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Huellas N.1, Enero 2015

IGLESIA / Los gestos del Papa

Uno a uno

Giuseppe Frangi

Es la forma base de su labor misionera, el encuentro personal. Basta bucear en la cotidianidad del Santo Padre para darse cuenta de su predilección por las personas. ¿Cuánto tiempo dedica al contacto directo con la gente? ¿Qué le mueve a hacerlo?

¿Cuántas manos ha estrechado el Papa Francisco en estos 22 meses? ¿Con cuántas personas ha hablado de tú a tú? ¿Cuántos niños ha tomado en brazos? ¿A cuántos minusválidos ha acariciado? ¿Cuántas cartas de particulares ha querido leer? ¿Cuántas llamadas ha hecho, saltándose todas las centralitas?
Francisco es un Papa one to one. Alguien que privilegia el contacto directo no por un deber, sino por una auténtica atracción hacia los demás. Le mueve una simpatía humana sin reservas que le hace apasionado y atento en el modo de mirar a cada uno. No nos sorprende que un capitulito de su Evangelii Gaudium se titule emblemáticamente “De persona a persona”. Para él es la forma base de una labor misionera que parte siempre de un dialogo de tú a tú, «donde la otra persona se expresa y comparte sus alegrías»; es «el anuncio que se comparte con una actitud humilde y testimonial de quien siempre sabe aprender».
Basta bucear en la cotidianidad del Papa para ver que para él las cosas son realmente así. Según un vaticanista bien informado como es Andrea Tornielli, por ejemplo, Francisco lee cada día unas cincuenta de entre las muchísimas cartas de particulares que recibe a diario. Y en su mayoría son cartas de gente sencilla, que le llegan sin ningún pedigrí.
Los números de este Pontificado son impresionantes, empezando por los casi 17,3 millones de seguidores en la cuenta de Twitter Pontifex en los diversos idiomas. Pero no olvidemos nunca que estos números no son solo los de una masa aficionada y fiel, sino un suma y sigue de personas con nombres y apellidos. «Yo no puedo mirar a las personas más que de una en una, entrando en contacto personal con quien tengo delante», confesó en su famosa entrevista con el padre Antonio Spadaro, director de La Civilità Cattolica. Él nos mira así, uno a uno. Y así le miramos nosotros.

En Santa Marta. Es una de sus novedades más relevantes. La misa cotidiana ya no es privada como con sus predecesores, sino pública, aunque limitada por obvias razones de espacio. Caben unas cincuenta personas en la capilla de Santa Marta; multiplicadas por 290 misas (a día 30 de diciembre), suman casi 15.000 encuentros personales en 22 meses. Porque al final de la misa el Papa se reserva un poco de tiempo para detenerse a saludar a los presentes uno a uno. Así lo hizo desde el primer día cuando, tomando desprevenida a la misma seguridad, se puso en la puerta de Santa Ana, nada más cruzar los muros vaticanos, para estrechar la mano a todos los fieles que salían.
Pero otra cita a la que el Papa Francisco ha impreso su estilo son las audiencias. En primer lugar ha elegido celebrarlas siempre en la Plaza de San Pedro, haga el tiempo que haga. Según los datos de la Prefectura de la Casa Pontificia, en sus 73 audiencias, desde el comienzo de su pontificado hasta finales de 2014, han sido 2.739.000 los que han participado, adquiriendo la entrada para acceder a la Plaza. Quedan por tanto fuera de la cuenta los que se quedan en la vía de la Conciliazione que, en meses como abril o mayo, son miles y miles. El encuentro no suele durar menos de tres horas porque el Papa llega de costumbre con algo de anticipación (normalmente hacia las 9.45) para dar una primera vuelta por la plaza y se queda normalmente hasta las 13 horas, a veces hasta las 13.30, cuando la retrasmisión en directo de Tv2000 ha acabado hace rato. Como es sabido, sus discursos siempre son breves. Las catequesis tienen de media unas 70 líneas (más o menos la mitad que sus predecesores), y por lo tanto el momento de “palabra”, incluyendo todos los saludos, ronda los 50 minutos.

Bajo la lluvia. Sin embargo, lo que más llama la atención es que los tiempos no cambian ni siquiera en condiciones atmosféricas adversas. Queda en la memoria de todos, de los encargados del protocolo en particular, la audiencia del 29 de mayo de 2013, cuando unas 90.000 personas abarrotaban la plaza bajo una lluvia insistente y el Papa había decidido dar una larga vuelta con el papamóvil, sin paraguas porque era un estorbo para el encuentro, también físico, con los fieles.
Otro capítulo es el de los viajes. El Papa Francisco no se mueve mucho de Roma y, cuando lo hace, está fuera justo lo necesario. Si se analizan sus viajes italianos, por ejemplo, emergen algunos datos interesantes, tanto en la elección de los destinos como en el programa de cada viaje: Francisco privilegia las metas marginales (en sucesión cronológica: Lampedusa, Cagliari, Molise, Cassano Jonio, Caserta y Redipuglia). Son todos viajes de un día, con muchos encuentros, con pocos discursos. Vaya donde vaya no falta nunca su cita con los enfermos o los presos, donde la palabra, si está prevista, se reduce a pocas frases, mientras el tiempo se reserva por entero al encuentro directo con las personas. Monseñor Nunzio Galantino, a propósito de los criterios utilizados con ocasión de la visita a Cassano Jonio, dijo: «Las primeras filas se “venden” a los pobres, los enfermos, los últimos; no me refiero solo a las primeras filas del lugar donde se celebra la misa (obviamente también a esas, dentro de los límites de espacio), sino a la consideración del Papa y a la impostación de su visita: la del Pontífice es una visita pastoral y eso también cambia las prioridades».
En Cagliari, un grupo de chicos había escrito en una pancarta: «Papa Paco sube a tomar un café». Francisco, al pasar, la vio y contestó divertido imitando el gesto de llevarse la taza a la boca. Quizás recordaban el deseo que había expresado durante su visita a las favelas de Varginha, en Brasil, el 25 de julio: «Hubiera querido llamar a cada puerta, decir “buenos días”, pedir un vaso de agua fresca, tomar con cada uno un cafezinho».
La jornada del Papa está llena de destellos de imprevista familiaridad. Antes de Navidad, en la audiencia en la que recibió al equipo de Tv2000 con sus familias, quiso saludar a «Lucio que está hospitalizado», llamando por su nombre al director de las noticias, Lucio Brunelli.
Es una familiaridad que manifiesta de manera especial en sus visitas a las parroquias romanas. Además los imprevistos le gustan al Papa Francisco. En la parroquia de San Giuseppe en vía Boccea, el 14 de diciembre, delante de los niños que armaban cierto barullo, pilló a todos por sorpresa: «Cuando en la iglesia algún niño llora, me molesta que alguien mande a los padres que le saquen fuera. El llanto del niño es la voz de Dios, no tenemos nunca que echarles de la iglesia».
Es una familiaridad que se abre camino también en medio de relaciones que podríamos considerar más formales. «Estamos ya fuera de Santa Marta. Nos abrazamos de nuevo. Confieso que me conmoví. Francisco me acarició la mejilla y el coche salió», escribió Eugenio Scalfari en Repubblica. Y Ferruccio De Bórtoli en el Corriere della Sera: «La grandeza de este Papa se mide en su relación con los demás, en su obstinación por hacer de cura, en persona, al teléfono, de todas la formas posibles». Confirma el padre Spadaro: «Francisco tiene una capacidad de compenetrar palabras y gestos que llama la atención, consigue enviar mensajes con gran autoridad sin que se perciba ninguna distancia».

El testimonio. Uno de los párrocos romanos, el padre Mauro Leonardi, ha verbalizado un cambio que se ha producido con el Papa Francisco. «Antes era yo, sacerdote, quien decía a la gente lo que había dicho el Papa; ahora es la gente la que me dice a mí: “El Papa ha dicho...”. Yo soy párroco y descubro que mis feligreses lo sienten más párroco que yo. Cuando dicen “mi párroco”, tengo la sospecha de que estén hablando del Papa Francisco en lugar del padre Mauro. Esta es la cuestión. Como mucho, todos hemos pasado a ser “vicepárrocos”. No sé cómo lo consigue, pero está más cerca de mi gente que yo».
Al pasar al lado de una chica española que en la audiencia del 10 de diciembre le saludaba en la plaza gritando: «¡Gracias!», Francisco le contestó: «De nada, chica», con absoluta naturalidad, con el pulgar levantado, en el que ya se ha convertido en el gesto símbolo de su simpatía incondicional por los demás.


LOS NÚMEROS
17,3 millones de seguidores en la cuenta Twitter Pontifex en los diversos idiomas.
290 misas (a final de 2014), con 15.000 encuentros personales después de las celebraciones.
73 audiencias (a final de 2014), con 2.739.000 personas en la Plaza de San Pedro.

 
 

Créditos / © Asociación Cultural Huellas, c/ Luis de Salazar, 9, local 4. 28002 Madrid. Tel.: 915231404 / © Fraternità di Comunione e Liberazione para los textos de Luigi Giussani y Julián Carrón

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