Apuntes de la síntesis de la Asamblea de Responsables de América Latina, celebrada en São Paulo (Brasil) del 8 al 10 de marzo de 2024
Toda la vida grita la verdad y nuestro corazón grita el deseo de la verdad. Mientras escuchábamos el canto Al Mattino, me venía a la cabeza que cada mañana –mi casa es sinceramente un lugar privilegiado porque vivo en una especie de castillo en la cima de una colina– al levantarme, cuando salgo por el pasillo y llego a la ventana, se abre ante mí una visión siempre diferente: a veces veo las colinas que sobresalen como islas en un mar de neblina, a veces el sol que hace resaltar toda la geometría increíble de los campos, y miro y digo: ¿ha sido la naturaleza o la obra del hombre la que ha hecho tan bello esto que veo? Esa vista provoca como un golpe que despierta, tiende a despertar el deseo. Pero hasta que no me pongo a orar, retomando la escuela de comunidad, no sucede una verdadera toma de conciencia, porque no basta ni siquiera esa belleza impresionante para despertar la conciencia del abismo de deseo del cual cada uno de nosotros está hecho. Esta mañana cada uno lleva dentro este deseo infinito, pero solo al escuchar este canto o al mirar los rostros de esta compañía nos damos cuenta de cuán grande es el deseo del que estamos hechos.
1. Corresponsabilidad
Lo primero que quiero decir es que por primera vez hemos tenido una Asamblea de Responsables de América Latina sin el punto de referencia último del movimiento, porque se habían celebrado con don Giussani y después se interrumpieron, luego se retomaron con Julián Carrón, llegó la interrupción del Covid, y el año pasado estuvo Davide Prosperi.
Podría surgir entre nosotros una objeción, una dificultad: si está la guía última del movimiento, estamos seguros de que lo que él dice es cierto, pero esa “seguridad” puede esconder como una renuncia a nuestra responsabilidad. En cambio, a mí me sorprende, al finalizar estos días –bien consciente de que yo no puedo sustituir a nadie: esta es una de las cosas que me tranquiliza– es impresionante ver que el hecho de que Davide Prosperi no haya venido nos ayuda a reconocer que lo que estamos siguiendo es algo que acontece dentro de nuestra unidad.
Somos corresponsables, pero corresponsables no significa dueños, no es que ahora el carisma pertenece a cada uno de nosotros y podemos hacer con él lo que queramos, sino que todos estamos llamados a reconocer y poner toda nuestra existencia al servicio de la presencia de Cristo que está entre nosotros, según este acento que nos ha conquistado.
En los diálogos de estos días ha salido a flote de una manera espectacular cómo desde la unidad se hace visible Cristo, casi uno lo puede tocar, casi uno puede decir: «Jesús, ya te veo dentro de nuestra unidad». Esta decisión nos apega más a quien nos ha pedido esta responsabilidad, y también entendemos más cómo, y con qué amor a nuestra libertad, el movimiento está guiando nuestra vida y nos ayuda a asumir esta responsabilidad. Vemos cómo surge cada vez más un apego, que no es un apego sentimental ni apego a un gurú. ¡No! Es el apego a quien guía esta unidad en la que Cristo se hace presente.
2. La memoria de Cristo y la verdadera imagen del hombre
Me parece interesante indicar el desarrollo de lo que hemos visto estos días, siguiendo tres “insistencias” de nuestra Fraternidad tal como plantea el prólogo de los estatutos.
Primero: una insistencia en la memoria de Cristo como afirmación de los factores que dan lugar a la experiencia cristiana en cuanto son origen de la verdadera imagen del hombre.
La memoria de Cristo nos permite que podamos decir “yo”, descubrir la verdadera imagen del hombre. La primera cuestión es la fe como memoria de Cristo, como reconocimiento de su Presencia, que no es un vestido o un paraguas que uno puede abrir y cerrar o ponerse encima en ciertos momentos. La fe no es algo a lo que me dedico, no son las tareas que uno tiene que hacer. No estamos aquí porque tenemos un papel que desempeñar, sino porque tenemos que profundizar en el encuentro con Cristo, que involucra toda mi existencia, que hace renacer mi yo. La fe es totalmente un don. Es una gracia, no es algo que hacemos nosotros, es reconocer una presencia, y hasta ese reconocimiento es una gracia.
3. Comunionalidad corresponsable: constructores de la unidad
La segunda cuestión que define la naturaleza de nuestro movimiento es una insistencia en el hecho de que la memoria de Cristo solo puede generarse en la inmanencia en una comunión vivida.
El encuentro con Cristo es personal, pero no es posible sino en la inmanencia en una comunión vivida, no es posible que vuelva a acontecer sin la inmanencia en una comunión vivida. Y una comunión vivida genera como fruto la unidad. Lo hemos encontrado en un momento dado, pero ¿cómo continúa ese encuentro en todo momento?En la unidad. El Misterio nos ha llamado juntos. Es una experiencia de estos días: volver a vernos después de un año o tal vez por primera vez, ver a todo este pueblo y percibir inmediatamente que hay una unidad que tiene su origen en la misma llamada que Jesús nos ha dirigido a cada uno de nosotros, porque nos ha llamado juntos. La unidad es posible entre nosotros por la conciencia de que es una unidad que no nace en nosotros, que no hacemos nosotros, que tiene como fuente la iniciativa misteriosa de Cristo. Ella vive y se puede extender, puede llegar a toda nuestra vida, si nosotros damos nuestras energías para que acontezca, porque es verdad que la unidad es algo que no hacemos nosotros, pero si no tomamos conciencia de ello y no ponemos nuestro compromiso en construirla, no crece. Sería como dos que son hermanos y no lo saben. Los fieles en la misa parece que no lo saben, y a veces los miro desde el altar y pienso: no saben que son una cosa sola, ¡no lo saben pero lo son! En el momento en que recibimos la eucaristía, recibimos todos al mismo Cristo y somos una cosa sola. ¡Pero hay que saberlo, hay que darse cuenta! Para no empezar un día sin caer en la cuenta del abismo de deseo que me constituye y del abismo de amor con que Cristo responde a ello.
Es una gracia que dentro del temperamento y la experiencia de cada uno, podamos reconocer la unidad del carisma, que no anula las diferencias, pero la cuestión no son las diferencias, la cuestión es que a través de modalidades personales (gracias a Dios, porque toma la persona entera) se ve el mismo Hecho, los mismos rasgos inconfundibles de Cristo que es quien viene a mi encuentro. Si no miro esto, la unidad empieza a ser teórica y en vez de dedicar a esto mis energías, las pongo en otras cosas.
4. La misión es una presencia que lleva la Presencia
El último paso es una insistencia en el hecho de que la memoria de Cristo inevitablemente tiende a generar una comunión visible y llena de propuestas en la sociedad.
El punto que hace posible una presencia original en todos los ámbitos es siempre el mismo: que yo soy relación con Cristo y necesito entonces que todo lo que yo haga nazca de este origen. En la cultura dominante parece que uno vale solo por lo que logra ser, se pierde el valor del destino de cada persona, y por eso nuestra presencia puede ser un punto esperanza para todos. En el acontecimiento cristiano se prende el “yo”, y en el encuentro con el creador se prende la capacidad creativa que tiene cada uno de nosotros como participación en esa creación. Mi relación con el Creador es lo que me vuelve creativo. Se construye una obra cuando se está vinculado con el origen.
Finalizando: «De la fe, la misión» no es un paso en el sentido de que una vez que cerramos la fe, se abre la misión, ¡no! La misión es el desbordarse de la experiencia de la fe, no es que haya que superar la fe para llegar a la misión, sino que viviendo la conciencia tan grande que se nos da en el carisma la vida se vuelve un desbordamiento continuo de esta novedad allí donde cada uno se encuentra, generando formas nuevas de vida, que son el inicio de esa plenitud a la que estamos llamados y que solo en el encuentro final con Cristo se realizará, pero que empieza transfigurando, cambiando el mundo, plantando en medio de esta realidad tan herida lugares donde lo humano vuelve a florecer, porque está Cristo.
Créditos / © Asociación Cultural Huellas, c/ Luis de Salazar, 9, local 4. 28002 Madrid. Tel.: 915231404 / © Fraternità di Comunione e Liberazione para los textos de Luigi Giussani y Julián Carrón