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Huellas N.6, Junio 2018

LA HISTORIA

«Yo te espero»

Final de la tarde. Claudio está cruzando por el parque. Es el camino más rápido para volver a casa y nada más fácil que encontrar algún amigo, abuelo como él, que empuja un carrito o juega con los nietos. A unos cincuenta metros, los ve al borde de la cancha de baloncesto, donde dos niños tiran a la canasta. Son cinco, de unos veinte años, sentados en el respaldo de un banco medio destrozado. Hablan en voz baja, se traen entre manos dineros y sobrecitos. No es difícil entender qué están haciendo.
Claudio se enfada. Casi sin darse cuenta, suelta: «Infames, ¡sinvergüenzas! Justo aquí donde juegan los niños». Uno de ellos debe haberlo oído, porque se separa del grupo y va hacia él. «¿Qué hago ahora? Si me largo, lo mismo me pega.». No le da tiempo a más y ya el chaval le alcanza y. lo abraza. «¡Claudio! ¿Te acuerdas de mí? Soy Mauro, jugaba con tu hijo en el equipo de baloncesto del oratorio». El hombre lo mira mejor. «Perdona, han pasado diez años y no te había reconocido». Mientras habla, de su memoria emerge el recuerdo de un niño algo difícil que se enfadaba por nada, que montaba bulla pero no metía canasta nada mal. «¿Qué es de tu vida? ¿Qué hace ahora tu hijo? Era algo mayor que yo, así que a veces me acompañaba a casa. Me gustaba estar con él». «Se casó, tiene un niño». «¡Qué suerte ha tenido!». Su tono se vuelve serio: «¿Sabes, Claudio? Esos dos años fueron bellísimos. Quizás los mejores de mi vida. Cuando tú y los demás "mayores" nos acompañabais a los partidos y si perdíamos no era ningún drama. Sigues teniendo el mismo vozarrón. Me lo pasé bien con vosotros. Ahora, en cambio.». Su mirada ahora es triste. Unos instantes de silencio, luego Claudio le pone una mano en el hombro: «Mauro, mira que las puertas están siempre abiertas. Nosotros estamos ahí, también para ti. Cuando quieras, puedes acercarte». «¿De verdad?». Mauro se sorprende, se le ha mudado el rostro. «Me lo pienso, a lo mejor un día aparezco por ahí. Me alegra volver a verte». «Yo te espero». Se dan otro abrazo. Antes de volver al grupo, Mauro se da la vuelta y levanta el brazo para saludar. Claudio le devuelve la sonrisa y el saludo.
Mientras se encamina hacia casa, piensa. «¡Mira cómo siempre te sorprende el Señor! Ya les había tachado a todos de infames. Y Mauro viene y me da un abrazo delante de sus "amigos". Algo de aquellos dos años se le quedó en el corazón».

 
 

Créditos / © Asociación Cultural Huellas, c/ Luis de Salazar, 9, local 4. 28002 Madrid. Tel.: 915231404 / © Fraternità di Comunione e Liberazione para los textos de Luigi Giussani y Julián Carrón

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