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Huellas N.2, Febrero 2015

BREVES

La Historia

Algo divino
El aire en Manhattan empieza a calentarse tras una mañana gélida. En la entrada de los almacenes Marshalls, en la Sexta, la gente espera en la cola para aprovechar las rebajas de enero. Un poco más allá, en el cruce con la Dieciochoava, el profesor Robert Pollack, con su mujer Amy, baja de un taxi delante del Metropolitan Pavilion donde se celebra la edición 2015 del New York Encounter. Está a punto de empezar el encuentro sobre la evolución.
«Bienvenidos, señores Pollack». Laura, una azafata, les recibe en la entrada: «Síganme, tienen reservados dos asientos en primera fila». El profesor: «Gracias, pero preferimos quedarnos al fondo. Nos quedamos solo una media hora, justo para saludar a los organizadores que han querido invitarnos». Pollack da clase de biología en la Columbia University, ya no cuenta los congresos en los que ha participado a lo largo de su carrera. Ha acudido al Encounter para honrar a su amistad con monseñor Lorenzo Albacete, que murió el pasado mes de noviembre, que le decía: «Un día tendrás que venir, Robert».

En este extraño cruce de relaciones piensa el profesor, mientras se acomoda al fondo de la sala. Él, judío, invitado a una conferencia de católicos por un sacerdote puertorriqueño… En seguida se presentan algunos amigos de Albacete que quieren conocerle a él y a Amy. No hay nada formal, cada palabra y cada gesto crea «una inesperada familiaridad». Angelo se sienta junto a ellos, mientras Teresa sube al estrado para moderar la mesa. Los ponentes son científicos de fama internacional, pero Robert se sorprende del diálogo, del modo de llevarlo y de que el resultado sea un verdadero encuentro entre distintos puntos de vista. Al cabo de un rato, le dice al oído a su mujer: «Amy, yo me quedaría hasta el final». Ella asiente.
Al acabar el acto, Angelo y Teresa les invitan a visitar las exposiciones, luego a conocer los voluntarios, a comer en el restaurante… «¿Por qué no os quedáis a cenar?». «Hoy tenemos ya un compromiso, pero mañana volvemos».

Al día siguiente, acuden a la cena. Amy y Robert han firmado durante media hora las copias de un libro suyo. Cenando, no paran de preguntar por todo. En un momento dado, el profesor se para en seco. Calla. Luego, mirando a todos los comensales: «Amigos, hoy nos hemos encontrado como en casa. Cada persona nos ha manifestado una bondad y una gentileza que raramente he encontrado en mi vida. Hemos visto gestos de una generosidad increíble. Sin exagerar, puedo decir que hoy hemos visto la mayor colección de felicidad nunca vista».
Pero Robert no se queda contento: «Yo tengo que darle un nombre a lo que he visto. En el Talmud hay una expresión que lo describe: “Gemilut chasadin”. Es un puro acto de amor y gentileza que lleva dentro algo divino. Más aún, que es la esencia misma de Dios». Demasiado hermoso para no volver.

 
 

Créditos / © Asociación Cultural Huellas, c/ Luis de Salazar, 9, local 4. 28002 Madrid. Tel.: 915231404 / © Fraternità di Comunione e Liberazione para los textos de Luigi Giussani y Julián Carrón

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