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Huellas N.4, Abril 2008

SOCIEDAD - Nápoles

Constructores de esperanza

Angelo Picariello

La basura, las enfermedades, las barricadas... Entre tanta rabia y desánimo, en la ciudad se oyen también voces distintas que hablan de pertenencia, construcción y bien. Para expresarlas nace la canción «Alluccamm’ o bene», gritemos el bien

«Dan ganas de escapar, y a veces lo pienso. Escapar de este barrio, en el que durante años han enterrado de todo, material tóxico y radiactivo, donde abundan los silos abarrotados de basuras misteriosas, incluso esqueletos de ballenas. Pero luego no puedo. Dejar a la gente del barrio Pisani sería la muerte para mí». Michele vive en Quarto, el barrio en el que se ha producido la mayor protesta a causa de la basura en Nápoles. Su madre murió de cáncer, demasiadas personas enferman allí, «demasiadas enfermedades, muchas de ellas misteriosas y difíciles de diagnosticar», como para no pensar que algo tiene que ver ese maldito vertedero con todo lo que han arrojado allí durante años. Sus palabras son una mezcla de rabia y de esperanza. La misma rabia que le llevó a la primera línea de las barricadas en la fase más dura de las protestas. «Pero luego me dije que sólo el que está vivo se enfada ante algo así». Ese 25 de enero, en la Feria de Ultramar, habría preferido no hablar. El teatro, con capacidad para mil quinientas personas, estaba hasta la bandera: se celebraba un concierto en favor de AVSI, pero los hechos de aquellos días, esa protesta que prendió como un incendio, requerían un juicio. «Después de comentarlo a fondo con los amigos, decidí hablar, contar mi experiencia: uno puede enfadarse con todos, con los políticos y con la camorra, pero nadie nos puede impedir ser hombres. Sé qué significa vivir sin Dios y sin esperanza, porque de joven no creía. Sin embargo, ahora pertenezco no sólo al pueblo del barrio Pisani, sino también a Comunión y Liberación».
Así es como contó Michele, frente a todos los reunidos allí, su participación en la protesta, sin dejar que ésta le definiera. «Cuando Davide Rondoni, que estaba con nosotros aquella tarde, recordó en un artículo publicado en Avvenire las palabras de “uno de los más enfadados”, se refería a mí. Pero también quiso contar lo que nos está pasando en Nápoles durante este tiempo. Una serie de encuentros y de pequeños milagros», uno detrás de otro. «El milagro de una compañía que te ama más que tú mismo, y que te lleva a construir entre las ruinas, venciendo la angustia que supone sentirte como una gota en medio del mar. Hay quien querría destruirlo todo, desesperado por este drama sin salida que relatan los periódicos, y hay también quien disimula como si nada, presa de una resignación cínica. Sin embargo, hay quien ofrece una contribución. Pequeña, pero no carente de esperanza».

Pensar de otra manera
Un juicio nuevo, nacido de un diálogo verdadero con los amigos y capaz de llevar de nuevo a Michele junto a los que protestaban con él en las barricadas, para compartir una perspectiva distinta, una posibilidad que no queme la esperanza. Como él, muchos artistas, empresarios y cantantes han aventado su amor por esta ciudad martirizada. Deseo de actuar. Deseo de estar, que en los tiempos que corren en Nápoles es ya un primer paso. Genny escribía a Julián Carrón después de aquella velada –titulada “De la gratuidad, el bien común. Un recorrido humano, ideal y artístico para redescubrir la esperanza de un pueblo”– para contarle todos los milagros que han sucedido, para hablarle de la «única belleza que puede salvar al mundo». La Compañía de las Obras ha preparado un manifiesto para decir que «el cambio no viene de la política o de las estrategias diseñadas en un despacho», sino ante todo «de la educación», de la «gratuidad que se introduce en los entresijos de nuestros cálculos», como decía don Giussani. La grave situación debida a la acumulación de la basura es «la punta del iceberg de los problemas de nuestra región», que reclama «un cambio radical, desde el ciudadano a las instituciones».
«Además –relata Felice Siciliano, presidente de la CdO de la Región de Campania–, nos hemos implicado con otras asociaciones y fundaciones en las reuniones de la llamada “sociedad estructurada”, un comité de crisis para afrontar la emergencia. Cada vez que en las reuniones salen a la luz las cifras y las responsabilidades, se desata una especie de rebelión, pero con esta actitud no se va a ninguna parte. No es que no tengamos claras las responsabilidades, pero ha llegado el momento de actuar, no de recriminar; de construir, de salvar la economía de una región que padece una grave crisis en sus recursos más importantes, el turismo y la agricultura. Y nuestra experiencia muestra que es posible un cambio, que mucha gente ama a esta ciudad y que hay que ayudarla a continuar».

Ponerse manos a la obra
Tenemos, por ejemplo, la historia de Antonio De Luca, un empresario de larga trayectoria en el sector ferroviario que vive en el barrio Mater Dei, a espaldas del de Sanità, donde se ubica el centro de solidaridad de Nápoles. Este empresario, en lugar de levantar un supermercado en la zona, ha preferido reconstruir un teatro, obra menos lucrativa, pero que retomaba una antigua tradición cultural del barrio. «Podía haberse marchado de Nápoles –explica Siciliano–, pero quiere quedarse aquí, porque considera fundamental promover una educación para el trabajo». Y es bonito, escribe Genny a Carrón, «que a la mañana siguiente nos haya telefoneado para decirnos “estoy con vosotros, decidme cómo puedo ser útil”».
Todo esto no es una forma de cambiar de tema ante el mal olor y el tremendo malestar. «La herida que se ha abierto en estos meses ha llegado hasta lo más hondo, obligándonos a cambiar la relación entre nosotros y a ponerla en juego ante la realidad y sus problemas concretos. Por otro lado –reflexiona Siciliano– no faltan en Nápoles las emergencias. Ahora salimos en los periódicos por el tema de las basuras, pero hace un año salíamos por el tema de la criminalidad. Emergencia que sigue existiendo, aunque no se hable de ella. Como el paro, el drama más grave de todos. No basta con una receta para resolver el problema que aparece de vez en cuando en los periódicos, sino una vida capaz de responder verdaderamente a las necesidades y de desafiar a la resignación. Son cosas sobre las que hemos hablado también con interlocutores importantes, estableciendo las bases para una posible colaboración. Entre estos se encuentran los secretarios de los sindicatos CGIL y CISL, Epifani y Bonanni».

No está todo perdido
Dan esperanza también muchas personas, conocidas en la caritativa o en las clases extraescolares en el barrio Sanità, que han empezado a hacer Escuela de comunidad como signo de gratitud hacia esa mirada nueva sobre su vida difícil. «Es un hecho lo que da esperanza», interviene Tonino Romano, responsable de CL de la zona y vicepresidente de la Fundación Romano Guardini. «Mucha gente se siente acompañada en su necesidad de humanidad y de compañía. Esto refuerza nuestra esperanza, la convicción de que una cuestión tan dramática no se afronta de forma ideológica siguiendo las informaciones de la prensa. Pero –hace un llamamiento– las cosas no cambiarán si Nápoles no se asume como una cuestión nacional, si este pueblo no es ayudado a vencer el drama y la injusticia que sufre».
En Nápoles no está todo perdido. ¿Cómo empezar de nuevo, si no es desde la belleza? Recurso del corazón y, si se quiere (y se puede), también del bolsillo, de la economía napolitana. Recurso que ha engrandecido Nápoles gracias a su paisaje, su arte y su cultura. El momento más conmovedor, que desató los aplausos entusiastas de todos, lo realizó un pintor escultor, Antonello Picciano, con un audaz montaje en vídeo: música y letras del joven cantautor Alfredo Minucci (Terr’e nisciuno, Tierra de nadie) y una imagen del cráter del Vesuvio en el que entran unos jóvenes, y desde el que brota un grito en napolitano: «Alluccamm’ o bene», gritemos el bien. La imagen ha impresionado mucho a Alfredo, cantante en los bares de Nápoles. La misma ciudad en la que vive Ana, cuya casa está en un bajo delante de la sede de la cooperativa Rionesanità, o Nando, el barman. De ahí ha nacido una nueva canción, Alluccamm’ o bene, que está a punto de salir en un nuevo CD, el tercero: «Entre tantos gritos de desesperación o de protesta –explica Alfredo–, ha llegado el momento de hacer oír nuestro mensaje de esperanza. De gritarlo fuerte. Para que el mal y la desesperación no prevalezcan. Para que los milagros –los muchos, pequeños y grandes–, que están sucediendo en Nápoles, puedan convertirse en esperanza para todos».

 
 

Créditos / © Asociación Cultural Huellas, c/ Luis de Salazar, 9, local 4. 28002 Madrid. Tel.: 915231404 / © Fraternità di Comunione e Liberazione para los textos de Luigi Giussani y Julián Carrón

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