Va al contenido

Huellas N.4, Abril 2014

UCRANIA / Ante una encrucijada

La Iglesia en medio

Luca Fiore

La anexión de Crimea, las sanciones contra Moscú, el clima de Guerra fría. En medio de la incertidumbre se ha plantado una semilla nueva para la sociedad. Lo atestiguan las nuevas relaciones entre los cristianos de las distintas confesiones. «Porque lo que nos une prevalece sobre lo que nos divide», como demuestran grandes y pequeños detalles en la vida de sacerdotes, intelectuales y gente común

«Cuando nos vieron entre ellos y las fuerzas del orden, se quedaron de piedra. Se detuvieron casi inmediatamente. Hubo un minuto de gracia y de razón». Con estas palabras, el monje ortodoxo Melchisedek Gordienko describe el momento en que él y sus hermanos, Efrem y Gavriil, detuvieron los enfrentamientos en la calle Grusevski de Kiev, el pasado 20 de enero. «Durante las horas que estuvimos allí, llegaron a la plaza del Maidán personas de todas las confesiones: greco-católicos, sacerdotes del Patriarcado de Kiev, católicos latinos y, algo increíble, también budistas. Se acercó un joven que se presentó como Sereza, y me preguntó si aceptábajos a los herejes. “Herejes, ¿en qué sentido?”, le pregunté. “Soy baptista”, respondió con una sonrisa. “Claro que te aceptamos”». El padre Gavriil cuenta que incluso oyó a un judío con kipá recitar a su lado una oración ortodoxa.

Otro horizonte. La anexión rusa de Crimea, las sanciones occidentales contra Moscú, el clima de guerra fría. La revolución en la plaza del Maidán se ha convertido en un caso global, un nudo gordiano cada vez más estrecho. Hoy bajo los focos ya no están los manifestantes de Kiev, sino Vladimir Putin, Barack Obama y Angela Merkel. Pero en medio de este torbellino hay una semilla que se plantó durante los días de la protesta en la plaza y que ha empezado a crecer. Son las relaciones entre las distintas Iglesias ucranianas y las relaciones entre los cristianos, que se han hecho amigos en las barricadas. El germen de una sociedad nueva, que quiere dejar atrás la herencia soviética y post-soviética.
Sacerdotes católicos han bendecido los cuerpos de víctimas ortodoxas y sacerdotes ortodoxos han rezado por víctimas católicas. Los cristianos, de todas las confesiones, han prevenido y frenado muchos actos de violencia. Es verdad que no han faltado las instrumentalizaciones políticas de la religión y hay quien ha llamado a la “guerra santa” contra el enemigo ruso y filorruso. Pero en medio de la confusión y la violencia, la presencia de sacerdotes en la plaza ha sido en cualquier caso un factor objetivo.
Durante los meses de la protesta, el Consejo de las Iglesias ucranianas desempeñó una tarea de mediación con el presidente Viktor Yanukovich, llegando allí donde los políticos de la oposición habían fracasado. La tienda-capilla instalada en la plaza del Maidán, donde incluso se celebraron algunas liturgias ecuménicas, se ha definido como «la iglesia más importante de Ucrania». De hecho, en ciertos momentos, de forma llamativa los cristianos han introducido en la batalla un horizonte capaz de atravesar un muro de odio y violencia. Pero si bien es cierto que las Iglesias han cambiado la revolución de Kiev, ¿cómo podrán las relaciones entre cristianos de confesiones distintas cambiar la sociedad ucraniana?
Lengua, nacionalidad y religión. Aquí el laberinto resulta inextricable y las heridas del pasado aún no han cicatrizado. De hecho, hay cinco Iglesias en Ucrania. Los greco-católicos, de rito oriental pero fieles al Papa, concentrados en las regiones occidentales del país, antes de la independencia de Ucrania eran una iglesia clandestina. Stalin les borró del mapa con la connivencia de la Iglesia ortodoxa, que en 1946 se los había anexionado a la fuerza: por eso, después de su rehabilitación, la mayor parte de las iglesias que durante más de cuarenta años habían pertenecido formalmente al Patriarcado de Moscú reanudaron su actividad sin demasiadas ceremonias. Son comprensibles sus acusaciones de connivencia con la dictadura comunista a los ortodoxos del Este. Por motivos análogos, también la antigua Iglesia autocéfala se declaró a favor de la revuelta en la plaza del Maidán. En cambio, la Iglesia ortodoxa ucraniana del Patriarcado de Kiev nació por divergencias sobre cuestiones administrativas en 1992: el metropolita Filaret rompió con Moscú y se autoproclamó Patriarca. La de Filaret fue la segunda Iglesia, después de la que está ligada al Patriarcado de Moscú, que introdujo la lengua ucraniana en la liturgia. Está presente sobre todo en Kiev y en el Oeste del país, y tiene mucha tendencia a polemizar con el Este filorruso y con Putin. Por su parte, los ortodoxos del Patriarcado de Moscú, la mayoría del país, son los que están en una situación más delicada. Repartidos por todo el territorio nacional, les une a Moscú un vínculo de obediencia al Patriarca Kirill, aunque en los años noventa recibieron un status de amplia autonomía local. En el pasado, sin embargo, esta Iglesia fue utilizada por políticos filorrusos para trasladar sus presiones y «órdenes internas». Ahora, habrá que replantear totalmente la relación entre esta comunidad eclesial y la Iglesia madre de Moscú, hay que encontrar nuevas formas en las que la unidad se exprese sin equívocos.
El arzobispo greco-católico de Kiev, monseñor Svjatoslav Shevchuk, ha declarado que, durante las semanas más agitadas de la revuelta, «las Iglesias consiguieron derribar todo tipo de divisiones confesionales. La situación cambiaba de una hora para otra y a menudo resultaba imposible hacer declaraciones conjuntas. Sólo después nos dimos cuenta de que habíamos dicho las mismas cosas. Recuerdo que le dije al metropolita Antony, del Patriarcado de Moscú, que el Espíritu Santo nos había inspirado».

El mismo desafío. «Lo que nos une prevalece sobre lo que nos divide», explica el padre Nicolaij Danilevic, responsable de las relaciones con las religiones de la Iglesia ortodoxa ucraniana del Patriarcado de Moscú: «Ahora corremos el riesgo de una guerra civil y todas las confesiones están de acuerdo en decir que hay que evitar la violencia y que hace falta rezar por la paz en este país. Ciertamente, es más fácil estar de acuerdo cuando el peligro viene de un país extranjero, Rusia».
Al día siguiente de la huida del presidente Yanukovich, los ortodoxos del Patriarcado de Moscú – dada la grave situación en que se encontraba el país – eligieron, el 24 de febrero, a un nuevo locum tenens, el metropolita Onufri, para sustituir al enfermo Vladimir. Ese mismo día, el Santo Sínodo comunicó la formación de una Comisión oficial para el diálogo con los representantes de las demás Iglesias ortodoxas, con el objetivo de estudiar vías posibles para superar las divisiones. Un acto histórico. Una Comisión parecida se había anunciado ya en 2009, pero el proyecto pronto quedó encallado. «La comisión está formada por obispos jóvenes y cultos, sacerdotes y laicos, cuya tarea consiste en encauzar un diálogo real», ha declarado a Asianews Sergei Chapnin, director de la Revista del Patriarcado de Moscú: «Si las negociaciones, que sin duda serán muy complicadas, tienen éxito, podrían tener una enorme influencia en la situación religiosa y social de Ucrania». 
Estos pasos institucionales nacen sobre todo del encuentro entre sacerdotes y fieles de diversas confesiones que tuvo lugar durante los meses de la revuelta en el Maidán. Son pequeños signos, pero remiten a algo que podría durar en el tiempo, independientemente de los resultados políticos de la crisis. «No se trata de un ecumenismo doctrinal, no nos hemos puesto de acuerdo sobre cuestiones teológicas», explica el filósofo ortodoxo de la Iglesia del Patriarcado de Moscú, Aleksander Filonenko: «Durante la revuelta, la fe de todos tuvo que confrontarse con el mismo desafío, y cada uno ha sido para el otro un testigo de la fe. Esta lógica del testimonio ha sido más grande que las divisiones. Es algo absolutamente inédito en las relaciones interconfesionales aquí». 
En un país donde la pertenencia religiosa y el sentimiento nacional parecen inseparables, durante los meses en la plaza del Maidán fueron muchas las señales de que algo en Kiev había cambiado en las relaciones entre las personas. Tanto entre teólogos y filósofos, como entre la gente común. El padre Andriy Dudchenko, teólogo rusófono del Patriarcado de Moscú, ha catalizado a su alrededor un movimiento de intelectuales de todas las confesiones. En enero propuso un manifiesto contra la deriva dictatorial del régimen de Kiev. El texto recuperaba el llamamiento que Aleksander Solzhenitsyn escribió desde el gulag en 1973 y pedía al pueblo ruso «vivir sin mentiras».

El coche en la nieve. Entretanto, el campamento instalado en el corazón de la capital se convertía en el epicentro de un nuevo modo de concebirse como cristianos y como ciudadanos, de vivir la solidaridad y la confianza, más allá de las instrumentalizaciones políticas de trasfondo nacionalista. La web oficial de la Iglesia greco-católica, por ejemplo, publicaba un testimonio de Alexei Sigov, ucraniano de origen ruso y ortodoxo del Patriarcado de Moscú, uno de los protagonistas de las protestas en la plaza del Maidán. «Hasta hoy, me habría definido como ciudadano de Kiev, pero después de la revolución me siento sobre todo ucraniano. Ahora me cuesta imaginar las calles de Kiev sin la gente de Ternopil, siempre corriendo; sin los de Odessa, que hacen las rondas nocturnas. Sin la cortesía de los de Leópolis y sin las fotografías que los seguidores del equipo de fútbol de Dnipropetrovsk se hacen con los del Dinamo. Ni sin esos chicos de Jarkov que una noche, afortunadamente, me ayudaron a sacar mi coche, que se había quedado bloqueado en la nieve». Parece nada. Un empujón a un coche atascado. Pero es fruto de un nuevo ímpetu de «vivir sin mentiras». Si algo de estos meses quedará en la memoria de los jóvenes de Kiev, será esto. Incluso en una dictadura es posible un gesto, por pequeño que sea, de libertad.

 
 

Créditos / © Asociación Cultural Huellas, c/ Luis de Salazar, 9, local 4. 28002 Madrid. Tel.: 915231404 / © Fraternità di Comunione e Liberazione para los textos de Luigi Giussani y Julián Carrón

Vuelve al inicio de página