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Huellas N.6, Junio 2013

BREVES

Cartas

a cargo de Carmen Giussani

EL SEÑOR SE VALE DE CUALQUIER CIRCUNSTANCIA
Mi compañera de trabajo lleva más de quince años tratándose con un homeópata. Este le dijo que la había visto con picos altos y bajos en la forma de vivir las cosas, porque es súper impulsiva, pero que ahora estaba sorprendido, porque veía que estaba haciendo un trabajo sobre sí misma que nunca había hecho, lo que cambiaba su modo de afrontar las cosas. Ella dice que pensó que ahí estaba yo. Y yo pensé: es que ahí está el Señor y esta compañía que me ayuda a juzgar todo en la vida. Se estaba dando cuenta de que iba a tener que agradecer todo lo que estaba pasando, porque de otro modo no se habría producido este drama en ella, y por tanto la exigencia de encontrar una respuesta. Me sentí un poco identificada: parece que tienes que pasar por un dolor insoportable para empezar a amar las cosas, las personas, por lo que son, porque existen. El Señor se vale de estas circunstancias dramáticas y dolorosas para despertarnos, para reclamarnos, y de nuevo la pregunta: ¿quién es capaz de responder a mi necesidad, a la circunstancia que estoy viviendo ahora? Sólo Cristo puede, así ha sido y es para mí, y así esta siendo para ella. La primera vez que me puso delante su exigencia de significado frente a las circunstancias que estaba viviendo, tuvimos una conversación muy bonita. Fue una ayuda en primer lugar para mí, por el momento concreto que estaba viviendo y por cómo Cristo se estaba mostrando a mis ojos de una forma evidentísima. Ella me daba las gracias por acercarla más a Cristo, no por otra cosa. Anteayer fue a confesarse después de más de quince años, y fue por un deseo y una necesidad real de perdón y del perdón de Dios. Al salir, me dijo que había perdido diez kilos después de la confesión. En un momento dado, me recordó una conversación que mantuvimos sobre el matrimonio cristiano; yo le decía que uno se casa por la Iglesia porque, conscientes de nuestra debilidad y de nuestra incapacidad para responder al otro y para sostener ese matrimonio, pedimos a Dios que lo sostenga Él, que cumpla nuestro deseo de eternidad. Me dijo entonces que no estaba casada (yo pensaba que lo estaba civilmente) y que su pareja le había pedido dos veces que se casara con él, pero ella, dominada por la imagen actual del matrimonio, no había querido casarse. Me comentó que a raíz de nuestra conversación había hablado con su pareja, porque de esta forma, pidiendo a Dios que lo sostenga Él, reconociendo su incapacidad y la de su pareja, sí vale la pena casarse. La verdad es que todo esto me parece un milagro y, al mismo tiempo, está siendo una ocasión para mí de ver cómo el Señor obra en su vida y también en la mía, porque todo es ocasión para ver Su rostro. Hoy uno de sus hijos de cuatro años ha llegado a casa con un pequeño icono, donde aparecen en un lado la Virgen con el Niño y al otro Cristo. Se lo había cambiado a un compañero de clase por su playmobil. Se lo enseñó a su madre y le dijo: «Mami, no sé lo que es, pero, ¿a qué es bonito?». Para mí es evidente que el Señor vuelve a reclamarla una y otra vez, en esta ocasión a través de la sencillez de su hijo.
Carta firmada

50 LOS TIENE CUALQUIERA…
Hace unos días mi mujer y unos amigos me prepararon una fiesta sorpresa por mis 50 años.
Me quedé petrificado, no podía moverme, me encontraba clavado a la tierra sin poder dar un paso pensando que esa fiesta era sólo por mí. No podía ser. No podía ser que yo, que intento controlarlo todo, no hubiera atisbado el mínimo signo de lo que se estaba cociendo; no podía ser que tanta gente me estuviera esperando para celebrar mi cumpleaños. Pero es que además de la fiesta mi mujer, me preparó un vídeo y un libro con fotos que recogen momentos significativos de mi vida, consiguió una carta de Carras donde además de felicitarme me dedica unas palabras cargadas de afecto y cariño, y por si esto fuera poco entre todos me regalan un ordenador y al final cantamos canciones y bailamos. A medida que la velada avanzaba, me quedaba más sorprendido con lo que iba viendo. Llegué a casa, no podía dormir de lo contento que estaba. Pasó el primer día y pasó el segundo. Me llamaba la atención que de vez en cuando se me saltaba alguna lágrima que no había forma de controlar: mientras ponía la mesa, escribía delante del ordenador, mientras conducía o me vestía para ir a trabajar… Era consciente de que algo extraordinario me había sucedido, pero no sabía identificar lo que era. Sentía algo parecido a cuando uno está enfermo y no sabe qué tiene, y necesita que alguien le diagnostique, le diga qué es lo que le afecta para a continuación comenzar el tratamiento que le devolverá, si Dios quiere, la salud. Hasta que llegó un momento en el que pude poner nombre a lo que me había sucedido. Quizás se insinúe en vuestra cara una leve sonrisa escéptica, pero a lo que me sucedió yo lo llamo experimentar el amor de Dios. Un instante de este tipo de Amor percibido, con esta intensidad, a ese nivel de concentración sólo puede ser algo divino, una especie de anticipo del cielo en este mundo. El gozo reconocido, el “entusiasmo” percibido en su sentido etimológico original, (del griego en theos, “entrar en el misterio de Dios”), hace que el corazón se esponje, se dilate por las “alegrías” de este mundo terrenal. Cuando desde pequeño, que no tenía ni mujer ni amigos, ni sabía ni por qué ni para quién vivía, al leer el salmo que dice:«La alegría que encuentra el marido con su esposa la encontrará tu Dios contigo», pensaba: «¡Qué bárbaro, pues sí que se tendrá que poner contento Dios conmigo cuando nos veamos!». No obstante, en el fondo, pensaba que eso debía ser algo exagerado, que no podía ser para mí; sin embargo, echando la vista atrás a mi vida, sí que puedo decir que empiezo a entender mejor este versículo del salmo, gracias a hechos como estos que suceden a menudo dentro de la historia que vivimos juntos. La prueba de que este momento no es un subidón sentimental es que permanece en el corazón y determina el día con una positividad y una energía, que ¡ríete tú de las energías renovables y la energía nuclear! Lo llevo en el corazón en los momentos aparentemente más arduos: cuando comienza la semana, al ver a la persona que no trago, al cliente pesado que no hace más que poner “peros” por todo, etc. Todas estas pegas se derriten al reconocer tanta bondad recibida. Si en estos primeros 50 años me han sucedido cosas como estas, estoy expectante por ver lo que el Señor de la Vida me tiene preparado, hasta que al final, por fin, pueda verle cara a cara y gozar de su presencia eternamente.
Eduardo, Madrid (España)

ENTRE PASOS CORTOS Y PISADAS FIRMES
Hace aproximadamente un año y nueve meses recibimos la noticia más maravillosa del mundo, seríamos padres y desde entonces entregamos todo en manos de Dios. Parecía un embarazo normal. Decidimos llamarla Mayumi nombre japonés que significa “belleza verdadera”. En el sexto mes de embarazo el ginecólogo diagnostica en Mayumi “Acondroplasia”, algo que no nos sorprendió pues nosotros somos acondroplásicos. Después de pasar por la alegría y la pena, un día nos presentaron a la Dra. Silvina, genetista, quien nos comunicó otro diagnóstico: Mayumi tenía Acondroplasia Homocigota, algo que para nosotros era nuevo, este síndrome es letal a las 12 semanas de vida. Mayumi ya tenía 8 semanas de vida. Todo se paralizó al escuchar esto, estábamos muy afligidos, tristes por esta noticia pero ante todo pidiendo a Dios su santa voluntad. Mis padres llegaron y empezaron a vivir esta aflicción con nosotros pero siempre guardando una gran esperanza y pidiendo a Dios si era posible un milagro y si no, pues aceptábamos su santa voluntad pero que fuera Él mismo quien diera lo que nuestros corazones necesitaban. Pasamos seis semanas más en el hospital. En este tiempo pudimos sentir y ver la presencia real de nuestro Dios principalmente en la vida de Mayumi y la nuestra, Eira y Alfonso, fueron como unos hermanos y más que eso, tanto carnales como espirituales, mi madre siempre a mi lado y los médicos y enfermeras que ante esta circunstancia demostraban estar con nosotros, otros nuevos amigos que formaron parte de nuestra historia. Recuerdo muy bien cuando Eli, esposa de Sebastián, me regaló aquella estampita del Divino Niño (que hasta hoy conservo). En esos momentos, esa pequeña estampita era mi refugio, la rezaba una y otra vez, sentíamos que nuestro mundo se caía poco a poco en pedacitos, los días no tenían horario para terminar, había semanas en que Mayumi estaba en piso y allí podíamos estar con ella más tiempo, pero las últimas dos semanas las pasó en UCIP. La genetista nos comentaba que le daba gusto que ante esta circunstancia permanecíamos unidos ya que muchos padres, al recibir una noticia como esta, se separaban y sólo uno se hacía cargo, o ninguno. Era Dios presente a quien nosotros respondíamos, finalmente el 12 de julio a las 21:30 pm terminando de hacer un ángelus con los amigos en la sala de espera nos llamaron y dieron la lamentable noticia: nuestra bebé de 15 semanas había fallecido, el dolor era inmenso pero a pesar del mismo agradecidos a Dios por su muestra de Amor a través de Mayumi, que subía al cielo después de haber cumplido su misión de hacer cambiar tantos corazones de cada persona iniciando con los nuestros y como papás, darnos la dicha de darle lo mejor y gozarla cada instante. Hoy han pasado ya nueve meses y sigo agradeciendo a Dios por habernos permitido vivir esta experiencia, estoy seguro de que mi princesa es uno de los más bellos ángeles que existen en el cielo. Mayumi debió cumplir un año de vida el 27 de marzo de este año, justo 8 días antes de esa fecha nos enteramos de que Dios nos regala nuevamente la bendición de ser padres por segunda vez.
Ady, Campeche (México)

TODO VIENE DE DIOS
2008 fue un año lleno de gracia para nuestra familia. Llevo más de cuatro años como voluntaria en la Clínica Divina Providencia. Un día en la reunión de voluntarios el P. Aldo nos pidió que nos involucráramos también en la labor de la Casita de Belén, donde viven niños cuyos padres fallecieron en la Clínica. Se dio la vuelta y me preguntó si podía llevar a Blanquita y Julio a mi casa los fines de semana con el fin de hacerles sentir el calor de hogar ante la pérdida tan reciente de su madre, Natividad, que falleció en la Clínica. Le dije que sí, sin titubear. Se hicieron los trámites vía Jueza del Menor, por lo que se tenía que esperar el dictamen. El Señor preparó mi corazón y el de mis hijos a fin de reconocer el Misterio que actuaba. Una vez concluido el trámite, pudimos llevarles a casa los viernes por las tardes. Muy pronto este hecho nos cambió la vida. Mis hijos estaban felices y atentos a la necesidad de ellos. Los domingos los llevábamos a la catequesis y a la misa en la parroquia de S. Rafael. Comíamos en casa y a la tarde los llevábamos de vuelta. Así pasaron dos meses, cada vez más nos encariñábamos de ellos. Un día el P. Aldo me plantea la posibilidad de jubilarme en mi trabajo para hacerme cargo de la Casita de Belén 2, que acababa de inaugurarse. Pero me pedía verificarlo con mis hijos: Claudia de 23 años (maestra de párvulos), Fabio de 22 años (estudiante universitario Diseño Industrial) y Héctor de 18 años (estudiante). Hablé con mis hijos. Aún no podía acceder a la jubilación, pero con mis 25 años de funcionaria podía presentar mi retiro voluntario. Así lo hice, una vez que mis hijos dijeron que sí a esta provocación tan grande en nuestras vidas. Mientras tanto seguía trabajando, pues el retiro voluntario tiene su proceso. Para ello mi hija Claudia renunció a enseñar en la Escuela Paí Alberto, pasando ella a ser la mayor de sus hermanos, haciéndose cargo de todo en casa. El Señor me permitió ver la gran capacidad de amor de mis hijos; sólo así uno es capaz de donarse. Pasamos un sinfín de pruebas; además no sabíamos si éramos capaces, pero síconscientes de que a pesar de nuestras miserias Dios nos pedía aquello y deseábamos verificarlo en nuestra experiencia. Y así un 30 de julio, estando en una reunión el P. Aldo, me pide de trasladarme a la Casita 2 por una necesidad urgente. Y así fue, cerramos la casa dejando todo. Sólo trajimos nuestras ropas, trasladándose también mis hijos Fabio y Héctor con nosotras. Algunos amigos y familiares nos animaban, otros se resistían a lo que decidimos. Me hice cargo de Claudia y además de Ale (4 años), hermano de Jorgito, Blanquita (6 años) y Julio (5 años), Robert (12 años) e Isa (13 años). Mi hijo Fabio muy pronto tuvo que partir a Italia por un año de estudios. Estuvimos un mes en la Casita 2 y por motivo de espacio  nos mudamos a la Casita 1. Poco a poco fuimos descubriendo a cada chico con sus virtudes y debilidades, y a Aquel que nos exigía más paciencia. Cada día ofrecíamos a Dios y agradecíamos por tanta gracia alcanzada, porque todo esto uno lo recibe como don, no como algo planeado ni proyectado, ni mucho menos por mérito, y por eso uno responde con esa conciencia pese a todas las dificultades. Nuestra experiencia fue volvernos protagonistas todos, y cada uno según  lo que podía. No fue algo forzado, sino que los chicos se adherían por propia voluntad queriendo ser partícipes. Al final, mi retiro voluntario no se dio. Mi hija vuelve a enseñar. Héctor pasa a la Universidad. Los niños pasaran a la otra casita por reestructuración de la Fundación San Rafael, dando otra utilidad a esta casita. Hoy volvemos a nuestra casa después de seis meses de entrega total, con el corazón agradecido por haber respondido a lo que se nos pedía en ese instante. Nuestra fe ha crecido reconociendo que es ÉL quien obra en nuestras vidas. ¡Gracias padre Aldo por el desafío que hiciste a toda nuestra familia!
Antonia, Asunción (Paraguay)

TU VOZ PUDO CONMOVERME, ¿QUIÉN ERES TÚ?
Hace unas semanas se convocaron en mi trabajo unas pruebas de promoción interna para ascender de grupo y categoría profesional. Dicha convocatoria consistía en una fase de concurso (en la que se tenía en cuenta la antigüedad en el puesto de trabajo) y otra de oposición en la cual había que realizar un examen propuesto por un tribunal. Por mi experiencia profesional, y teniendo en cuenta al resto de los compañeros que participaban en el proceso selectivo, necesitaba obtener en el examen una nota exacta de 10. Llegó el día de la prueba y mi nota fue de 8. Buen resultado, buen examen, pero insuficiente para conseguir una de las dos plazas ofertadas. Durante los días siguientes no conseguía olvidarme del tema, dándole vueltas a los fallos incomprensibles que había tenido en un examen, cuya materia dominaba perfectamente, y a no perdonarme no haber estado todo lo atenta que requería la situación. Mi falta de acierto y el reconocimiento de mis errores me estaban quitando la paz. Unos días después, en los Laudes del sábado de la Semana III del Salterio, rezo en un cántico: «…pues aunque uno sea perfecto entre los hijos de los hombres, sin la sabiduría, que procede de ti, será estimado en nada». De inmediato me quedo embargada, conmocionada por unas palabras que parece fueron pensadas para mí en ese momento. Me conmovía la ternura infinita del Señor que sale a nuestro encuentro y es capaz incluso (para mí de todas maneras imposible) de que reconozcamos amorosamente nuestros errores dándoles un giro inesperado y fecundo. Llamo a una compañera de trabajo, que tampoco había conseguido una de las plazas, y le cuento todo esto. Me da las gracias y me dice: «No he aprobado el examen, pero tengo la suerte de tener amigas como tú, que me cuentan cosas tan verdaderas». Después de 10 años trabajando juntas, ha surgido una relación nueva, totalmente inesperada y preciosa.
Cristina, Soria (España)

«¿QUÉ NECESITAS?»
Me encontraba en dificultad y sola en un país extranjero. Fui a la catedral a buscar a un sacerdote. Él me miró y me dijo: «¿Qué necesitas?». Le comenté lo que necesitaba. Vino a recogerme y me llevó a la estación. Me contó muchas cosas. Me dijo que rezaría a San José por mi viaje y me regaló una medalla de san José que llevo puesta. También me dijo que, cuando por fin estuviera sentada en el tren, bebiera agua y rezara a Dios dándole las gracias por sacarme de una situación dolorosa para mí y que todo empezaba de nuevo, que había un nuevo principio. Cuando le di las gracias me dijo: «No me las des a mí, dáselas a Dios». Y me contó que, cuando él tenía 18 años, estaba estudiando en Grecia y le robaron. Tenía para vivir dos días como máximo y pidió ayuda a un cura. Normalmente no prestan ayuda por miedo a que sea para drogas o algo así. Pero este cura le preguntó: «¿Qué necesitas?». «Dinero para poner un telegrama y pedir a mi familia que me envíe dinero». Y él se lo dio. Había además en la iglesia una señora con una cofia blanca y se la dio. Dentro había un tomate, un poco de pan y un huevo duro. Su almuerzo. Se lo dio porque él no tenía nada. Este sacerdote tiene ahora 70 años y se acuerda del almuerzo de ese día, ¡cuando tenía 18 años! Al final, me dijo: «Cuando estés casada y tengas un trabajo, alguien vendrá a pedirte ayuda y tú se la darás». Por supuesto, no me olvidaré nunca.
Carta firmada

LA PURA REALIDAD
Isabel pertenece a los Memores Domini y vive en la casa de Moscú. Con ocasión de su cumpleaños, su madre ha viajado a Rusia. A su regreso, Isabel escribe esta carta a sus amigas de Madrid.
¡Hola a todas! Ayer acompañamos a mi madre al aeropuerto, de regreso a Madrid. La verdad es que han sido unos días sorprendentes. Mi madre, como sabéis, llegó el día 9 y el 10 empezaba la Asamblea de Responsables de Rusia y alrededores (antigua URSS) con Julián Carrón. Tres días fuera de Moscú, 150 personas entre rusos, ucranianos, kazajos, lituanos, bielorusos, italianos y cuatro españoles. Yo estuve traduciendo todo a mi madre (las lecciones, las asambleas, el espectáculo teatral y el encuentro público del domingo por la tarde en el Centro Cultural). Lo primero que me sorprendió fue constatar que estando ante Julián todo se hacía fácil; entendí un poco más la experiencia de Juan y Andrés: era fácil estar ahí, durante horas, oyéndole hablar... casi no me daba cuenta de que estaba traduciendo y ni siquiera se me pasó por la cabeza el hecho de que mi madre se pudiera sentir “fuera de lugar”, o que no entendiera, ¡era tan verdadero que mi medida no contaba nada frente al acontecimiento de Su presencia! El lunes por la noche, Elena dijo durante la cena que le habían pedido que escribiera un artículo para Tracce contando estos días con Carrón y nos pidió ayuda, por si alguna tenía una sugerencia o quería decir algo... la única que respondió y escribió a Elena ¡fue mi madre! El lunes comieron en casa Julián, don Pino y Tatjana Kasatkina. Fue una comida intensa, llena de afecto mutuo, reconocimiento y ganas de aprender el uno del otro.
El martes empezó la vida cotidiana, intentando combinar turismo y trabajo. Hemos salido de paseo con mis alumnos, algunos colegas, hemos ido a cenar a casa de María (mi jefa), con toda su familia, a tomar café con el obispo, monseñor Paolo Pezzi, y luego, ¡al circo! El sábado 18 celebramos mi cumpleaños en casa. No tengo palabras, todavía me lleno de conmoción cada vez que lo pienso. Lo cierto es que no tenía muchas ganas de celebrar nada, pero ya que mi madre había venido para estar conmigo en mi cumpleaños, no podía hacerme la desagradable... Ya cuando empecé a barruntar los preparativos (no sabía qué concretamente, pero era evidente que algo se estaba cociendo y no sólo en la cocina) el corazón empezó a despertarse: «Hay más cosas en el cielo y en la tierra, Horacio, que en toda tu filosofía»,  me impactó sólo el hecho de constatar que «fuera de mis pensamientos», ahí, en la pura realidad, había una presencia concreta que se estaba moviendo por mí y esto ya hacía que el corazón se abriera al imprevisto. La fiesta fue una preciosidad, donde no faltaron los bailes españoles (pasodoble, sevillanas) y rusos, pero todas las canciones estaban pensadas con el máximo cuidado, contando una historia, la mía, que me había traído aquí y al final, “canción sorpresa” escrita por ellas. A veces somos tan testarudos que pensamos que es más fácil dar que recibir y nos cuesta aceptar ser amados, aceptar que alguien nos quiere independientemente de lo que hagamos. Esa noche era tan evidente el amor gratuito que el Señor me estaba dando (incluso a pesar de mi desgana anterior), tan inmerecido, era tan fuerte su abrazo que era difícil no abandonarse a él, a sus brazos amorosos... ¡y qué liberación cuando uno se abandona y se deja querer! Otra cosa estupenda ha sido la vida de mi madre en casa. La pobre ha hecho un curso intensivo de breviario. Rezaba con nosotras (nostras en ruso y ella siguiendo el texto español), ha hecho tareas domésticas – ¡la cantidad de plancha que nos ha quitado! – y ha conseguido que la mitad de la casa hable en español...
El martes, en la “última cena” le dedicamos algunas canciones y le hicimos un regalo. Todas estaban muy agradecidas y le dijeron que había sido “nuestra madre” y ella contestó que a pesar del miedo que tenía cuando llegó, estaba contentísima y muy agradecida, y que se había sentido verdaderamente en casa. Y ayer era evidente, se le caían las lágrimas al despedirse de cada una, no sólo de mí, era algo impresionante, porque éramos verdaderamente todas “iguales”, todas “hijas”; he pasado de ser hija única a experimentar lo que es la familia numerosa, ¡el ciento por uno! Yo estoy verdaderamente conmovida de estos días, es realmente una sorpresa ver ante mis ojos este diálogo que el Señor ha iniciado con ella, y más me sorprende aún no albergar en mí ninguna pretensión, porque me doy cuenta de que es tan real que es Él, que llama a su libertad, que yo no tengo que construir nada. Verdaderamente la vida es fácil cuando simplemente nos dejamos provocar por la realidad, por Su Presencia y dejamos de comernos la cabeza. Un abrazo a todos.
Isa

Ubi fides, Ibi libertas
LO QUE MÁS DESEO: SABER QUIÉN SOY
Cuando leí el segundo punto del texto de Carrón “Ubi fides, Ibi libertas”, titulado “La tarea de Cristo y de la Iglesia”, me dio mucha alegría porque reconocí el camino recorrido durante los últimos meses. Don Giussani dice que Cristo no ha venido a resolvernos los problemas de la vida, sino a que los afrontemos con una posición adecuada y lleguemos al fondo de lo que somos nosotros de verdad. En enero, en una revisión, me enteré de que el cáncer que había padecido durante el año anterior se me había reproducido. Esto significaba que no habían conseguido pararlo y tengo pocas probabilidades de curación. En ese momento me desmoroné.  Pensé: yo sí que tengo un problemón y con esto es imposible ser feliz. La única solución para recuperar la esperanza es que el Señor me quitara los tumores y pudiera recuperar mi vida. Sin embargo, a lo largo de este tiempo me he dado cuenta de que lo que más desea uno en la vida es saber quién es, cuál es el significado de las cosas, y esto no te lo impide ninguna circunstancia por dura que sea. La enfermedad no te impide hacer el camino de la vida. Puedo estar contenta y agradecida dentro de la enfermedad y sin quitar nada del  sacrificio y dolor que supone, porque no es un obstáculo para realizar este camino. Además tengo que reconocer que este camino habría sido imposible sin la compañía de ciertos amigos, es decir, dentro de la Iglesia, y más en concreto en el movimiento.
Leo, Madrid (España)

NADA ME SEPARA DEL AMOR DE CRISTO
Este fin de semana hemos tenido un encuentro con Julián Carrón en la sierra de Madrid y me he conmovido al darme cuenta de que la suma de todos los factores (y os aseguro que han sido muchos y muy potentes) no daban para explicar lo que allí he podido vivir. Sólo la presencia de Otro puede explicar la absoluta correspondencia con el deseo de mi corazón superando todas mis expectativas. Al despedirme de Julián, le decía que para mí había sido un “bombazo” todo lo que había vivido esos tres días. Él me contestó con un escueto y socarrón: «Espero que te recuperes pronto del bombazo», y me dio un abrazo de despedida. Al llegar a Osuna compruebo que no sólo no me recupero, sino que el “bombazo” se convierte en una “explosión desmedida de Gracia” al ver que yo también puedo ser libre delante de mi trabajo, de mi familia o de mis amigos en Escuela de Comunidad, porque nada me separa del amor de Cristo.
Lolo, Osuna / Sevilla (España)

EL LUGAR DE LA MEMORIA
Ya se celebró la boda de mi compañera de trabajo, Daisy. Disfrutamos muchísimo. Lo más fuerte fue que en un momento dado ellos hicieron una especie de homenaje a los padres. Para entender un poco más, os cuento antes que en China los novios se casan un día, se registran y ya están casados. Después eligen otro día para celebrarlo, normalmente un día que dé buena suerte, pero ese día no hay ceremonia, sólo cena o almuerzo. Se contrata a un maestro de ceremonias que va dirigiendo todo el evento. Pues bien, durante la cena pasaron una presentación como agradecimiento a los padres. Después Daisy tomó el micrófono y dijo que ese día era especial, que estaban allí gracias a los padres y familiares de ambos, y de pronto, delante de todos, dijo: «En mi viaje a España, el verano pasado, he aprendido en casa de mis amigas que la familia es importante porque “La casa es el lugar de la Memoria”». ¡Imaginaos como nos quedamos mi hermana y yo! No nos podíamos creer lo que habíamos oído. Toda esta gente quizás no entendería nada, pero ¡qué conciencia tiene Daisy al empezar su matrimonio! Cuando estuvo en nuestra casa de los Memores Domini, en Madrid, leyó esa frase, que está en todas nuestras casas, y dijo: «Entiendo esa frase porque sólo sabes quién eres, si sabes cuáles son tus “raíces”, para poder hacer memoria, tienes que saber a quién perteneces».
Carta firmada, Shangai (China)

 
 

Créditos / © Asociación Cultural Huellas, c/ Luis de Salazar, 9, local 4. 28002 Madrid. Tel.: 915231404 / © Fraternità di Comunione e Liberazione para los textos de Luigi Giussani y Julián Carrón

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