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Huellas N.5, Mayo 2017

IGLESIA

Santo asombro

Stefano Maria Paci*

Cuando se cumplen los cien años de las apariciones, el 13 de mayo el Papa canoniza a Jacinta y Francisco. El cardenal JOSÉ SARAIVA MARTINS, ex prefecto de la Congregación para las causas de los Santos, explica la «extraordinaria heroicidad» de los pastorcillos. Y por qué Fátima sigue hablando al mundo de hoy

«Ya desde niño oí hablar de Fátima y de los tres pastorcillos que vieron a la Virgen. Forma parte de nuestro ADN. Todavía recuerdo la emoción que experimenté cuando me llevaron allí por primera vez. Nunca pensaría que algún día contribuiría de alguna manera a la subida a los altares de Jacinta y Francisco, que conocería y visitaría regularmente a sor Lucía, y que le pediría al Papa abrir con antelación el proceso de beatificación de la última vidente de Fátima».
Lo dice con una sonrisa en los labios el cardenal José Saraiva Martins, 85 años llevados estupendamente, que encuentro en un apartamento, propiedad del Vaticano, pegado a la Plaza de San Pedro. Lo conozco desde hace años, he tenido la oportunidad de frecuentarlo e incluso de entrar con las cámaras por primera vez en el mundo del archivo de la Congregación para las causas de los Santos, de la que fue Prefecto durante diez años. Pude así filmar los signos tangibles que quedan en la tierra de varios milagros en todo el planeta, como los granos de arroz que, en 1949 en España, se multiplicaron en las ollas de los comedores para los pobres bajo la mirada de centenares de testigos, casi una renovación del milagro de los panes y los peces; las radiografías de la mujer de religión hindú repentinamente sanada por intercesión de santa Teresa de Calcuta; los gruesos volúmenes que recogen los increíbles testimonios sobre el Padre Pío.
Hoy hablamos con el cardenal portugués del centenario de las apariciones de la Virgen en Fátima, efeméride que llevará al Papa Francisco al santuario mariano. En el año 2000 fue Juan Pablo II quien beatificó a los dos pastorcillos, Jacinta y Francisco, el 13 de mayo. En esa ocasión hizo revelar la tercera parte del secreto de Fátima, este 13 de mayo Bergoglio los proclamará santos. Fallecidos jovencísimos, los cuerpos de Jacinta y Francisco descansan en la Basílica. Ahora descansa junto a ellos también Lucía.

Eminencia, una vez un cardenal me dijo: «En mi opinión, niños tan pequeños no deberían ser elevados a los honores de los altares. De niños, todos somos santos». ¿Qué opina al respecto?
Antes estaba vedado beatificar, y por tanto canonizar, a niños porque no se les consideraba capaces de «practicar en grado heroico las virtudes cristianas», primer requisito para luego poder subir a los altares. Para mí este no era un principio aceptable. Jacinta y Francisco han sido los primeros niños beatificados en la historia de la Iglesia. La suya fue una «heroicidad cristiana» extraordinaria, que ya me gustaría encontrar en muchos adultos. Trataron de atemorizarles para que dijeran que lo que habían visto era fruto de su imaginación infantil. No cedieron nunca, ni siquiera cuando les amenazaron de muerte las autoridades que les habían encarcelado. Incluso les dijeron que a Lucía la habían matado en aceite hirviendo y que ellos acabarían de la misma manera. Pero no cedieron.

Ha pasado un siglo desde las apariciones. ¿De qué manera puede servir al hombre de hoy proclamar santos esos niños?
Creo que pueden ser modelos modernos para vivir la fe, no solo entenderla, sino vivirla. Pusieron en práctica concretamente en su vida todo lo que la Virgen les dijo. Se adhirieron con gozo a la presencia que les había salido al encuentro. Fueron capaces de asombro.

Fátima es un lugar lleno de misterios. El sol que gira en el cielo ante centenares de personas, una fuente milagrosa, un mensaje que sigue haciendo discutir hoy. Se ha hablado mucho del tercer secreto de Fátima (en realidad, la tercera parte de un único secreto). Juan Pablo II quiso hacerlo público precisamente en la explanada del santuario, pero sigue habiendo algunos que dicen que no se ha revelado todavía íntegramente. ¿Qué piensa usted?
Pienso que es una necedad y que se ha revelado todo lo que había que revelar. No queda pendiente ningún misterio y no es lícito pensar que los Papas, que han dicho que todo estaba revelado, hayan mentido.

Tras la caída del muro de Berlín y las primeras grietas del régimen soviético, le hice llegar a sor Lucía una afirmación de Juan Pablo II. La última vidente me dijo: «Se ha evitado una Tercera Guerra Mundial». Palabras que me estremecieron.
Entiendo su reacción, pero es cierto. Completamente cierto. Hubo todas las condiciones para una Tercera Guerra Mundial, que fue evitada. Si no rezáis, llegará una Tercera Guerra Mundial, había dicho la Virgen. Gracias a la oración, se evitó.

El tercer secreto habla también de un obispo vestido de blanco que muere asesinado. Juan Pablo II lo identificó consigo mismo, aunque él no murió. «Una mano disparó, otra desvió el proyectil», dijo.
Fue expresamente a Fátima para ofrecer a la Virgen la bala que debía matarlo. Yo estaba sentado a su lado cuando en el santuario ofreció ese proyectil a la Virgen, para darle las gracias por haberle salvado la vida. Estábamos en una habitación, la estatua de la Virgen estaba colocada en una mesa, frente a él, y yo me encontraba al lado del Papa. Wojtyla apoyó la bala en la mesa y con el dedo la hacía avanzar hacia la Virgen con pequeños impulsos. Estaba viviendo ese momento con extrema intensidad, hasta que se la dejó delante, a los pies de la Virgen.

Como si estuviera dialogando con ella…
Sí, expresándole toda su gratitud. Ahora esa bala está engarzada en la corona de la estatua de la Virgen de Fátima.

Los dos pastorcillos son proclamados santos. Se ha abierto la causa de beatificación de sor Lucía. Usted la conoció muy bien, fue uno de los pocos que podían tratar con ella.
Paso mis vacaciones, normalmente, en Portugal, y las hermanas del convento de clausura de Coimbra me invitaban el 15 de agosto a celebrar con ellas la Eucaristía de la fiesta de la Asunción. Antes o después de la celebración, tenía un encuentro con las hermanas y, naturalmente, ella también asistía. Lucía era una persona extremadamente sencilla, pero muy inteligente. Prudente, sabia, con una memoria impresionante, y también muy concreta. Tanto que –y la cosa puede incluso sorprender–, cuando las hermanas decidieron fundar un nuevo convento porque su número había crecido mucho, la eligieron a ella para ir a negociar la construcción del edificio con los arquitectos. Una tarea nada fácil. Se piensa que los santos viven en un mundo abstracto, que sería el mundo espiritual. Nada más erróneo. Lucía no vivía en las nubes. Además, gozaba de un gran sentido del humor.

El proceso de beatificación de Lucía empezó cuando usted era Prefecto de la Congregación para las causas de los Santos.
Según la ley canónica, un proceso de beatificación puede empezar solo después de cinco años desde la muerte. Cuando habían pasado solo dos desde la muerte de Lucía, pensé que era conveniente abreviar los tiempos. Fui a ver al Papa Benedicto XVI y le dije: «Santidad, anticipar algunos años el proceso es la mayor gracia que usted puede conceder a la Iglesia de Portugal y a la Iglesia universal». Y Ratzinger asintió. Esperaba que los tres pastorcillos pudieran ser canonizados juntos, pero no fue posible.

Cien años después, ¿qué queda de Fátima?
Su mensaje sigue vigente. Se refiere a problemas muy concretos, existenciales, que viven tanto la Iglesia como la sociedad. En primer lugar, la fe. Hay una crisis al respecto hoy en el mundo, que afecta también a la Iglesia católica. Vivir el mensaje de Fátima significa convertirse y acercarse cada vez más a Dios y a los hermanos. Luego, el llamamiento en favor de la paz. ¿De qué hablan a diario los periódicos? Atentados, guerras, destrucciones. Las religiones son supuestamente motivo de divisiones y enfrentamientos. Dios en cambio es la fuente de la paz.
El mensaje de Fátima es sobre todo la esperanza. Sin esperanza la vida no tiene sentido. Muchos jóvenes hoy no saben qué sentido tiene su vida. No se puede vivir sin una esperanza. No se puede ser feliz sin conocer el sentido de la vida y su destino. En Fátima la Virgen dijo que la vida con Jesús es una vida verdaderamente libre, que se puede vivir con alegría y entusiasmo. ¡Qué extraordinaria belleza es el cristianismo!
*Vaticanista de SkyTg24

 
 

Créditos / © Asociación Cultural Huellas, c/ Luis de Salazar, 9, local 4. 28002 Madrid. Tel.: 915231404 / © Fraternità di Comunione e Liberazione para los textos de Luigi Giussani y Julián Carrón

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