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Huellas N.09, Octubre 2024

PRIMER PLANO

Taberna española. Una vida unida

Este verano, teniendo en la memoria lo contentos que habían regresado el año pasado mi marido y mis hijas del Meeting, decidí participar con ellos y un grupo de amigos del trabajo en la Taberna española.
Tengo que decir que conforme pasaba el verano, la pereza y la duda iban creciendo, ¿merecerá la pena el esfuerzo económico y renunciar a otro tipo de vacaciones para ir a “trabajar” al Meeting? Esta pereza me ha obligado a pedir con insistencia sencillez y apertura para que, a pesar del esfuerzo que nos suponía, volviera a suceder lo que da el verdadero descanso al corazón. Y así ha sido. Fue una ayuda especial el encuentro de voluntarios al que asistimos el primer día, me colocó. Se nos puso delante un horizonte de vida grande, bonito, lo que mi corazón necesitaba escuchar. Más de tres mil personas que al igual que yo, decían sí, querían dedicar su tiempo de vacaciones a poner su granito de arena en la construcción del reino de Dios en el mundo. Después del encuentro, los voluntarios de la Taberna celebramos la Eucaristía y cenamos juntos. Y así empezamos a trabajar: cuatro familias, un grupo de universitarios, otro de jóvenes trabajadores, un grupo heterogéneo de portugueses y algunos italianos con bachilleres incluidos (asignados por la organización como ayuda), y dos amigos sacerdotes. Cuarenta y cinco españoles más los portugueses e italianos: una compañía de lo más variopinta, pero todos con el mismo deseo.
Comenzábamos el día juntos con la misa, en la que participaban otros españoles que estaban en el Meeting, y ha sido una gran ayuda. Después hacíamos nuestro turno de trabajo y aunque había momentos intensos, nos quedaba energía para disfrutar del espectáculo del Meeting o para encontrarnos con otros amigos españoles que diariamente utilizaban la Taberna
como punto de encuentro entre conferencias.
En nuestro tiempo libre, aprovechamos para asistir a las conferencias que más nos interesaban y visitar las exposiciones (visitas que algunos amigos se habían encargado de organizar y nos traducían con tanto afecto). Por la tarde, hemos podido disfrutar de ratos en la playa y de paseos por Rímini tomando un helado después de cenar tranquilamente con los amigos, un gusto.
El último día, en la asamblea de voluntarios, destacábamos lo sorprendente de la unidad que se había dado entre nosotros. ¿Cómo es posible que gente con tanta diferencia de edad e incluso de distinta nacionalidad se sienta como en casa, como si nos conociéramos de toda la vida, que nazca un afecto verdadero? Y no solo. Hemos experimentado una unidad de vida inimaginable: celebrar la Eucaristía, trabajar haciendo paellas o limpiando, visitar una exposición, descansar con los amigos… no había división entre unas cosas y otras. Esto solo es posible porque pertenecemos a un pueblo que mira, reconoce y ama juntos a Aquel que nos ha sucedido.
Seguir y fiarse de los que van por delante es el método de la vida. Este es otro aspecto que el trabajo en la Taberna me ha permitido volver a aprender. Agradecida de tener delante amigos a los que seguir y que me empujan a reconocer el horizonte grande de vida que nace de la fe.
Teresa

 
 

Créditos / © Asociación Cultural Huellas, c/ Luis de Salazar, 9, local 4. 28002 Madrid. Tel.: 915231404 / © Fraternità di Comunione e Liberazione para los textos de Luigi Giussani y Julián Carrón

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