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Huellas N.4, Abril 2007

CL

Huellas en la universidad

a cargo del CLU

Ensanchar la razón: el desafío en la universidad

«La ciencia anunciaba la nada. / Y el arte admiraba la decadencia; / El mundo estaba viejo y acabado, / Pero tú y yo éramos alegres». Con estas palabras empieza Chesterton su novela El hombre que fue jueves. Hay una alegría y una esperanza que, ante los desafíos de la vida, anidan en el corazón del hombre y no le dejan morir. Por ello, dentro de un sistema escolar que trata de mantenerse a flote, Giovanni, Maria Grazia y Cristiano, junto con otros alumnos de las Facultades de Ciencias de Sassari (Cerdeña) han creado “Alfa Élica”, una asociación cultural nacida para profundizar y compartir con los compañeros de clase la pasión por la “ciencia”. Así, desde hace cuatro años, las semanas de octubre y noviembre se conocen como los “Días de ciencia”, un evento que alberga mesas redondas y debates. Este año el tema era “Biotecnologías y desarrollo” y lo que se pretendía –cuenta Alessandro– era «mostrar todas las expectativas que se derivan de la investigación en este campo. Para ello contamos con investigadores que –a pesar de las dificultades, incluso económicas, que encuentran en el trabajo– nos comunicaron su experiencia y la pasión por su trabajo. Después, en un debate entre los principales responsables de los centros de investigación de nuestra zona y los estudiantes, nos centramos en las salidas profesionales de este sector». En la misma ciudad, también en la facultad de Filosofía y Letras hay vida. Estudiando Literatura inglesa, a raíz de las clases sobre Hardy y Ford, surgió una buena relación entre profesores y alumnos. Un diálogo cercano, a veces acalorado, sobre temas importantes como el sentido de la vida y del dolor. De ahí nació la asociación “Vetera Lucent” que, antes de Navidad, organizó un encuentro con el título: “A menudo el mal de vivir he encontrado”, tomado del conocido poema de Montale. Intervinieron Giuseppe Serpillo, profesor de Literatura inglesa, que reconoció en el hombre la exigencia de una orientación hacia la verdad pero negó la posibilidad de alcanzar una certeza sobre el sentido último de la vida; y Dolores Medda, profesora de Humanidades, que afirmó: «Aunque a veces tratamos de censurarla, tenemos la necesidad de encontrar el significado de la vida y el mundo, y esta necesidad es sobre todo una espera».


En el Via Crucis con mis padres

Estoy estudiando con una beca Erasmus en Munich. Esto me ha llevado a hacer un trabajo personal cada vez más intenso, porque cada día que amanece soy más consciente de mi desproporción, de que soy una calamidad y vivo momentos de auténtica negación, de pensar que todo depende de mí, de mi capacidad (que es bien poca)... pero basta un segundo, un solo momento en que recupere algún texto de Escuela o de Huellas, basta con que vea una llamada perdida en el móvil de algún amigo para que el Señor se me haga presente igual que la primera vez, y que le importe bien poco mi miseria y yo levante la mirada a Él. Este Viernes Santo mis padres estaban aquí conmigo y fuimos juntos al Via Crucis en pleno campo, en un pueblecito precioso, típico de estampa alpina. Me conmoví profundamente porque les vi allí, haciendo el mismo camino al que les invité hace unos años en la parroquia de Fuenlabrada. No sabría bien explicar en qué ha cambiado mi relación con ellos, pero «mirar en la misma dirección, al mismo horizonte» es un tesoro que me llevo en el corazón en estos días y para siempre.


Ratisbona sigue dejando huella

Viernes 16 de marzo, Pescara. En un hotel de Montesilvano se desarrolló el tercer Congreso Nacional de Estudiantes Universitarios organizado por la Oficina de educación de la CEI (Conferencia Episcopal Italiana). En el primer acto intervinieron Nando Della Chiesa, Secretario de Universidades e Investigación, la señora Xodo, profesora de Filosofía de la Educación en Padua, y Filippo Boscagli, representante de la Coordinadora de Listas por el Derecho al Estudio en el Consejo Nacional de Estudiantes Universitarios. Tema de la mesa redonda: “Al servicio de los estudiantes, por el bien del país: prioridades y propuestas”. Mientras Nando Della Chiesa puso de manifiesto todos los esfuerzos del Ministerio para promulgar la “Carta de derechos de los estudiantes”, Boscagli y las intervenciones del público que siguieron a las ponencias subrayaron la centralidad de la relación entre profesores y estudiantes y la necesidad de reconocer y valorar todas las iniciativas que surgen de esa relación: «¿Qué es la universidad sino el lugar en el que cada persona, partiendo de sus intereses, puede florecer en la relación con un maestro?». Esta manera de ver las cosas parte de la confianza en el yo de cada uno, a diferencia del pesimismo de determinadas políticas ministeriales respecto a estudiantes y profesores: «La situación es la que es –dijo Della Chiesa– es decir, profesores que no llegan puntuales a los exámenes y no son capaces de mirar a la cara a los estudiantes. Por eso sostengo que hay que establecer unos derechos que los estudiantes puedan exigir». En los días sucesivos, las reuniones por grupos se desarrollaron con esa confianza como referencia. En especial en los grupos que se ocupaban del tema “Fe, razón y estudio”. El punto de partida era el discurso de Benedicto XVI en Ratisbona, y también la carta que ocho estudiantes de la facultad de Física de la Estatal de Milán escribieron a la profesora Cattaneo, de la que tanto se ha hablado en los últimos meses, incluso en los periódicos. Agnese, una chica de Chieti que pertenece a la Renovación Carismática, mostró su aprecio por esa iniciativa de los chicos de Milán. Esa carta, dijo, le había permitido reaccionar ante un cartel que habían pegado en la pared de su escuela, en el que se leía «¿Es posible que en 2007 el Papa siga abriendo la boca?». «Gracias a Dios, sí», respondió Agnese en otro cartel. De allí surgió una discusión en la que intervinieron otros muchos estudiantes. «Pero esto se refiere a la fe. ¿Qué tiene que ver con el estudio, con la razón?» preguntó Lukas, un estudiante austriaco. «El punto de partida –le responde Carlo, estudiante de Milán– no son dos conceptos paralelos (fe y razón), sino el deseo de verdad que cada uno llevamos dentro. Cuanto más honesto es uno con este deseo más se abre a la categoría de la posibilidad. Las preguntas que le planteaban a la profesora Cattaneo sobre la naturaleza del embrión son ejemplo de ello». Nadja, una chica musulmana que estudia Filosofía en la Universidad Pontificia Urbaniana, concluía: «Estoy muy impresionada por lo que habéis dicho. Me parece que este es el punto sobre el que nosotros, cristianos y musulmanes, podemos dialogar». Es decir, que Ratisbona ha calado hondo.


Contra la agorafobia

En las antiguas ciudades griegas el ágora era el lugar destinado al mercado y a las reuniones, el centro de la vida civil y política. Hoy podemos decir que también Bolonia, la histórica ciudad universitaria, tiene su ágora. «Tras cinco meses de duro trabajo –dice María– al final lo hemos conseguido». Ha visto la luz. Se trata de una revista, de la que se encargan algunos estudiantes de Ciencias Políticas, que ha publicado su primer número en marzo. Doce páginas para profundizar en un tema que está a la orden del día: la liberalización de las empresas. ¿Cuál ha sido el aspecto más interesante? «Poder trabajar con algunos profesores que nos han ayudado a orientarnos en una “jungla” como esa». Una mirada sobre el mundo que empieza por el estudio.


AFIRMACIONES DESCONCERTANTES

LA PROVOCACIÓN…
«Daniel Kahnemann, premio Nóbel de Economía de 2002, ha desarrollado un método particular: el Método de muestreo de la experiencia (Experience Sampling Method E.S.M). Estos estudios muestran que la felicidad está relacionada no tanto con acontecimientos significativos sino con parámetros mucho más prosaicos como puede ser, por ejemplo, cómo hayamos dormido esa noche».
(Franca Porcini, Corriere Della Sera, 7 de enero de 2007)

…Y LA RESPUESTA
Cuando hablamos de felicidad lo hacemos automáticamente como sinónimo de “bienestar”: “estar bien” según su acepción más arrebatadamente burguesa (a cualquier precio) y, sin embargo, para todos nosotros coincide con ser feliz. Esa filosofía genial (que vuelve siempre en los momentos de decadencia y de disolución de las grandes fases culturales de la humanidad, es decir, esa época que sólo espera la llegada de los bárbaros) tiene una única obsesión: la “duración”. Es entonces cuando aparece ella, la ansiedad, un sentimiento que se difunde en las sociedades más perfeccionadas, y los suicidios repican como campanas que sin embargo no se oyen en los países que “están bien”. ¿No será por el resurgir (aunque se intente acallar cada vez más) de la intuición, impresa en la naturaleza del ADN humano, de que existe un extraño nexo entre “felicidad” y “sentido”?
(tomado de La Fionda: reseña de prensa de los estudiantes de 1º de Bolonia)

 
 

Créditos / © Asociación Cultural Huellas, c/ Luis de Salazar, 9, local 4. 28002 Madrid. Tel.: 915231404 / © Fraternità di Comunione e Liberazione para los textos de Luigi Giussani y Julián Carrón

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