Perseguir lo esencial en medio del mundo y la necesidad de que haya «lugares como este». Adrien Candiard, dominico residente en El Cairo, cuenta lo que ha visto en el Meeting
Que su juventud, su mirada bondadosa y su tono calmado no lleven a engaño, porque el francés Adrien Candiard, nacido en 1981, dominico, escritor y teólogo apartado de la política (su padre fue colaborador de Lionel Jospin y François Mitterand, le escribía los discursos a Dominique Strauss-Kahn), residente actualmente en El Cairo, es muy preciso y agudo cuando habla, nunca dice una palabra fuera de lugar. Sobre todo cuando se trata de lo que más le importa: el cristianismo. Autor de numerosos ensayos de espiritualidad, ha dedicado sus últimos años a estudiar el islam y los desafíos del mundo contemporáneo. «El hombre de hoy vive solo, asustado y desorientado.
Pero eso no le impide seguir buscando algo que dé sentido a su existencia. Aunque el mundo tienda a sofocarlas, las preguntas que todos tenemos desde pequeños –¿quiénes somos, para qué hemos nacido, viviremos para siempre?– tarde o temprano vuelven a salir con fuerza».
Lo hemos visto en el Meeting de Rímini, donde ha hablado a propósito del lema que ha dado título a la edición 2024, “Si no perseguimos lo esencial, entonces ¿qué perseguimos?”. Candiard lo apuesta todo por esa persecución. «La fe no es el punto de llegada, sino más bien el principio de una búsqueda continua. Una de las tentaciones de los cristianos de hoy es pensar que ya han encontrado la respuesta a todo, que ya saben qué es lo esencial». El desafío para los cristianos –dice– sigue siendo el mismo: buscar a Dios todos los días y proponérselo a los que aún no lo conocen. Con ciertas precauciones. «El compromiso cultural y el testimonio cristiano van a la par, ambos son necesarios, pero no hay que hacer de la fe un discurso estéril, que corre el grave riesgo de una secularización silenciosa. La falta de relaciones en nuestro mundo es una llamada clarísima a anunciar el amor de Dios. Eso es lo que la gente necesita: saberse amada. Lo estamos viendo en Francia, mi país, donde desde hace años asistimos a un fenómeno curioso: cada vez hay más adultos que, en gran número, piden el bautismo. Cada año son más del doble que el anterior. ¿Por qué? No vienen convencidos por los discursos que han oído, sino atraídos por el testimonio de una vida plena, la vida de hombres y mujeres que han aceptado sencillamente el riesgo de mostrar a todos cómo Cristo ha aferrado sus vidas».
Un ejemplo nace de su experiencia con varios grupos scout. «A menudo, en los encuentros me pedían que rezara yo la oración por ser sacerdote, pero es mucho más imponente para un adolescente ver rezar a otro joven, al responsable de su grupo, en vez de al cura repitiendo su letanía. Uno de los mensajes que quiero transmitir es que ¡no se trata de ser perfectos a toda costa! Podemos testimoniar la belleza de nuestra fe todos los días sin preocuparnos por nuestra incapacidad.
Dar testimonio es decirle a un compañero de trabajo que está en crisis: “yo rezo por ti”, o atreverse a invitar a un amigo a entrar en la iglesia, aunque solo sea para estar cinco minutos en silencio. Eso también lo he visto en el Meeting».
Para Candiard, el método de Rímini es formidablemente eficaz, y los adjetivos son suyos. «Un método dictado por el audaz testimonio de fe que dan estos más de tres mil voluntarios que regalan su tiempo para montar y explicar las exposiciones, mantenerlo todo limpio, asegurarse de que todo está en orden. Nosotros que demasiado a menudo pensamos que tenemos que elegir entre la verdad y la caridad, necesitamos más que nunca lugares como el Meeting, donde se pone de manifiesto que podemos estar firmes en nuestras convicciones, podemos usar hasta el fondo la razón, sin renunciar a la concreción de un diálogo y una amistad con quien no las comparte o vive alejado de nosotros. Esta educación es muy potente».
Candiard vive en Egipto. Resulta inevitable preguntarle por las guerras actuales, por las posibles negociaciones o conversaciones de paz. Él escucha atentamente y descoloca con su respuesta. «Entre los diez mandamientos hay uno maravilloso que hemos olvidado completamente: el que pide santificar las fiestas, recordando la necesidad del descanso para no ser esclavos. Todos necesitamos encontrar un tiempo real (y no simbólico) para estar solos, para dejar espacio a nuestras preguntas. Estar en silencio es una experiencia sencillísima, al alcance de cualquiera, pero es algo que se hace muy poco. Vives contigo toda tu vida; entonces, ¿por qué no tomarte un tiempo para conocerte? Al final podrías descubrir que no estás en tan mala compañía, porque Dios nos ha hecho bien. De tu silencio puede nacer la posibilidad de recuperar las preguntas que tenías de pequeño y que han quedado sepultadas. Tal vez hasta surja una oración. Y una estima por ti mismo que te hará más capaz de encontrarte con los demás, incluso con personas que sean muy diferentes. Personas que como nosotros buscan lo esencial, personas con las que podemos dialogar y encontrar, usando la razón, un terreno común de confrontación». Tras unos segundos de pausa, añade: «Dios no nos ama porque seamos perfectos, sino porque somos amables. Él lo sabe mejor que cualquier otro: nos ha creado».
El encuentro llega a su fin, el monje sonríe. «Este Meeting es realmente hermoso. Vuelvo a casa con varios libros de don Giussani en la maleta. Creo que es hora de conocerle mejor. Estamos en búsqueda, ¿no?».
Créditos / © Asociación Cultural Huellas, c/ Luis de Salazar, 9, local 4. 28002 Madrid. Tel.: 915231404 / © Fraternità di Comunione e Liberazione para los textos de Luigi Giussani y Julián Carrón