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Huellas N.11, Diciembre 2012

CDO ITALIA / Por dónde volver a empezar

El ideal puesto a prueba

Davide Perillo

Después de la Asamblea general de la Compañía de las Obras, el presidente BERNHARD SCHOLZ toma el pulso a la vida y al destino de la asociación. Una ocasión para centrar la atención en algunos temas urgentes como la crisis y la cuestión política. Desde la reciente campaña electoral al nacimiento de un sujeto capaz de proponer algo nuevo: «Siempre se puede construir si se hacen las cuentas con la realidad»

No se echa para atrás. No es su estilo. Y no lo ha hecho en la Asamblea general de Milán, en donde el pasado 25 de noviembre se reunían dos mil personas para escuchar la intervención de don Julián Carrón, presidente de la Fraternidad de CL, sobre La audacia del realismo (el texto puede leerse en la Página Uno, en el inserto central de la revista). Tampoco lo hace ahora Bernhard Scholz, 55 años, presidente desde hace cuatro de la Compañía de las Obras, en los salones del Matching (tres días de trabajo, dos mil empresas y cuarenta y cinco mil encuentros entre empresarios en busca de nuevas oportunidades) para hablar del estado de la asociación, en medio de polémicas y titulares de prensa con frecuencia desmedidos. Una buena ocasión para volver a centrar la atención sobre algunos temas. Ante todo, la crisis. Y la política. Palabras que en estos últimos tiempos van siempre de la mano y suscitan una cadena de preguntas: ¿cómo salir de la crisis? ¿Por dónde empezar a construir? Más aún, ¿por qué vale la pena ocupase de ellas?
«Partamos de un dato. O mejor, de dos», dice Scholz: «Por un lado, tenemos una deuda pública desmedida, fruto de un Estado asistencialista que con el tiempo ha entrado en todos los ámbitos y ha sustituido la iniciativa de los miembros de la sociedad, demostrando cada vez más su ineficiencia. Por otro lado, la crisis está mostrando que un liberalismo y un mercado sin reglas, guiados sólo por la ley del beneficio, no sólo no se mantienen, sino que debilitan la economía real y la sociedad. En resumen, oscilamos entre estatalismo y liberalismo. A primera vista son posiciones opuestas, pero de hecho ambas esconden la misma idea de “desresponsabilización” de la persona.

¿De ahí viene la anti política? ¿Es una crisis de rechazo?
No sólo de ahí, claro. Existen con relación a la política expectativas mesiánicas que inevitablemente desembocan en la desilusión, que luego se vuelve rebelión o renuncia, dos formas de anti política alimentadas por un fuerte resentimiento en relación a la realidad en cuanto tal. Por eso en nuestra Asamblea hemos planteado dos cuestiones decisivas, como tema de trabajo y de posible reanudación del camino.

¿Cuáles son esas cuestiones?
Ante todo, el tema de fondo: la reconstrucción de una socialidad verdadera, de una sociedad civil fuerte, real: familias, empresas, iniciativas sociales. Sin una trama de relaciones sólidas, ancladas en la experiencia personal, la sociedad permanece como un coágulo de individuos en donde cada uno trata de buscar su interés personal, disociado del otro. El vacío que se crea como consecuencia es llenado por el Estado, que pretende responder a todas las necesidades. Resultado: burocracia y gasto público sin contención. Pero sobre todo se anula la responsabilidad de las personas. Y se pierde también el justo sentido del Estado.

¿Por dónde se empieza a reconstruir un tejido social así? ¿Qué hace falta?
Se empieza a reconstruir desde un factor ideal. Y desde un sujeto que lo viva, y que por eso sea capaz de cambiar y de aportar una diferencia: poco o mucho, en seguida o con el paso del tiempo, lo importante es que exista y que vaya abriendo camino.

Muchas personas objetan que hablar de ideal es abstracto: Ernesto Galli della Loggia, por ejemplo, lo decía también en estas columnas, el mes pasado…
Estoy convencido de que el ideal es lo más concreto que existe, porque todo parte de ahí: cada decisión, cada iniciativa, cada movimiento. Y allí donde no hay ideal, hay ideología, porque el hombre no puede actuar sin un criterio último de referencia. Sin ideal la responsabilidad se relativiza y la libertad se debilita. Con un ideal se construye siempre, porque se hacen las cuentas con la realidad. El problema es si existe una experiencia educativa que nos ayude a reconocer este criterio ideal, o si se permanece a merced de la mentalidad dominante. Una pertenencia que libera o una homologación que aprisiona – tertium non datur. ¿Por qué tantos intelectuales se convierten en especialistas del condicional: «se debería», «haría falta», «sería mejor que»? Porque no existe una realidad de la que partir, sólo quedan palabras, apelativos, y estos sí que son abstractos. Sin un sujeto capaz de aportar una novedad, no existe posibilidad de un cambio. La pregunta fundamental, entonces, es otra, y es la que don Carrón ha afrontado hasta el fondo en su intervención: ¿de dónde puede nacer este sujeto nuevo?

Has hablado de dos factores: el primero es la sociedad. ¿El segundo?
En la asamblea lo hemos expresado así: es necesario favorecer una política que sirva. Una política que cree las condiciones necesarias para que la sociedad pueda liberar su potencial, para que cada uno pueda expresarse lo mejor que sabe: personas, obras, empresas, asociaciones. Una política que no sirve a la sociedad se convierte enseguida en autorreferencial. Pone el poder al servicio de otros señores, pero no del pueblo. La política debe reconocer y valorar lo que hay de positivo; debe establecer reglas transparentes para reconocer la utilidad pública de cualquier actividad, económica y social, si existe tal utilidad. No conceder favores o privilegios. Es lo contrario de una relación de lobby y del clientelismo.

Sin embargo, la CdO es acusada continuamente de ser un lobby, un centro de poder…
La búsqueda del poder, de la hegemonía política y cultural, es lo contrario de la educación que siempre hemos recibido. Basta con pensar en el reclamo que se nos ha hecho el 25 de noviembre. Para nosotros es fundamental el reclamo a la responsabilidad y al riesgo personal: no es sólo un principio de vida social, sino que es la condición para una maduración verdadera de la persona. Todo menos un lobby… Es cierto que en el ejercicio personal de esta responsabilidad todos nos podemos equivocar: vivimos la tentación del poder, del dinero, del éxito. Debemos reclamarnos continuamente. Pero durante estos días hemos sido muy claros a este respecto: si la magistratura piensa que alguno de nosotros se han equivocado, sólo pedimos que lo aclare con rapidez. Si no lo hace, se crea un clima generalizado de sospecha que oscurece todo el bien que hay. Y resulta imposible defenderse de la sospecha.

Volvamos a la política. En la asamblea habéis dado un juicio claro sobre el gobierno Monti.
Pensamos que ha sido útil. Ha abierto un camino nuevo caracterizado por la seriedad, la competencia y la credibilidad internacional. Ha medito en cintura las cuentas públicas y ha comenzado a dar unos primeros pasos muy incipientes para favorecer el crecimiento. Pero es sólo el inicio…

¿Qué pedís a los próximos gobiernos?
Que prosigan en esta dirección, trabajando en tres temas de fondo que son urgentes: el crecimiento, la reforma del bienestar y la educación.

¿Cómo se relanza el crecimiento?
Abatiendo los obstáculos, más que “haciendo” algo. Reduciendo los impuestos a familias y empresas, simplificando los trámites, aligerando la relación con la Administración pública. Y garantizando que el Estado pague a su debido tiempo, cuando debe: hay empresas que tienen graves dificultades por las deudas que mantienen con ellos los entes públicos.

¿Y el bienestar?
Puesto que el sistema actual, basado en el Estado, está en crisis, sería necesario reconocer más la contribución extraordinaria que ofrece a la vida del país el mundo de las entidades sin ánimo de lucro. Ahí dentro hay un potencial enorme. Para esto hacen falta leyes que superen la dicotomía público-privado y que permitan al tercer sector concurrir libremente al bien común, y a los ciudadanos elegir libremente quién responde mejor a sus necesidades. Quiere decir ir en la dirección opuesta a lo que se está viendo en estos tiempos. Debemos salir de una vez por todas de los equívocos relacionados con la subsidiariedad, y redescubrirla en su dinámica original.

¿Esto es?
La subsidiariedad es un criterio esencial para valorar la libertad y la responsabilidad de los sujetos presentes en la sociedad. Y esto requiere un trabajo comprometido que afecta al mundo de la sanidad, al mundo de la educación, del bienestar, etc. Esto requiere un trabajo comprometido cuando se trata de hacer las leyes. Subsidiariedad no quiere decir dejar espacio a los sujetos privados cuando el Estado no consigue dar todos los servicios, como una especie de outsourcing. Pero no es un salvoconducto para cualquier iniciativa que venga de abajo, como no es tampoco sinónimo de privatización.

Tercer punto del que hablaba: la educación.
También aquí se necesitan reformas. Lo demuestran el “Concorsone” para los profesores (oposición masiva para profesores, ndt). Se necesita mayor autonomía de los centros, el reconocimiento del profesor como profesional y, sobre todo, alcanzar una verdadera paridad. Además de una intervención en la formación profesional que favorezca la conexión entre educación y trabajo. Pero para todo esto es necesario eliminar ese prejuicio cultural que ve en todas las iniciativas que nacen de la sociedad y no del Estado a potenciales malhechores, en vez de reconocerles como bienhechores reales. Basta con pensar en el problema del nuevo impuesto para las escuelas concertadas.

¿En qué sentido?
A diferencia de los demás países europeos, el Estado italiano no sostiene de forma consistente las escuelas concertadas por el prejuicio de que la libertad de educación es en el fondo un error y que se trataría de un privilegio para ricos. Por eso los padres tienen que pagar cuotas elevadas que luego las escuelas tienen que registrar como entradas procedentes de actividades comerciales, razón por la cual luego se les aplica el impuesto correspondiente según la directiva europea. Una actividad penalizada por partida doble. Una locura.

Dentro de poco habrá elecciones: ¿cómo se traducen estos temas en la relación con los partidos?
Nosotros queremos un diálogo y una confrontación abierta con todas las fuerzas políticas. Es la aportación que una asociación como la nuestra puede ofrecer a todos, porque tenemos un conocimiento sobre ciertos temas que no es en absoluto abstracto, porque está enraizado en experiencias reales. Y es la contribución que ofreceremos también a los que a título personal decidan dedicarse a la política. En base a la atención que recibamos, nuestros asociados tomarán su decisión de a quién votar.

¿Cómo ves la próxima campaña electoral?
Puede ser un momento positivo si se da una confrontación verdadera entre las fuerzas políticas sobre los programas y las perspectivas. Si los partidos retoman su verdadera función, se podrán superar las estrategias de corto alcance y el carácter autorreferencial de los mismos. Sin embargo, se necesita ciertamente una modificación de la ley electoral que dé a los ciudadanos libertad para elegir a sus candidatos. No es admisible mantener en pie un sistema oligárquico cada vez más separado de la gente.

¿Y los movimientos en el área de centro? Desde el congreso de Todi a los encuentros entre las asociaciones católicas, hay algunos que pretenden constituir un sujeto político de esto…
Quiero ser muy claro a este respecto: como CdO nunca participaremos en el grupo constituyente de un partido, sea del tipo que sea. No es nuestra tarea. Sí deseamos que se presenten como candidatos personas serias y competentes. Como asociación no somos ajenos a la política: pero queremos distinguir entre el trabajo que nos compete, el que compete a los partidos y el que toca a las instituciones públicas. Esta distinción es decisiva para que cada cual pueda asumir realmente su responsabilidad y una libertad en las decisiones.

A propósito de instituciones: también hay elecciones en tres regiones, incluida Lombardía. También ahí está la CdO en el punto de mira.
Los errores y las irregularidades por parte de algunas administraciones regionales hay que afrontarlos, sin esconder nada ni justificar errores. Pero no pueden convertirse en un argumento contra todo lo bueno que algunas administraciones han realizado y contra un federalismo basado en el concepto de una responsabilidad verificable. Sea cual sea el próximo gobierno de Lombardía, deberá consolidar y desarrollar los pasos que se han dado gracias a la administración Formigoni. Con resultados valorados por todos, también a nivel internacional: una administración eficiente con bajo coste, un sistema de cheques escolares y de ayudas que sostienen la libertad de elección, una colaboración entre entes públicos y privados en el ámbito del bienestar. La CdO siempre ha considerado estas reformas como útiles y adecuadas, sin entrar por ello en una lógica de poder o de hegemonía. Quien sostiene lo contrario no nos conoce. Esto es también una invitación a conocernos.

 
 

Créditos / © Asociación Cultural Huellas, c/ Luis de Salazar, 9, local 4. 28002 Madrid. Tel.: 915231404 / © Fraternità di Comunione e Liberazione para los textos de Luigi Giussani y Julián Carrón

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