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Huellas N.07, Julio/Agosto 2024

LIBROS PARA EL VERANO

Amistad y misión

José Luis Restán

La lectura de la novela de Willa Cather La muerte llama al arzobispo sigue siendo para mí, desde que la leí por vez primera, una fuente de alegrías. Narra la historia del primer arzobispo de Nuevo México, el misionero francés Pascal Lamy (en la novela Jean Latour), y de su vicario, el P. Joseph Machebeuf (en la novela Joseph Vaillant). Este último llegaría a ser después el primer obispo de Colorado, y su historia merecería una novela aparte, o mejor, una película.
Ambos fueron amigos, en el sentido más profundo que la tradición cristiana da a esta palabra, y compañeros desde el seminario, y habían sido enviados como misioneros a los Estados Unidos, primero a la región de los Grandes Lagos, en el norte, más tarde al territorio de Nuevo México. Los dos protagonistas eran profundamente diferentes y eso forma parte del encanto de esta historia. Jean era un intelectual y un hombre de gobierno, mientras que Joseph era un pastor al que le gustaba mezclarse con la gente, escuchar sus historias, implicarse cuerpo a cuerpo. Impresiona su mutua fidelidad, aunque tantas veces veían las cosas de distinta manera.
Aunque Willa Cather no era católica, entendió de maravilla el verdadero tejido de la Iglesia y supo reflejar con sobria eficacia la alegría de la misión, como si cada mañana (con todos sus avatares) fuese siempre nueva y límpida, de «azul y de oro». Son muy hermosas las relaciones de ambos con los indios navajos, llenas de estima sincera, en algunos casos de verdadera amistad. No faltan las situaciones dramáticas en las que se pone a prueba la fe de ambos misioneros, una fe de la que brotan la inteligencia práctica y el realismo necesarios para afrontar problemas escabrosos de disciplina con los sacerdotes, o situaciones de convivencia enquistadas. En todos sus encuentros se desvela una mirada de misericordia que llega hasta el fondo de la gente más variopinta del lugar.
Es conmovedora la despedida, cuando el P. Vaillant ha recibido el encargo de marchar a las Montañas Rocosas para evangelizar a las nuevas poblaciones que llegaron para explotar el oro y otros minerales. Ambos sabían que no volverían a verse, y el vicario le dice al obispo unas palabras que resumen toda una vida: «no ha estado tan mal, ¿eh, Jean?, hemos hecho lo que hace mucho tiempo pensábamos hacer, cuando éramos seminaristas…, al menos algunas cosas… ver cumplidos los sueños de juventud es lo mejor que puede ocurrir a un hombre… No hay éxito mundano que se asemeje a eso». En toda esta historia se hace patente, sin aspavientos ni complicaciones, que el cristianismo es la plenitud de lo humano. Sencillamente, una delicia.

Willa Cather
La muerte llama al arzobispo
Cátedra
336 pp. – 18 €

 
 

Créditos / © Asociación Cultural Huellas, c/ Luis de Salazar, 9, local 4. 28002 Madrid. Tel.: 915231404 / © Fraternità di Comunione e Liberazione para los textos de Luigi Giussani y Julián Carrón

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