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Huellas N.09, Octubre 2024

PRIMER PLANO

El podcast del diálogo

Maria Acqua Simi

Mishy Harman, judío, y Federica Sasso, católica: una unidad que se refleja en la forma de mirarlo todo

Mishy Harman y Federica Sasso están casados y viven en Jerusalén, en un barrio mixto. La suya no es una familia convencional. Mishy es judío e israelí, Federica es católica e italiana. Se conocieron porque comparten una cierta predisposición a encontrarse con “otros” y también su trabajo: ambos son periodistas. Él realiza el podcast más famoso de Israel, Israel Story, ella trabaja en el Rossing Center for Education and Dialogue. «Cuando nos casamos, no sé quién estaba más extrañada, si mi madre o la de mi mujer –cuenta Mishy–. Y eso que mi familia ya tiene una historia muy peculiar…». Sus abuelos eran judíos británicos. Se conocieron a principios de los años 30 del siglo pasado en Londres, durante un debate en la universidad de Oxford. Él era el responsable de la asociación estudiantil sionista (que entonces luchaba por el sueño nacionalista), ella en cambio era la portavoz de la asociación estudiantil anti-sionista. «No sé quién saldría ganando en aquel duelo verbal, pero diez años después mi abuela estaba en Palestina, casada con mi abuelo, y dedicó el resto de su vida a trabajar como embajadora y diplomática del Estado judío».
Mishy también tiene una vida bastante curiosa. Después del servicio militar (obligatorio en Israel), estudió historia en Harvard, arqueología en Cambridge y dedicó su doctorado de investigación a la elaboración de una biografía del primer misionero protestante en Etiopía. Luego giró hacia el periodismo, mostrando una imagen desencantada de Israel a través de las historias de sus habitantes: israelíes, judíos, árabes, palestinos, drusos, cristianos, musulmanes…
La guerra que hoy golpea a Tierra Santa también ha marcado la vida personal de Mishy y Federica, como explica ella misma. «Puedo decir que estos meses han sido una ocasión para volver a mirar nuestro matrimonio, qué es lo que nos mantiene juntos. Y son unos valores comunes: la fe, el deseo de una vida digna y justa para todos. Sin excluir a nadie». En el Meeting de Rímini, Mishy y Federica han relatado su experiencia humana y profesional. «Este lugar me ha impactado muchísimo –afirma él–. Es impresionante que tanta gente se movilice y dedique el tiempo libre de sus vacaciones para estar aquí. Después del 7 de octubre, mucha gente se ha movilizado también dentro y fuera de Israel. Pero lo han hecho para defenderse, por rabia. Sin embargo, vosotros os movéis para ofrecer una alegría, un testimonio de fe alegre, a cualquiera que encontréis. Es fascinante».

Una expresión que vuelve a repetir cuando habla de su mujer. «Me fascina su fe cristiana, tan clara. Ella tiene una fe mucho más grande que la mía. Observo cómo se mueve por el mundo, los criterios que usa, su lenguaje. A mí me educa adoptar su mirada, ponerme en su lugar y mirar mi vida, mi país, mi historia, como la mira ella». Es lo que desea también para su hija. Y para eso hace sus podcast.
«Empezamos con Israel Story hace 13 años (la redacción también está formada por sus tres amigos de la infancia: Yochai Maital, Shai Satran y Ro’ee Gilron, ndr) con la decisión de no hacer un relato político, aunque todo sea política en el fondo. No nos paramos a contar historias de Palestina o del mundo árabe, sino que intentamos ir más allá del conflicto y de la ocupación para ahondar también en esas realidades y comunidades que los medios suelen dejar al margen. Ha funcionado bien porque nuestros podcast han atraído a oyentes de contextos muy distintos. Pero en 2023 el gobierno israelí aprobó una reforma judicial que pretendía cambiar la cara del país y millones de personas salieron a la calle a protestar. Entonces comprendimos que no implicarnos podía ser un gesto mucho más político que involucrarnos, así que empezamos una serie de episodios dedicados a la declaración de independencia de Israel, que se había quedado varada en 1948. Buscamos entre la gente que la firmó, entre los hijos de sus hijos y nietos. Les preguntamos por esta idea de Israel como un estado judío y verdaderamente democrático, pero mientras trabajábamos en estos episodios llegó el 7 de octubre. No somos una agencia de noticias como la BBC o la CNN, pero era imposible no contar lo que estaba pasando. Empezamos a hacerlo, intentando ofrecer a nuestros oyentes todas las versiones personales, religiosas, sociales y políticas que nos permitieran conocer el mayor número posible de experiencias de vida».
Se pusieron a llamar a familiares de los rehenes, a campesinos, rabinos, educadores, músicos y residentes en Cisjordania, sin olvidar a los drusos, y con mucho esfuerzo lograron entrevistar a gente que vivía en Gaza, bajo los bombardeos.

Una empresa nada fácil para periodistas judíos israelíes. «Lo que hacemos es parcial, nunca podremos llegar a comprenderlo todo, pero intentamos mostrar el dolor, la dignidad, la capacidad de resistencia y el coraje que mueven a los hombres para que todo el mundo lo pueda conocer. El Meeting nos decía que si no perseguimos lo esencial, ¿qué hacemos en el mundo? Esa es la cuestión a la que intentamos responder. La alternativa a esta búsqueda es encerrarse en una burbuja, en círculos cerrados donde se pierde la capacidad de asombro. En nuestras burbujas podemos sentirnos aparentemente seguros, pero al final estamos solos. Como nos decía el cardenal Pizzaballa, si en nuestro trabajo somos incapaces de encontrarnos con el otro, perdemos todos. Nunca podremos vivir seguros. Solo si conocemos la humanidad del que está alejado y es diferente, podremos vencer el miedo y reconocer lo que importa en la vida».
Cuando habla, Mishy nunca pierde la sonrisa, con sus gafas redondeadas y unos rizos que le dan cierto aire de intelectual. Nos cuenta que, aunque al principio recibían en la redacción historias de todas partes, de todos los rincones del país, después del 7 de octubre el relato cambió. «Teníamos que seguir una realidad que estaba cambiando delante de nosotros». El primer episodio del nuevo podcast se publicó unos días después del atentado, el 12 de octubre de 2023. Entrevista a Sasha Ariev, una mujer israelí conmocionada por el secuestro de su hermana menor, Karina, 19 años, militar tomada como rehén en Gaza. Un episodio tras otro, fue naciendo la serie Wartime diaries, donde hay espacio para todos: viudas de guerra, empleados del zoo de Jerusalén, arqueólogos, profesores universitarios, hasta para una chica que forma parte de una minúscula y desconocida comunidad que vive en Israel, excombatientes de una milicia cristiana libanesa que durante años ha luchado al lado de Israel contra la OLP y Hezbolá.
Todos tienen voz en estas breves emisiones, de casi quince minutos cada una. En dos paradas de autobús puedes hacerte una idea significativa de cómo están viviendo en Tierra Santa. «Aunque Tzur Hadassah y Beitar Illit estén cerca geográficamente, podrían ser perfectamente dos mundos distintos. No solo por el hecho de encontrarse en lados opuestos de la Línea Verde. Entre la población de Tzur Hadassah conviven judíos laicos y religiosos, mientras que en Beitar Illit son casi todos haredíes, seguidores de una forma muy conservadora del judaísmo ortodoxo. Bienvenidos a Oriente Medio. Como siempre, es complicado», recita la cálida voz de Mishy.

Su mirada se pone seria cuando les preguntamos qué piensan contarle a su hija de todo este caos. ¿Os quedaréis en Jerusalén, os marcharéis? «Espero que nuestra hija pueda vez cómo estamos juntos mi mujer y yo. Más que palabras, porque solo tiene tres años y medio, creo que eso es lo que podemos ofrecerle como herramienta para vivir. Sé que mis raíces están aquí, en Israel, a pesar de las dificultades y de un gobierno con el que no me siento identificado. Del mismo modo, Federica tiene sus verdaderas raíces en Italia y en la profunda religión católica que profesa. He necesitado años para entender que ella vive fuertemente anclada a su fe, igual que yo me siento anclado a mi país. Podemos vivir juntos –más aún, podemos estar casados– por la estima que sentimos por la historia y la experiencia el uno del otro. Yo estoy fascinado –repite– por el sentido de pertenencia total que la fe de mi mujer le regala. La misma pertenencia que veo aquí, en el Meeting. Cuando empezó la guerra, miles de personas se ofrecieron voluntarias en Israel: para organizar los transportes, la comida, la seguridad y todo lo que el gobierno pidiera para hacer frente a esta guerra. Pero sucedió en un momento de emergencia, en Rímini sucede todos los años, desde hace más de cuarenta, y demuestra un profundo deseo de estar juntos, de aprender, de saber hacer preguntas verdaderas. Al final, lo que el Meeting de Rímini ofrece a la gente es encuentro, conocimiento, educación. Vivimos una época en la que hay miles de millones de métodos para aprender las cosas y el hecho de que este lugar exista y tenga éxito es algo inusual». Es la tercera vez que habla de su fascinación. El secreto de este joven que se define “judío laico” y de sus podcast –aparte de tener un millón de descargas– tal vez sea ese: su capacidad para preguntarse y sorprenderse delante de cada cosa.

 
 

Créditos / © Asociación Cultural Huellas, c/ Luis de Salazar, 9, local 4. 28002 Madrid. Tel.: 915231404 / © Fraternità di Comunione e Liberazione para los textos de Luigi Giussani y Julián Carrón

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