
Leyendo la obra de One Piece pienso: “yo quiero vivir así, con esta libertad”; y cuando veo lo que nos muestra Ayuda a la Iglesia Necesitada pienso lo mismo: “yo quiero vivir así, quiero amar tanto al Señor, hasta el punto de entregar mi vida si Él me lo pide”».

 
 

Créditos / © Asociación Cultural Huellas, c/ Luis de Salazar, 9, local 4. 28002 Madrid. Tel.: 915231404 / © Fraternità di Comunione e Liberazione para los textos de Luigi Giussani y Julián Carrón

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